Debate ante la crisis

El 26 y 27 de julio pasados, se realizó en Toronto, Canadá, una nueva cumbre anual del G20. Estas reuniones reemplazaron a las del G7 (los principales países imperialistas del mundo) e incorporaron algunos de los llamados “países emergentes”.


Fue una hábil jugada de marketing: las definiciones centrales siguen
siendo tomadas por los países imperialistas, pero los gobiernos de los otros países participantes defenderían frente al resto del mundo, muchas veces de modo más creíble frente a los pueblos, esas propuestas.   

Fuera de la cumbre se vio el panorama habitual en ellas: un gran operativo policial represivo para controlar a miles de manifestantes opositores dejó un saldo de cientos de detenidos, incluso periodistas acreditados.

Qué hacer frente a la crisis

La cumbre mostró un debate sobre qué deben hacer los gobiernos en el actual momento de la crisis económica mundial, caracterizado por una frágil recuperación en EEUU y Japón y por una situación mucho más difícil en Europa.

Los representantes de EEUU y Canadá (apoyados por los “países emergentes”) plantearon la necesidad de “impulsar el crecimiento” a través de estímulos gubernamentales que fortalezcan la frágil recuperación actual. Por otro lado, los países europeos plantearon que, para ellos, lo central eran las políticas de austeridad y la reducción del gasto público para lograr presupuestos estatales menos deficitarios y más equilibrados.  

La declaración final intenta un imposible equilibrio diplomático entre ambas posiciones. Por un lado, afirma: “La mayor prioridad del G-20 es salvaguardar y fortalecer la recuperación y establecer las bases para un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado”. Al mismo tiempo expresa que “las economías avanzadas deben reducir sus déficits públicos, al menos a la mitad, hasta 2013 y a estabilizar y reducir la relación de la deuda pública con el PBI hasta 2016”.

Como dijo, Ángel Gurría, presidente de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico): “Fue muy difícil cerrar acuerdos”. El presidente de EEUU, Barack Obama concluyó que: “Cada país seguirá su propio camino”.

Las razones de las diferencias

Las diferentes propuestas de las burguesías imperialistas estadounidense y europeas expresan las distintas situaciones en que enfrentan este momento de la crisis. EEUU continúa siendo el imperialismo hegemónico, actuando como una gigantesca aspiradora de plusvalía producida en todo el mundo. Esto le permite ser el poseedor de la moneda mundial (el dólar) y emitir moneda sin control que, luego,  no sólo es aceptada en los mercados mundiales sino que, además, se ha valorizado frene al euro. En el marco de una recuperación económica nacional aún es muy frágil, con mucho peso de la intervención estatal y poco de la inversión privada, necesita que los estímulos estatales continúen y que la economía mundial “levante vuelo” para fortalecer esa frágil recuperación.

Por su parte, las burguesías europeas enfrentan un cúmulo mayor de contradicciones y debilidades que hoy se expresa en la doble necesidad de reducir sus grandes déficits fiscales (crecidos exponencialmente por la especulación financiera y la ayuda a los bancos) y atacar las importantes conquistas sociales y laborales que, aunque deterioradas, mantienen sus trabajadores.

Si quieren seguir siendo un polo imperialista competitivo, e incluso sobrevivir como polo imperialista, las burguesías europeas sólo tienen el camino de atacar duramente a sus clases trabajadoras, a través de los planes de ajuste que hoy vemos en casi todos los países de la UE y la zona euro. El propio capital financiero, es decir lo mismos bancos que fueron salvados por los gobiernos imperialistas son quienes más presionaron para imponer estos planes de ajuste.

Pero, al poner fin a las medidas que amortiguaban la lucha de clases, se abre el camino a los “choques frontales” con los trabajadores. Un panorama que ya vemos en Grecia y comenzamos a ver en Portugal, España, Italia, etc., ya que la clase obrera, a pesar del rol frenador de las burocracias sindicales, está dispuesta a defender con fuerza sus conquistas.

En el terreno de la lucha de clases

Son batallas cuyo resultado no puede preverse de antemano. Pero, en tanto aún están lejos de haber sido ganadas por las burguesías, la “confianza inversora” sigue en baja. Por ejemplo, un estudio publicado por el diario italiano Il Sole 24, el 1/7/2010, muestra que la inversión privada en el país tuvo una caída del 12,1%, en 2009. La caída en la inversión industrial fue aún mayor: 14.9%.  

Lo que ocurra en esas luchas contra los planes de ajuste no sólo afectará a Europa sino también a EEUU, a los países emergentes y al conjunto de la economía mundial. De hecho, la actual crisis europea y los problemas que evidencia la economía china ya están repercutiendo en la economía mundial. En otras palabras, las posibles dinámicas de la crisis económica no se resolverán en una “ecuación económica pura” sino en el terreno de la lucha de clases.

Ese es el fondo del debate desarrollado en el G20. Y también de la preocupación patronal expresada por el presidente brasileño Lula, poco antes de la cumbre, de que la situación de Europa “contaminase la posible recuperación de la economía mundial”.
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Alejandro Iturbe es editor de la revista de la LIT-CI Correo Internacional