“El intento de sustituir a la clase revolucionaria por una preparación química había fracasado. Incluso la intelectualidad más heroica no es nada sin las masas. Bajo la impresión inmediata de estos hechos y de sus conclusiones, creció y se formó el más joven de los hermanos Ulianov, Vladimir, el futuro Lenin, la figura más grandiosa de la Revolución Rusa. Desde el inicio de su juventud se ubicó en el terreno del marxismo y volvió su mirada hacia el proletariado” (Trotsky, La Revolución Rusa).[1]

Por: Hertz Dias

Brasil vive un momento de incertidumbre. Existe en el poder un grupo fuertemente apoyado en milicias parapoliciales, en parte de la Policía Militar y en la cúpula de las Fuerzas Armadas. Incluso frente a un gobierno de estos, que amenaza abiertamente las libertades democráticas, es inaceptable que las burocracias sindicales y los reformistas se nieguen a llamar a la clase trabajadora y a la juventud a debatir abiertamente la necesidad de organizar la autodefensa contra esos grupos que hoy son parte fundamental del Estado burgués. Ese pacifismo debe ser combatido sin tregua, así como los grupos que, apurados, creen que pueden sustituir por sí solos las acciones de las masas.

Lenin combatió duramente a aquellos que, de tan sabios y valientes, se creían con el derecho de pasar por encima del movimiento de masas. Incluso a su hermano Alexandre Ulianov, que fue muerto tras un fracasado atentado contra el zar Alexandre III, en marzo de 1887. Uno de sus mayores éxitos fue librar al Partido Bolchevique del espíritu aventurero y saber medir el temperamento de las masas obreras para decidir qué hacer con ellas y nunca sin ellas. El coraje es una de las cualidades de los revolucionarios, sin embargo, no es lo único, y ni todo corajudo es un revolucionario.

Quien vive en la periferia no precisa tener coraje para enfrentar peligros, pues el peligro vive al lado. Revolucionario que idealiza la violencia que enfrentamos cotidianamente no merece ser llamado revolucionario. La periferia y la clase trabajadora precisan, antes que todo, ser ganadas para un proyecto revolucionario que las haga entender que el capitalismo precisa ser destruido. Hecho esto, la propia clase sabrá cómo y de qué forma deberá usar la violencia revolucionaria contra la burguesía y sus instituciones. Si las condiciones están dadas y el proletariado vacila en armarse para la acción, debemos convencerlo pacientemente sobre esa necesidad, jamás sustituirlo.

Ser marxista revolucionario exige tener paciencia revolucionaria. La sustitución de la acción de nuestra clase ha costado muy caro, no solo por abortar procesos revolucionarios sino por formar aventureros en lugar de revolucionarios. Generaciones enteras se perdieron así, a lo largo de la historia. Muchas veces, por detrás de actos supuestamente heroicos se esconde la arrogancia de quienes creen que la lucha de clases está allí en su ombligo.

Algunos activistas y organizaciones ultraizquierdistas imaginan que actuando por encima del movimiento están enfrentando a las burocracias. ¡Tamaño engaño! En verdad, no hacen más que adherir a lo que hay de más pérfido en el comportamiento de las burocracias, que son burocracias porque juzgan estar siempre arriba del movimiento de masas. Para los burócratas, las masas son siempre sordas y mudas, excepto en campañas electorales.

La burocracia estalinista se apoyó justamente en este tipo de pensamiento para mantener sus privilegios materiales, que fueron conquistados por la acción del movimiento de masas apoyado en el método de la democracia obrera. Para eso, el estalinismo tuvo que asfixiar hasta la muerte ese que es un método insustituible para el marxismo revolucionario.

Para Trotsky, “el burocratismo no confía en las masas, intenta ponerse en lugar de ellas” y por eso “creó un odioso culto a sus jefes, atribuyéndoles cualidades divinas”[2].

Ahora, cuando defendemos la necesidad de que la clase trabajadora tome el poder y construya su propio Estado estamos hablando de eso, de extender para el conjunto de la sociedad ese método, el de la democracia obrera, el de saber hablar, oír, sentir, proponer, decidir y actuar colectivamente. El estalinismo hizo lo opuesto de eso, y quien hace eso creyendo que es antiburocrático y antiestalinista está redondamente engañado. Ese es el método de los burócratas y de los estalinistas, no de los revolucionarios. Bakunin también pensaba así. Para él bastaban 111 sabios para tomar el Estado, justamente por no creer en la capacidad del movimiento de masas.

Mucho antes de entrar a las filas del PSTU, yo y mis camaradas del Hip Hop “Liberdade Sem Fronteiras” [Libertad Sin Fronteras], organizada en el quilombo Liberdade en São Luís (Maranhão), el mayor quilombo urbano de América Latina, tuvimos una experiencia interesante. Por allá, conocimos a varios jóvenes que se organizaban en un grupo llamado “O Bando” [El Bando]. La mayoría tenía “pasaje” [por la cárcel, ndt.] Dimos una batalla para ganarlos para el Quilombo Urbano y ganamos; eso a través de la realización de un proyecto llamado “Periferia Urgente”. Cualquier ultraizquierdista que conociese a esa rapa [a esos jóvenes] quedaría de boca abierta con su coraje.

El problema es que en el camino de ellos no había solo Hip Hop militante del Quilombo Urbano, sino desempleo, hambre, desesperación y crimen. En poco más de cinco años, la mayoría de aquellos jóvenes no estaba más entre nosotros. Los que no murieron, se pudren en la cárcel. Tenemos orgullo de haberles dado una sobrevida a ese grupo, pero cometimos un gran error, no lo ganamos para un programa estratégico revolucionario, porque ni nosotros aún estábamos ganados para ese propósito.

Ultraizquierdistas adoran ver a favelado [pobre de favela] corajudo y armado, y el Estado también, principalmente cuando es para justificar un genocidio. Pero, lo que ambos temen es ver un favelado y obrero revolucionario, algo que va mucho más allá de ser más o menos corajudo.

Cito a uno de mis hermanos, que carga consigo un coraje envidiable, que pocas veces presencié en la vida; sin embargo, entre su coraje y el programa revolucionario que defendemos existen dos sobrinos míos muertos en menos de un año, uno de 14 y otro de 18 años. Si estuviesen vivos, quién sabe si no estarían militando en alguna organización revolucionaria.

Hay toda una generación de jóvenes negros y pobres que se incorporaron a las luchas políticas en los últimos años y nosotros no podemos permitir que eso se pierda. La ola de ocupaciones de escuelas que estalló en San Pablo en 2015 contra los ataques del gobierno de Geraldo Alckmin (PSCB) y que se extendió por el país es uno de los ejemplos más emblemáticos de cómo se pasa por encima de las burocracias, en este caso estudiantil, que estaban atados a los gobiernos. Organización, disciplina, democracia de base y hasta autodefensa colectiva fueron determinantes para la victoria de ese ascenso juvenil y periférico que llevó a la burguesía a desencajonar el proyecto “Escuela Sin Partido”. Parte de esa juventud está a la vanguardia de las luchas que hoy recorren el país. Es preciso tener responsabilidad con esos jóvenes y no idealizarlos como los playboys metidos a favelados hacen en relación con el gangstar rap producido en la quebrada [sitios muy pobres en las laderas de los cerros en el Brasil].

Si las acciones individuales fuesen revolucionarias, no existiría la necesidad de la lucha de clases y mucho menos de partidos revolucionarios. Si fuese así, dejaríamos que los estruendos de las bombas pusiesen a los banqueros a correr para que la deuda pública fuese suspendida. Nosotros, que defendemos la estatización de los bancos, siquiera podemos estar en contra de quebrar vidrios, sin embargo, ni la expropiación ni la quiebra de vidrios deben ser realizadas individualmente. Nuestra estrategia es la revolución socialista en escala mundial. Y en relación con esto, todas las demás acciones son tácticas. Si sirven para movilizar a las masas en dirección a la toma del poder, valen, si no, son reaccionarias. Y todo eso debe ser hecho con democracia obrera e independencia de clase.

No obstante, las acciones que se plantean a contramano de las movilizaciones de las masas, las organizaciones que gustan de equivocarse y acertar solas, son burguesas y pequeñoburguesas, por lo tanto, contrarrevolucionarias. Y eso va mucho más allá de muestras preocupaciones para con la acción inmediata. Ese debate tiene que ver con lo que haremos después de la toma del poder, caso eso se realice. Porque los que hoy se ponen por encima del movimiento de masas mañana podrán ponerse por encima de la democracia obrera, y después de mañana serán los artesanos de la restauración capitalista. La historia nos dio ya esa lección, repetirla sería un crimen.

En las rebeliones antirracistas que vimos estallar en los Estados Unidos luego del asesinato de George Floyd en 2020, muchas estatuas de personajes esclavistas fueron destruidas, pero fue por la acción del movimiento de masas y es así que tiene que ser en cualquier lugar. La burguesía siquiera tuvo argumentos para criminalizar esas acciones que gran parte de la población apoyaba. Al contrario, se vio obligada a llevarlas para los museos antes de que las sumergiesen en el mar. Ningún súper hombre o mujer maravilla hizo eso aisladamente. Fueron hombres y mujeres tomados por un odio antirracista como pocas veces vimos en la historia los que hicieron retroceder a Trump y su burguesía racista e imperialista.

Es preciso entender que el Estado es el monstruo de tantas cabezas y es muy poderoso. Existe para garantizar la explotación, la opresión y la represión contra los trabajadores. Es más que justo sentir odio de ese Estado y de su burguesía, pero es preciso saber enfrentarlos y, sobre todo, llevar a los trabajadores a tomarlo en sus manos. Los trabajadores deben ser convencidos de esa tarea histórica que les cabe y que ningún grupo aislado tiene condiciones de realizar plenamente. Saber contra quién se lucha es fundamental para saber cómo debe ser la lucha y dónde se pretende llegar.

Queremos que la clase trabajadora tome ese Estado, expropie a sus dueños y construya su propio Estado y su propio régimen, hasta que las clases sociales dejen de existir.

Y eso no se dará sin la violencia revolucionaria, pues la burguesía brasileña, por más cobarde que sea, no nos entregará el poder en bandeja. Pero esa tarea es del conjunto de la clase y la clase debe ser educada en esta dirección y no en las “falsas ilusiones sobre que sus problemas se solucionarán por acciones de un puñado de combatientes heroicos”, conforme nos enseña Morano[3]. Al contrario de lo pueda imaginarse, esas acciones aisladas solo empujan a los trabajadores a la pasividad, dejándolos a merced de la represión del Estado burgués, por eso son maleducadoras.

Defendemos que el movimiento de la clase debe organizar su autodefensa contra los bandos armados de la burguesía, pero ningún bando armado, incluso de izquierda, debe someter el movimiento a sus acciones.

Manifestantes organizan autodefensa frente a la represión policial durante acto en Brasília, en 2017. Foto: Romerito Pontes.

Tenemos tareas urgentes para el movimiento de masas y una de ellas es la organización de nuestra autodefensa. Estamos frente a un gobierno de ultraderecha fuertemente apoyado en milicias [parapoliciales] y en las fuerzas armadas. Un gobierno que, así que tenga condiciones, no pensará dos veces en cerrar el régimen. La clase obrera precisa ser alertada sobre eso y sus direcciones precisan ser denunciadas por no abrir ese debate con urgencia, tal como ya están haciendo los pueblos ancestrales por una necesidad objetiva: las balas del agronegocio están rasgando la carne del pueblo pobre que vive en el campo. Autodefensa y huelga general deben ser las principales consignas para que la acción directa del movimiento de masas derribe el gobierno Bolsonaro lo más rápido posible, pero acción directa por fuera del movimiento de masas es directamente contra el movimiento de masas.

En nuestra opinión, este debate no puede quedar solo en el campo de la agitación, sino que tiene que ser parte de nuestra estrategia para derrocar este gobierno bonapartista, y esa tarea no puede quedar a merced de aventuras. Así como no podemos siquiera hablar de revolución socialista sin educar a la clase trabajadora y la juventud pobre sobre que su armamento es también una necesidad revolucionaria insustituible.

[1] TROTSKY, León. (1989) La Revolución Rusa. Conferencia: La naturaleza de clase de la URSS (Silvana Foá, trad.) San Pablo.

[2] TROTSKY, León. “Los Procesos de Moscú” (la represión y las purgas estalinistas).

[3] MORENO, Nahuel. https://www.marxists.org/espanol/moreno/guerriller/tsg_2.htm

Hertz Dias es miembro de la Secretaría de Negros del PSTU Brasil y vocalista del grupo de rap Gíria Vermelha.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 7/7/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.