Sáb Jul 13, 2024
13 julio, 2024

Nuestros acuerdos y diferencias con Hamas

«A partir de su acción militar de 7 de octubre pasado contra centros militares israelí, la organización palestina Hamas es el centro de atención de los medios internacionales, muchos de los cuales la acusan (al igual que el gobierno de Benjamin Netanyahu) de realizar un “terrorismo cruel” como justificativa para atacarla, así como a la población de la Franja de Gaza que esta organización gobierna. ¿Qué es Hamas? ¿Por qué la defendemos de estos ataques? ¿Cuáles son nuestros acuerdos y diferencias con ella?

Por Alejandro Iturbe  

Hamas significa “fervor” en árabe y surge del acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámica. Esta organización fue fundada en 1987 como una escisión de la Hermandad Musulmana de Egipto para construirse al interior del pueblo palestino. Su estructura organizativa estaba formada por una rama política, una dedicada a la asistencia social y, desde 1992, un brazo militar: Brigadas de al-Qassam.

Pertenece al sector sunnita del islamismo y, en su carta de principios (aprobada en 1988), reivindica el Corán como su base ideológica y política y la Yihad como “camino” (una palabra que denomina el “esfuerzo” para defender los preceptos del Corán y que, en determinados contextos, se utiliza en el sentido de “guerra”).

En esa misma “carta” se plantea que su objetivo político es: “El establecimiento de un Estado islámico palestino en todo el territorio del antiguo Mandato Británico de Palestina[1]. En la medida en que el Estado de Israel se ha apropiado de más de 70% de ese territorio (expulsando a los palestinos) y mantiene el resto bajo ocupación militar, este objetivo estratégico implica la destrucción del Estado de Israel y el “camino de la Yihad” toma el contenido de guerra contra él.

La fundación de Hamas, y de organizaciones similares en otros países árabes y musulmanes (como Hezbolá en Líbano, en 1982), debe entenderse en el contexto en que se produjo. En primer lugar, el proceso de la Revolución Iraní de 1979, que derribó un régimen títere del imperialismo yanqui, acabó consolidando el régimen islámico de los ayatolás[2]. En un marco en que el imperialismo lo atacaba y este régimen lo enfrentaba, se fue transformando en una referencia para muchos luchadores árabes y musulmanes.

En segundo lugar, a finales de 1987 se produce en los territorios palestinos ocupados la [Primera] Intifada, la heroica rebelión de la juventud palestina que enfrentó con piedras y hondas a los soldados israelíes fuertemente armados, y generó una profunda crisis en la moral de estos soldados. La fundación de Hamas fue entonces una respuesta política al clima de agitación que se vivía en los territorios ocupados. 

En tercer lugar, en el marco del proceso que llevó a la Intifada, la Organización para la Liberación de Palestina (de carácter laico, y que hasta ese momento era la dirección indiscutida del pueblo palestino) había ya iniciado el camino de traición que la llevaría a los acuerdos de Oslo y a su transformación en un agente colonial de la ocupación israelí en Gaza y Cisjordania[3]. Un camino de traición que ya había sido recorrido por varios regímenes y gobiernos árabes “laicos”, como el de Egipto que, en 1978, firmó los Acuerdos de Camp David con Israel y el imperialismo estadounidense reconociendo la “legitimidad” de este Estado y acordando la “paz” con él[4].

El crecimiento de la influencia de Hamas

En abril de 1994, Hamas realiza su primer atentado suicida en la ciudad israelí de Hedera, al que luego se continúan otros. Además de la persecución del ejército y de las fuerzas represivas israelíes, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) condena las “operaciones terroristas” de Hamas y detiene a aproximadamente 140 presuntos miembros de esta organización.

En la medida en que la ANP y Al Fatah (la principal organización política de la extinta OLP) habían abandonado la lucha por la recuperación del territorio palestino y actuaban como agentes coloniales de Israel, Hamas aparecía cada vez más como una organización que mantenía la lucha por esa aspiración del pueblo palestino. Su prestigio e influencia fueron creciendo entre los palestinos, en especial en los habitantes de la Franja de Gaza que vivían en las peores condiciones de supervivencia.

En 2000 se produce la [Segunda] Intifada, una nueva rebelión de la juventud palestina contra la ocupación. Fue la consecuencia de comprobar que la creación de la ANP no conducía a un proceso de soberanía palestina en los territorios (en la perspectiva de la existencia de “dos Estados’) como decían la ANP y al-Fatah[5]. Solo servía para la política de Israel de expulsar a los palestinos de sus barrios en Jerusalén y de avanzar en la apropiación de tierras agrarias en Cisjordania para entregárselas a los colonos judíos de origen ruso. En su contenido profundo, esta rebelión no solo enfrentaba a Israel sino también la política y el rol de la ANP-Fatah.    

En 2004, Hamas comenzó a dejar de lado en la formulación pública de su objetivo estratégico la palabra “islámico” y lo expresaba como “El establecimiento de un Estado palestino en todo el territorio del antiguo Mandato Británico de Palestina”. Una política que contrastaba claramente con la “rendición” de al-Fatah y de la ANP.

Hamas y el gobierno de Gaza

Por eso, no es sorpresivo que, en 2006, en su primera participación en las elecciones para el Consejo Legislativo Palestino (organismo de la ANP con sede en Ramalá, Cisjordania), Hamas obtuviese una victoria aplastante: gana 76 escaños y al-Fatah 43 escaños, una mayoría clara para formar el gobierno de la ANP.

Ante esa situación, Mahmoud Abbas, miembro de al-Fatah y presidente de la ANP, desconoce el resultado de las elecciones y el triunfo de Hamas, se autoproclama la única autoridad palestina y mantiene el control de las instituciones centrales de la ANP en Cisjordania. Es apoyado por Israel y por las potencias imperialistas, que lo reconocen.

Al intentar tomar el control de Gaza, se producen enfrentamientos entre las fuerzas de Hamas y las de Mahmoud Abbas que terminan con la victoria de Hamas, que se instala como gobierno legítimo de ese territorio. En ese momento, la LIT-CI caracterizó que la Franja de Gaza se había convertido en el único territorio palestino independiente de Israel y el gobierno de Hamas era la expresión política y militar de ello.

Esta independencia de la Franja de Gaza es inaceptable para el Estado sionista, que necesita acabar con ella. Por eso, quiere que su población se rinda, aislándola, bloqueando su economía y, de modo permanente, con bombardeos que destruyen su infraestructura sanitaria y los suministros básicos de agua y electricidad.

Por eso, cuando Israel ataca a Hamas no lo hace porque sea “terrorista” o “islámico” (temas que abordaremos en este mismo artículo) sino como parte del ataque al carácter independiente de la Franja de Gaza y la búsqueda de rendición de sus habitantes. Porque Hamas, a pesar de sus fuertes contradicciones, con su enfoque político y sus acciones mantiene ese carácter, a diferencia de la ANP-al-Fatah en Cisjordania.

Por eso, no “condenamos” las acciones de Hamas contra Israel y defendemos a esta organización de los ataques del estado sionista, el imperialismo y sus muchos gobiernos cómplices en el mundo. Estamos en el mismo “campo militar” de la lucha contra Israel y, por ello, hacemos actos conjuntos en diversos países del mundo que expresan esta unidad de acción. Esto es parte de la defensa del pueblo palestino y de su lucha contra Israel, e imprescindible en la situación actual.

Nuestros debates con Hamas

En todos estos años, en numerosos artículos, la LIT-CI ha expresado que, con la formulación del objetivo estratégico de su Carta de Principios, por un lado, tenemos un acuerdo: la necesidad de destruir a Israel para liberar el territorio palestino y construir allí un Estado palestino. Por el otro, tenemos una profunda diferencia: mientras Hamas proponía construir una “Estado palestino islámico”, la propuesta de la LIT-CI fue, desde su propia fundación, “Por una Palestina, Laica y No Racista”, que era el eje central del programa fundacional de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en 1964, y que la OLP comenzaba a abandonar para “enterrarla” definitivamente con los acuerdos de Oslo en 1993 y con la conformación de la ANP[6].

No se trata de una “discusión sobre religión”: respetamos las convicciones religiosas de los cientos de millones que profesan la religión musulmana y orientan sus vidas de acuerdo con los preceptos del Corán. Seguramente, muchos palestinos lo hacen. Lo que decimos es que, en aquellos casos en que se construyeron “Estados islámicos” (basados en una interpretación “fundamentalista” del Corán), estos se transformaron en durísimas dictaduras, sin ninguna democracia para los trabajadores y el pueblo, con una opresión extrema a las mujeres y una durísima represión a la homosexualidad.

Es el caso del régimen iraní de los ayatolás, contra el que han estallado fuertes rebeliones[7]. También el del Talibán, en Afganistán. Hemos visto que Hamas fue dejando de lado la formulación de “Estado islámico” y adoptando una forma más neutra. Sin embargo, si analizamos el carácter de su gobierno en la Franja de Gaza, vemos que, al mismo tiempo que lo mantiene como un territorio independiente de Israel, también tiene un carácter dictatorial, sin ninguna democracia para los trabajadores y el pueblo gazatíes. 

Asimismo, esta visión de un futuro Estado palestino laico es parte de la tradición política y cultural del pueblo palestino. Soraya Misleh, en una reciente live transmitida por la LIT-CI, relató que su padre, ya fallecido (que se reivindicaba musulmán y había sido expulsado de su tierra junto con su familia, en 1948), siempre le contaba que, durante las épocas del Mandato Británico, los palestinos coexistían en paz y tolerancia con las minorías judías y cristianas, y con quienes no profesaban ninguna religión.  

El carácter de clase de Hamas y su programa 

El debate político con Hamas es mucho más profundo. Hamas es una organización que se propuso encabezar la lucha por la liberación del pueblo palestino contra Israel, ante Israel. Esto hizo que jugase un papel progresivo en esa lucha e incluso que llegase al gobierno de la Franja de Gaza y lo mantuviese como el único territorio palestino no controlado por Israel.

Sin embargo, al mismo tiempo, dado su origen y su carácter de clase, su concepción política y su programa, las aspiraciones de la dirección de Hamas en el Estado palestino que quiere construir (lo que de lograrse sería un triunfo extraordinario) no son las de avanzar hacia la construcción del socialismo ni extender la lucha revolucionaria contra el capitalismo, el imperialismo y sus gobiernos títeres hacia el conjunto de los países árabes y musulmanes (menos hacia el mundo).

Al igual que otros movimientos con características, concepciones y programas similares que han encabezado luchas por la liberación de sus pueblos, su máximo objetivo es lograr una base territorial en la que desarrollarse como burguesía y ser aceptada mundialmente como tal.

Fue lo que sucedió con el FLN argelino (con un lenguaje mucho más laico y de “izquierda”), que, luego de expulsar a los colonos franceses y lograr la independencia del país, “congeló” el proceso de lucha, lo mantuvo aislado, y construyó un Estado burgués y una economía capitalista. Gran parte de la dirección y de los altos cuadros del FLN lograron convertirse en una burguesía nacional argelina, pero el camino elegido llevó, de modo inevitable, a que Argelia volviese a una situación de sumisión al imperialismo francés.[8]

Algo similar está ocurriendo con el gobierno del Talibán en Afganistán. Luego de haber encabezado la victoriosa guerra por la liberación del país contra la ocupación del imperialismo estadounidense y sus aliados europeos, este gobierno “congeló” el proceso e impulsa un desarrollo capitalista llamando a las “inversiones extranjeras”, en especial en el sector de la minería, ofreciéndoles grandes ventajas para ello[9].  

Hamas abandona su programa de destruir a Israel

Luego de lograr el dominio y el gobierno de la Franja de Gaza, este carácter de clase de su programa y de sus objetivos puso a Hamas en una disyuntiva: poner ese triunfo al servicio de destruir a Israel y recuperar todo el territorio palestino o entrar en el camino del reconocimiento de Israel y de su usurpación mediante una política de negociaciones en la estrategia de “los dos Estados”, que ya había recorrido hasta el final la OLP y Al Fatah[10].

En 2017, Hamas modificó su carta de principios y en este nuevo documento programático aceptó la idea de un “estado palestino dentro de las fronteras de 1967”. Es decir, aceptó los “dos estados” y la coexistencia con Israel que antes rechazaba aunque lo ubica como una “transición para la liberación de toda Palestina”[11].

Como consecuencia de este profundo cambio, ese mismo año, “Hamas anuncia que disolverá el Comité Administrativo de Gaza, lo que permitirá que un gobierno de unidad palestino trabaje en su lugar y avance hacia las elecciones generales”. En este marco, “firmó un acuerdo de unidad con Fatah por el que Hamas devuelve el control de los cruces fronterizos de Gaza, con Israel y Egipto, al Gobierno Autónomo Palestino”[12].

En otras palabras, en función de ser aceptado en una mesa de negociación con Israel y el imperialismo por “los dos Estados”, Hamas abandonaba su propuesta programática de destruir a Israel y su disputa por la dirección del pueblo palestino contra la ANP-Fatah, a los que entregaba la conducción del proceso.

El gran obstáculo que enfrentó Hamas en ese giro es que Israel y el imperialismo no aceptaron que se sentara en la mesa de negociaciones, ni siquiera con ese cambio. La excusa es que es una “organización terrorista”. En varios artículos, hemos debatido contra esta falsa acusación[13]. Nuestras críticas y debates con Hamas no son por sus acciones militares, que consideramos un método válido e incluso necesario en la lucha por la liberación del pueblo palestino contra Israel, más aún en las condiciones de desigualdad de fuerzas existente.   

La verdad es que Israel y el imperialismo quieren hacerle “pagar caro” a Hamas (y a la población de la Franja de Gaza en su conjunto) la “osadía” de haberse mantenido como el único territorio palestino no sometido a Israel. Por eso lo cercó, buscó ahogar cualquier posibilidad de actividad económica, y la bombardeó de modo permanente para destruir su infraestructura sanitaria. Ahora, incluso, quiere expulsar a la mitad de la población palestina del territorio. Sobre Hamas, de modo específico, al sionismo y al imperialismo no les alcanza con que capitule, quieren destruir esta organización por la “osadía” de continuar, así sea parcialmente, la lucha contra Israel.

En estas condiciones, Hamas detuvo el camino de capitulación que había iniciado y, para defenderse, tuvo que continuar e incluso profundizar sus acciones militares. A lo que Israel responde con una política aún más agresiva y de “limpieza étnica” contra el pueblo palestino y la Franja de Gaza.

Algunas consideraciones finales

Hemos dicho que no “condenamos” las acciones de Hamas y que defendemos esta organización de los ataques de Israel y el imperialismo, como parte del apoyo incondicional a la lucha del pueblo palestino contra el sionismo opresor. Por eso, hacemos unidad de acción con esta organización sobre esos puntos. Esa es hoy la tarea principal que impulsa la LIT-CI sobre Palestina.

En ese marco, debatimos y criticamos la concepción estratégica de su fundación y sus objetivos políticos. No por sectarismo ni “rigidez dogmática marxista” sino porque, tal como sucedió, esa concepción la llevaría a entrar en un camino de capitulación. Incluso cuando ese camino se frenó y Hamas volvió a luchar, esos objetivos la llevan a tener una política internacional que no ayuda a avanzar en la perspectiva estratégica de destruir Israel y recuperar todo el territorio palestino.

La destrucción del Estado de Israel y la recuperación del territorio palestino para su pueblo solo pueden conseguirse a través de una guerra llevada hasta el final. En esta guerra, si se considera de modo aislado la correlación de fuerzas en el territorio del viejo Mandato Palestino, somos plenamente conscientes de que la superioridad militar israelí sobre la resistencia palestina es inmensa. Vista en ese marco limitado, la posibilidad de un triunfo militar para el pueblo palestino parece imposible.

Para derrotar militarmente a Israel y destruirlo, es necesario que sea atacado desde afuera “por todos los costados”. Es decir, desde la frontera de los países árabes limítrofes (Egipto, Líbano, Siria y Jordania) con el apoyo del conjunto de los pueblos árabes y musulmanes. La resistencia militar palestina debe ser una “chispa” que encienda la lucha revolucionaria y militar de los pueblos árabes contra Israel[14]. Para desarrollar esa lucha revolucionaria regional, es necesario que también se avance en una lucha contra los regímenes y gobiernos que, como los de Egipto y Jordania, han reconocido a Israel y firmado “la paz”.

La política internacional de Hamas no tiene ese objetivo. Su principal relación y apoyo internacional es con el régimen iraní de los ayatolás que juega su “propio partido” para lograr un lugar en la mesa del orden mundial. Mantiene relaciones estrechas y solidarias con Hezbolá que, luego de derrotar la invasión israelí a Líbano, en 2006, mantiene una situación de permanente tensión militar en la frontera. Pero el eje central de su política ha sido ser el sostén principal del régimen burgués libanés.

Con respecto a los regímenes de Jordania y especialmente de Egipto, la política de Hamas ha sido de “coexistencia pacífica”. Somos conscientes de que, en las durísimas condiciones en que vive el conjunto del pueblo palestino, esto puede haber sido impuesto como una necesidad: en Jordania viven 3.000.000 de refugiados palestinos, y la frontera sur de la Franja de Gaza con Egipto, en el marco de su bloqueo por parte de Israel, es la única puerta por la puede entrar ayuda de suministros y alimentos. En estos momentos, sería la única salida posible para el millón de palestinos que Israel quiere expulsar de la Franja de Gaza.

Pero una cosa es entender esta necesidad y otra “hacerla virtud” y abandonar la estrategia de “incendiar” la región con un proceso revolucionario, la única política que puede llegar a derrotar a Israel y destruir este Estado.      


[1] «Hamas Charter». MidEastWeb. 18 de Agosto de 1988

[2] Revolución iraní: la lucha por el poder después de la revolución – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org) 

[3] Oslo, la paz de los cementerios para la continua Nakba – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[4] https://www.dw.com/es/los-acuerdos-de-camp-david-cumplen-40-a%C3%B1os-c%C3%B3mo-israel-y-egipto-firmaron-la-paz/a-45514394

[5] Palestina | Sobre la falsa solución de los “dos Estados”. – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[6] Ver, por ejemplo, N. Moreno (1982): Polemica sobre Medio Oriente. (marxists.org)

[7] Las protestas iraníes continuarán en 2023 – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[8] La Independencia de Argelia – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[9] El Talibán dice que ha firmado contratos mineros por valor de $6.500 millones en Afganistán | AP News

[10] En este sentido, ver el artículo de 2006: Hamas en la disyuntiva – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[11] «Hamas accepts Palestinian state with 1967 borders». Al-Jazeera. 2 May 2017.

[12] https://cnnespanol.cnn.com/2023/10/11/que-es-hamas-israel-gaza-movimiento-politico-islamista-trax/

[13] Ver, por ejemplo: No es terrorismo. ¡Es resistencia contra una guerra diaria promovida por Israel! – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

Sobre los atentados de Hamas contra civiles israelíes – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[14] La “cuestión palestina”: punto central de la revolución árabe – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

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