La situación de Cuba volvió a dividir aguas en toda la izquierda mundial. Desde la movilización del 11J existe una tentativa de todo el aparato estalinista mundial de defender lo indefendible: la represión de la dictadura castrista sobre su propio pueblo.

Surge una primera pregunta para los activistas de todo el mundo: ¿es justo defender a los trabajadores en lucha en Cuba, del mismo modo que los defendemos en todos los países capitalistas?

Por: Eduardo Almeida

La derrota de la movilización del 15N, en función de toda la represión ocurrida, plantea otra pregunta: ¿adónde va Cuba? ¿La victoria de la represión legitima la dictadura castrista?

Se reencienden así discusiones teóricas y programáticas. ¿Cuba es un aún un Estado obrero, aunque burocratizado? ¿O es un Estado capitalista? O, incluso, ¿sería un capitalismo de Estado?

De cierta manera, la polémica sobre Cuba actualiza la discusión sobre el estalinismo, cuando se cumplen treinta años de la disolución de la URSS.

Queremos afirmar aquí una evaluación sobre Cuba desde una óptica marxista, de la revolución de 1959 a los días de hoy, revisitando las polémicas teóricas involucradas.

  1. La Revolución Cubana generó un Estado obrero deformado

La Revolución Cubana de 1959 fue la primera y única revolución socialista victoriosa en América Latina. Como otros procesos, generó un Estado obrero deformado, profundamente burocrático, sin ningún grado de democracia obrera.

La definición de Cuba como un Estado obrero, aunque burocrático, se apoya en la definición marxista de este tipo de sociedad, sostenida en tres características:

  • Los principales medios de producción estatizados;
  • la planificación de la economía: la cantidad y calidad de los productos no eran determinadas por las leyes del mercado y sí por un plan económico central, al cual todas las empresas estaban subordinadas;
  • el monopolio del comercio exterior. Todo lo que el país compraba y vendía en el mercado mundial era definido y monopolizado por el Estado.

Con esas características, el Estado obrero cubano tuvo un gran avance económico y social, de enorme importancia. Muchas veces mostramos, con orgullo, los avances en la salud y en la educación propiciados por la expropiación de la burguesía y la planificación de la economía.

Algunos sectores de la izquierda cubana niegan que en Cuba haya habido una planificación de la economía. Es una discusión interesante. Puede ser que estemos discutiendo los hechos, o puede ser una discusión de conceptos.

En primer lugar, los hechos: fue creado en marzo de 1960 un organismo estatal llamado Junta Central de Planificación, responsable por la planificación de la economía. Esa institución fue disuelta en la década de 1990.

En segundo lugar, sobre los conceptos: nos parece innegable que existió en Cuba una economía en la cual las empresas estatizadas eran el motor de la economía. Y, ¿cómo decidían esas empresas qué producir, cuánto producir, en qué invertir? Si fuese en una economía capitalista, la respuesta sería obvia: cada empresa decide en función de la tasa de ganancia, de la ley de oferta y demanda, de su capacidad de inversión. Pero en Cuba eso no existía, así como tampoco existía en la URSS y en los otros Estados obreros. Las empresas estaban subordinadas a esa planificación estatal. La planificación de la economía permite superar la anarquía en la producción, determinada por la definición particular empresa por empresa en el capitalismo.

Ernesto «Che» Guevara y Fidel Castro

Evidentemente, existe una diferencia cualitativa cuando esa planificación es decidida en una democracia de los trabajadores y cuando es definida burocráticamente. En la democracia de los soviets, los siete primeros años de la Revolución Rusa, las opciones eran definidas y asumidas democráticamente por los propios trabajadores.

Cuando la planificación es hecha por la burocracia, los errores son más comunes y se suprime la creatividad y la energía de las masas en movimiento. Además, la planificación burocrática determina que la producción también atienda los intereses materiales y políticos de las burocracias. Eso llevó históricamente a grandes desastres, como la industrialización forzada por la burocracia estalinista en la década de 1930 en la URSS; “el gran salto adelante” de Mao, en 1958; o el “Plan de diez millones de toneladas de caña de azúcar” de Fidel, en 1970.

Pero la planificación asociada a la estatización de la economía ya demostró sus ventajas en relación con el capitalismo, con el desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas en la URSS y también en Cuba.

En todo proceso de evolución de una economía capitalista para no capitalista existe una combinación desigual de factores. La economía capitalista es regulada por la ley del valor, por el mercado, por la oferta y la demanda. La estatización y planificación de la economía introducen otra ley, que apunta hacia el socialismo a partir de esa planificación de la economía.

Es la evolución contradictoria y el choque de esas dos leyes que determinan la evolución de la sociedad no capitalista, como demostró Preobrazhensky en su libro La nueva economía, sobre la URSS. En la medida en que avanza el peso de la economía estatizada y la planificación de la economía, retrocede el peso de la ley del valor, hasta que ese peso de la economía planificada determine la globalidad de la sociedad como no capitalista, o sea, avanzando en dirección al socialismo.

A partir de la estatización de las empresas, la planificación de la economía y el monopolio del comercio exterior, Cuba comenzó a avanzar en una economía no capitalista y a dejar la ley del mercado. Pero Cuba nunca llegó al socialismo. Y eso por dos grandes motivos.

El primero es que el socialismo implica un movimiento de fuerzas productivas muy superior, solo posible en nivel internacional y no solo en un país, lo que vamos a desarrollar más adelante.

El segundo motivo es que, para avanzar en dirección al socialismo, sería preciso un régimen político completamente diferente de la dictadura castrista. Sería necesaria una verdadera democracia de los trabajadores, como la que existió en los primeros siete años de la Revolución Rusa, siguiendo el ejemplo de la Comuna de París. O sea, sería necesario que el nuevo Estado fuese realmente una democracia obrera, en que los trabajadores decidiesen los rumbos del país.

Nosotros siempre criticamos la dictadura estalinista de Fidel Castro, y mostramos cómo eso limitaba enormemente los avances en Cuba. Nunca existió en la Isla una democracia de los trabajadores.

La Revolución Cubana no tuvo como sujeto principal al proletariado organizado por las bases, como en la Rusia de 1917. Fue un movimiento guerrillero, el 26 de Julio, férrea y burocráticamente centralizado, el que tomó el poder. No hubo organismos de frente único como en los soviets en Rusia, los comités de fábrica de Alemania de 1918, o los consejos de la Revolución Española. El nuevo Estado surgió ya marcado por el férreo control de los líderes guerrilleros, sin ninguna tradición de democracia obrera.

En el primer momento posterior a la revolución existió cierta participación popular, incluso la toma de sindicatos de manos de la burocracia pro Batista.

“La democracia sindical fue una reivindicación muy significativa de los obreros cubanos. Luego de la fuga de Eusebio Mujal, máximo dirigente del CTC, y de parte de la burocracia sindical mujalista con la caída de Batista, ocurrió la toma revolucionaria de los sindicatos por los militantes del M26J. Esos nuevos líderes serán refrendados en las elecciones sindicales realizadas a inicios de 1959. En esas elecciones sindicales, el M26J triunfó en más de 1.800 sindicatos. Los comunistas pagaron así el precio de su actitud ambigua durante la dictadura de Batista. […] La debilitada posición de los comunistas en el movimiento obrero tras las elecciones en los sindicatos de base y para los congresos de las federaciones sindicales fue revelada con una reunión, en setiembre de 1959, del Consejo Nacional de la Confederación de Trabajadores Cubanos. Apenas 3 de los 163 delegados a la reunión eran comunistas” (Alexander, 2002, p. 191).

“Pero como la mayoría de los dirigentes sindicales electos del M26J era contrario a la exigencia del gobierno de «unirse» en listas comunes con los dirigentes sindicales del PSP, en el décimo congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, realizado en noviembre de 1959, Castro y el nuevo ministro de Trabajo, Augusto Martínez Sánchez, interfirieron personalmente para imponer al CTC un nuevo Comité Ejecutivo, que realizó una purga sindical amplia, como resultado de la cual “en abril de 1960, los oficiales electos de 20 de las 33 federaciones del CTC y de cerca de 2.000 sindicatos habían sido expulsados de los cargos para los cuales habían sido electos en 1959” (Daniel Gaido y Constanza Varela).

Después de los dos primeros años se impuso un modelo estalinista, de partido único, sin democracia obrera, con represión violenta en la base, persiguiendo a todos los opositores o críticos. Los sindicatos fueron incorporados al control del Estado.

Como parte del mismo modelo estalinista, siempre existió con esa dictadura la continuidad de las opresiones racista, machista y LGBTfóbica (no nos olvidamos de las terribles UMAP, campos de trabajo forzados para los cuales fueron enviados diversos homosexuales). No por casualidad, la elite cubana es blanca, desde la familia Castro hasta Díaz-Canel hoy. No por casualidad tampoco, una represión dura se expresó durante toda la historia cubana, incluyendo la prohibición de la marcha LGBTI en mayo de 2019. Solo ahora, después de años de lucha del movimiento LGBTI y la presión del 11J, sesenta y dos años después de la revolución, se está discutiendo la aprobación del casamiento homoafectivo en Cuba.

2. Repudiamos el bloqueo norteamericano

Desde el inicio repudiamos el bloqueo norteamericano a Cuba, impuesto en 1960. El bloqueo causó y aún causa graves perjuicios al pueblo cubano. Se trata de un ataque del más importante país imperialista del mundo contra una pequeña isla.

Con el bloqueo se impide que norteamericanos viajen directamente a la Isla y se dificulta la remesa de dólares de los cubanos que viven en los Estados Unidos para sus familias en Cuba. La ley Helms-Burton, de 1996, agravó fuertemente el bloqueo por penalizar a las empresas que hacen negocios en Cuba. Las medidas agravadas por Trump no fueron modificadas por Biden.

¿Por qué la burguesía imperialista norteamericana no hace lo mismo que la europea, que fue y es parte de la restauración capitalista en la Isla? La explicación está en la burguesía cubana radicada en Miami, que fue expropiada por la revolución de 1959. Esos burgueses se integraron a la burguesía imperialista norteamericana, teniendo peso considerable en los partidos Republicano y Demócrata. Existe una parte de la burguesía imperialista de los Estados Unidos contra el bloqueo. Pero ese sector pro bloqueo es aún mayoritario, quiere derrocar la dictadura castrista y recuperar sus empresas expropiadas.

Nos sumamos a los que denuncian a todos los gobiernos de EE.UU., sean republicanos o demócratas, sea Trump o Biden, que hablan de “democracia” pero lo que quieren es la devolución de las propiedades confiscadas en 1959 y la colonización de la Isla. Para eso, no les importaría que Cuba fuese gobernada por otra dictadura.

Por esos motivos, nosotros luchamos hace más de cincuenta años contra ese bloqueo. De la misma forma, estuvimos del lado de Cuba contra todas las tentativas de intervención militar del imperialismo, como en el fracasado desembarque en Bahía de Cochinos.


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La propaganda estalinista atribuyó todos los problemas de la Isla al bloqueo imperialista. No tenemos acuerdo con eso. Existen los efectos de la restauración del capitalismo en Cuba, así como los resultados desastrosos de los planes económicos del gobierno sobre el nivel de vida de los cubanos. Pero no ignoramos los graves efectos del bloqueo sobre Cuba.

3. ¿Socialismo solo en una isla?

El trotskismo desarrolló toda una polémica con la dictadura estalinista de la URSS sobre la concepción del “socialismo en un solo país”. La tradición marxista solo identifica la posibilidad de construcción del socialismo en nivel internacional como parte de una planificación de la economía entre los países, que permita el desarrollo pleno de las fuerzas productivas.

Esa polémica se demostró correcta por la evolución trágica de la URSS, que, incluso con todo el avance producido por la expropiación de la burguesía y la planificación de la economía, no avanzó hacia el socialismo. Al contrario, el aislamiento de la revolución permitió la burocratización de la URSS, con la contrarrevolución estalinista. Y, después, esa misma burocracia condujo la restauración del capitalismo en la URSS.

Pero si Trotsky se oponía al “socialismo en un solo país” en la URSS, un país de dimensiones continentales, ¿qué decir de esa misma discusión en una pequeña isla, como Cuba? No existía y no existe ninguna posibilidad de que eso ocurra. La única vía para que Cuba pueda avanzar hacia el socialismo sería con el desarrollo de una revolución mundial y, en particular, en América Latina. Pero eso no ocurrió.

El retroceso social actual en la Isla no se dio solo por el fin del apoyo económico de la URSS ni solamente por el bloqueo norteamericano, sino en función de la política adoptada por la dictadura castrista. El castrismo nunca buscó desarrollar una estrategia revolucionaria internacional apoyada en las luchas de las masas.

En primer lugar, cuando aún no era parte del aparato estalinista mundial, el gobierno cubano hizo un torpe intento de extender focos guerrilleros en América Latina, en la década de 1960. Eso llevó a millares de activistas a la muerte, y facilitó la represión de los gobiernos burgueses al conjunto del movimiento de masas.

Más grave aún, después de integrarse al aparato estalinista en 1972, dio un giro a la derecha buscando el apoyo de las “burguesías progresistas” latinoamericanas. Como máximo ejemplo de eso, el gobierno castrista, frente al ascenso revolucionario de finales de la década de 1970 en América Latina, se opuso a que la revolución en Nicaragua fuese una “nueva Cuba” en 1979, incluso después de la derrota de la Guardia Nacional de Somoza y de la toma del poder por el Frente Sandinista.

“Los dirigentes sandinistas se consideraban discípulos de Fidel Castro. Después de tomar el poder, la dirección del FSLN viajó a Cuba para conversar con Fidel, que los felicitó y les dio un consejo: «No hagan de Nicaragua una nueva Cuba».” (Martín Hernández, “Cuba, de la revolución a la restauración”)

Después, Castro apoyó los acuerdos de Contadora y Esquipulas, a inicios de la década de 1980, que canalizaron el ascenso revolucionario para el callejón sin salida de las elecciones, derrotando el proceso revolucionario en toda América Central.

Además, la dictadura castrista apoyó gobiernos burgueses “progresistas”, como el de López Portillo y Luis Echeverría (México), y muchos otros. Esa política siguió con los “progresistas” Lula, Evo Morales, Bachelet, Cristina Kirchner, etc. Llegó incluso a buscar aproximación con gobiernos demócratas en EE.UU., como el de Carter y el de Obama.

Por último, la dictadura castrista ayudó a las dictaduras del MPLA en Angola y a la FRELIMO en Mozambique a seguir el mismo curso que Nicaragua. En esos países, después de la derrota de las fuerzas armadas portuguesas, se impusieron dictaduras burguesas de esos movimientos, que siguen existiendo hasta hoy.

El aislamiento de Cuba no es solamente un resultado de la fuerza del imperialismo. Es también producto de una política contraria a los procesos revolucionarios, asumida conscientemente por la dictadura castrista, como parte del aparato estalinista, de “coexistencia pacífica” con la burguesía. Cuando se dio la caída de las dictaduras estalinistas en el Este europeo, Cuba sufrió los resultados de esa política, quedando extremadamente aislada.

El estalinismo justifica la política de la dictadura castrista por ese aislamiento mundial, incluso sus planes restauracionistas. Nos parece completamente equivocado. La política para romper el aislamiento no es el apoyo a las “burguesías progresistas” y sí el apoyo a las luchas de los trabajadores, independiente de esos mismos gobiernos, apuntando hacia nuevas revoluciones socialistas.

4. La restauración del capitalismo

La realidad cubana cambió radicalmente para peor con el proceso de restauración del capitalismo, en la década de 1990, enseguida después de la restauración en los Estados del Este europeo. La parte más dinámica de la economía fue privatizada, acabaron el monopolio del comercio exterior y la planificación de la economía.

En Cuba se dio un proceso de restauración capitalista con algunas características parecidas y otras muy diferentes a las de China.

En la década de 1990, la misma dirección castrista que dirigió la revolución de 1959 comandó la restauración del capitalismo en la Isla. Eso facilita el engaño de los activistas en todo el mundo. Al final de cuentas, son los partidos comunistas chino y cubano los que siguen en el poder.

Acompañando lo que ocurrió en China después de 1978 y en la ex URSS luego de 1986, la burocracia castrista comenzó la restauración del capitalismo, con una medida atrás de otra.

La Junta Central de Planificación, que dirigía la economía planificada, fue disuelta. Acabó en la misma época el monopolio del comercio exterior por parte del Estado.

La misma dirección política que encabezó la revolución emprendió el camino de la restauración capitalista

En setiembre de 1995 fue aprobada por la Asamblea Nacional la Ley de Inversiones Extranjeras. Así, el tercer pilar de la economía del antiguo Estado obrero, la propiedad estatal de los principales medios de producción, fue siendo destruido, sector por sector.

Las empresas estatales fueron siendo entregadas al capital extranjero, fundamentalmente del imperialismo europeo, en particular con joint ventures (empresas mixtas). Hoy, estas empresas dominan el principal sector de la economía cubana, el turismo, con multinacionales españolas como la Meliá y la Iberostar controlando los grandes hoteles y resorts para turistas de clase media europea, norteamericana y sudamericana que puedan pagar sus altos costos.

Además, las empresas mixtas controlan la explotación de petróleo, hierro, níquel, cemento; la producción de jabón y perfumería; los servicios telefónicos y de lubrificantes, y la mayoría de la agroindustria. El ron cubano es controlado por la empresa francesa Pernod. Los habanos cubanos son comercializados por una joint venture entre la estatal cubana y la Altadis, del grupo inglés Imperial Tobacco Group PLC. El aeropuerto internacional de La Habana fue privatizado para la empresa francesa Aéroports de Paris.

Una vez más, el aparato estalinista intenta embellecer la restauración capitalista ocurrida en Cuba con la expresión de “socialismo de hoy”, distinto de los tiempos pasados. Eso no tiene nada de marxista.

El Estado garantiza a las multinacionales una mano de obra calificada sin ninguna posibilidad de movilizarse contra los bajos salarios. Garantiza también la posibilidad de remesa de lucros para sus matrices sin restricciones. ¿Ese es el “modelo de socialismo” de hoy? Es, en verdad, un modelo bien conocido, pero de las dictaduras burguesas de los países semicoloniales.

Una nueva gran burguesía cubana nació en la alta cúpula de las fuerzas armadas, originada y concentrada alrededor de la joint ventures con empresas imperialistas de la GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), dirigida por el yerno de Raúl Castro. Esa alta burguesía, asociada al capital extranjero europeo, controla entre 40 y 70% de la economía, dependiendo de las fuentes que se consulten.

5. ¿La restauración del capitalismo se completó?

Existe todo un sector de la izquierda mundial, crítica al castrismo, que admite la existencia de un proceso de restauración capitalista en Cuba. Pero afirman que ese proceso no concluyó, que Cuba sigue siendo un Estado obrero burocrático, y que es necesario “defender las conquistas de la revolución cubana”.

Muchos de estos sectores se reivindican trotskistas, como el PTS argentino; en general, esos sectores cometen dos errores de análisis.

En primer lugar, admiten el proceso de restauración del capitalismo en Cuba pero enfocan su estudio en las pequeñas empresas de producción y comercio que crecen en la Isla. Están equivocados. Esa burguesía pequeña no determina los rumbos del Estado y de la economía cubanos. Fue la alta burguesía surgida a partir de GAESA y la familia Castro, formada desde el Estado, la que dirigió la restauración del capitalismo y se beneficia de ello.

En segundo lugar, argumentan que el capitalismo no fue restaurado porque aún existen muchas empresas estatales en Cuba, y que aún existen conquistas en la educación, la salud, los deportes, etc.

Vamos al debate. Comencemos por cómo caracterizamos el Estado. Según Lenin y Trotsky, el carácter de clase del Estado es determinado por su relación con los medios de producción, con las formas de propiedad que el Estado defiende y preserva. ¿Cómo definir un Estado que defiende y preserva las empresas asociadas con el capital europeo? A nuestro entender, se trata de un Estado burgués.

Existe una desigualdad en el tiempo entre el cambio de carácter del Estado que ocurrió en la década de 1990 y la del conjunto de la economía, que pasó a ser esencialmente capitalista muchos años después.

Eso ocurrió también en la URSS. Gorbachov cambió el carácter del Estado en 1985, cuando llegó al poder y comenzó la restauración del capitalismo. Pero la restauración solo se concluyó en la década de 1990. En China, Deng Xao Ping cambió el carácter del Estado en 1979, cuando comenzó la restauración, que solo se concluyó también muchos años después.

Se da aquí un proceso simétrico e inverso al que pasó con la Revolución Rusa: los bolcheviques tomaron el poder y cambiaron el carácter del Estado en 1917, pero la economía solo cambiaría centralmente a partir de 1918, cuando avanzaron las estatizaciones.

¿Cómo se puede definir un Estado como obrero si no existe más el trípode que lo caracteriza? O sea, sin la planificación central de la economía, sin el monopolio del comercio exterior, sin las empresas estatales en el centro de la economía. Se trata de un Estado burgués, promoviendo y desarrollando la restauración del capitalismo. Si no es así, ¿cuál es el criterio marxista por el cual se defiende el Estado cubano?

La existencia de muchas empresas estatales en Cuba no es un criterio marxista. En muchos y muchos países capitalistas existen empresas estatales, en cantidades variadas. Es fundamental responder si esas empresas estatales son administradas por una planificación de la economía, o si sirven a la acumulación capitalista, como en los otros países capitalistas.

Existen muchas estatales en China. Incluso los grandes bancos chinos son estatales, y sirven directamente al proceso de acumulación capitalista de las grandes empresas privadas chinas.

No se puede usar una definición lineal, cuantitativa y mecánica para definir una economía solo por la cantidad de estatales.

Existe un criterio marxista que define la globalidad de la economía. Como decíamos en el inicio del artículo: si la economía es regida por la ley del valor, por el mercado, la oferta y la demanda, se trata de una economía capitalista. Si la economía es regida por la planificación de la economía estatizada, se trata de una economía no capitalista, en algún momento de su evolución hacia el socialismo o de regreso al capitalismo.

Hoy, Cuba es una economía regida por el mercado, con su evolución determinada por la ley del valor. Veamos una comparación histórica para demostrar esto.

Durante la depresión de 1929, la economía de la URSS –un Estado orero, aunque dirigido por la burocracia estalinista– creció con índices superiores a 10% por año. En 2020, en la recesión mundial, Cuba tuvo una caída del PIB de 11%. ¿Por qué? Por tener su economía determinada por el mercado, en el caso, por la caída en el turismo mundial, que afectó fuertemente el principal sector de la economía de la Isla.

Algunos podrían argumentar que el problema es que Cuba es una pequeña isla, sin la dimensión de la URSS. Entonces, ¿por qué los reflejos del mercado mundial en la economía cubana fueron completamente diferentes en la década de 1970, en la que también ocurrió una recesión mundial producto del fin del boom de posguerra? No existió una recesión de ese grado en Cuba. No existía la miseria actual del pueblo cubano.

La consecuencia programática de esta discusión teórica es enorme. Los que caracterizan que Cuba sigue siendo un Estado obrero tienen como programa una revolución política que solo modifica el régimen político. Los que, como nosotros, caracterizamos que Cuba es capitalista, defendemos una nueva revolución socialista que expropie las empresas privatizadas en manos del capital extranjero, retome la planificación de la economía y el monopolio del comercio exterior. Y que rompa con la dictadura estalinista y construya una nueva democracia de los trabajadores.

Queremos preguntar a esos sectores que siguen defendiendo a Cuba como Estado obrero, ¿qué opinan que se debe hacer con el sector más importante de la economía cubana, el sector de turismo, con los grandes hoteles privados? ¿Se debe expropiarlos o no? ¿Se debe o no reestatizar el aeropuerto cubano, la producción y la comercialización del ron? Si responden afirmativamente a estas preguntas, significa que están proponiendo una nueva revolución socialista en Cuba. Si niegan ese programa, apuntan para el mantenimiento de la miseria de los trabajadores cubanos.

El antiguo Estado obrero burocratizado cubano desapareció, permaneciendo solo su apariencia, con el PC al frente, como en China.

Las conquistas de la revolución en salud y educación, que fueron mostradas con orgullo por los activistas de izquierda en toda América Latina, están en evidente retroceso. Un ejemplo de eso fue la terrible situación de colapso en la asistencia médica en Cuba con el recrudecimiento de la pandemia, bien parecido a lo que ocurrió en los países latinoamericanos. Eso llevó a que, incluso el gobierno pusiese la culpa en los médicos del país, generando [con esto] manifestaciones a través de videos y cartas por toda la Isla.

La consecuencia más terrible de la restauración del capitalismo es la miseria del pueblo cubano. No existirían bases materiales para el 11J ni para la explosión que se está armando en Cuba sin las consecuencias económicas y sociales de la restauración del capitalismo.

6. La polémica con los estalinistas

El estalinismo, como aparato mundial, se debilitó mucho con la caída de las dictaduras del Este europeo. Pero sigue siendo muy fuerte hasta hoy. Cuenta con PCs en muchos países, algunos de ellos con peso de masas. Todos en defensa de Cuba, como “único bastión socialista de América Latina”. Muchos partidos reformistas no estalinistas, como el PT y el PSOL en el Brasil, apoyan la dictadura castrista.

El estalinismo es mucho más que el autoritarismo bien conocido y repudiado. Posee una ideología reformista que tiene un alcance mayor que los propios PCs. Ellos sustituyen el método de análisis marxista de las clases sociales por el de los “campos progresivos”.

De un lado estarían los “campos progresivos”, que incluyen los “gobiernos de izquierda” y las “burguesías progresivas”. Del otro, estaría el enemigo, el imperialismo norteamericano.

Así, todos los que se oponen a esos gobiernos progresivos son “agentes del imperialismo norteamericano”. En esos países dirigidos por esos “gobiernos de izquierda” no existen las clases sociales reales ni la lucha de clases. Solo existen los gobiernos progresivos y sus enemigos, los agentes del imperialismo.

Para la propaganda estalinista, Cuba y China, además de tener “gobiernos de izquierda” hasta hoy son países “socialistas”. A partir de ahí, los PC apoyaron la masacre de la Plaza de la Paz Celestial, en 1989. Incluso frente a millares de jóvenes muertos en una manifestación pacífica en Pekín, el aparato estalinista siguió hablando de “agentes del imperialismo”. No sorprende que apoyen la represión del 11J en Cuba.

China, al contrario de la propaganda estalinista, es una potencia capitalista. Desde el inicio de la restauración, en la década de 1970, hubo allá grandes inversiones de las empresas multinacionales. Con bajísimos salarios y una dictadura que reprimía cualquier amenaza de huelga, se impuso el “nuevo modelo de socialismo”, que fue propagandeado por el imperialismo mundial como ejemplo, creando un nuevo paradigma salarial, ayudando a rebajar el nivel de vida de los trabajadores en todo el mundo.

El aparato estalinista dice que ese es el “socialismo” de los días actuales, diferente del de los tiempos de Marx y Engels. El marxismo, no obstante, define la transición del capitalismo al socialismo a partir de la estatización de las grandes empresas, la planificación de la economía y el monopolio del comercio exterior. Eso sigue válido en los tiempos actuales. La economía china es regida por el mercado. Su sector más dinámico e importante incluye las grandes empresas privadas de la burguesía nacional china y la multinacional. El monopolio del comercio exterior acabó en el siglo pasado y no existe planificación de la economía.

La verdad, solo resta una apariencia de “socialismo”, con el PC chino al frente del gobierno. Pero ahora encabezando una dictadura policial, expresando a la gran burguesía china. Hoy China creció en términos capitalistas, al punto de disputar espacios con el imperialismo norteamericano, en la “guerra comercial”.

Con esa metodología de análisis de los “gobiernos progresivos”, los PCs y sus seguidores apoyan a Assad, dictador sirio que mató a 500.000 habitantes para preservarse en el poder. Apoyan las dictaduras burguesas de Maduro en Venezuela y de Ortega en Nicaragua. Pero, al contrario de la propaganda estalinista, quienes gobiernan esos países son las nuevas burguesías surgidas a partir del aparato del Estado. Y en esos países existen trabajadores que luchan contra la miseria capitalista impuesta por estos gobiernos.

¿El imperialismo actúa sobre esos países? Actúa. En general actúa a través y junto con esos gobiernos. ¿Hubo o no grandes inversiones imperialistas en China? ¿Quién implementó las reformas neoliberales en Siria y Nicaragua? Assad y Ortega. Maduro, a pesar de los conflictos actuales con el imperialismo norteamericano, mantiene la explotación de petróleo en el país en asociación con las multinacionales imperialistas. Para los estalinistas, sin embargo, esos gobiernos son “antiimperialistas”.

El estalinismo mundial dice que Cuba es, como China, un ejemplo de “socialismo actual”, con inversiones extranjeras y salarios bajísimos. Una vez más, solo existe de “socialismo” la presencia del PC en el comando de la dictadura, exactamente como en China. Si eso definiese el carácter del Estado y de la sociedad, ¿por qué no llamar también “socialistas” a los países capitalistas gobernados por “partidos socialistas”, como en Europa?

Nosotros continuamos siendo marxistas, analizando las clases sociales y sus relaciones con el Estado y la economía. Cuba es hoy una dictadura capitalista, al contrario de lo que dicen sus apoyadores en todo el mundo.

7. Dos estrategias de lucha contra el bloqueo

Como ya dijimos, luchamos contra el bloqueo de los EE. UU. sobre Cuba desde su inicio. En este sentido, tenemos un punto de acuerdo con el gobierno cubano y todo el aparato estalinista mundial.

Pero es un acuerdo táctico. Tenemos, también es ese terreno, una diferencia global, estratégica, con los aparatos estalinistas. Nosotros queremos el fin del bloqueo como parte de un proceso revolucionario antiimperialista, apoyando las luchas de los trabajadores de América Latina contra sus gobiernos y el imperialismo.

No luchamos solo contra el imperialismo norteamericano sino también contra el europeo, que semicoloniza la Isla. ¿Alguien vio ya al estalinismo mundial denunciar al imperialismo europeo en Cuba?

El gobierno cubano quiere el fin del bloqueo para que las empresas imperialistas norteamericanas vayan a Cuba, como hacen hoy las españolas, francesas e italianas. El gobierno cubano quiere el fin del bloqueo para avanzar en la semicolonización de la Isla.

8. ¿Existe un capitalismo de Estado en Cuba?

Existen algunos sectores de la vanguardia cubana que reivindican que en Cuba existe, desde la revolución de 1959, un capitalismo de Estado.

Queremos registrar que, incluso teniendo diferencias importantes, tenemos dos acuerdos parciales con esos sectores, que deben ser valorados.

El primero es que en Cuba nunca se llegó al socialismo. Como dijimos antes, para avanzar hacia el socialismo necesitamos el desarrollo planificado de las fuerzas productivas en escala internacional, lo que no ocurrió. Ni en términos del régimen político: Cuba fue una dictadura burocrática en el marco de un Estado obrero antes, y ahora es una dictadura burguesa.

En ese sentido, tenemos acuerdo parcial con la imagen usada por David Karvala de que en Cuba nunca hubo un “socialismo desde abajo” (Cuba: por el socialismo y la libertad). Efectivamente, nunca hubo socialismo en Cuba.

Esa definición de Karvala no es precisa porque la estrategia marxista de la dictadura del proletariado, como una democracia de los trabajadores, en la tradición de la Comuna de París y de los siete primeros años del régimen de los soviets en la Revolución Rusa, no es solo “desde abajo”. En la estrategia marxista se incluye necesariamente una dirección revolucionaria del proceso, como fue el partido bolchevique en la Revolución Rusa. Reivindicamos la construcción de un partido revolucionario, con criterio leninista, así como reivindicamos los cuatro primeros congresos de la III Internacional, parte fundamental, a nuestro ver, del legado de la Revolución Rusa y de su estrategia de revolución mundial. Pero digamos que tenemos un acuerdo parcial con esa definición.

En segundo lugar, tenemos acuerdo con que Cuba es hoy capitalista, y es necesaria una nueva revolución socialista en la Isla.

Pero existe una diferencia global con la definición de “capitalismo de Estado”, defendida por Karvala y otros socialistas que reivindican el análisis de Tony Cliff para la URSS.

Esa visión, en primer lugar, embellece el capitalismo. Al final de cuentas, capitalismo de Estado es una forma del capitalismo.

Por esa visión, habría sido el capitalismo el que posibilitó la transformación de Rusia del país europeo más atrasado en la segunda potencia económica y militar del mundo en algunas décadas. Habría sido el capitalismo el que posibilitó las conquistas económicas y sociales de los trabajadores cubanos desde la revolución hasta la década de 1990. O sea, el capitalismo de Estado sería una forma superior de capitalismo que posibilita un gran desarrollo de las fuerzas productivas y una mejoría cualitativa de la situación de las masas. Si eso fuese así, este estadio capitalista sería necesario y deseable.

Eso se choca con la comprensión del capitalismo como un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas y el origen del empobrecimiento del proletariado contenida en el Manifiesto Comunista. Se choca con la evaluación de Lenin del imperialismo como la fase superior del capitalismo. Se choca con la teoría de la revolución permanente de Trotsky, que parte de la misma comprensión que el Manifiesto Comunista y la evaluación de Lenin. Y, si existe esa fase superior del capitalismo, el “capitalismo de Estado”, ¿nuestra estrategia socialista no está cuestionada?

Trotsky respondía a los que caracterizaban a la URSS como capitalismo de Estado:

“Frente a nuevos fenómenos, los hombres muchas veces buscan refugio en viejas palabras. Intentos fueron hechos para disfrazar el enigma soviético con el término capitalismo de Estado, que tiene la ventaja de no ofrecer a nadie un significado preciso. Sirvió primero para designar los casos en que el Estado burgués asume la gestión de los medios de transporte y de ciertas industrias. La necesidad de medidas semejantes es uno de los síntomas de que las fuerzas productivas del capitalismo superan el capitalismo y lo niegan parcialmente en la práctica. Pero el sistema sobrevive y permanece capitalista, a pesar de los casos en que llega a negarse a sí mismo”. …

… La primera concentración de los medios de producción en las manos del Estado conocida en la historia fue realizada por el proletariado a través de la revolución social, y no por los capitalistas a través de los trusts estatizados. Este breve análisis será suficiente para mostrar cuán absurda son las tentativas de identificar el estatismo capitalista con el sistema soviético. El primero es reaccionario, el segundo realiza grandes progresos.

Calificar el régimen soviético como transitorio o intermediario es descartar las categorías sociales acabadas, como el capitalismo (incluyendo el “capitalismo de Estado”) y el socialismo.

Pero esta definición es en sí insuficiente y susceptible de sugerir la falsa idea de que la única transición posible del régimen soviético conduce al socialismo. No obstante, un retroceso para el capitalismo aún es perfectamente posible, una definición más completa sería necesariamente más larga y más pesada.

La URSS es una sociedad intermedia entre el capitalismo y el socialismo, en la cual: a) las fuerzas productivas aún son insuficientes para dar a la propiedad del Estado un carácter socialista; b) la tendencia a la acumulación primitiva, nacida de la sociedad, se manifiesta por todos los poros de la economía planificada; c) las normas de distribución, de naturaleza burguesa, están en la base de la diferenciación social; d) el desarrollo económico, al mismo tiempo en que mejora lentamente la condición de los trabajadores, contribuye para la rápida formación de una camada de privilegiados; e) la burocracia, al explotar los antagonismos sociales, se tornó una casta descontrolada, ajena al socialismo; f) la revolución social, traicionada por el partido en el poder, aún vive en las relaciones de propiedad y en la conciencia de los trabajadores; g) la evolución de las contradicciones acumuladas puede llevar al socialismo o lanzar la sociedad al capitalismo; h) la contrarrevolución en marcha hacia el capitalismo tendrá que quebrar la resistencia de los obreros; i) los obreros, al marchar hacia el socialismo, tendrán que derribar a la burocracia. El problema será definitivamente resuelto por la lucha de las dos fuerzas vivas en el terreno nacional e internacional.

Naturalmente, los doctrinarios no quedarán satisfechos con una definición tan hipotética. Ellos gustarían de fórmulas categóricas; si y sí, no y no. Los fenómenos sociológicos serían mucho más simple si los fenómenos sociales siempre tuviesen contornos precisos. Pero nada es más peligroso que eliminar, para obtener precisión lógica, los elementos que ahora contradicen nuestros esquemas y que mañana pueden refutarlos. En nuestro análisis tememos, sobre todo, violar el dinamismo de una formación social inédita y sin analogía. El objetivo científico y político que buscamos no es dar una definición acabada de un proceso inacabado, sino observar todas las fases del fenómeno y destacar de ellas las tendencias progresistas y las reaccionarias, revelar su interacción, prever las diversas variantes del desarrollo posterior y encontrar en esta previsión un punto de apoyo para la acción” (La revolución traicionada). (traducción nuestra)

Ponemos esta larga cita de Trotsky no solo para precisar su rechazo a esa categoría de “capitalismo de Estado” para analizar la URSS. Queremos también mostrar cómo la caracterización que él hacía sobre la URSS, como un proceso transitorio y contradictorio, era mucho más precisa y dialéctica que la formulación de “capitalismo de Estado”. Esa caracterización permitió a Trotsky dejar en abierto la evolución de la URSS, incluso para la posibilidad de restauración del capitalismo, que al final ocurrió.

Esa es exactamente la segunda gran contradicción de la definición de Cuba como capitalismo de Estado. Con la utilización de esa categoría, no habría habido restauración del capitalismo en la década de 1990 en Cuba. Era capitalismo de Estado, siguió siendo capitalismo de Estado. No habría habido ningún cambio de calidad.

Esa categoría no consigue analizar esta transformación. Y el marxismo presupone unir la teoría con el análisis de la realidad concreta. ¿No ocurrió nada en Cuba desde la década de 1990 hasta acá? Es verdad que la dictadura del PC cubano sigue existiendo, pero eso es apenas parte de la realidad.

¿No hubo una transformación completa con la entrada de los capitales europeos, y el giro de la economía cubana para el turismo mundial con los grandes hoteles privados, el surgimiento de una nueva gran burguesía a través de GAESA?

¿No hubo un empobrecimiento general del pueblo cubano? ¿La miseria del pueblo cubano y el retroceso en las conquistas de la revolución cubana no existen? ¿Siempre fue así? ¿Los avances que los cubanos tuvieron con la revolución, incluso en el marco de una dictadura, y que posibilitó que resistiesen las ofensivas imperialistas del pasado, no existieron? ¿Y cómo explican el empobrecimiento de las masas rusas con la restauración del capitalismo en ese país?

La única forma de hablar de capitalismo de Estado en Cuba es negando la realidad, sea en el pasado, sea en el presente.

Los que defienden esa teoría de capitalismo de Estado podrían argumentar que la decadencia de Cuba y la crisis actual se deben apenas al fin del auxilio económico de la URSS y al bloqueo económico de los EE. UU. Pero eso no explica las transformaciones sociales que surgieron en Cuba desde la década de 1990, incluyendo la generación de una nueva gran burguesía. Además, es el mismo argumento del castrismo que explica todo por el bloqueo norteamericano y el fin del auxilio de la URSS.

El tercer gran equívoco de la teoría del capitalismo de Estado es la negación de la economía marxista. La economía capitalista, en la comprensión marxista, es regida por la ley del valor, por el mercado, por la oferta y la demanda. ¿Era así en la URSS de la década de 1930, de la misma forma que en la Rusia de hoy?

Tony Cliff, al no poder responder a esto, intentó un malabarismo teórico, diciendo que existía la ley del valor “en las relaciones de la URSS con el mercado mundial”. Sí, pero, ¿en el interior de la URSS? Cliff no responde eso porque no tiene respuesta. No existe manera de reivindicar la economía marxista, basada en la ley del valor y, al mismo tiempo, la teoría del capitalismo de Estado.

Una vez más volvemos aquí a la comparación de la URSS durante la depresión mundial de 1929, cuando crecía a grandes tasas (porque no era regida por la ley del valor), y Cuba en la recesión mundial de 2020 (regida por la ley del valor, ya con el capitalismo restaurado), con una caída de 11% del PIB.

Definitivamente, la teoría del “capitalismo de Estado” no consigue evaluar ni la evolución histórica ni la situación concreta de Cuba en los días de hoy.

9. La realidad actual de Cuba

Al contrario de lo que dice la propaganda estalinista, el pueblo cubano vive en la miseria y odia a la dictadura castrista.

En diciembre de 2020, el gobierno de Díaz-Canel impuso el plan “Tarea de Ordenamiento”, muy parecido a los planes neoliberales de todo el mundo.

Ese plan visaba la unificación de las monedas vigentes en Cuba. Pero el resultado para los trabajadores fue desastroso. El salario mínimo en Cuba es hoy de 33 dólares al mes, con las mercaderías vendidas a precios semejantes a los de toda América Latina. Hubo una durísima elevación de los precios del gas y de la energía eléctrica. Junto con eso, vino una hiperinflación y un terrible desabastecimiento.

Las únicas beneficiadas por ese plan fueron las grandes empresas multinacionales instaladas en Cuba… y la nueva burguesía cubana asociada.

Esa fue la base material de la explosión popular del 11 de julio. Por eso en las calles estaban muchos cubanos pobres, de los barrios de los trabajadores. Nada que ver con las movilizaciones de la clase media de derecha, de los barrios más ricos, que ocurren a veces en nuestros países, en apoyo a las propuestas de la burguesía y del imperialismo.

Nosotros apoyamos las luchas de los trabajadores contra los planes neoliberales en Colombia y en Chile, y denunciamos la dura represión de los gobiernos. Nosotros apoyamos el 11J y denunciamos la represión del gobierno cubano.

Es verdad que la represión al 11J fue menor que la ocurrida en Colombia y en Chile. Eso fue así porque las movilizaciones también fueron menores, siendo interrumpidas el propio 11J. Si fuesen mayores, la represión sería también mayor. También sería apoyada por el aparato estalinista. Al final, los que salieron a las calles son todos “agentes del imperialismo”.

La movilización del 15N no fue espontánea como la del 11J. Fue convocada por la plataforma Archipiélago, que apoyada por sectores de izquierda y de la derecha proimperialista fue también duramente reprimida. La dictadura desplazó un pesadísimo aparato militar, que impidió que los convocantes saliesen a las calles, con miedo de un nuevo 11J.

La “democracia popular” de Cuba, propagandeada por el estalinismo es una farsa. Esa dictadura sabe que es odiada y por eso tiene miedo de su propio pueblo. No permite ningún tipo de democracia, ni obrera ni burguesa. Al autotitulada “democracia popular” no es ni democracia ni mucho menos popular. La población sufre persecución y vigilancia policial todo el tiempo. Los que disienten pierden sus empleos, son vigilados y perseguidos.

¿Por qué no permiten la existencia de ningún partido de izquierda que no apoye al gobierno? ¿Por qué no existe ningún sindicato libre en Cuba?

Reprime cualquier tipo de oposición. Reprimió el 11J, el 15N, así como la marcha LGBTI de mayo de 2019, las manifestaciones artísticas independientes y todos los actos que la cuestionen. La dura represión empuja a los que se oponen hacia el exilio o la prisión.

Si es verdad que no hubo una represión durísima el propio 11J, los juicios sumarios y juicios que enfrentan hasta hoy las más de 1.000 personas que fueron presas desde ese día, proponen penas durísimas, algunas sobrepasando 30 años de cárcel por manifestarse.

10. La acción política imperialista sobre Cuba y cómo luchar contra ella

Existe una fuerte disputa entre el aparato estalinista cubano y mundial por un lado, y la propaganda imperialista por otro. Ambos dicen que solo existen dos campos: el “socialista” y el imperialista.

Nosotros combatimos el imperialismo. Y combatimos también el reformismo. Para eso, utilizamos el método marxista, que no sustituye las clases en lucha por “campos”. Evaluamos relaciones entre las naciones en el sistema mundial de Estados. Y analizamos las situaciones concretas de la lucha de clases.

Por eso combatimos el bloqueo imperialista sobre Cuba. Por eso también podemos luchar contra la dictadura burguesa en Cuba, de forma independiente del imperialismo.

Es innegable que la burguesía cubana de Miami quiere aprovecharse de la actual crisis del gobierno cubano. También es innegable que quiere disputar la vanguardia que está surgiendo en la lucha contra la dictadura.

Para eso, fue formado el llamado “Consejo Nacional de Transición”. Ese Consejo defiende un programa democrático burgués contra la dictadura cubana… y la devolución de las propiedades confiscadas de la burguesía de Miami, defienden una completa subordinación de Cuba al imperialismo norteamericano.

La acción del imperialismo está ganando a una parte de la vanguardia que surgió el 11J. Ganó el Movimiento San Isidro. Ganó, aparentemente, a Yunior García, el principal dirigente de la convocatoria del 15N, que huyó de Cuba y apareció públicamente vinculado a la derecha española.

Por otro lado, el aparato estalinista también actúa para quebrar a esa vanguardia, con prisiones, procesos y difamaciones. Además, también presiona ideológicamente, con esa farsa de que todas las movilizaciones que surgen “tienen al imperialismo por detrás”. Por eso, algunos de los activistas que participaron del 11J se negaron a apoyar la movilización del 15 de noviembre, por ser “apoyada por el Consejo”.

Felizmente, no existe solamente la vanguardia que capitula o apoya al imperialismo y la que capitula a la dictadura estalinista. Un sector de esa vanguardia está contra las maniobras imperialistas y contra la dictadura castrista.

Es importante rescatar un criterio marxista de intervención en luchas democráticas. Estamos frente a movilizaciones populares como la del 11J contra una dictadura. Nosotros intervenimos en ellas, apoyando a los trabajadores y polemizando contra las maniobras imperialistas.

El imperialismo buscará capitalizar este tipo de crisis en función de sus intereses. Hizo eso en China, en Tiananmen, y no por eso era equivocado apoyar la lucha de la juventud china contra la dictadura. Intentó aprovecharse de las revueltas democráticas contra las dictaduras estalinistas en Hungría (1956), Checoslovaquia (1968) y Polonia (1980), que fueron masacradas por la represión estalinista.

El carácter democrático progresivo de esas movilizaciones no cambia por las tentativas imperialistas de manipulación. La única forma de luchar contra la influencia del imperialismo sobre esas luchas democráticas es ser parte de esas movilizaciones y luchar contra esas maniobras. La otra alternativa es entregar al imperialismo la dirección de esas luchas. La única manera de luchar seriamente contra las tentativas del “Consejo de Transición” y la burguesía de Miami de tomar la dirección de esas luchas es participar de ellas y luchar contra el programa de la derecha para Cuba.

Si negamos esas luchas, las dejamos en manos de los grandes aparatos que las disputan. La izquierda que capitula al estalinismo hace un favor al imperialismo al apoyar la dictadura. Con eso aumenta el peso de la burguesía cubana de Miami y sus apoyadores en las luchas democráticas. Refuerza la ideología de que solo existen dos “campos”: el “socialista” y el “imperialista”.

Los estalinistas y reformistas apoyadores de la dictadura castrista tienen una coherencia contrarrevolucionaria en su posición de negar apoyo a las movilizaciones de las masas, como el 11 de julio, y apoyar la represión a ellas.

Pero los que se reivindican trotskistas y no apoyan las movilizaciones de las masas contra la dictadura estalinista, no tienen ninguna coherencia.

Digamos que las corrientes que dicen que en Cuba aún no se restauró completamente el capitalismo tengan razón. Supongamos que en Cuba estuviésemos en la misma situación de Hungría de 1956, Checoslovaquia de 1968 y Polonia de 1980. ¿Fue correcto el apoyo a aquellas movilizaciones de masas? Y si era correcto en aquella época, ¿no es correcto hoy?

En realidad, no apoyar las movilizaciones como la del 11J en Cuba “por las manipulaciones del imperialismo” es una ruptura con el trotskismo. Eso es, en verdad, una capitulación a la dictadura estalinista.

El gobierno cubano consiguió evitar las movilizaciones del 15N, a través de la represión y el uso de un gigantesco aparato militar. La vanguardia que estaba organizando esa movilización sufrió una derrota. El aparato estalinista mundial está en jubilo.

No obstante, la realidad sigue su curso. La crisis económica, producto de la restauración capitalista sigue profundizándose, así como la miseria de las masas. La ruptura de los trabajadores y la juventud cubanos con la dictadura castrista sigue profundizándose.

Las movilizaciones del 11J fueron un marco, con un antes y un después. La represión ocurrida el 15N solo profundiza el odio de las masas contra la dictadura.

11. ¿Adónde va Cuba?

En Cuba se está gestando una gran explosión contra esa dictadura burguesa y corrupta. No sabemos cuándo ni cómo se dará. Pero esa es la dinámica.

El apoyo de la izquierda proestalinista a la dictadura castrista arroja en los brazos del imperialismo la formación de alternativas democráticas en Cuba. Eso puede llevar a que la caída de la dictadura castrista termine siendo capitalizada por direcciones imperialistas, como Yeltsin en Rusia, ahora a través de la burguesía imperialista de Miami.

Nosotros proponemos lo opuesto: luchar contra la dictadura cubana como parte de una estrategia socialista y antiimperialista. Nosotros queremos una nueva revolución socialista, reestatizando las empresas privatizadas, incluso las que están en manos del imperialismo europeo, con una planificación de la economía y el control directo y real de los trabajadores. Queremos una democracia obrera en Cuba, opuesta a la dictadura estalinista, que de hecho tenga su esencia en la participación de los trabajadores en todas las decisiones fundamentales y estratégicas de la Isla.

Los activistas de izquierda que defienden la dictadura cubana pensando que, a pesar de los errores, el estalinismo defiende lo que resta de la revolución cubana, deben reflexionar sobre lo que ocurre en China. Deben repensar en lo que lleva a los PCs a defender dictaduras burguesas como la china, la venezolana, la siria y la nicaragüense. Y ver si no existe semejanza con lo que ocurre hoy en Cuba.

La dictadura castrista no está defendiendo el Estado obrero burocratizado que hace mucho tiempo no existe más, sino su alianza con las grandes empresas europeas, sus ganancias y privilegios. Por eso es odiada por el pueblo cubano. Apoyar la dictadura estalinista es fortalecer esa visión de los “campos progresivos junto con la burguesía”, que ignora las clases sociales y el marxismo. Y prepara una nueva derrota en Cuba.

Nosotros de la LIT, defendemos el lado de los trabajadores y de la juventud en Cuba. Creemos su lucha legítima, justa y necesaria. No se puede negar la realidad de profunda desigualdad económica y la existencia de la represión a las libertades democráticas. La verdadera manera de defender el socialismo en Cuba es defendiendo una nueva revolución socialista contra esa dictadura.

Traducción: Natalia Estrada.