El 24 de marzo, más de 60.000 personas marcharon por el juicio y castigo a los asesinos de la dictadura.

La movilización tuvo varios componentes: un sector oficialista, encabezado por Hebe de Bonafini, hizo un recital. Otro sector, con Madres Línea fundadora y Abuelas, marchó con sus reclamos, sin denunciar ni apoyar al gobierno. Por su parte, la izquierda marchó con más de 20.000 compañeros, denunciando la política del gobierno, que ha llevado a que solo poco más de 60 asesinos estén en la cárcel, mientras la mayoría de los casi 2.000 genocidas identificados están en libertad.
 
Es un abanico muy heterogéneo, pero con algo central en común: su repudio a la dictadura.
 
Sencillamente, unos confían en la forma que este gobierno abordó la cuestión pendiente del genocidio, y otros no. No es muy distinto a la época de Alfonsín, en que la mayoría creía que el Juicio a las Juntas terminaba con la impunidad, hasta que Semana Santa y las leyes de Punto final y Obediencia Debida mostraron las verdaderas intenciones del radical.
 
Por eso, nos parece equivocada la manera en que la mayoría de la izquierda caracterizó la jornada.
 
¿Hubo dos plazas?
 
En verdad, hubo una plaza llena, donde se enfrentaron dos posiciones frente a cómo responder al genocidio. El gobierno intentó que la izquierda no entrara a la Plaza de Mayo, y para eso dispuso un piquete con camisetas de la Juventud Sindical Peronista. Una vergüenza, ya que esa fracción sindical estuvo en su momento junto a los militares en la Triple A.
 
El hecho de no haberlo logrado fue producto no solo de la decisión de la columna de los partidos, sino también de que la propia composición de la Plaza no era adversa a la izquierda. Al contrario, cuando entró la columna, los mismos que escuchaban el recital “oficialista” –excepto sectores organizados minoritarios-, aplaudieron a los distintos partidos.
 
En ese sentido, no es diferente de tantas movilizaciones que hicimos, donde marchamos juntos, pero con diferentes proyectos. Hablar de dos plazas, en verdad es crear una división funcional a la política del gobierno.
 
Una plaza, dos políticas
 
Hebe de Bonafini ubica a los Kirchner como “compañeros” y dice que “la lucha terminó”, y que ahora es “tiempo de la Justicia”. La presidente dice que el castigo no avanza porque los jueces no quieren.
 
Es necesario dialogar con los sectores que confían en la política del gobierno para ganarlos nuevamente para la lucha contra el genocidio. Demostrarle que el gobierno tiene las herramientas para superar las trabas de la justicia. Que es necesario enviar al Congreso una Ley de Inversión de la Carga de la Prueba, como la que presidió los tribunales de Nüremberg, donde los miembros del régimen eran considerados en principio culpables, y debían demostrar su inocencia. E iban presos de no lograrlo.
 
Con una ley así, todos los asesinos identificados estarían inmediatamente en la cárcel.
 
Hay que exigir al gobierno una ley como esa, para desenmascararlo en sus intenciones de llevar el asunto a la larga, para que el tiempo y la ancianidad de los máximos genocidas terminen con la cuestión.
 
Fuente: Lucha Socialista n° 199, Abril 2010