El 28 de junio de 1969, los homosexuales que frecuentaban un bar llamado StoneWall Inn, en Nueva York, cansados de la represión que sufrían en las constantes razias policiales, se enfrentaron con la policía y tomaron las calles por cuatro días, armando barricadas y resistiendo la violencia del Estado.

Por Lucha Mujer/PSTU-Argentina

En esa lucha, quienes estuvieron al frente fueron principalmente las mujeres lesbianas, las travestis negras y los gays inmigrantes. Ese es un dato interesante que actualmente la burguesía intenta esconder. Muestra que la revuelta de Stonewall, además de ser contra la violencia policial fue también contra toda la represión y explotación que LGBTs pobres, negros e inmigrantes sufrían cotidianamente.

La revuelta de Stonewall tuvo una repercusión tan grande que causó efervescencia en todo el mundo. Al año siguiente, el 28 de Junio de 1970, se organizó la primera marcha LGBT, con más de 10.000 personas en Estados Unidos.

A partir de entonces, el 28 de Junio pasó a ser el día del Orgullo Gay, y el ejemplo fue seguido en diversos países. En este día, los homosexuales afirman su historia de resistencia y combate a la homofobia. Con eso, surgieron las famosas marchas y el movimiento LGBT actual, que impuso transformaciones a la sociedad, derribó leyes anti-homosexuales, y conquistó algunos derechos en diversos países.

La situación en nuestro país 

Hasta a la fecha, en lo que va del año, al menos hay 40 muertes, 40 compañeras/os que faltan a causa de los travesticidios/transfemicidios y suicidios (según cifras relevadas por MuMaLa 2021).

La situación se profundizó con la pandemia, ya que la crisis económica pega aún más fuerte en el colectivo LGTBI, en particular al colectivo TTNB (travesti, transexuales/transgénero y no binaries).

Además, debemos hablar acerca de los transhomicidios respecto de las muertes de las masculinidades trans y las constantes violencias sufridas, como lo es la desaparición de Tehuel de la Torre. En pocos días se van a cumplir cuatro meses de su desaparición, mientras los dos sospechosos se niegan a hablar.

La ineficiencia del Estado, su inacción ante casos como estos, donde los derechos y leyes obtenidas hasta ahora (producto de las luchas del sector a lo largo de todos estos años) no son cumplidas ni aplicadas. Al margen de que muchas de esas leyes o programas estatales sean insuficientes, ya que no atacan el problema de raíz: la imposibilidad del acceso a la salud y educación no sexista, vivienda y empleo formal.

La pandemia y el colectivo 

Como ya sabemos, porque lo estamos viviendo en carne propia, la pandemia COVID-19 vino a profundizar las desigualdades y violencias estructurales que el propio Estado y el sistema capitalista alimentan. La falta de empleo formal que hizo que no todas/os podamos garantizar la cuarentena; aquellos/as que no tenían ni tienen un techo donde vivir.

Un informe del programa de Naciones Unidas para el Desarrollo del 2020, indica que casi todas las personas trans del país viven en la pobreza y la indigencia. Como consecuencia el 90% de las mujeres trans subsisten de la prostitución. La situación de los varones trans no es muy distinta: son generalmente excluidos de los sistemas laborales e incluso de los establecimientos educativos.

Además según la Federación Nacional de Inquilinos, del 100% de las travestis el 93,8% no podrían pagar el alquiler, porque dejaron de percibir ingresos, sumado a las complicaciones para acceder al sistema de salud. Sin contar que la violencia policial no cesa y menos en los sectores populares, violentando las identidades y denigrándolas.

La expectativa de vida de travestis, transexuales y transgénero en nuestro país es entre los 35 y 40 años y las “opciones” más comunes de supervivencia terminan siendo la prostitución, el narcotráfico y trabajos informales, este último se volvió una constante.

Es uno de los sectores más oprimidos, sin mencionar que dentro del colectivo LGTBI nos encontramos con inmigrantes, afrodescendientes, miembros de pueblos originarios, por lo cual la exclusión social se agudiza más. Además, no hay una información pública para que dé cuenta de las condiciones de vidas del colectivo. Solo en 2012 el INDEC lanzó una prueba piloto, una encuesta nacional sobre población trans, travestis, transexuales, transgénero y hombres trans- mostró que poco más de la mitad de la población tiene aprobado el nivel primario, que solo el 20% terminó el secundario y que más del 80% no cuenta con cobertura de salud.

En la provincia de Buenos Aires se entregaron 10 viviendas en 2020 para el sector, por un trabajo de la Asociación Travestis Transexuales y Transgénero Argentina con el Ministerio de Vivienda y Urbanización, cuando la demanda según ATTTA supera las 300. Más del 80% del sector necesita una vivienda o mejorar dónde habitan, aunque seguramente esa cifra es superior ya que no hay un relevamiento oficial.

Es decir, para esta población los derechos más básicos son vulnerados, demostración de la exclusión histórica que atraviesan. Que en parte se debe a que no se «enmarcan» en la heteronorma e intentan desarrollar su deseo, su sexualidad e identidad como cada une se defina.

Infancias y adolescencias. Convivencia en tiempos de COVID -19

Las adolescencias LGBTI están expuestas a mayores situaciones de vulnerabilidad, bullyng, violencia intrafamiliar, discriminación, sumado a su crisis de reconocimiento. La gran mayoría se reconoce trans en su primera infancia, pero una minoría puede expresarlo en esa etapa.

Según la Fundación Todo Mejora, 1 de cada 4 trans se han querido suicidar en su vida y la cifra se duplica cuando hay rechazo de un familiar. Además 7 de cada 10 escuelas en Argentina no reconocen la Ley de Identidad de Género. Ser o pertenecer a LGBTI ocupa el segundo lugar con motivo de discriminación en la escuela. Sin mencionar la discriminación en el sistema de salud.

Según datos del Informe Anual de los Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género elaborado por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, el 2019 fue el año más violento para las personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales, registrándose la cifra más alta de denuncias por discriminación respecto de la orientación sexual y estas se extendieron por primera vez a todas las regiones del país.

Muchas veces las/os jóvenes, cuando deciden expresar su identidad percibida ante su familia terminan siendo rechazadas/os, violentadas/os hasta incluso echadas/os de su propio hogar o la convivencia se vuelve tortuosa y la propia familia busca imponer a la fuerza que su hije cambie de “idea» u “opinión”. Los prejuicios y la falta de políticas específicas los arrojan a tener que abandonar la escuela y buscar algún laburo que les dé las herramientas para salir de su casa y solventar las necesidades que se presentan, como el tratamiento de hormonas u operación.

La batalla por delante

Las/os gays, lesbianas y travestis de Stonewall, marcaron un hito en la historia que muestra el camino de la unidad y la lucha en las calles. En ese sentido, este 28 de junio, se llevará acabo la 6° Marcha Contra los Trans-Travesticidios, acción que intenta tomar el significado de la revuelta de Stonewall.

Es necesario difundir con todo tipo de acciones la situación de vulnerabilidad en que se encuentra este sector en nuestro país. Las medidas que se tomaron hasta hoy no bastan, son pequeños parches para enormes huecos. Se crean ministerios y secretarias, se votan leyes (como el reciente cupo laboral para Trans y Travestis) que no solo no se aplican en su totalidad por discriminación cultural y por presiones religiosas, sino también y principalmente por falta de presupuesto para su aplicación.

Nuestra tarea es seguir organizadas/os, para lograr la real aplicación y la ampliación de las leyes votadas, inseparables de un aumento urgente de presupuesto. Debemos lograr una Ley Integral de Inclusión que tome todos los aspectos de la vida, la salud, educación, la vivienda y el trabajo.

Desde los menores hasta los más grandes avances que se han logrado, son gracias a las luchas de miles de compañeras/os que durante años mantuvieron en alto las reivindicaciones del colectivo LGTBI.

Pero esto no podemos lograrlo en soledad o que sea tomado solo por el colectivo. Debemos exigir a las centrales sindicales y organizaciones feministas que lo tomen en sus manos, porque solo con la mayor unidad es posible ganar esta batalla. El capitalismo nos separa porque así nos explota mejor. En el camino de esa batalla, también, debemos combatir las opresiones al interior de las organizaciones obreras y barriales, de la propia clase y ganarlas para nuestra lucha.

Es por eso que solo con la destrucción del capitalismo y la implementación de un gobierno de las/os trabajadores podremos lograr obtener derechos plenos para todos/as. Esa es la tarea que proponemos desde el PSTU y Lucha Mujer y te invitamos a sumarte porque estamos convencidos que es la única manera de terminar con la explotación y la opresión.