Trump: triste, solitario y ¿final? [1]

Acabó el mandato presidencial del republicano Donald Trump, en medio de una situación nunca antes vista en el país. Se inicia el mandato del demócrata Joe Biden. ¿Cuál es el significado de estos hechos para Estados Unidos y el mundo? Iniciamos una serie de artículos para intentar responder esta pregunta. 

Por Alejandro Iturbe

El 6 enero pasado, entre 8.000 y 30.000 personas (la estimación varía según los medios), venidas de distintas partes del país, se manifestaron contra la ratificación por parte del Congreso de los resultados electorales que habían dado como ganador a Joe Biden. Fueron alentados por la campaña de Trump de que él había sido el triunfador y que “lo habían robado”.

De esa multitud se desprendió un sector de unos 1.000 que ingresó por la fuerza al edificio del Capitolio, lo tomó por varias horas, y obligó a suspender la sesión. Las imágenes recorrieron el país y el mundo, en especial la de Jake Angeli (el extraño personaje con el cuerpo pintado y un sombrero de cuernos) que se paró en el estrado del presidente del Senado. “Algunos eran extremistas que usaban a la multitud como tapadera…”, nos informa una revista de Boston[2].

Una parte de la prensa pro demócrata de EEUU, y otros medios en el mundo, calificaron lo ocurrido como un “intento fracasado de golpe de Estado”. Creemos que esta definición está equivocada. Es cierto que algunos grupos e individuos estaban dispuestos a secuestrar y a matar, pero no tenían como objetivo tomar el poder. Por eso, nos parece que la palabra más correcta a utilizar es “motín”. En cierta forma fue lo que las organizaciones guerrilleras de izquierda de los años ’70 llamaban una “acción de propaganda armada”, en una estrategia que sí es golpista. Por eso, no debemos subestimar el hecho que representó la primera acción coordinada y centralizada de un grupo heterogéneo de organizaciones de extrema derecha, que luego veremos más en detalle.

Pero el grueso de los participantes de la concentración era compuesto por “americanos normales”, según palabras del artículo de The Atlantic, ya citado: sectores de clase media, incluyendo propietarios y gerentes de pequeñas empresas. Los trabajadores no pueden permitirse perder días de trabajo para participar de una movilización en otra ciudad y menos aún pagar un pasaje de avión para ello.

Los grupos de extrema derecha

El análisis de los grupos que realizaron la toma del Capitolio nos exige ser más precisos. Veamos aquellas organizaciones que fueron identificadas.

Los Proud Boys (Muchachos Orgullosos) son una organización política neofascista fundada en 2016. Solo admiten hombres como miembros y han estado involucrados en varios hechos violentos en el país y en Canadá.

Proud Boys

Los Oath Keepers (Guardianes del Juramento) son una organización fundada en 2009, con forma de milicia clandestina e integrada por ex miembros y miembros de las fuerzas armadas y policiales.

Los Three Percenters (Tres por Ciento) son un movimiento de milicias y grupos paramilitares fundado en 2008. Postulan una especie de “anarquismo de extrema derecha”: defienden el derecho de posesión de armas (existente en la legislación del país pero que se trata de restringir) y forman pequeñas “repúblicas” en las que niegan el derecho del gobierno de intervenir.

El Traditionalist Worker Party (Partido del Trabajador Tradicionalista) fue una organización neonazi activa entre 2013 y 2018. Si bien fue formalmente disuelto, sus miembros aún continúan actuando en grupos menores.

Los Neo-Confederados son aquellos que reivindican la Confederación, un núcleo de Estados del sur del país que en 1861 se separaron de los EEUU por su oposición a la abolición de la esclavitud, dando inicio a la Guerra de Secesión, en la que fueron derrotados en 1865. Diversos grupos reivindican sus “ideales” racistas y conservadores contra el Norte “corrupto y libertino”.

Los QAnon son el más extravagante de estos grupos (a él pertenecía el “hombre del sombrero de cuernos”). Parten de una “teoría de la conspiración” en la cual un “gobierno profundo de pedófilos satanistas” quiere llevar a la humanidad a su degradación, y se ha establecido una guerra secreta contra ellos. Trump sería el Salvador y el líder de esa guerra. Grupos adherentes a esta teoría se han extendido a otros países del mundo, por ejemplo, a Alemania[3].

Después del mensaje de Trump llamando a “la paz”, luego de algunas horas de la toma del Capitolio, se evidenció un distanciamiento de su figura por parte de los grupos que intervinieron. Los Proud Boys lo calificaron de “ser un fracasado” y también recibió críticas de los Oath Keepers y de los Three Percenters. Por su parte, un segmento importante de seguidores de QAnon abandonaron la página del grupo con comentarios como “fuimos engañados” mientras que, al mismo tiempo, muchas nuevas personas querían adherirse[4].

¿Cómo combatir este peligro? 

Si bien, como vimos, se trata de grupos de orígenes y visiones distintas, la figura de Donald Trump ha actuado como catalizador y han comenzado a tener una acción coordinada. Nos parece que la denominación de “extrema derecha” ya no es suficiente para definirlos y que debemos comenzar a caracterizarlos como un embrión de movimiento fascista (posiblemente QAnon merezca un análisis más específico sobre su dinámica).

Para ello, consideramos dos expresiones de sus acciones más recientes. La primera han sido los ataques (incluso armados) a algunas de las rebeliones antirracistas que se produjeron en numerosas ciudades luego del asesinato de George Floyd. Es decir, muestras incipientes de métodos de guerra civil contra el movimiento de masas, uno de los rasgos distintivos del fascismo. El segundo es el ataque físico a las instituciones de la democracia burguesa y a sus representantes, como vimos el 6 de enero.

Se trata todavía de grupos muy minoritarios, pero que pueden crecer rápidamente, con base en sectores desesperados de la clase media y sectores obreros blancos empobrecidos y lumpenizados, en la medida en que la crisis económico-social que vive el país se mantenga y profundice, sin ser resuelta por las instituciones de la democracia burguesa, y que el movimiento obrero y sus luchas no presenten una alternativa revolucionaria para salir de la crisis.

Si nuestra caracterización de estos grupos es correcta, cabe aplicar la frase que utilizaron tanto León Trotsky como el dirigente anarquista español Buenaventura Durruti: “Con el fascismo no se discute, al fascismo se lo combate [se lo destruye]”. Esto significa que los métodos a aplicar contra estas organizaciones son totalmente diferentes del que debe utilizarse para ganar a las masas y su conciencia de otras influencias burguesas.

Al fascismo se lo debe combatir con la acción de las masas. Especialmente, a través de la autodefensa de sus organizaciones, huelgas y movilizaciones contra sus ataques. Consideramos que este derecho de autodefensa también existe frente a la represión “institucional” por parte de las fuerzas policiales y de seguridad.

Un elemento complementario pero importante es la exigencia a las instituciones de la democracia burguesa de juicio y castigo a los participantes de esos ataques. En este sentido, consideramos que la categoría jurídica que se utiliza tanto para el proceso de impeachment de Trump como para las acusaciones contra los detenidos el 6 de enero (sedición) es ambigua y muy peligrosa, porque ese mismo cargo fue utilizado en otras ocasiones contra las organizaciones obreras y sus luchas.

Al mismo tiempo, frente a un intento de golpe de Estado fascista que busque derribar las instituciones de la democracia burguesa, defendemos estas instituciones en unidad de acción con todos los que coincidan con ello, incluso sectores burgueses, con nuestros métodos y estrategia.

La acción de la Policía

Los amotinados no hubieran podido ingresar al Capitolio y mantenerlo tomado si no hubiese existido connivencia de la fuerza policial destinada a defenderlo. El New York Times señala que: “La Policía del Capitolio pareció ofrecer poca resistencia y arrestó solo a 14 personas, lo que hizo mucho más difícil encontrar y acusar a los alborotadores, según un oficial de la ley involucrado en la coordinación de la respuesta… Funcionarios del Pentágono dijeron el jueves que esa fuerza había rechazado una oferta de tropas adicionales de la Guardia Nacional antes del asalto, y dos funcionarios policiales dijeron que inicialmente habían rechazado la ayuda del FBI mientras descendía la turba” [5].

Ninguna de las fuerzas policiales estaba preparada para enfrentar una multitud armada y violenta: fueron superadas en número y no estaban los equipos antidisturbios. Luego de los hechos, “El jefe de Policía de la ciudad, Robert Contee, dijo en una conferencia de prensa que ‘no había información de inteligencia que sugiriera que habría una violación del Capitolio de Estados Unidos”. Mientras que el jefe de la Policía del Capitolio, Steven A. Sund, dijo en un comunicado que tenían un ‘plan sólido establecido para enfrentar a los criminales’[6]. Frente a estas declaraciones, solo puede hablarse de una incompetencia absoluta para cumplir sus funciones o, como es nuestra opinión, de una connivencia con el motín.

No es la primera vez que fuerzas policiales muestran esta actitud frente a las acciones de estos grupos. Durante las manifestaciones en la ciudad de Kenosha (Wisconsin), luego de la salvaje agresión a tiros de un policía blanco a un joven negro, los manifestantes grabaron videos con sus celulares donde se ve a un joven blanco que carga un rifle automático de estilo militar y que dispara contra los manifestantes, matando a dos de ellos. Fue identificado como Kyle Rittenhouse, de 17 años, residente en la ciudad de Antioquia, Illinois, a 30 minutos de Kenosha. Luego se conocieron entrevistas previas en las que, junto a otros hombres blancos armados, decían estar allí para “proteger los negocios y las propiedades”. Otros videos muestran a policías que pasaban por ese lugar y conversaban amablemente con ellos. Los agentes no realizaron ninguna acción contra Kyle después que este disparara, y se limitaron a ir al lugar donde estaban las víctimas. Solo fue detenido luego de su identificación por la difusión de los videos, y enfrenta la acusación de homicidio intencional[7].

Es decir, no solo existen cuadros medios y agentes de las fuerzas policiales que directamente integran estos grupos, como en el caso de los Oath Keepers, sino que, más de conjunto, los consideran una especie de “fuerza auxiliar” en la tarea de reprimir al movimiento de masas. Una realidad que refuerza aún más lo que hemos planteado: el derecho de autodefensa se aplica también frente a la represión policial.

En este marco, es muy posible que se estén produciendo roces dentro de las propias fuerzas policiales, ya que una parte (aunque sea minoritaria) de sus cuadros medios y agentes provienen de los mismos barrios negros, latinos y pobres que los sectores a los que deben reprimir. Es lo que podría explicar el curso que ha tomado la trama de la octava temporada de la reaccionaria serie policial Chicago PD – Distrito 21, en el que un detective negro se enfrenta con una numerosa familia de policías blancos racistas por denunciar el asesinato de un pacífico padre de familia negro [8].

La burguesía abandona a Trump

¿Cuál fue el papel de Donald Trump en estos hechos? Dos cosas resultan claras. La primera es que fue el “mentor ideológico” del clima que los generó, con su agresiva campaña previa de “detengan el robo” durante todo el proceso de escrutinio y la negativa a reconocer la legitimidad de su derrota, dentro del régimen democrático burgués. La segunda es que, una vez producida la toma del Capitolio, mantuvo una inacción de 5 o 6 horas, según ha documentado el Washington Post[9], cuando, según la Constitución, su cargo de Jefe de Estado y comandante de las Fuerzas Armadas le exigían una acción sumaria para defender el Capitolio y reprimir a los que lo habían tomado.

Toda esta campaña de ataque a la democracia burguesa tuvo un alto costo político para Trump: los sectores centrales de la burguesía, la cúpula de las FFAA, los grandes medios de prensa (no solo lo pro-demócratas sino también otros que antes lo apoyaban, como la FOX) e incluso una parte de su propio partido “le soltó la mano” y lo fue dejando cada vez más aislado.

Por ejemplo, la National Association of Manufacturers (un poderoso grupo de empresas entre las que se cuentan Pfizer, Johnson & Johnson, Toyota, Dow Inc., Caterpillar, Goodyear y Emerson Electric) emitió una declaración llamando a remover a Trump por la vía del impeachment: “Esto no es ´ley y orden’. Esto es el caos. Es la regla de la mafia y es peligroso. Esto es sedición y debe tratarse como tal”[10].

La mayoría de los grandes bancos (como Goldman Sach, JP Morgan Chase, Citigroup, Bank of America y Wells Fargo) “congelaron” todas sus contribuciones al Partido Republicano como castigo, e impulsan la “expulsión” de Trump. Otras entidades, como Morgan Stanley, adoptaron resoluciones en la misma dirección pero menores, como suspender las donaciones a los legisladores que no reconocieran el triunfo de Biden[11].

En el caso de las Fuerzas Armadas, los ocho generales miembros del Estado Mayor Conjunto emitieron un comunicado en el que condenan la toma del Capitolio: “La violenta revuelta… fue como un asalto directo al Congreso de los EEUU, al edificio del Capitolio, y a nuestro proceso constitucional”, dijeron las autoridades militares. El texto agrega: “Cualquier acto que perturbe el proceso constitucional no solo va contra nuestras tradiciones, valores y juramento, sino también contra la ley”[12]. Es decir, se ubican en una clara defensa del régimen democrático burgués. Al mismo tiempo, es un comunicado que se emite en el marco de la preocupación, porque los grupos que asaltaron el Congreso tienen partidarios en las fuerzas armadas y de seguridad.

Finalmente, todo un sector de dirigentes republicanos también lo abandonó. Mitch McConnell, jefe de la mayoría de ese partido en el Senado, nunca apoyó sus denuncias de “robo”: “La elección ni siquiera fue ajustada”, declaró[13]. Numerosas cortes supremas y responsables del escrutinio en Estados que eran de tradicional mayoría republicana y ahora se perdían (como Georgia o Arizona) rechazaron sus denuncias. Hasta su vicepresidente Mike Pence se negó a apoyarlo y fue duramente criticado por Trump por “falta de coraje”[14]. Unos días antes había llamado a los tradicionales dirigentes republicanos como “líderes viejos y cansados”[15].

La crisis del Partido Republicano 

Lo cierto es que este partido vive una profundísima crisis. Una crisis que no es nueva, porque refleja la combinación entre procesos estructurales del capitalismo en las últimas décadas, resultados de la lucha de clases e, incluso, dinámicas poblacionales en el país.

En el sistema bipartidista americano, compartido con los demócratas, los republicanos asumieron el papel del “policía malo”, con perfil derechista y una base electoral tradicional de clase media urbana reaccionaria y la mayoría de los sectores agrarios.

Al mismo tiempo, expresan una coalición burguesa diferente de los demócratas, con centro en el sector petrolero, e integrada también por el complejo militar-industrial (empresas como la Boeing, la Lockheed y otras) y las patronales agrarias. Una de las tendencias de largo plazo del capitalismo es al “envejecimiento” y a la reducción de las industrias y tecnologías basadas en los combustibles fósiles y, al surgimiento, como sector más dinámico, de las ramas basadas en tecnologías con energía eléctrica, obtenidas de fuentes alternativas o con mucho menor consumo de energía, como lo que se ha denominado “telemática”. Hasta hora, estas burguesías tienden a expresarse a través de los demócratas. Es decir, los republicanos reflejan ramas en declinación.

Ligado a lo anterior, debemos referirnos a la derrota del Proyecto del Nuevo Siglo Americano, lanzado por el ex presidente republicano George Bush hijo, a inicios de este siglo, para avanzar en el dominio de los recursos naturales en el mundo (esencialmente el petróleo): si los Estados Unidos no garantizaban su hegemonía en este campo, retrocederían como potencia mundial. Para ello era válido y necesario utilizar métodos agresivos y bélicos contra otros países, lo que se denominó “Guerra contra el Terror”. Pero este proyecto fue derrotado militarmente en las guerras de Irak y Afganistán. Estas derrotas se sumaron al conocimiento de las mentiras y falsificaciones que el gobierno había utilizado para justificarlas y generaron un gran desprestigio de los republicanos. Como consecuencia, el imperialismo dio un giro táctico de timón hacia los demócratas y la figura de Barack Obama [16].

Obama terminó sus dos mandatos con mucho prestigio. Sin embargo, las grandes expectativas que las masas depositaron en él se vieron en gran parte frustradas por la forma en que abordó la respuesta a la crisis iniciada en 2007/2008 (salvando empresas y bancos), por su política de expulsión masiva de inmigrantes, y por el mantenimiento de la legislación represiva de Bill Clinton de “los tres delitos”. Esto generó un cierto desgaste del electorado demócrata y algunas incipientes rupturas (que se vieron atenuadas por el negativo papel de Bernie Sanders), que se acentuaron por la candidatura conservadora y de escaso carisma de Hillary Clinton [17].

De repente, Donald 

Es en este marco de un proceso de crisis del régimen bipartidista (muy profunda en los republicanos, más lenta en los demócratas) que aparece y “se cuela” Donald Trump, un poderoso empresario de la construcción y los negocios inmobiliarios. De personalidad arrogante, machista y egocéntrica, había ganado popularidad con el reality show The Apprentice (El Aprendiz), en el que doce personas disputaban un puesto en sus empresas. Hizo famosa la frase “you are fired” (estás despedido).

En 2015, se postula como precandidato republicano a la presidencia y gana con comodidad las elecciones primarias de este partido, con un discurso populista de derecha (el America First) que prometía recuperar la “grandeza” de EEUU frente a un mundo que “se aprovechaba” de esa “debilidad”, críticas a “los políticos de Washington” y a los “parásitos de Wall Street” que “no saben lo que es trabajar”, mientras mantenía su perfil machista, homofóbico y racista. En las elecciones presidenciales, si bien saca menos votos populares que Hillary Clinton, acaba siendo electo por el antidemocrático sistema de Colegio Electoral (elección indirecta), en el que obtiene mayoría.

En el marco de la crisis que arrastraba, Trump “revive” al partido republicano. Pero lo hace transformándolo. Por un lado, va “copando” cargos de gobernadores, alcaldes, senadores y diputados que se eligen por su arrastre electoral y que desplazan a la “vieja guardia republicana”; lo mismo ocurre con numerosos cargos del aparato del Estado y las cortes de Justicia.

Por otro lado, amplía su base, ya que al electorado tradicional le suma la movilización electoral mucho mayor de los sectores agrarios bajos del “interior profundo” y, esencialmente, el apoyo de sectores de la vieja clase obrera blanca, castigados por la reducción de las industrias tradicionales.

Trump no era el presidente que querían los sectores centrales de la burguesía estadounidense. Pero lo aceptan, buscan “domesticarlo”, y lo “aprovechan”. Fue el caso de la reforma impositiva aprobada en 2017, con una gran rebaja de impuestos a las empresas, y la “guerra” comercial-tecnológica contras las empresas chinas para cerrarles el camino a su expansión en los mercados de celulares y computadoras.

Pero, “la estantería comenzó a caerse”. Primero, con una dinámica de freno y recesión de la economía en 2019, que daría un salto muy grande con la pandemia, en 2020. Luego con un manejo desastroso de la propia pandemia, que hizo que EEUU, un país con gigantescos recursos tecnológicos y farmacológicos para derrotarla, tuviera los peores resultados del mundo.

Un elemento esencial de la dinámica de la situación fueron las rebeliones antirracistas que estallaron en todo el país luego del asesinato de George Floyd, que agudizaron la crisis del régimen [18]. En ese marco, los sectores centrales de la burguesía estadounidense ven la necesidad de producir un cambio de timón y, esencialmente, que es necesario “apagar el incendio” y canalizarlo hacia el proceso electoral [19].

Inicialmente, Trump colabora con esta tarea, atrayendo una gran cantidad de votantes republicanos. Pero, en la medida en que las encuestas lo daban como perdedor, comienza a “descarrilar” con denuncias del “fraude” que se estaba preparando contra él. Al mantener la posición de que “le estaban robando” durante el escrutinio, comenzó a generar la ruptura masiva de la burguesía con él. Porque la política central era recomponer el régimen democrático burgués a través de la confianza en las elecciones y Trump estaba “bombardeando” esta confianza. La toma del Capitolio fue “la gota que rebalsó el vaso”.

No tan solitario

Hemos dicho que Trump ha quedado aislado por la ruptura de los sectores centrales de la burguesía con él. Sin embargo, si consideramos la sociedad estadounidense de conjunto, no está tan solo. Él ha creado objetivamente una nueva corriente política (llamémosle trumpismo) con un peso social importante y que tiene continuidad luego de su derrota electoral e incluso luego de los hechos del Capitolio. Veamos algunos datos.

Una reciente encuesta mostró que 60% de los votantes republicanos quieren que Trump siga siendo el líder del partido. Si consideramos los votos que sacó en la última elección, esto significa un respaldo de 45.000.000 de personas, cerca de 30% del electorado del país, porcentaje muy similar al “índice de aprobación” con que dejó la presidencia [20]. Otra encuesta muestra que 75% de sus votantes republicanos creen que Trump “ganó la elección” [21].

Aquí es necesaria una observación: esta corriente trumpista es muy reaccionaria y se basa en los sectores sociales que hemos analizado. Pero no es fascista, por lo menos por ahora, aunque en su extrema derecha se ubiquen las organizaciones, por ahora muy minoritarias, que también hemos considerado.

Al mismo tiempo, este peso electoral del trumpismo genera contradicciones desgarradoras al interior del partido republicano. Hemos visto que los sectores centrales de la burguesía piden que “se saquen a Trump de encima”. La vieja guardia republicana estaría de acuerdo con ello, para recuperar el control del partido y volver a transformarlo en una “herramienta útil” para el régimen burgués bipartidista [22].

Pero un número importante de gobernadores, alcaldes, senadores y diputados republicanos necesitan del apoyo de Trump y el trumpismo para elegirse o reelegirse. Entonces, no entran en esa línea, o retroceden si la habían apoyado. Esto comienza a expresarse en el proceso del juicio político pos mandato que se está tratando en el Senado, ya que la mayoría de senadores republicanos votaría en contra de condenarlo y, así, no darían la mayoría de los 2/3 necesario para hacerlo [23].

Incluso Marc Rubio, senador por Florida, de origen cubano, que había acompañado a Obama en su visita a la Isla para reanudar relaciones diplomáticas y comerciales (es decir, en este punto se ubica enfrentado a Trump), se opuso al impeachment por considerarlo “estúpido y contraproducente” [24]. No casualmente, en estos días circuló la noticia de que Ivanka Trump (hija del ex presidente) podría postularse como precandidata a senadora por Florida y competir con Rubio [25]. 

El futuro del trumpismo

Esta corriente trumpista “llegó para quedarse” en el contexto de la situación económica, política y social de EEUU. ¿Cuáles son las alternativas de su futuro? De modo inmediato, luego de su salida de la presidencia, Trump se refugió en un exclusivo club-resort privado de su propiedad, para planificarlo mientras juega al golf [26].

La primera alternativa es que permanezca dentro del partido republicano, en una especie de “entrismo” o “fracción pública”, para utilizar su peso electoral e ir construyendo y fortaleciendo su propia corriente de gobernadores, alcaldes, senadores y diputados. Es lo que aparece como lo más probable en lo inmediato.

La segunda alternativa es que en un punto se pueda ver obligado a salir del partido o que considere que ya se ha fortalecido lo suficiente y él mismo decida salir. En ese caso, se daría el surgimiento formal de un “tercer partido” de la burguesía imperialista estadounidense [27].

Ambas alternativas se darían como una variante “dura” de “la ley y el orden” dentro del régimen democrático burgués. Es decir, reafirmarían la definición de que el trumpismo no es hoy una corriente fascista.

La tercera alternativa, que creemos la más improbable, al menos en un futuro inmediato, es que el trumpismo se transforme de conjunto (o sectores muy importantes) en un movimiento fascista. Por supuesto, en el marco de la crisis económica, social y política que vive el país, no podemos descartar esa hipótesis para el futuro. Pero no es esa la realidad actual.

En los próximos artículos, abordaremos precisamente ese marco de la crisis, las perspectivas del gobierno de Joe Biden, y nuestra política frente a él.

Notas: 

[1] Triste, solitario y final es la primera novela del escritor y periodista argentino Osvaldo Soriano. Fue publicado por Editorial Bruguera en 1973.

[2] https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2021/01/thoroughly-respectable-rioters/617644/

[3] Ver https://brasil.elpais.com/internacional/2021-01-12/teorias-conspiratorias-do-qanon-varrem-o-mundo-e-sao-mais-perigosa-do-que-parecem.html y www.poder360.com.br/internacional/qanon-ganha-cada-vez-mais-forca-na-alemanha-dw/

[4] Ver https://www.cnnbrasil.com.br/internacional/2021/01/21/com-posse-de-biden-qanon-perde-seguidores-mas-tambem-cria-novas-conspiracoes ;

https://www.bbc.com/portuguese/internacional-55764003 y https://epoca.globo.com/mundo/extremistas-apoiadores-de-trump-proud-boys-mudam-discurso-chamam-ex-presidente-de-fracasso-total-24848605

[5] https://www.nytimes.com/2021/01/07/us/Capitol-cops police.html?referringSource=articleShare

[6] https://www.politico.com/news/2021/01/07/capitol-hill-riots-doj-456178

[7] Información extraída del artículo “Rastreando o suspeito no tiroteio fatal em Kenosha” de la edición en portugués del New York Times (27/8/2020).

[8] https://noticiasdatv.uol.com.br/noticia/series/apos-george-floyd-8-temporada-de-chicago-pd-leva-racismo-policial-serio-46095

[9] https://www.washingtonpost.com/politics/trump-mob-failure/2021/01/11/36a46e2e-542e-11eb-a817-e5e7f8a406d6_story.html

[10] https://www.nam.org/manufacturers-call-on-armed-thugs-to-cease-violence-at-capitol-11628/?stream=series-press-releases

[11] https://www.nytimes.com/2021/01/11/business/dealbook/corporate-political-donations.html

[12] https://www.infobae.com/america/eeuu/2021/01/13/la-cupula-militar-de-eeuu-condeno-el-asalto-al-capitolio-de-los-partidarios-de-trump/

[13] https://g1.globo.com/mundo/noticia/2021/01/06/lider-republicano-do-senado-critica-tentativa-de-trump-em-mudar-eleicoes-nos-eua.ghtml

[14] Ídem.

[15] https://www.istoedinheiro.com.br/trump-critica-partido-republicano-contra-possivel-bloqueio-de-seu-veto-no-congresso/

[16] Sobre este tema, recomendamos leer: https://litci.org/es/la-reaccion-democratica-del-sindrome-de-vietnam-al-sindrome-de-irak/

[17]  Sobre el gobierno Obama ver: https://litci.org/es/el-balance-de-los-gobiernos-obama/ y sobre Sanders: https://litci.org/es/bernie-sanders-el-candidato-independiente-de-los-trabajadores-o-una-trampa/

[18] https://litci.org/es/un-proceso-revolucionario-sacude-estados-unidos/

[19] https://litci.org/es/estados-unidos-entre-la-rebelion-negra-y-las-elecciones/

[20] https://www.bbc.com/mundo/55777096

[21] Encuesta del Pew Research Cennter realizada entre el 8 y el 12 de enero de 2021.

[22] https://cnnespanol.cnn.com/2021/01/26/el-partido-republicano-esta-en-guerra-consigo-mismo-mientras-traza-su-futuro-pos-trump/

[23] https://g1.globo.com/mundo/noticia/2021/01/27/impeachment-de-trump-por-que-condenacao-de-ex-presidente-pelo-senado-agora-parece-mais-dificil.ghtml

[24] https://www.istoedinheiro.com.br/republicanos-anunciam-que-irao-se-opor-a-impeachment-24/

[25] http://www.cubadebate.cu/noticias/2021/01/25/posible-candidatura-de-ivanka-trump-como-senadora-por-florida-le-pone-los-pelos-de-punta-a-marco-rubio/

[26] https://elpais.com/internacional/2021-01-20/florida-el-refugio-dorado-de-donald-trump.html

[27] Sobre este tema, ver, por ejemplo: https://aterraeredonda.com.br/um-terceiro-partido/