A poco más de dos años de la pandemia del Covid, es importante hacer un balance y sacar algunas conclusiones. Este texto pretende contribuir a ese objetivo, sin la pretensión de agotar el tema.

Por: Ary Blinder, médico del SUS en San Pablo, Brasil

  • La OMS (Organización Mundial de la Salud) hizo público a principios de mayo un texto con las conclusiones, desde el punto de vista estadístico, de las muertes provocadas y relacionadas con el Covid. Mientras las estadísticas oficiales de los países reportan alrededor de 6 millones de muertes en todo el mundo, la OMS dio una cifra mucho más alta: 15 millones. Dicho de otra manera, el subregistro mundial de muertes es de 9 millones, una cantidad aterradora. Por cierto, los documentos del PSTU y de la LIT desde el inicio de la pandemia denunciaron que el subregistro estaba siendo muy alto.
  • El subregistro fue espantoso en India, por ejemplo, donde solo se contabilizó el diez por ciento de las muertes causadas directa o indirectamente por Covid. El 8 de mayo, India tenía 524.000 muertes, mientras la estimación de la OMS es algo así como 5 millones de indianos muertos.
  • Esta estimación se hizo tomando como referencia la cantidad de muertes esperadas para un país determinado por año según las estadísticas de muertes previas a la pandemia y la cantidad total de muertes (por todas las causas) que realmente ocurrieron. En la siguiente tabla, publicada por la BBC, podemos hacernos una buena idea, calculando el exceso de muertes de país, por cada 100.000 habitantes.

  • Como se puede ver, esta selecta lista incluye países tan dispares como Brasil, Estados Unidos, Alemania y Perú. Es una clara demostración de que la pandemia ha expuesto las deficiencias en los servicios de salud tanto en países imperialistas y muy ricos como en países de ingresos medios o pobres. También expuso la debilidad de los servicios estadísticos nacionales, ya que es inaceptable este enorme subregistro de muertes causadas por enfermedades infecciosas.
  • Por lo tanto, una primera conclusión ineludible es que existe una necesidad urgente de una mejora global en los servicios de salud y los servicios estadísticos en todos los países. Todo el mundo sabe que es probable que vengan nuevas pandemias, y no podemos estar tan vulnerables como lo estuvimos en la actual.
  • Varios países presionaron a la OMS para que no publicara estos datos, que en realidad desacreditan las estadísticas nacionales de gran parte del mundo. La importancia clave de divulgarlos es alertar a las autoridades gubernamentales y de salud para que se preparen mejor para las próximas pandemias y otros eventos globales. Más importante aún es alertar a la clase trabajadora y al pueblo pobre de diferentes países, quienes terminan siendo las víctimas prioritarias de esta situación.
  • La previsión de posibles nuevas pandemias se basa en la conexión de dos procesos que están directamente ligados a la forma destructiva en que se desarrolla el capitalismo. El primer proceso es el de la globalización, con la producción de bienes repartidos por el mundo teniendo como parámetro el costo de la mano de obra y los incentivos fiscales que ofrecen los distintos países. Actualmente, el centro de este proceso es Asia y, probablemente, no es casualidad que buena parte de los nuevos patógenos provengan de allí. La globalización también ha provocado un aumento prodigioso de la circulación de mercaderías y personas en todo el mundo, lo que dificulta frenar la propagación de los microorganismos responsables por la pandemia y la rápida aparición y propagación de mutaciones en el caso del coronavirus.
  • Interconectado con la globalización tenemos el proceso de calentamiento global y la actividad depredadora contra la naturaleza promovida por ocultos intereses empresariales. El cambio climático y la destrucción de bosques y otros biomas facilitan la propagación de nuevos microorganismos de la selva a la ciudad, los glaciares y el permafrost que se están descongelando y reactivando seres microscópicos que estaban hibernando. Aquí en Brasil estamos asistiendo a la aceleración de la destrucción de la Amazonía facilitada y alentada por el gobierno de Bolsonaro, y podríamos convertirnos en la fuente de la próxima pandemia.
  • Otra lección de la pandemia es que la esperanza de inmunidad de rebaño, tan pregonada por el gobierno brasileño, no solo era cruel sino también infundada. Cruel porque simplemente significaba dejar que el grueso de la población se infectara y con una alta tasa de muerte o secuelas graves. Infundada porque la velocidad de aparición y propagación de las mutaciones en el coronavirus no garantiza la eficacia de esta pretendida inmunidad.
  • La canallada del gobierno de Bolsonaro tiene pocos comparativos en el resto del mundo. Comenzó con la subestimación total de la pandemia, diciendo que era solo “una gripecita”. Luego tuvo la postura delictiva de ridiculizar el uso de mascarillas, una importante medida colectiva para dificultar la propagación del virus. Desde el punto de vista ideológico, la motivación de la lucha contra las máscaras fue la defensa de una supuesta libertad individual. El video de Bolsonaro sosteniendo a un niño en su regazo en una manifestación y quitándose la máscara es inolvidable. Más didáctica de la política pro-muerte, imposible.
(Brasília – DF, 16/09/2020) Durante la posesión del ministro de Salud, el presidente Jair Bolsonaro muestra una caja de remedio Hidrocloroquina. Foto: Carolina Antunes/PR.
  • La conducta delictiva del gobierno federal continuó con la batalla contra las medidas de distanciamiento social. Hubo una lucha implacable por parte de Bolsonaro y sus seguidores contra cualquier medida en este sentido. El objetivo siempre ha sido mantener el transporte público en pleno funcionamiento, sin empresas cerradas, el comercio y la construcción civil en pleno funcionamiento. Estas medidas de distanciamiento social eran la forma más importante de reducir la circulación del virus y podrían haber evitado cientos de miles de muertes si hubiese en Brasil un gobierno mínimamente preocupado por su población. El rol del ente federal, así como del Ministerio de Salud, ante un evento de tal magnitud como esta pandemia, sería servir de ejemplo y referencia para gobernadores y alcaldes. Lo que vimos fue todo lo contrario.
  • Bolsonaro y su equipo fueron los principales culpables, pero no los únicos. La mayoría de los gobernadores y alcaldes capitularon ante las presiones de sectores económicos que no querían frenar la producción y el funcionamiento de la economía. Las marchas de la muerte promovidas por empresarios en varias ciudades son solo una demostración caricaturizada de ello. Brasil podría tener la mitad de muertes y hospitalizaciones que tuvo, si se hubiesen tomado medidas serias de confinamiento en los lugares donde el virus estaba más diseminado.
  • Es importante recordar que incluso las ayudas de emergencia para paliar los efectos de la contracción de la economía fueron motivo de lucha dentro de la burguesía y del parlamento para ser votadas. Lo paradójico es que, a pesar de estar radicalmente en contra de estas ayudas, fue este quien garantizó un mínimo de apoyo popular al gobierno. La ayuda debería haber tenido un valor más alto y una vigencia más larga, facilitando así a la población adherirse con mayor seguridad al distanciamiento social. Como ejemplo de la importancia de estas medidas de distanciamiento, recordamos una encuesta realizada en el Hospital de Clínicas de São Paulo que mostraba que los empleados más afectados por el Covid eran los que vivían más lejos y se veían obligados a utilizar transporte masivo para llegar a trabajo y no necesariamente médicos y enfermeras.
  • El gobierno de Bolsonaro también fue responsable del retraso en la llegada de vacunas al Brasil. Tuvo una política de ser un obstáculo a la introducción de vacunas para el Covid, despreció la oferta de una multinacional farmacéutica para comprar inmunizantes, lideró una disputa ridícula con el gobierno de São Paulo para tratar de hacer inviable la Coronavac. Finalmente, cuando la vacuna ya era una realidad ineludible, el Ministerio de Salud se convirtió en un mostrador comercial para la compra de vacunas sobrevaluadas, como lo demuestra la CPI del Covid. De hecho, el Ministerio de Salud fue uno de los centros de la desconexión (¿intencionada?) del gobierno con la realidad. En medio de la pandemia, Bolsonaro cambió varias veces de ministro (Mandetta, Teich, Pazuello y Queiroga), y la calidad del ministro empeoraba con cada cambio. Queiroga, el actual ministro, es particularmente servil al presidente, con el agravante de que, al contrario de Pazuello, tiene algún conocimiento técnico, lo que torna su postura aún más recriminable.
  • El tema de las vacunas trae otro aprendizaje sobre la pandemia. La creación relativamente rápida de vacunas muestra la importancia que tiene la ciencia para la humanidad. El escenario hoy, sin vacunas, sería terriblemente peor, pues si bien no brindan inmunidad total, protegen fuertemente contra infecciones graves, internaciones y muertes. Pero la dificultad de Brasil para producir vacunas rápidamente muestra nuestro atraso tecnológico y nuestra subordinación en la división internacional del trabajo. La ubicación económica de nuestro país es el retorno a un rol de exportador agrícola y ganadero, de minerales y pocas mercaderías más elaborados. Es fundamental revertir esto invirtiendo en ciencia y tecnología y expandiendo la industria farmacéutica. Eso sí es pensar en una mínima soberanía nacional.
  • Un destaque innegable de estos dos años de pandemia en el Brasil fue la importancia del SUS. La vacunación en masa fue posible gracias al SUS, su experiencia en campañas de vacunación y con profesionales que conocen su territorio. El SUS simplemente no puede hacer más porque está desmantelado y sin fondos suficientes. Con su capilarización (y con los fondos adecuados) podría haber hecho un trabajo aún mejor en la localización de brotes con mayor incidencia y trabajado aún más en el distanciamiento social de estas poblaciones, dificultando la expansión viral. El SUS también nos ayudó a saber rápidamente cómo tratar desigualmente a los desiguales, es decir, priorizar a determinadas poblaciones más vulnerables para vacunar primero, como ancianos, trabajadores de la salud, inmunodeficientes y otros. Este es uno de los principios del SUS, llamado equidad.
  • Sin embargo, la perspectiva de corto plazo no es un aumento de la financiación del SUS, sino una disminución de los fondos, debido al nefasto techo de gastos. Necesitamos exactamente lo opuesto, es decir, más fondos, más contratación y retención de profesionales, desde médicos, enfermeras, otros profesionales técnicos, agentes comunitarios de salud. Necesitamos más formación de todos los profesionales. Para asegurar trabajadores en el SUS es de vital importancia un plan de carrera justo y adecuado. Con raras excepciones, nada de esto están haciendo los gobiernos que apoyan al bolsonarismo ni las administraciones que se oponen a él.
  • Otra gran lección de la pandemia tiene que ver con la lucha por la información adecuada. El terreno preferido por el bolsonarismo es el de las fake news. No fue el sector bolsonarista el que históricamente creó las fake news, pero es innegable que fueron muy utilizadas por esta banda. Toda la batalla por subestimar la pandemia, culpar a los chinos, ridiculizar las medidas de distanciamiento social, desacreditar la importancia de las vacunas se hizo a través de fake news. El movimiento obrero y popular necesitará perfeccionar el combate contra este mecanismo criminal, y tendrá que invertir mucho en ello. Un buen primer paso es que cada militante y organización se dedique a no difundir información que no haya comprobado antes, dentro de sus posibilidades. Incluso antes de la pandemia, muchas personas hacían campaña contra las vacunas, dando crédito a rumores totalmente infundados. Incluso se sabe que existen grupos internacionales que se dedican a difundir estas informaciones falsas sobre las vacunas en general. El marxismo siempre se ha caracterizado por defender el método científico para comprender la realidad y debemos seguir a nuestros maestros en esta defensa. La relativización de esto, tan apreciada por los posmodernistas, solo fortalece a los interesados ​​en una regresión a etapas más atrasadas del conocimiento y la cultura.
  • No está del todo claro cuándo terminará la actual pandemia, ya que la vacunación avanza a golpes y de manera muy desigual en todo el mundo, con varios países pobres que tienen bajas tasas de vacunación porque no tienen acceso a las vacunas y en algunos países ricos que incluso tienen excedente de vacunas, pero en el que una parte de la población se ha convencido de que la vacuna es más peligrosa que la enfermedad. De esta contradicción, que permite el surgimiento de nuevas variantes del Coronavirus, también es posible rescatar otra lección de la pandemia. Si se hubiera quebrado la patente de las vacunas, hubiera sido posible fabricarlas más baratas y distribuirlas más ampliamente en diferentes continentes, ya podríamos estar en otro estadio con tasas de vacunación relativamente homogéneas en todo el mundo. Ahí también el gobierno brasileño tiene su parte de culpa pues prefirió aliarse a los países ricos y defensores de la “santidad” de las patentes, cuando podría haberse aliado a la India y a Sudáfrica, que intentaron dar esta batalla dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC)..

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 9/5/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.