Contrario a lo que vienen diciendo el gobierno y los empresarios, la pandemia sigue siendo una amenaza constante, en especial para los más pobres y los más vulnerables, como es el caso de las comunidades indígenas y las personas mayores. Con una cifra que se acerca al millón de contagios y a los 30 mil fallecimientos, con un promedio diario de 150 muertes, el Gobierno sigue en su política de reabrir todos los sectores, sin importar el peligro de un rebrote mortífero que sigue latente.

Por PST-Colombia

En más de seis meses en los que se decretó un Estado de Emergencia, nunca llegaron los recursos a los hospitales, ni siquiera la bioseguridad para los trabajadores de la salud, pero sí llegó el paquete de contrarreformas y de ajustes en beneficio de los banqueros, los industriales y los terratenientes.

Mientras la crisis económica sigue agudizándose, el desempleo ronda el 20%, la salud en quiebra, la pobreza extrema que asciende al 35,7%, las masacres y los asesinatos a líderes sociales en aumento, el Gobierno aprieta a la clase trabajadora con sus medidas contra los salarios, la estabilidad laboral, la salud y las pensiones.

La política imperialista, orquestada por el FMI y la OCDE, se siguen desarrollando: austeridad, eliminación de conquistas sociales, recorte de derechos, sobreexplotación y represión para los trabajadores y los pobres; subsidios, planes de salvamento, impunidad y garantías para los banqueros y empresarios.  La fraudulenta Deuda Externa se sigue pagando cumplidamente, mientras, que producto de la crisis, según informes del Banco de la República, su costo sigue aumentando.

Y a pesar de que la Corte Constitucional tumba algunos decretos y la Corte Suprema de Justicia le ordena al Gobierno pedir perdón por la brutalidad policial, así como prohibir el uso de escopetas calibre 12 al ESMAD y regular el actuar de la Policía en las movilizaciones, las Altas Cortes entregan a Uribe a la Fiscalía para su liberación y el Congreso de la República vota de manera negativa la moción de censura a Carlos Holmes Trujillo, mientras la bancada de Gobierno celebra gritando: perdieron los vándalos, contribuyendo a la estigmatización y la criminalización de la protesta social.

Entre tanto, siguen vigentes otras decenas de normas, entre ellas el decreto 1174, que precarizan aún más el empleo y la seguridad social; además se amenaza con aprobar a pupitrazo el nocivo proyecto 010 que termina de privatizar la salud.

La respuesta de la población empobrecida ha sido la de reactivar la lucha iniciada el 21 de noviembre de 2019, que estaba confinada desde marzo y ha salido de manera desarticulada y sectorizada a enfrentar la situación. Llenos de indignación por el asesinato de Javier Ordóñez y de 13 jóvenes que protestaban por su muerte en lo que se conoce como la Masacre de Bogotá, hastiados de toda la desigualdad, la corrupción y la impunidad, miles de jóvenes han dado ejemplo tomando la vanguardia de la lucha en las calles.

La convocatoria de este 21 de octubre, es fruto de la presión de las bases a la dirigencia de las centrales obreras y de la Fecode, que han apostado a la dispersión de las luchas y han actuado de manera temerosa en las movilizaciones, al no poder controlarlas. Durante todo el 2020, el rol del Comando Nacional de Paro, del MOIR y en particular de Diógenes Orjuela, Presidente de la CUT, ha sido impedir la movilización, manteniendo aisladas importantes luchas como las de los trabajadores del carbón y del petróleo, sofocando la lucha de los jóvenes que enfrentan la brutalidad policial y desconociendo las movilizaciones de la clase trabajadora y los sectores populares que han salido a las calles en medio de la pandemia, imponiendo la concertación con un Gobierno que se niega a dialogar y al contrario desata una guerra social con la población.

Se ha anunciado por parte de la Fecode un Paro Nacional del Magisterio, para los días 20 y21 de octubre, de inmediato varios sectores han tomado este impulso para sumarse a la convocatoria del #ParoNacional 21O. Desde el Partido Socialista de los Trabajadores, llamamos a participar activamente en él, pero a la vez reclamamos democracia para definir el rumbo de esta lucha y para modificar sus objetivos. La desobediencia civil no es suficiente, la reforma al SGP tampoco; el paro de maestros y estatales debe ir más allá de la lucha contra la alternancia, debe exigir garantías de bioseguridad e infraestructura para la educación en pandemia y para eso se requiere de una lucha unificada con todos los sectores que hoy están saliendo a las calles, la juventud, la Minga Indígena, las mujeres, comunidades afros, personas LGBT y el movimiento sindical,  comenzando por el apoyo real y efectivo a la huelga del Cerrejón.

Es urgente construir el Paro Indefinido de la producción, para obligar al gobierno a entregar los recursos necesarios para salud, educación, agua potable y saneamiento ambiental de manera inmediata en el marco de la emergencia social y para detener la represión y las masacres con las que nos imponen un régimen autoritario de hambre y miseria.

Es urgente que retomemos el camino de las luchas, siguiendo el ejemplo de Chile, Costa Rica, Bielorrusia y Estados Unidos, que de manera heroica enfrentan planes similares, igualmente orquestados por sus gobiernos y el FMI; y en el caso de Estados Unidos, desafiando la represión y el racismo estructural. Una nueva oleada de luchas recorre el mundo, como en 2019 debemos sumarnos.

No se puede dilapidar este momento ni las condiciones sociales actuales, hay que aprovecharlo para elaborar un verdadero plan contra el régimen y contra el criminal Gobierno de Duque, así como contra las alcaldías alternativas que han mostrado su verdadero rostro neoliberal, actuando en contra de la población pobre y estigmatizando la protesta legítima.

Es fundamental organizar democráticamente un gran Encuentro Nacional de Emergencia para discutir un pliego, que no se limite al pliego de emergencia que ha presentado el CNP y que vaya más allá de simples proyectos de reforma constitucional o de algunas leyes. Que se convoquen asambleas de todos los sectores sociales y se discuta como se puede garantizar un verdadero Paro Nacional y este 21 de Octubre no termine como una jornada de protesta más, que el gobierno terminará desconociendo.

Hay que exigir trabajo para todos, nacionalización de la banca, estatización de la salud, tierra para quien la trabaja, supresión de la política extractiva, supresión de la política privatizadora, infraestructura adecuada para todas las escuelas del país, desmonte inmediato del ESMAD, juicio y castigo a los responsables de la Masacre de Bogotá y una política de emergencia para enfrentar la pandemia, con recursos a la salud y garantías para los aislamientos y los retornos al estudio o al trabajo. Es necesario demostrar la fuerza de la clase trabajadora y de los pobres paralizando el país, única forma en que este gobierno asesino, defensor de las transnacionales y los ricos, pueda ser derrotado.

¡Abajo Duque, el ministro de defensa y todo su gobierno criminal!

¡No al pago de la Deuda Externa!

¡Vamos por un Encuentro Nacional de Emergencia que prepare el Paro Nacional Indefinido!

¡El #21O a las calles a construir la unidad para luchar!