Mié Abr 24, 2024
24 abril, 2024

La violencia contra la mujer da un salto con Bolsonaro y expone la barbarie capitalista

Por: Érika Andreassy, Secretaría de Mujeres del PSTU-Brasil

Una niña de 10 años, víctima de abuso sexual y embarazada, separada de su familia por una jueza y mantenida en situación de reclusión en un abrigo para impedir que aborte, cuando su derecho está garantizado por ley. Una joven actriz, también víctima de violación y embarazada, que tras descubrir tardíamente su embarazo decide dar voluntariamente al bebé en adopción, pero a pesar de que la ley garantiza el secreto, el caso se filtra, y su identidad y los datos del niño quedan expuestos públicamente. Una procuradora municipal golpeada brutalmente en el lugar de trabajo por un subordinado al que no le gustó que ella le llamara la atención por comportamientos machistas. El agresor es contenido por colegas y llevado a la comisaría, pero finalmente es liberado. Solo es arrestado días después, cuando el caso va a la prensa. Trabajadoras de Caixa Econômica Federal víctimas de asedio sexual por el presidente de la institución, el bolsonarista Pedro Guimarães. El escalón más alto del banco no solo sabía, sino que encubriía los asedios. Bolsonaro también lo sabía y, aun así, mantuvo en el cargo a Guimarães, quien solo renunció después de la enorme repercusión de los casos.

Todos estos casos bizarros salieron a la luz en un espacio de menos de 10 días y expresan una realidad cada vez más dramática para las mujeres: el aumento de la violencia machista, que ha sido objeto de denuncias durante mucho tiempo pero que en el último periodo dio un salto frente a la ofensiva de la ultraderecha y del gobierno misógino de Bolsonaro, tanto en el terreno ideológico como en el político, especialmente los ataques a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

La dimensión de esta violencia sistemática y cotidiana es comprobada por los datos del Anuario del Foro Brasileño de Seguridad Pública, divulgados recientemente. En prácticamente todos los ámbitos de la vida de las mujeres, la violencia de género ha aumentado. Las llamadas al 190 por violencia doméstica, por ejemplo, crecieron 4 % en 2021. El número de amenazas (3,3 %), agresiones físicas (0,6 %), violaciones (3,7 %), asedio sexual (6,6 %) y acoso sexual (17,8 %) también creció.

Feminicidios: muertas por el simple hecho de ser mujeres

A pesar de la pequeña reducción en los casos de feminicidio (-1,7%), las tentativas de feminicidio subieron 3,8%, así como la concesión de medidas de protección (13,6%). En 2021, 1.341 mujeres fueron víctimas de feminicidios, es decir, cada 7 horas una mujer fue asesinada por el simple hecho de ser mujer. Rayana Nadjara Oliveira, de 34 años, fue una de ellas, asesinada con seis tiros en Pedro Velho (RN) por su expareja que no aceptaba el fin de la relación. La hija de cinco años de la pareja presenció la muerte de su madre.

Rayana es el retrato de las víctimas de feminicidio en el Brasil. Como ella, dos tercios son mujeres negras, de entre 18 y 44 años, y son madres, y la mayoría de las veces dejan dos o más hijos. Se estima que al menos 2.300 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos en 2021 por los feminicidios, cerca de 20% testimoniaron el crimen cometido por agresores, con quienes muchas veces tenían vínculos. En ocho de cada 10 casos, el asesino es la pareja o expareja de la víctima.

Desenmascarando el bolsonarismo. Violencia sexual y criminalización del aborto

El caso de la niña a la que se le impidió abortar en Santa Catarina, así como el de la actriz acusada por bolsonaristas de “abandono de incapaz”, suscita algunas cuestiones. Primero, desenmascararon la hipocresía del discurso moralista de los sectores conservadores, autodenominados “pro-vida”.

Si en el caso de la niña quedó evidente el total desprecio por la vida de una víctima de abuso sexual, cuyo embarazo de riesgo podría resultar fatal por su corta edad, en el caso de la actriz quedó claro que el discurso de esta gente no se guía por el bienestar del feto, sino por el control del cuerpo y de la sexualidad de las mujeres. Este discurso va acompañado del papel de que la mujer debe ser madre abnegada, dispuesta a asumir la maternidad a cualquier costo. La defensa de que la mejor opción es continuar con el embarazo y dar al bebé en adopción cayó por tierra cuando la joven actriz recurrió a la entrega voluntaria y fue acusada de abandonar a su hijo.

La segunda cuestión se refiere a las condiciones en que quedaron embarazadas esta niña y esta joven, ambas víctimas de violencia sexual. No es de hoy que el Brasil experimenta una explosión de violaciones. En la última década se reportaron más de medio millón de casos. Solo el año pasado, 66.000 más, de los cuales 88,2% eran mujeres.

Los datos revelan un trazo cruel e impactante del machismo naturalizado: en más de 70% de los casos la víctima es una niña o vulnerable, en más de la mitad (54%), una niña de hasta 13 años. La violación suele ocurrir dentro de la casa, y en 86% de los casos el violador es un conocido o familiar, como padre, abuelo, tío o padrastro. Tristes cifras que sostienen la “cultura de la violación”, agravada por la criminalización del aborto en el país.

Dividiendo a la clase. Barbarie capitalista y machismo al servicio de la superexplotación

El incremento de la violencia machista no es un hecho aislado, sino una expresión del avance de la barbarie capitalista y del empeoramiento de las condiciones de vida, cuyas principales víctimas son sus sectores oprimidos. Las mujeres trabajadoras, especialmente las mujeres negras y pobres que sufren con la violencia machista son las mismas que sufren los efectos de la crisis económica y social. Por eso, 66% de las personas que pasan hambre son mujeres. Son las mismas que, criminalizadas por el aborto, se ven impedidas de ejercer dignamente la maternidad por falta de empleo, o de guarderías donde dejar a sus hijos para poder trabajar.

Esto demuestra hasta qué punto la opresión es funcional al capitalismo, porque además de dividir a la clase trabajadora, someter, humillar y victimizar a mujeres, negros, LGBTIs e indígenas, funciona también como mecanismo de regulación del mercado de trabajo y factor de sobreexplotación, pagando salarios más bajos y economizando gastos sociales por medio del trabajo doméstico no remunerado de la mujer.

Por eso, al mismo tiempo que luchamos contra el bolsonarismo y la ultraderecha reaccionaria, tampoco podemos confiar en la burguesía, incluidos los llamados sectores progresistas, que dicen defender la igualdad y la diversidad pero utilizan la opresión para contratar mujeres pagando menos, rebajando la media salarial de toda la clase y aumentando sus propios beneficios.

Sectores como los de Luiza Trajano, Kátia Abreu o Simone Tebet, apoyaron las reformas laboral y de la seguridad social que impusieron más pobreza y miseria a las mujeres trabajadoras, incluso dificultando romper el ciclo de la violencia machista. Al menos 25% de las mujeres señalaron la pérdida de empleo y de ingresos como los factores que más pesaron en la ocurrencia de la violencia vivida durante la pandemia.

O los aliados del PT y el PSOL en el frente amplio, como Geraldo Alckmin, quien, cuando fue gobernador de São Paulo, no dudó en hacer desalojar el Pinheirinho, dejando sin hogar a decenas de familias encabezadas por mujeres. Es sintomático que la declaración de Lula sobre el aborto como un problema de salud pública haya sido reprendida por la cúpula de la campaña por no incomodar al ala conservadora que apoya su candidatura. O que, frente al escándalo de acoso sexual en la Caixa, se haya limitado a decir que no es ni fiscal ni policía para opinar sobre las acusaciones.

Sin conciliación. Independencia de clase en la lucha contra la opresión

Incluso frente a todos estos casos bizarros de machismo, y a pesar de la urgente necesidad de derrotar a Bolsonaro y su política de odio, violencia y ataque a los derechos de las mujeres, la dirección del movimiento, hegemonizada por la Marcha Mundial de Mujeres y por el PT, con el apoyo del PSOL, se niega a realizar cualquier lucha y cuando llama, obligada por las circunstancias, es para evitar que el movimiento se salga del camino. En nombre de su estrategia puramente electoral, llama a votar por Lula y confiar en que, en la Presidencia, él legalice el aborto e implemente medidas para combatir la violencia, a pesar de que en el gobierno el PT se apoyó en estos mismos sectores conservadores que hoy apoyan a Bolsonaro, gobernando para la burguesía y negociando los derechos de las mujeres, como el tema del aborto o la ley de salario igual por igual trabajo.

La Ley Maria da Penha, sancionada por Lula, fue resultado de la presión del movimiento combinada con la condena del Brasil por parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA) por violar los derechos humanos, pero la conquista nunca salió efectivamente del papel, ya que siempre faltaron fondos para su implementación.

Por su parte, la estrategia del PSOL de limitar la lucha de las mujeres a la elección de parlamentarias “feministas” no es para nada progresiva, porque, a diferencia de las candidaturas al servicio del fortalecimiento de las luchas, son las luchas las están al servicio de su estrategia electoral, que, encima de todo, ahora está atada a la Red, cuyo programa incluso está en contra de la legalización del aborto.

Por eso, se necesita una alternativa de clase para las mujeres trabajadoras. Por un lado, porque la liberación de la mujer trabajadora solo es posible con el fin del capitalismo y, por lo tanto, la lucha contra la opresión debe tener siempre una perspectiva socialista, pero también porque actualmente hasta las conquistas más puntuales dependen del grado de amenaza que la movilización sea capaz de imponer a la burguesía y el sistema.

La precandidatura de Vera es parte de la búsqueda por presentar esta alternativa y organizar a las mujeres trabajadoras de manera independiente y colocar al conjunto de la clase a la vanguardia de las luchas contra la opresión y la explotación, contra el machismo, la violencia y los asedios, por la legalización del aborto garantizado por el SUS [Sistema Único de Salud], empleo y derechos, salario igual por igual trabajo, y socialización del trabajo doméstico.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 6/7/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.

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