Bolsonaro, Mourão y Guedes ponen las ganancias de los banqueros y patrones por encima de nuestras vidas.

Por: Redacción PSTU – Brasil

Mientras el coronavirus se extendía por el país, algunas escuelas y universidades suspendían sus clases, y especialistas y científicos lanzaban alertas sobre la urgencia de que el Brasil adopte medidas efectivas de combate al virus, Jair Bolsonaro proclamaba en Miami: “En mi opinión, mucho más fantasía, la cuestión del coronavirus, que no es eso todo lo que los grandes medios dicen o propagan por el mundo”. En menos de 24 horas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba pandemia de coronavirus. Más aún, horas después, el virus “fantasía” de Bolsonaro afectaba a un integrante de su gobierno, que llegó hasta hacer una live por la internet con máscara.

Es indescriptible la irresponsabilidad de este gobierno miliciano frente a una grave pandemia que ya infectó a más de 130.000 personas en el mundo y provocó 5.000 muertes. En el Brasil, hay una explosión descontrolada de casos, pasando en este momento para más de 100 (notificados), número que no para de crecer.

El problema es que el coronavirus, la “fantasía” del miliciano Bolsonaro, puede ser la peor de las pesadillas. Se propaga rápidamente entre seres humanos y tiene una tasa de mortalidad de cerca de 3,5%, mucho mayor que el virus común de la gripe que es de alrededor de 0,1%.

No obstante, esa tasa mortal varía de acuerdo con la franja etaria. En ancianos arriba de 80 años, por ejemplo, la mortalidad llega casi a 15%; ente jóvenes con edad entre 10 y 39 años, solo es de 0,2%. La mortalidad también es bien alta en personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedades respiratorias.

Pero hay un sin embargo: hay casos de enfermedad que no entran en la cuenta. Un ejemplo es lo que ocurre en este momento en los Estados Unidos, donde fueron contabilizados poco más de 500 casos. El problema es que no existe por allá un sistema público de salud, lo que implica en una demora en la realización de los caros testes que podrían confirmar más casos. Además, la mitad de la población del país más rico del mundo no puede pagar por este tipo de examen.

De la China a Europa se observó un crecimiento exponencial del virus, infectando a un gran número de personas en un espacio corto de tiempo. Por ejemplo, en Italia había 11 casos de coronavirus hasta el 22 de febrero. Hasta el 29 de febrero, los casos habían llegado a 888. El 7 de marzo ya sumaban 4.636 casos. Para el 12 de marzo, el país tenía 15.113 casos confirmados del virus, que ya provocó más de mil muertes.

La letalidad de la enfermedad en Italia es más alta, afectando a 6,21% de los infectados. Factores como la cantidad de ancianos en el país han sido [la causa] de jubilaciones por su mayor letalidad. Pero el caso es que, junto con eso, con la difusión exponencial, hubo un total colapso del sistema de salud.

En este momento, no hay vacuna disponible, ni siquiera existe una previsión. Por todos esos motivos, científicos y autoridades de la salud pública ven con extrema preocupación su proliferación.

Brasil: caos y desmantelamiento de la salud pública

En el Brasil, el aumento de personas infectadas con el virus podrá explotar en las próximas semanas, llevando a una situación semejante o peor que la de Italia.

El gobierno de San Pablo (aquel que nada hizo para contener el brote de sarampión el año pasado), ya estima 45.000 casos de coronavirus en cuatro meses, de los cuales 10.000 precisarán de camas de unidad de terapia intensiva (UTI). El problema es que no existen 10.000 camas de UTI en el Estado más rico de la nación. Si ese escenario se confirma, la tendencia es que el Brasil enfrentará una situación mucho peor y mucho más grave que la ocurrió en 2009 con brote de gripe H1N1, cuyo resultado fue de muchos muertos, prontos socorros repletos, largas filas de espera, testes de serología no disponibles, y UTIs llenas.

Es evidente que el desmantelamiento de la salud pública brasileña deja a la población más pobre vulnerable a una potencial proliferación del virus, especialmente los ancianos y los enfermos. El Sistema Único de Salud (SUS), que ya está trabajando más allá del límite, quedará absurdamente sobrecargado y no tendrá condiciones de responder a la gravedad de la situación.

La salud pública agoniza hace años por la falta de recursos, lo que se agravó con el congelamiento de los gastos en el área social por 20 años, luego de la aprobación de la Enmienda Constitucional 95. Para el año 2020, la Salud tuvo un corte de R$ 9.000 millones (2.000 millones de dólares, aprox.) de su presupuesto. Ese dinero es sacado de la salud pública para ir directo a los bolsillos de los banqueros, que lucran como nunca en el casino especulativo de las Bolsas de Valores –todos amigos de Paulo Guedes [ministro de Economía]–, que se aprovechan como nunca con ataques especulativos que hicieron subir el dólar.

Además, mientras los caos de coronavirus explotaban por el país y Bolsonaro hablaba de “fantasía”, el ministro parásito Paulo Guedes enviaba un oficio al presidente del Senado diciendo que era preciso “acelerar” las reformas que quitan aún más dinero de los servicios públicos, incluyendo ahí la Salud –además de privatizar estatales y el saneamiento básico, facilitar la entrega de sectores de la economía al capital extranjero–. ¡Para el ministro parásito, “blindar el país” de la crisis y del coronavirus significa destruir los servicios públicos y entregar nuestro patrimonio para sus amigos banqueros!

La mortalidad que el Covid-19 podrá provocar es fruto de la irresponsabilidad y la falta de atención del gobierno Bolsonaro y Mourão, y de los gobiernos estaduales, defensores incondicionales de las políticas de austeridad fiscal que debilitan enormemente el SUS y la salud pública frente a la pandemia.

La austeridad fiscal trae como consecuencia el desmantelamiento de los equipos de salud, de vigilancia, y la despreocupación del Ministerio de Salud y de las Secretarías estaduales de salud con el stock de medicamentos y vacunas. El principal perjudicado con esto es el pueblo pobre y trabajador, que depende del SUS para atendimiento y prevención, pues la salud privada es cara y no tiene foco alguno en la prevención.

Uno de los reflejos del desmantelamiento del SUS es la explosión de otras epidemias, como el sarampión y el dengue. El año pasado, el Brasil registró más de 4.500 casos confirmados de sarampión en 19 Estados. El número representa un aumento de 13% en relación con el último monitoreo. En cuanto al dengue, al menos 57.485 casos fueron notificados al Ministerio de Salud en 2020. El año pasado, los casos de dengue aumentaron 600%, con 591 muertes, desde enero hasta el 24 de agosto. Gripes y neumonías que ya matan por año a más de 80.000 personas.

Medidas urgentes

Mientras los casos de contaminación avanzan, el país podrá sufrir con la suspensión de aulas y del trabajo, de la circulación, e incluso el aislamiento de varias regiones, como ocurre en otros países. Esas medidas son importantes, pues impiden grandes aglomeraciones y son eficaces para detener la propagación del virus. No obstante, es preciso atención para que los capitalistas y el gobierno no se aprovechen de la situación para despedir, rebajar salarios e incluso decretar medidas autoritarias que ataquen las libertades democráticas –lo que no sería ninguna sorpresa si recordamos que este gobierno defiende un proyecto de dictadura–.

Defendemos las siguientes medidas urgentes:

  • Suspensión inmediata del pago de la deuda, de las reformas ultraliberales de Paulo Guedes, y la revocación inmediata del techo de gastos: la Enmienda Constitucional 95.
  • Fortalecer el SUS. Dinero inmediato para la salud pública y construcción de emergencia de millares de camas para la UTI. Es preciso que la red pública de los Estados pueda tener acceso a recursos de emergencia para ampliar profesionales, medicamentos, camas, etc.
  • Recursos para medidas preventivas, como equipamiento, higienización de los puntos de gran concentración pública, etc.
  • Fortalecer el sector de Ciencia y Tecnología y todo el soporte a la pesquisa sobre el virus. A pesar de que Bolsonaro y su gobierno atacan las universidades públicas y la pesquisa científica, son ellas que han estado a la vanguardia de los estudios sobre el coronavirus, como fue la secuencia genética realizada en 48 horas por científicas brasileñas de la Universidad de San Pablo (USP) y del Instituto Adolfo Lutz.
  • Por una amplia y masiva campaña de vacunación contra la gripe. Esa medida va a reducir el flujo de falsas sospechas de coronavirus, reduciendo la presión sobre la red pública.
  • Estabilidad en el empleo y mantenimiento integral de los salarios. Así como ocurre en China e Italia, el Brasil también debería tener medidas de suspensión del trabajo y circulación, acompañadas de medidas sociales junto a la periferia. Si las fábricas fuesen cerradas y la circulación de personas restringida, es deber del gobierno impedir que las empresas despidan y garantizar estabilidad en el empleo y mantenimiento integral de los salarios. Si las empresas amenazan cerrar o despedir, deben ser estatizadas y puestas bajo control de los trabajadores.
  • Es preciso también garantizar el seguro de desempleo de dos años a todos los desempleados, pues este gobierno mentiroso dijo que atacando nuestras jubilaciones y los derechos laborales acabaría con el desempleo, y la verdad es que la situación está peor de lo que era antes. Tenemos desempleo y subempleo en masa.
  • Garantía de los derechos civiles y democráticos. Total transparencia de datos respecto de la propagación del virus.

Precisamos movilizarnos para exigir el combate a la altura contra esa pandemia y contra los planes de ataques a nuestros derechos, empleos y libertades democráticas de este gobierno. Si grandes manifestaciones o concentraciones de calle pueden propagar el virus, tenemos otras formas de lucha, aún más eficaces, contra patrones y gobiernos, y debemos usarlas: como las huelgas y paralizaciones.

El capitalismo es el padre legítimo del coronavirus. Su saña por la ganancia a toda costa provoca la destrucción del medio ambiente y del ser humano. El virus actual surgió en la comercialización de animales silvestres en China. Ya se sabe hace algún tiempo que la destrucción de las selvas para la implantación de monoculturas intensivas permite la proliferación de nuevos virus, como el ébola. Por aquí, el gobierno Bolsonaro defiende la política criminal de estimular el desmantelamiento y atacar la ciencia.

Como si no bastase producir miseria, muertes y guerras, el capitalismo está destruyendo las condiciones ambientales que sostienen la propia civilización humana en la Tierra. Por eso, antes que la barbarie capitalista nos destruya, es preciso destruir este sistema y construir una sociedad socialista.

Además, una sociedad socialista tendría un sistema de producción y circulación volcado a las necesidades de las personas, comenzando por la garantía de pleno empleo, y no para la explotación de la mayoría en beneficio del lucro de un 1%. Una economía planificada permitiría impedir la proliferación del virus, parando la producción y la circulación, bajo el control y con democracia obrera y popular, garantizando al mismo tiempo la producción estrictamente necesaria para la sobrevivencia y la salud de la población, sin poner en riesgo de ningún tipo a los trabajadores y sus familias.

Por todo eso, debemos luchar por un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne a través de consejos populares, para poner a los obreros y el pueblo pobre en el poder y construir otra sociedad.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.