Por una campaña internacional de solidaridad con la lucha del pueblo peruano. ¡Alto a la represión del gobierno de Boluarte y el Congreso!

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El 21 de enero, un aproximado de 400 policías antimotines, apoyados por fuerzas especiales, tanquetas y blindados, ingresaron por la fuerza al campus (Ciudad universitaria) de la  Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).

Por PST-Perú

Sin la presencia de fiscales, derribaron las rejas de una de las entradas de la Ciudad universitaria, e iniciaron una despiadada cacería contra las delegaciones que llegaron de provincias para marchar contra el gobierno asesino de Dina Boluarte y el Congreso, así como contra los dirigentes estudiantiles que habían abierto, solidariamente, la puertas de San Marcos a los luchadores y luchadoras del interior.

Hombres y mujeres, ancianos, adultos, niños y niñas. Fueron puestos contra el suelo por la policía y enmarrocados como si fueran delincuentes. 205 personas fueron detenidas y llevadas a las oficinas de la Dirección de lucha contra el terrorismo, dónde fueron vejadas junto a sus familias.

No contentos con esto, la policía reprimió a la noche a cerca de mil manifestantes que realizaban desde el medio día, un plantón a las afueras de la Dirección de lucha contra el terrorismo, esperando la liberación de los luchadores y luchadoras encarcelados.

La incursión en San Marcos pone de manifiesto la decisión de Boluarte de arreciar la represión para obligar a las delegaciones a volver a sus provincias de origen, para aislarlas y continuar asesinándolas con impunidad.

Rápidamente el movimiento estudiantil respondió repudiando le violación de la autonomía universitaria. Estudiantes de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC) realizaron una importante manifestación en su Plaza de armas. Otro tanto hicieron las y los estudiantes de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa (UNSA).

En ese mismo sentido, distintas organizaciones sociales y políticas han denunciado los abusos de la acción de ayer 21 de enero. 

Hacemos un llamado a las organizaciones estudiantiles, obreras y populares de todo el continente a pronunciarse en solidaridad con la lucha del pueblo pobre del Perú, que enfrenta la furiosa represión del gobierno Boluarte – Congreso. A repudiar el incursión en la Ciudad universitaria de la UNMSM y la brutal detención de los luchadores y luchadoras que se encontraban ahí alojadas. Alertamos sobre el peligro de que el gobierno haga lo mismo con las delegaciones alojadas en el campus de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Y llamamos a realizar actos de protesta en las embajadas peruanas en todo el continente este 24 de enero, en paralelo a una nueva acción nacional convocada aquí en el país, para rodear de solidaridad esta lucha que ya tiene más de 500 detenidos, cerca de 60 asesinados y 800 heridos.

Fuerzas militares ingresando a la Universidad Nacional de San Marcos en Lima, Perú

¡ALTO A LA REPRESIÓN!

¡LIBERTAD DE TODOS LOS DETENIDOS Y DETENIDAS!

¡ABAJO EL GOBIERNO BOLUARTE-CONGRESO!

¡CONVOCATORIA INMEDIATA A ELECCIONES!

¡ASAMBLEA CONSTITUYENTE!

Movimiento Índigena para la Integración de las Luchas de los Pueblos Ancestrales de El Salvador

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El Movimiento Indigéna para la Articulación de las Luchas de los Pueblos Ancestrales de El Salvador – MILPA quien nace a la vida pública y de lucha éste día, en alianza y coordinación con La Red de Territorios de Vida, otras organizaciones indígenas, sindicales, sociales y ambientales, regidos por el nahual de la Matata, que nos convoca a entretejer los lazos de reciprocidad, complementariedad entre los pueblos y la sagrada madre tierra. En el marco de los 91 años del holocausto perpetrado contra los pueblos indígenas en El Salvador, nos pronunciamos ante la opinión pública nacional e internacional, para manifestar lo siguiente:

  1. Que la masacre de 1932, causó heridas profundas en nuestros pueblos originarios, que siguen abiertas, pues a 91 años no hay juicio, ni castigo contra los oligarcas y militares responsables.
  • Que una de las causas que generaron la masacre, fue el robo de las últimas tierras y territorios en manos indígenas, por medio del Decreto Legislativo de la LEY DE EXTINCIÓN DE EJIDOS, del 2 de marzo de 1882, publicado en el Diario Oficial No. 62, Tomo No. 12, del 14 de marzo de 1882, promovida por el presidente de turno Rafael Zaldívar y en complicidad con La Cámara de Diputados de la República de El Salvador, del mismo año, precedida por su presidente Teodoro Moreno y las familias oligarcas.  
  • A 91 años de este horrendo crimen, no hay respuesta a nuestra solicitud ante la Fiscalía General de la República, de investigar y esclarecer tan repudiable acto. Como organización hemos solicitud desde  el 29 de junio de 2017 para que se investigue pero la FGR argumenta, que este hecho ya prescribió puesto que las víctimas y victimarios ya no existe, justificación que representa una actitud de complicidad con los hechores. Exigimos que se juzguen a los genocidas, como un acto constricción, por la memoria de nuestros mártires indígenas, como ha sido recomendado de forma reiterada al Estado de El Salvador, por las Naciones Unidas, en sus informes de cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas.
  •  Exigimos al Gobierno Ejecutivo y al  actual Congreso Nacional, que se declaren las leyes y decretos que implemente una  política agraria que restablezcan las tierras ejidales y comunales de forma colectiva a manos de los pueblos ancestrales, para el cumplimento de los derechos de los pueblos,  que están contemplados en  el Convenio 169 de la OIT y  la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, como marcos internacionales, garantes de los derechos de los pueblos originarios en El Salvador.
  • Rechazamos la política extractivista del actual Gobierno, basado en la explotación y extracción de la naturaleza en nuestros territorios ancestrales, que por medio de la Ley de expropiación para «obras municipales» vigente desde el 1 de diciembre de 2021 y  la ley del Régimen excepción vigente desde el 27 de marzo de 2022, que restringe los derechos constitucionales e inmoviliza cualquier resistencia social, ante las políticas impuestas y crea condiciones para que las empresas en complicidad del Ministerio de Ambiente, sin estudios de impacto ambiental, faciliten la inversión de capitales, lo cual consideramos que es una bofetada contra los pueblos, la naturaleza, la biodiversidad, ecosistemas, contra nuestros medios de vida y subsistencia.
  • Rechazamos rotundamente los megaproyectos de inversión promovidos por el actual gobierno, como lo son las Zonas Económicas Especiales(Ciudades Chárter), el aeropuerto del pacifico, Ciudad Bitcoin, el tren del pacifico, la mega cárcel de Tecoluca, la represa el Chaparral, la represa del rio el Sapo,  megaproyectos de turismo como el Cancún de El Salvador en la Isla Tasajera, la octava represa Sensunapan, la construcción del Proyecto habitacional Valle el Ángel, el proyecto Ecoterra  en Santa Ana, estos representan mayor degradación contra la naturaleza, desplazamiento de las comunidades, mayor contaminación que causan del cambio climático  .    
  • Finalmente, llamamos a los pueblos y organizaciones a nuestra unificación ante la represión contra los movimientos sociales y a la vez, exigimos al Estado y gobierno de El Salvador, a establecer un proceso de dialogo  honesto y de respeto mutuo,  con los pueblos indígenas y la sociedad en general, con  una agenda que aborde todas las problemáticas que vivimos, de lo contrario, nos encaminamos a un escenario parecido al régimen dictatorial muy peligroso, semejante al impuesto por el tirano General Maximiliano Hernández Martínez, responsable del Mayor genocidio indígena  de 1932. 

…Vuestros nombres no se perderán. ¡Así será¡, dijeron a sus padres y se consoló su corazón. “Nosotros somos los vengadores de vuestra muerte, de las penas y dolores que os causaron”.

Popol Vuh.

Dado en Izalco, a los 22 días del mes de enero de 2023.

Perú: ¿Quiénes son los violentos y por qué tenemos derecho a la autodefensa?

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Durante la noche del 19 de enero, Dina Boluarte, dio un “mensaje a la nación”. Con absoluto cinismo, un gobierno que ha asesinado a 50 personas en sus primeros 44 días, herido a cerca de 800 personas y detenido a más de 370, declaró que “caerá todo el peso de la ley” sobre quienes hayan realizado “actos violentos” en las protestas.

Por Víctor Montes

Los medios de comunicación comprendieron rápidamente el mensaje: había que redoblar la “cruzada” contra los pueblos en lucha, acusándolos de “vándalos”, “violentistas” y “delincuentes”, cuando no de “terroristas” (o como se suele decir acá, “terrucos”).

No es una cruzada gratuita. Los mismos medios que en noviembre de 2020 denunciaban la brutalidad de la represión policial cuando estalló la protesta contra el gobierno de Merino, y que consideraron inaceptable el asesinato de Inti Sotelo y Brian Pintado, hoy se rasgan las vestiduras e invocan el sometimiento de las protestas al “imperio de la ley”, a los cauces de la “protesta pacífica”, y pintan como víctima a la policía. ¿Qué ha cambiado?

¿De dónde viene la violencia?

Los trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, así como las comunidades que enfrentan el abuso de las mineras, las petroleras o las empresas agroindustriales. Que enfrentan despidos, bajos salarios, violaciones a sus derechos. Que durante la pandemia pusieron los muertos frente al colapso del sistema de salud asfixiado por la política neoliberal que impusieron los gobiernos de los últimos 32 años… saben que lamentablemente, sin salir a luchar, no hay posibilidad alguna de hallar soluciones a sus demandas. Y decimos “lamentablemente”, porque nadie sale a luchar de buenas a primeras, por el puro gusto de hacerlo.

Es esa realidad la que, en primer lugar, les violenta día a día, poniendo en cuestión su supervivencia y la de sus familias, mientras un puñado de grandes empresas se llenan los bolsillos con las riquezas y el trabajo de este suelo. Y es esa realidad la que les empuja a la protesta.

Sin embargo, quienes han salido a luchar saben también que, además de la más absoluta intransigencia de parte de las empresas, que ignoran los reclamos con la complicidad de las autoridades de gobierno, se van a encontrar a la policía resguardando a los patrones y sus intereses, contra quienes luchan.

Y la policía hace su trabajo: provoca a quienes se movilizan, con la finalidad de propiciar un enfrentamiento que les permita dispersar la acción de lucha, detener gente y descabezar el movimiento.

Y cuando no pueden detener la movilización de esa forma, por su masividad y combatividad, comienzan a reprimir con mayor violencia, haciendo uso de sus armas de fuego, disparando perdigones, bombas y balas al cuerpo de quienes se movilizan.

Peor aún cuando en medio de esta situación, el gobierno decreta el estado de emergencia, que recorta los derechos fundamentales, y entrega parcial o completamente el control del “orden público” a las Fuerzas Armadas… Entonces crece el número de gente que muere a manos de sus balas, o que terminan en las cárceles. Tal como viene pasando ahora.

¿Y todo para qué? Para acallar la protesta. Para no tener que dar solución a las justas demandas de quienes luchan. En otras palabras, para mantener el control de la situación e impedir que se ponga en cuestión el orden existente: su poder.

Y es que ese es el rol fundamental de las fuerzas armadas y policiales: defender mediante el uso de la fuerza (violencia), el orden de quienes tienen el control de la economía (las grandes empresas) y toman las decisiones a su antojo por medio de sus partidos políticos corruptos, sea en “democracia” o bajo gobiernos dictatoriales o autoritarios.

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En defensa de sus intereses

Por eso mismo, hoy, a diferencia de 2020, los medios cantan loas al unísono ante la actuación (represión) policial: porque después de 17 meses con Pedro Castillo (hostigándolo permanentemente), las grandes empresas se desembarazaron de su gobierno. Un gobierno que, aunque mantuvo incólume la política económica neoliberal, heredada de la dictadura de Fujimori, expresaba de manera distorsionada el anhelo de cambios profundos de las masas empobrecidas y explotadas del país, que creyeron en Castillo y su programa, y que además, construyeron una identificación cercana con él, a partir de su origen andino y campesino.

Hoy la violencia policial y de las fuerzas armadas defiende a un gobierno que los patrones tienen directamente en sus manos.

Y por eso aunque Boluarte intenta aparecer como concilidora, todos sus llamados al diálogo son una “mesedora”[1] que sirve como excusa para invalidar las acciones de protesta, con el fin de encasillar la movilización en lo que llaman “protesta pacífica”, que en realidad significa aceptar que solo podemos movilizarnos por los lugares que el gobierno diga, gritando nuestras consignas en el volumen que el gobierno diga, y solo cuando el gobierno diga…

¿Quiénes apoyan hoy la violencia del Estado?

Esta mirada de lo que debe ser la “protesta” (un paseo estéril en voz baja), que expresa el interés de las grandes empresas, es apoyado en el país por sectores de la llamada “clase media” en las ciudades, que han sido ganadas por el discurso reaccionario del gobierno y los medios, que identifican las protestas con las acciones terroristas que realizaron grupos como Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990, así como por quienes se convencieron de las “bondades” del modelo económico neoliberal durante el “boom” de los precios de las materias primas (2004-2013 aproximadamente), y desprecian a los pueblos del interior, para quienes solo tienen adjetivos racistas y humillantes.

Son esos sectores los que gritan en favor de que se “imponga orden” en el país, es decir, que se reprima y se acabe con la movilización, sin importar el costo. Son esos mismos sectores los que, arrastrando tras de sí a sectores aún más precarios y pobres de la ciudad, conforman algunos grupos de choque que no dudan en usar sus propios métodos violentos contra quienes se movilizan. Claro está, contra esos grupos de choque, la policía no disparó jamás un solo tiro.

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¡Tenemos derecho a defendernos de la represión!

Represión frente al Aeropuerto Rodríguez Ballón, en el marco del Paro Nacional del 19 de enero en Perú, foto: DPA

Es esta realidad, la violencia que desata el Estado por medio de las fuerzas armadas y policiales contra quienes marchan, y la indolencia del gobierno ante sus reclamos, lo que obliga a los sectores en lucha a realizar medidas más radicales (tomas de locales, bloqueos de carretera).

Y es para defenderse de la acción represiva de la policía y las fuerzas armadas, que usan sus escopetas de perdigones y pistolas de reglamento, cuando no sus fusiles de guerra, que las comunidades del campo salen a luchar con lo que tienen a la mano: tablas, palos, piedras, warakas[2]… ¿Qué tiene que ver con esto una supuesta conjura “violentista” o “terrorista” de la que hablan el gobierno y los medios?

Más aún, después de 50 personas asesinadas por la represión, lo mínimo que debe hacer cualquier organización que sale a luchar, es pensar de antemano en la forma en que se va a defender de la policía y las fuerzas armadas, y en cuanto pueda, cómo avanzar sobre sus posiciones para lograr los objetivos de la lucha.

Por eso es clave que, desde las organizaciones obreras, campesinas y populares, reivindiquemos el derecho a la autodefensa: porque nos defendemos de la acción violenta del Estado que, por medio del gobierno de turno (en el caso peruano, hoy, el de Boluarte y el Congreso), quiere callar la protesta haciendo uso de las balas. Tal como hizo como hizo el pueblo chileno durante el estallido de 2019 (la llamada “primera línea”) o el pueblo del valle de Tambo en su lucha contra Tía María (los “espartambos”).

Esta es una necesidad urgente de la lucha en curso, que lamentablemente se enfrenta, además de con el discurso oficial, con la política de la dirigencias de las centrales (como la CGTP) y partidos reformistas (Nuevo Perú, PC-Unidad o Patria Roja) que se dicen “de izquierda”, que atrapadas en la lógica de la “protesta pacífica”, han renunciado a enfrentar la represión del gobierno. Incluso abandonaron la movilización a la primera bomba lacrimógena, como demostraron el pasado 19 de enero.

Por eso, defender el derecho a la autodefensa debe ser una conquista de la organización de la base obrera y popular, que no puede permitir, que el gobierno siga matando impunemente a quienes cometen el único “delito” de luchar.


[1] Término que en el Perú hace referencia a una pérdida de tiempo o a un engaño.

[2] Arma usada tradicionalmente para cacería y guerra. Es elaborada con una faja estrecha de tejido con ensanchamiento central abultado y extremos más delgados. Se utiliza colocando una piedra o proyectil en la zona central, más ancha, haciendo girar la piedra envuelta en la tela, cogiendo el artefacto de los extremos, para luego arrojar el proyectil soltando uno de los extremos de la waraka.

La guerra en Ucrania y las perspectivas para Bielarús

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En diciembre, Lukashenko recibió la visita de una delegación representativa de los principales criminales de guerra rusos, Putin, Shoigú y Lavrov. No se publicaron los detalles de la conversación, pero “explicaron” que se trataba de cooperación e integración militar y económica. De hecho, esta visita tuvo un objetivo: discutir cómo –ante la total falta de voluntad del pueblo de Bielarús para luchar contra los ucranianos y su rechazo a la guerra y la dictadura– adaptar a Bielarús a las necesidades militares y económicas de Rusia y la guerra de Putin.

Por Ales Radkevich

Un antecedente histórico

Durante la Segunda Guerra Mundial, en cierto sentido, Francia se encontró en una posición similar. El país fue parcialmente ocupado por tropas alemanas. El estado estaba gobernado por el régimen dictatorial colaboracionista de Vichy, encabezado por el general Petén. La propaganda oficial del régimen apoyó plenamente la guerra nazi contra la URSS. Las organizaciones fascistas francesas intentaron reunir voluntarios. Pero, en general, Hitler y Petén no enviaron a los franceses a la guerra. No porque no quisieran, y no porque Hitler no pudiera «apretar» a Pétain, sino porque los franceses comunes estaban dispuestos ir a luchar por Hitler. Tal orden de ir a la guerra y armar a los franceses en masa para este propósito, podría resultar contraproducente para el régimen de Vichy y para el control alemán de Francia.

Los trabajadores franceses tampoco querían ir a Alemania a trabajar en las fábricas alemanas. Aunque eran muy necesarios allí para reemplazar a los trabajadores hombres alemanes enviados a la guerra. Pero en las condiciones del culto nazi a la familia patriarcal, en la que una mujer tenía que quedarse en casa con los niños, interfería en gran medida con la participación de las mujeres alemanas en la producción. A pesar de los esfuerzos estatales de ambos gobiernos, el plan de enviar trabajadores franceses a Alemania fracasó estrepitosamente.

El ministro de la industria militar de la Alemania nazi, Albert Speer, escribió en sus memorias esta desagradable situación con los franceses: «ni a la guerra, ni a las fábricas». Y relató que fue discutida repetidamente por la cúpula del Reich y con los mandos del régimen colaboracionista francés.

Al final, llegaron a una decisión. En general, los nazis y el régimen colaboracionista de Vichy en Francia se repartieron las funciones: la población alemana era enviada a la guerra, y los trabajadores franceses, hombres y mujeres, eran obligados a trabajar para ella directamente en Francia. A Alemania se le asignó una función militar y a Francia, las funciones de retaguardia y apoyo a la guerra nazi. Las empresas francesas estaban cargadas de pedidos alemanes para la maquinaria militar alemana, la agricultura proporcionó provisiones a la Wehrmacht. La parte del león de los alimentos y la ropa se exportaba de Francia a Alemania, las plantas de construcción de maquinaria impulsaban los productos militares. En términos militares directos, la Wehrmacht controlaba por completo el norte de Francia. Desde allí, antes del inicio de la guerra contra la URSS, amenazó con invadir Gran Bretaña. Y luego cubrió el territorio ocupado a partir de la apertura de un segundo frente. Cuando hubo peligro del desembarco de los aliados en el Sur, la Wehrmacht ocupó la parte sur del país.

Entonces Francia se adaptó a la guerra de Hitler. Por encima de todo esto, flotaba en Francia un sentimiento de humillación nacional. Dio lugar a una resistencia, que la policía de Vichy y la Gestapo intentaron reprimir juntas. El régimen colaboracionista intentó justificar su legitimidad argumentando que estaba “preservando la paz” en Francia. Pero los funcionarios del régimen de Vichy pasaron a la historia como coagresores y cómplices directos de los crímenes nazis.

¿Y cuál es el rol del régimen de Lukashenko?

Pero salvando todas las diferencias y distancias, Putin y Lukashenko están enfrentando hoy un problema similar al de los nazis y el régimen colaboracionista francés de Vichy.

Putin y Lukashenko no envían a los bielarusos a la guerra. No porque no quieran, y no porque Putin “no haya apretado” a Lukashenko. Si Putin quiere, tiene todas las herramientas para esto, incluidas las fuerzas de ocupación y la capacidad de capturar a Lukashenko en dos horas. No los envían, simplemente porque los bielarusos comunes no quieren luchar contra los ucranianos. La orden de enviarlos a la guerra implica el riesgo de protestas contra Lukashenko. Y para Putin significa el riesgo de perder a Bielarús en la perspectiva de capturar Kiev. En cuanto a lo demás, Lukashenko desde hace mucho ha hecho y está haciendo de todo y en todas las áreas para la guerra de Putin. Y aún más, cuanto más pasa el tiempo.

Desde el 24 de febrero, el sur de Bielarús se ha convertido en parte del teatro de operaciones de Ucrania. Incluso antes del 24 de febrero, Lukashenko abrió Bielarús al ejército ruso bajo la apariencia de «ejercicios». Por supuesto, que no pudo “ignorar” cómo podrían terminar estos ejercicios. El territorio de Bielarús fue cedido al ejército ruso para atacar a Ucrania en una zona clave, cuando intentó tomar Kiev y cometió las atrocidades de Bucha. Desde el territorio de Bielarús y desde su espacio aéreo, se llevan a cabo permanentes ataques contra ciudades ucranianas o los bombarderos, que despegan y amenazan con esto, aterrorizando a la población de Ucrania con alertas de ataques aéreos. Los aeródromos de Machulishchi y Baranovichi están a completa disposición de la aviación militar rusa, mientras que Zyabrovka y Luninets se han convertido en bases militares. Lukashenko lleva proyectiles a los ocupantes, suministra equipos. Está realizando maniobras cerca de las fronteras de Ucrania, distrayendo a las fuerzas ucranianas para ayudar a Putin a intensificar su agresión en Donbass. Amenaza con otro ataque desde el Norte. Convoyes con equipo militar ruso y tropas invasoras llegan a Bielarús. Oficiales bielarusos entrenan a rusos recién movilizados para ser enviados a Ucrania. Se están llevando a cabo entrenamientos conjuntos y la «coordinación» del ejército bielaruso con los rusos, o más bien, los bielarusos se están adaptando a los rusos. Se envían convocatorias y se llevan a cabo otras medidas de movilización con una clara perspectiva.

Se intenta también reclutar mercenarios para una “Compañía Militar Privada” (CMP) de Bielarús, una copia de la Compañía Privada Wagner de Rusia (con poco éxito debido a la impopularidad de la guerra). Esto se produce dentro un contexto en que Putin está apostando por una guerra prolongada de desgaste y aún considera como opción posible organizar una nueva ofensiva desde Bielarús. Lukashenko se “muestra” en el Monasterio de Santa Isabel de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que promueve el «Mundo Ruso» y recauda fondos para los ocupantes rusos en Ucrania, expresando así su apoyo a esta actividad.

El régimen de Lukashenko produce armas, cascos y chalecos antibalas, uniformes, botiquines de primeros auxilios para el ejército ruso, repara equipos, suministra alimentos a Rusia. La industria está cada vez más reorientada hacia Rusia. Varias empresas se han transferido directamente a la producción para los ocupantes rusos. Existe comercio directo entre Bielarús y las administraciones de ocupación rusas en Ucrania. Representantes de Lukashenko visitaron estos territorios y representantes de las administraciones de ocupación visitaron Bielarús. La economía del país se está adaptando rápidamente a las necesidades de Rusia. Es decir, está a disposición del régimen de Putin, cuyo principal objetivo hoy es la guerra. Para eso están los préstamos que financian la propaganda estatal bielarusa, convertida en una copia de la propaganda oficial de Putin.

Así, el régimen colaboracionista de Lukashenko y su aparato estatal están haciendo todo lo posible para la guerra de Putin contra Ucrania. Incluso, una posible nueva invasión rusa desde el Norte con la participación de soldados bielarusos.

Francia, bajo el régimen de ocupación de Vichy, fue de hecho la retaguardia de Alemania para la guerra contra la URSS. La escala de su economía en comparación con Rusia y su posición geográfica en el teatro de operaciones militares no permiten definir a Bielarús como retaguardia de la guerra de Putin. Pero cuanto más profunda es la dependencia económica del país y más fuerte es su participación en maniobras militares, más evidente es que queda relegada al nivel de una parte de Rusia. Es un “campo de operaciones” ruso para la guerra contra Ucrania, con Lukashenko en el papel de intendente militar.

El régimen de Lukashenko es instrumento directo de la guerra criminal de Putin contra los ucranianos, cómplice de los ocupantes rusos en Ucrania y Bielarús, entregador de la soberanía y la independencia nacional. Todo lo bielaruso en Bielarús es sospechoso y punible. Y los agresores rusos son “recibidos con pan y sal” en una obligatoria manifestación oficial televisada. Una verdadera demostración de humillación nacional.

Vías para la liberación de Bielarús

En el país hoy se pueden escuchar diferentes evaluaciones sobre las perspectivas para el desarrollo de eventos y varios posibles escenarios. Nos detendremos en los principales.

«Lukashenko traicionará a Putin»

Esta visión no tiene en cuenta que el régimen de Lukashenko está, de hecho, completamente en manos de Putin económica y militarmente. Está vinculado con el dinero de los préstamos, el comercio, los pedidos, el control del país por parte de los invasores rusos y numerosos graduados de instituciones educativas militares rusas en altos puestos militares del régimen de Lukashenko. Es por esta dependencia, que los fracasos de Putin en Ucrania complican la posición del régimen de Lukashenko. Y no lo empujan en absoluto a “distanciarse” de Putin, sino, por el contrario, a someterse cada vez más a él. Porque el régimen de Lukashenko no tiene otra salida. Lukashenko es el lacayo de Putin.

Aunque la idea de que Lukashenko traicionará a Putin es contraria a la lógica y los hechos, paradójicamente esta versión es sostenida simultáneamente por el régimen de Lukashenko y por Putin, por los gobiernos occidentales y el gobierno de Zelensky y por la oposición liberal bielarusa. El hecho es que esta idea es beneficiosa para todos ellos de diferentes maneras y por diferentes motivos. Esto permite al lacayo de Putin, Lukashenko, mostrarse como un «político independiente», mantener relaciones con el gobierno de Zelensky y con los gobiernos occidentales y lograr que éstos ignoren relativamente a Tikhanovskaya (la candidata presidencial opositora que ganó las elecciones y ahora está exilada y su esposo preso). A Putin le permite utilizar a Lukashenko al máximo para la guerra y al mismo tiempo mantener una “ventana a Europa”, en terreno económico y político. A los gobiernos occidentales les permite evitar el «agravamiento» interno en Bielarús y continuar presionando a Ucrania en la dirección de un «tratado de paz», a través de Lukashenko. Al gobierno ucraniano le permite no disgustar a los gobiernos occidentales, evitando unir la lucha de los pueblos bielaruso y ucraniano, lo cual sería muy peligroso para los oligarcas locales y las potencias de Occidente. A Tikhanovskaya y compañía le permite inspirar a los bielarusos en la ilusión de la posibilidad de un «diálogo» con la dictadura y coquetear con su aparato estatal, continuar la política de «acuerdo» con el régimen en lugar de derrocarlo.

Liberación “desde el exterior”

Esto significa que la derrota de Putin en Ucrania conducirá automáticamente a la caída del régimen de Lukashenko en Bielarús, o que los ucranianos, los gobiernos occidentales y el Regimiento de Kalinovski lo harán.

Muy poco probable que así sea. La derrota de Putin en Ucrania realmente debilitaría al régimen de Lukashenko. Objetivamente, los ucranianos están luchando por nuestra libertad. Pero esto es sólo un requisito previo para la caída del régimen. No caerá por sí mismo, alguien tendrá que tirarlo. Esto definitivamente, no lo hará el mando de las Fuerzas Armadas de Ucrania y los gobiernos de las potencias occidentales. Incluso hoy, ignoran a Tikhanovskaya y no hacen contactos con ella más allá de eventos simbólicos, pero están en contacto con los regímenes de Putin y Lukashenko. Intentarán preservar estos regímenes tanto como sea posible en el futuro. El colapso de regímenes que garantizan la estabilidad explotación de los trabajadores y pueblos, por medio de la represión de una vasta región en interés de las estructuras financieras occidentales no es rentable para las potencias imperialistas.

Además, en este esquema de preservación del régimen, Bielarús podría convertirse en un «premio consuelo», si Occidente y el gobierno ucraniano permitieran al régimen de Putin la anexión, para presentarla a los rusos como un logro de la “Operación Militar Especial” y evitar desestabilizar el régimen.

El regimiento de Kalinovski es pequeño en comparación con el aparato represivo de Lukashenko. Además, ellos no serán consecuentes  en liberar a Bielarús, porque dependen de fuerzas políticas que quieren un acuerdo con el régimen de Lukashenko.  Las Defensas Territoriales de Ucrania son relativamente más independientes del mando de las Fuerzas Armadas de Ucrania, pero tampoco debemos suponer que harán el trabajo de los bielarusos. Por lo tanto, nadie hará  trabajo en reemplazo de loa bielarusos. Serán los bielarusos en Bielarús, los que tendrán que derrocar al régimen de Lukashenko.

Liberación “desde adentro”

En estos momentos, nadie formula tal escenario, en vista de que prácticamente hay una supresión del movimiento de masas en el país. Se manifiesta en el pesimismo que muchos tienen sobre las perspectivas de Bielarús. Porque si sólo te encierras dentro de Bielarús, ves sólo una imagen: el fortalecimiento de la represión del régimen y que Rusia se devora a Bielarús. Esto provoca apatía, lleva a bajar los brazos, a retraerse en uno mismo. Y eso es todo lo que quiere Lukashenko.

Pero la lucha no empieza ni termina dentro de Bielarús. Hay una gran guerra en Ucrania, Bielarús es un eslabón importante en la cadena de esta guerra y su resultado es de importancia política cardinal para la causa Bielarús. Las derrotas de Putin en Ucrania hacen que el régimen de Lukashenko sea cada vez más vulnerable, a pesar de la apariencia que crea el régimen.

Un proceso único para la liberación de Ucrania y Bielorrusia

En realidad, la caída de la dictadura de Lukashenko, con la expulsión de los ocupantes rusos y la derrota de Putin en Ucrania son un único proceso. El aparato estatal bielaruso caminará con una “correa cada vez más corta” en la mano de Putin. Desde afuera nadie nos liberará. Pero incluso dentro de Bielorrusia no estaremos solos. Es imposible predecir si los ucranianos triunfarán primero y luego derrocaremos al régimen, o si derrocaremos al régimen y ayudaremos a los ucranianos de esta manera. No hay tal orden establecido. Sí, se puede decir con certeza que cada victoria de los ucranianos contra Putin ya debilita a Lukashenko y facilita la liberación de Bielarús. La solidaridad del pueblo Bielaruso con los ucranianos y el rechazo a luchar contra ellos, por orden de Putin y Lukashenko, ya está ayudando a los ucranianos a ganar. Pero organizar la resistencia contra el régimen dentro de Bielarús puede hacer aún más, y esta es nuestra tarea principal.

No hay motivos para el pesimismo en Bielarús hoy. Si observas todo el panorama de la lucha en la región, entiendes la conexión entre las batallas en Ucrania y Bielarús por la liberación de nuestros países y nos damos cuenta que no van mal. Y bajar los brazos en este momento es darles chance a Putin y Lukashenko. Para nosotros, los bielarusos comunes, no es momento de esperar tiempos sombríos. Al contrario, necesitamos comunicarnos y prepararnos para importantes luchas en nuestro país en un futuro muy próximo.

¡Gloria a Ucrania! ¡Viva Bielarús!

La jornada del 19 de enero en Perú

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La jornada del jueves 19 de enero propagandizadas como Paro Nacional o la Toma de Lima, constituyó un escalamiento más de la conflictividad que se reinició el 04 de enero en las regiones del sur, y que seguirá su desarrollo en su camino hasta acabar con el nefasto régimen que encabeza Dina Boluarte.

Esta vez el epicentro fue Lima, donde se concentraron y movilizaron al menos unas 10 mil personas, en su mayoría venidos del interior del país. La movilización fue reprimida por una lluvia de bombas lacrimógenas, provocando enfrentamiento con grupos de manifestantes, hecho que fue registrada por la numerosa prensa nacional e internacional que cubre lo que sucede en el país.

Cuando aún caían las bombas y los manifestantes se defendían, estalló un feroz incendio en una casona antigua del centro sin conocerse los motivos, aunque algunos testigos señalan que vieron caer una de las bombardas que lanzaba la policía sobre el techo del edificio siniestrado.

En el interior del país también hubo movilizaciones, en algunos puntos masivas, sobre todo en el sur, extendiendo los bloqueos de carreteras a 120 puntos en todo el país.

En el Cusco, Juliaca y Arequipa, cientos de manifestantes intentaron tomar las instalaciones de los aeropuertos, pero fueron repelidos. En esta última ciudad cayó otra víctima por el impacto de una bala, elevando los fallecidos a medio centenar.

Al finalizar la noche, la presidenta Boluarte junto a alguno de sus ministros ofrecieron una conferencia de prensa con aires de «tarea cumplida», manifestando que todo estaba «bajo control», que la policía había actuado de manera impecable y que los hechos mostraban que los desmanes eran provocados por un grupo de vándalos. Así, la burguesía y la clase media se fue a dormir con cierta tranquilidad, con la expectativa de una resolución pronta del conflicto.

No obstante, esta historia está en desarrollo.

La jornada

La marcha fue propagandizada como la “Toma de Lima” o de los “Cuatro Suyos” (denominada así por el nombre de las cuatro regiones que conformaban el antiguo imperio de los Incas). Este nombre ya había sido usado el año 2000, cuando más de cien mil personas provenientes de todas las regiones del país se movilizaron a Lima para derrocar a la dictadura de Fujimori.

Llamar a la acción “Toma de Lima” resulta una propaganda legítima de los que luchan, identificando su verdadera fuerza y la ubicación de la cabeza de sus enemigos. Pero su profusa propaganda esta vez es alimentada por los grandes medios para azuzar miedo en los sectores medios de las ciudad, para así justificar la represión. Un miedo que se arrastra desde la colonia, cuando los conquistadores vivían asustados porque se veían rodeados y atacados por masas de indígenas.

La marcha a Lima, hasta el momento, ha significado el desplazamiento de un promedio de 5 mil manifestantes desde el interior. Es bastante, pero al mismo tiempo insuficiente para efectivamente “tomar” una extensa ciudad de 11 millones de habitantes.

Es bastante porque son habitantes que provienen de comunidades y poblaciones muy pobres y distantes, ubicadas en las entrañas agrestes del ande peruano. Sus rostros son cobrizos y curtidos por el frío helado característicos de la gente del campo. Han venido con lo que tienen a mano: cargando sus pequeñas alforjas; luciendo sus ropas típicas, con tupidas polleras y sobreros las mujeres de Puno, con ponchos rojos los comuneros de Espinar (Cusco), con sus látigos y distintivos negros los campesinos de Huancavelica. En general, vestimentas modestas.

Ellos pernoctan en el suelo en el campus de la ciudad universitaria de San Marcos y de la Universidad de Ingeniería, preparan sus alimentos en Ollas Comunes y se sostienen con las donaciones que reciben. Solo la propaganda amarilla puede presentar a esta gente auténticamente del pueblo, como “financiados” y “violentistas”.

Lo que sí muestran en sus consignas y en sus gritos es su inmensa bronca contra el régimen que asesinó y asesina a sus hijos. Algunos marchan cargando las fotos o imágenes de los fallecidos. Otros, diversos ataúdes alegóricos a la estela de muerte que ha dejado la acción del gobierno sobre ellos. Vienen a Lima esperando convencer a la población de su justa causa y conseguir su apoyo para acabar con el régimen asesino. Sin embargo, en las calles de una inmensa ciudad de cemento y controlado por un férreo cordón policial y militar, y sometido al bombardeo de medios de comunicación monocordes con la versión oficial, comprueban que sus fuerzas son insuficientes.

Para que el paro fuera exitoso dependía de la central sindical, la CGTP, que representando a la mayoría de las organizaciones, sobre todo obreras, lo convocó. Pero la central no hizo más que anunciarla y no paró nadie, y en la dirigencia nadie se inmuta ni explica nada porque esta conducta ya es una costumbre.

La CGTP y los grupos políticos de la izquierda reformista, que comparten su política, se concentraron en realizar solo la movilización. Pretendieron llevar la movilización hacia Miraflores (zona residencial de Lima), como decía Otárola (primer ministro), realizando un ejemplo de manifestación cívica bien acordonada y protegida por la policía. Con esto dividieron la movilización.

Entretanto, la columna provinciana salió desde las primeras horas del día a marchar por el centro de la ciudad, y en horas de la tarde, desplegando todas sus fuerzas, se dirigió hacia el Congreso donde, en el camino, fue atacada con una lluvia de bombas lacrimógenas, provocando los enfrentamientos que informan los medios.

Entre tanto, la dirección de la CGTP y los partidos «de izquierda» abandonaron la escena, y a quienes se enfrentaban a la represión.

Cuando estos enfrentamientos recrudecían, al aproximarse la noche, se produjo el siniestro, que en la oscuridad de la noche parecía dantesco. El cuadro fue perfecto para que el gobierno presentara un balance favorable de la jornada. El gobierno había “controlado” lo que se había anunciado como una “toma” de la ciudad en toda la regla, dando muestras de «tolerancia y ejemplar conducta de sus efectivos», y mostrando a los marchantes provincianos como los únicos violentistas. Incluso señalándolos como responsables del siniestro.

Perspectivas y tareas

Luego de estos hechos las clases altas pueden respirar con cierta tranquilidad. Pero el mensaje que recibe la mayoría, puesta en pie de lucha, es de soberbia por parte de los que gobiernan y en particular de Boluarte, responsable de la masacre de sus hijos y de que su lucha haya llegado a Lima, extendiendo su inmenso sacrificio, en lugar de escuchar un sincero perdón o al menos producir algunos cambios en la línea de lo que ellos demandan.

Así, el conflicto se atiza más.

Los marchantes en Lima podrían ver aumentar su número con la llegada de más refuerzos. En el sur, la lucha (que formalmente es una huelga indefinida), continuará produciendo nuevos choques, posiblemente más violentos, como el que acaba de producirse en el interior de Puno (Macusani), donde la policía mató a otro poblador (uno más moriría al día siguiente), desencadenando una bronca que terminó en el ataque e incendio de la comisaría.

La lucha es heroica y dura, pero enfocada en las poblaciones del sur del país, cuyas fuerzas no son suficientes para derrocar al régimen, sostenidas por economías de sobrevivencia.

El régimen, a expensas de su mayor descrédito y debilitamiento, muestra disposición para seguir reprimiendo en defensa de lo que está detrás de ellos: el poder de las grandes mineras, agroexportadores y oligopolios, que son los verdaderos dueños del país.

Lo cierto es que la falta de propósito de enmienda de los que ejercen el gobierno y el poder, dilata una salida más pronta y menos costosa. La confirmación del adelanto de elecciones para el 2024 votado en diciembre por el Congreso, recién será corroborado –o no—en una segunda votación que recién se realizará en marzo. Los más «radicales» de los que se llaman «demócratas» en el Perú plantean que las elecciones sean adelantadas para este año.

Pero los pueblos no van a dejar de luchar ni mañana ni pasado. No van a esperar hasta marzo. Están en lucha, por lo menos hasta cobrarse la vida de sus 50 hijos con la renuncia y cárcel de Boluarte, Otárola y los que resulten responsables.

Esta gran lucha podría triunfar en su propósito de derrotar al régimen si a ella se suma la clase obrera con sus organizaciones, en particular realizando un paro obrero que paralice efectivamente fábricas y minas (es decir, golpe los bolsillos de la burguesía) y la coloque en la calle a los batallones obreros junto a sus hermanos del campo en lucha.

La central burocratizada y manejada por el PC, que no garantizó la paralización el 19, a la que ella misma llamó, y que renunció a enfrentar a la policía y llegar a Palacio de gobierno, va a continuar su política vacilante. Por ello la tarea de movilizar a la clase obrera o a sectores de ella, es tarea de la vanguardia obrera y de los luchadores clasistas, que deberán imponerle a la CGTP la convocatoria a una verdadera paralización nacional.

Los grandes paros nacionales en nuestra historia han surgido desde abajo por impulso y acción de luchadores obreros que lo terminaron imponiendo a las direcciones, y ahora no puede ser de otra manera. Es una tarea más necesaria que nunca, pues el destino de la clase obrera está ligado y depende del triunfo de esta lucha encabezada por las masas del campo, derrocando al régimen en el que también se sostiene el abuso y la sobreexplotación de la clase obrera.

19 de enero: Huelga General en Francia contra la reforma previsional

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Más de 300 manifestaciones están ya confirmadas en todo el país para la fecha de lucha nacional.

Por CSP-Conlutas

En Francia, los sindicatos convocan a una huelga general para este jueves 19 de enero. Ya son cerca de 300 manifestaciones confirmadas que se realizan en el país contra un proyecto de ley que dificulta aún más el acceso a la jubilación.

La medida, anunciada el 10 de enero, prevé el aumento de la edad mínima para la jubilación a 64 años.

La Central Sindical francesa Solidaires, cofundadora de la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas alerta que “esta reforma afectará duramente a los trabajadores, especialmente a aquellos que comenzaron a trabajar temprano, cuya expectativa de vida es menor que la del resto de la población, y aquellos cuyos empleos no son reconocidos como precarios”.

La Central incluso destaca que ese quite de derechos “reforzará las desigualdades de género”, y que, dada la gravedad del ataque, la movilización nacional deberá proseguir de manera poderosa y a largo plazo.

Movimientos de la juventud y estudiantiles sumarán fuerzas a la resistencia.

Tal como se dio en nuestra lucha en el Brasil contra la Reforma de la Previsión, ¡el pueblo de Francia también se niega a trabajar hasta morir! ¡Todo apoyo a la lucha de la clase trabajadora en Francia contra el quite de derechos previsionales!

Artículo publicado en https://cspconlutas.org.br, 18/1/2023.-

Traducción: Natalia Estrada.

Perú: El régimen de las balas y el hambre debe caer

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En pocas horas y en algunas jornadas en varios puntos de la protesta nacional, han caído cerca de medio centenar asesinados y un centenar yace con heridas graves, con las balas que el gobierno de Boluarte ha ordenado disparar contra los manifestantes, al mismo tiempo que ha declarado estado de emergencia, toque de queda y la suspensión de los derechos fundamentales, y bajo cuyo pretexto se viene deteniendo dirigentes y se allanan locales. Una respuesta que cada día enciende más al país y que solo se cerrará con la caída del régimen que encarnan la asesina Boluarte y el odiado Congreso, las dos mascaradas que defienden el orden capitalista hoy profundamente cuestionado.

Gobierno reaccionario

La respuesta represiva del gobierno se puso de manifiesto desde el primer día que se iniciaron las protestas, en diciembre, y tuvo su festín sangriento el 16 de ese mes en Huamanga, Ayacucho, con la muerte de 11 personas. La segunda jornada que se inició –o reinició— los primeros días de enero, sumó 18 víctimas nuevas en Juliaca, Puno.

En estos hechos ni en ninguno de los otros actos represivos, no ha habido ningún exceso ni error. Ha habido y hay una política sistemática dirigida a ahogar la protesta en sangre al estilo de las viejas dictaduras, con el fin de derrotar los reclamos y aspiraciones de los que luchan y defender los propios, esto es de las clases en el poder cuyos intereses se encarnan en el régimen con las figuras de la Boluarte y el Congreso.

Después de cada matanza el premier Alberto Otárola y la presidenta Boluarte han salido ha declarar enfáticamente que no van a retroceder en su decisión de “restablecer el orden”, y han llamado –a sus defendidos—a “tener confianza en la acción de las FFAA y de la Policía Nacional”, es decir, en la represión.

De este modo, lo único que podemos esperar es más de lo mismo que venimos viendo desde hace semanas: más muertes, más represión… y más lucha. Hasta derrotarlos.

De alguna forma, el régimen y la política represiva que despliega, se sustentan en las clases medias urbanas beneficiarias en diversos grados del modelo neoliberal y anestesiadas por el discurso oficial construida desde la campaña electoral contra la amenaza “terrorista”, y que ahora es revivido con el señalamiento de que los que luchan son subversivos, y que están convencidos de que aquí de lo que se trata es de “defender la democracia”.

Esta es una debilidad de la actual lucha, como lo es también la falta de una presencia organizada de la clase obrera, aunque ella o parte de ella se viene sumando a la lucha tanto como esta se extiende y profundiza. La central se ha visto obligada a convocar un Paro Nacional para el jueves 19 de enero.

Pero al mismo tiempo, son tareas pendientes porque va de la mano de la ausencia de un programa y una dirección revolucionarios que una a las clases explotadas a la clase obrera, y haga posible ganar para sus fines a parte o segmentos de los sectores medios.

Estas características de la lucha actual lo asemejan con la que la misma que libró la macrorregión sur en los años 50 y 60 del siglo pasado, con la masiva toma de tierras, que enfrentó el régimen oligárquico de los terratenientes de entonces. 

Sus mentiras y nuestras verdades

Como en todo acto oprobioso, el régimen acompaña su acción represiva con una montaña de mentiras destinadas a deslegitimar la lucha, como que es producto de la agitación de grupos subversivos, que es financiada por el narcotráfico y la minería ilegal, y más recientemente han dicho que sería instigado por Evo Morales -a quien se le ha prohibido ingresar al país—, que habría hecho ingresar al país emisarios con armas. Un delirio que sirve para alimentar el miedo de la burguesía y las clases medias y para justificar la represión. Pero que es un agravio para los que luchan en forma autodeterminada, con consciencia de sus actos y en la que incluso dejan la vida de sus mejores hijos. Es decir: no solo no son escuchados, sino además insultados y baleados.

Si cualquiera se sienta a ver episodios históricos para contrastarlos con el que vivimos estos días, podrá ver que el comportamiento de las clases siempre responde a los mismos impulsos o intereses que los motivan. En los años 50-60 cuando se desató la gran movilización campesina en la misma región de la sierra sur, con la toma de tierras, los titulares de los diarios de entonces decían lo mismo: turbas, subversión roja, violencia… (puede verse, por ejemplo, el documental Runan Caycu, en YouTube). Como entonces, el discurso oficial también era rebotado por los medios y en diferentes tonos, mostrando también que los intereses que defendían eran comunes.

Es así que para fabricar su “verdad”, los medios colocan en primera plana los desmanes que se producen (asalto a entidades públicas y privadas), la muerte de un niño que era trasladado en una ambulancia al que un bloqueo le impidió el pase, la muerte de un policía que incluso fue quemado con su vehículo en respuesta por la matanza de Juliaca. Se muestran el uso de avellanas, de armas hechizas, palos y huaracas con la que se lanzan piedras, para señalar que los manifestantes o ciertos grupos están armados. 

Es evidente que hay violencia y desborde que nadie celebra ni reivindica. Precisamente estos hechos muestran el carácter masivo y popular de la protesta, su naturaleza casi descontrolada y espontánea, y la cólera que la motiva.

Otárola dice a este respecto: “deben protestar como lo hacen algunos cientos de personas en Lima por las calles de Miraflores: en forma pacífica y ordenada…” Los que se manifiestan en el interior saben perfectamente que por esta vía nunca harán caso a sus reclamos.

Entre fines de los años 50 y los inicios de los 60, siglos de opresión, explotación y abusos explotaron con las tomas de tierras. Estas no se hicieron marchando como en Miraflores sino quemando haciendas, secuestrando y algunas veces matando a hacendados y enfrentando a la policía. Y esto sucedió no porque alguien lo planificó, sino fue la consecuencia a la violencia con la que respondía el Estado.

La violencia genera violencia. Lo que ahora vivimos también es producto de la violencia crónica que sufren las mayorías pobres, y que se acentuó los últimos años.

Pobreza crónica y enriquecimiento de unos cuantos

“El ingreso promedio en 5 de las 7 regiones que conforman la macrorregión sur son más bajas que la media nacional de 1,327 soles mensuales. En Puno, por ejemplo, el ingreso promedio es de 805 soles al mes, el segundo más bajo del país”. Además, en estas regiones más del 40% de la población no tienen acceso adecuado a educación, salud y vivienda (RPP).

La pobreza del campo no lo resolvió la reforma agraria ni la distribución de la tierra. La reforma agraria puso fin a una casta parasitaria, de un lado, y de otro transformó a los campesinos del ande de semiserviles en pequeños propietarios en pobreza crónica. Los transformó en modernos “ciudadanos” con derecho a voto pero eternamente pobres.

De aquí que, después de entregarle la tierra a los campesinos, los andes se convirtieran en bastión para el surgimiento y acción de Sendero en los años 80. Solo la larga onda neoliberal que se inició en los años 90 y tuvo su pico en las dos primeras décadas de este siglo, pudo chorrear algo para estos sectores, hasta que llegó el enfriamiento de la economía que se inició el año 2014. Los albores de la crisis serían agravadas con la pandemia del Covid 19, que se cobró la tasa de muertes más alta del mundo en Perú y que también llevó a la ruina a la economía popular en un país donde más del 70% vive en la llamada informalidad. Y la subsiguiente crisis alimentaria (2022) colocaría a más de la mitad de la población peruana en carencia de alimentos suficientes (según la ONU), sobre todo en las regiones más pobres.

No obstante, a diferencia de la década del 50 que era de bancarrota y condujo a un periodo de reformas y de los 80 que fue otro de bancarrota y que motivó las reformas neoliberales, esta vez la economía funciona, aunque renqueando el paso. Pero para los ricos. Estos no dejaron de ganar ni un minuto, ni en la pandemia.

De este modo, la crisis solo ha servido para profundizar la desigualdad, ubicando al Perú en un ejemplo de profunda desigualdad social en el mundo.

Esto, sumado a la corrupción institucional que podría fin al último atisbo de confianza en los partidos e instituciones de la burguesía emergidos tras la instalación de la democracia el año 2000, y que al mismo tiempo fueron los ejecutores de las políticas neoliberales que acentuaron la desigualdad, condujo a las mayorías empobrecidas a elegir a Pedro Castillo como presidente, con su programa de reformas de tibio nacionalismo, pero con la firme esperanza de ver realizado sus sueños de alcanzar justicia.

Pero la burguesía, acostumbrada a no compartir ganancias ni distribuir riquezas, más al contrario dedicada a cebarse con las prebendas del modelo, descargó contra él y sus seguidores todo su odio, del mismo modo que lo hacían los oligarcas del siglo pasado contra las rebeliones campesinas y sus líderes. Por eso, pese a todo lo que se dijo y se dice de Pedro Castillo, y todo lo desastroso que fue su gobierno defraudando incluso las expectativas populares, se le apoyaba en aquellos sectores, no se creía ni creen en lo que dicen los grandes medios de comunicación, y ante la vacancia lo que vieron fue la consumación del golpe tan anunciado. Vieron incluso la algarabía desatada por la mayoría enemiga del Congreso.

¿“Resaca” o rebelión?

Por eso se desata la bronca popular, y surge en las localidades más pobres del interior donde la fidelidad e identidad con el líder era total. Pero por arriba se veía la protesta como un hecho pasajero. Otárola incluso se refirió a ella como “la resaca”, y pronosticaba que, dado su marginalidad y el enorme poder de las instituciones (el apoyo del Congreso) y entre ellas de las FFAA y FFPP, sería controlada en pocos días. Y con la matanza de Huamanga pensó que ya se infligía el escarmiento necesario.

Así, cuando la protesta se reprogramó para enero muy pocos le daban crédito. Algunos “analistas” muy bien informados incluso auguraban que sería “Una protesta estéril” (R. Uceda, 08.01.23, EC). Hasta que comenzó a incendiarse la pradera. Porque las protestas fueron respondidas con balas a diestra y siniestra. Se respondió al fuego echándole cada vez más gasolina.

Con la matanza de estos días lo único que han logrado es ratificar, ante los ojos de los que luchan, quienes son sus enemigos y los intereses que defienden (las multinacionales y grandes capitalistas). No solo porque responden de la misma forma que los tratan siempre sus opresores y explotadores, sino además porque desprecian sus vidas mandando a disparar contra ellos.

Matan a sus mejores hijos, que de terroristas no tienen nada. Los líderes campesinos que lucharon por la tierra sufrieron lo mismo: Eduardo Sumire, dirigente de la Federación Campesina del Cusco, fue encarcelado, torturado y vejado más de 70 veces. Lo mismo sucedió con Saturnino Huillca. Hugo Blanco fue detenido, torturado y condenado a 25 años de cárcel. Y ninguno, ninguno fue doblegado ni pestañeó ni un solo minuto en su justa lucha. Muchos murieron luchando, como ahora. Y lo único que todo esto produjo fue confirmar en sus líderes y en las masas que su lucha era legítima, y la endurecieron hasta ganar.

En el Cusco, el 12 de enero, en otro enfrentamiento cayó muerto de un balazo Remo Candia Guevara, presidente de la Federación Campesina de Canas, que a la cabeza de su pueblo había llegado a la ciudad imperial en el marco de la protesta. En Juliaca, el fatídico 09 de enero, Carlos Monge Medrano, un joven médico que auxiliaba a los heridos por la balacera desatada ese día contra la protesta, cayó también producto de un balazo. Otra de las víctimas era un simple vendedor de adoquines (helados).

Estos son los hijos que llora el pueblo. Esos son los “terrucos” que pinta el gobierno y sus acólitos.

Lo más increíble en todo esto es la forma hipócrita como se expresan las autoridades, hiriendo más los sentimientos de dolor de los que luchan. Boluarte rompió su silencio pidiendo un falso “perdón” porque al mismo tiempo culpó de los hechos a supuestos azuzadores, y llamó a la “paz” mientras ratificaba la continuidad de su política represiva. Otárola no tiene un desempeño mejor: dice que primero es la ley y el orden y después las vidas, que los atacados son la Policía Nacional y las FFAA y no los manifestantes. Y, suelto de huesos, pide incluso que “investiguen” de dónde vienen las balas, que no serían de ellos sino de agentes bolivianos infiltrados en el país.

Así, la identidad del gobierno con la derecha no puede ser más manifiesta. Al día siguiente de la masacre de Juliaca, la mayoría derechista del Congreso le dio el voto de confianza al gabinete Otárola, al son de gritos destemplados de éste en favor del “orden”, revelando la alianza que sostiene al gobierno. Nadie defiende más y mejor al gobierno y la política que desarrolla que la derecha, el empresariado y la gran prensa; poniendo así en evidencia a los que luchan, a los enemigos que enfrentan.

Cambiar algo para que todo siga igual

No obstante, esta tremenda lucha popular y los costos que viene acarreando, sólo han motivado pequeños cambios en la política de gobierno. Primero se anunció un adelanto de elecciones para el 2024. Ahora, apremiado por el incendio social en curso, desde sectores dominantes se presiona para fines de este año. La decisión no es fácil porque quien debe aprobarlo es el Congreso, y en él la mayoría de centro derecha con el apoyo de renegados de la izquierda que no quieren dejar la mamadera, creen que no deben retroceder ante la protesta. Y todos, con las alas más radicales de la “democracia” enfrente, plantean que se mantenga Boluarte y el Congreso, porque serían la “garantía” de una transición más o menos ordenada. Esto es, una transición a lo Morales Bermúdez: un dictador que luego de la gran ola revolucionaria de 1977-1978 donde dispuso una feroz represión, hizo un calendario electoral para el retiro ordenado de las FFAA a sus cuarteles, y lo cumplió gracias a la colaboración de partidos burgueses como el Apra y el PPC, que hoy no existen.

Después de los hechos de sangre que bañan al país, el sentimiento es unánime: abajo Boluarte y el Congreso; es decir, abajo el régimen. Nada va a paliar la lucha actual si no es hasta lograr estas demandas. Nada. Ambos son responsables de las masacres producidas y son la encarnación de un régimen corrupto, antipopular y defensor de los privilegios que ostentan ricos, capitalistas y saqueadores de los recursos naturales que se extraen de esas mismas entrañas donde la población sigue pobre y hoy se rebela. Y no solo deben irse sino deben ser encarcelados.

La caída de régimen debe significar la elección de un gobierno transitorio elegido por el mismo Congreso que convoque a alecciones inmediatas.

Una situación similar fue lo que sucedió el año 2000 con la caída de Fujimori. Entonces derrotamos un régimen bonapartista, en una lucha democrática donde participaron casi todos los partidos de la burguesía, y que inauguró un periodo de democracia parlamentaria. Esta vez el enfrentamiento o cuestionamiento de raíz es del régimen “democrático” con sus partidos reaccionarios o fantasmas. De producirse el triunfo revolucionario, generaría gobierno absolutamente débil, una suerte de vacío de poder, y abriría curso a un proceso electoral incierto.

Es justamente esto lo que se teme cuando hoy, por arriba, todos se aferran a las faldas de la Boluarte, que, a la sazón, para completar el drama, siendo un títere pretende estar jugando un rol histórico.

Por una estrategia revolucionaria

La caída del régimen abriría una transición caótica e impredecible, pero por los causes de la burguesía. Incluso la propuesta de Constituyente, la más radical de las propuestas al mismo tiempo brutalmente combatida por la burguesía y sus ideólogos y visto por un amplio sector de clase media como el mismo Soviet, sería una salida por esa vía.

Los revolucionarios hacemos nuestro en el momento actual las banderas democráticas que enarbolan la actual lucha: abajo Boluarte y el Congreso, adelanto de elecciones, elecciones a una Constituyente.

Pero, la verdadera salida no es revivir lo que está muerto o casi muerto. No es revivir la democracia que es el régimen político de la burguesía y que las mayorías en lucha ya han descubierto no solo como la falsa careta de sus explotadores y opresores. Hay que levantar una alternativa auténticamente obrera y popular, que realmente sea democrática y que sea capaz de realizar los cambios que se necesitan, como nacionalizar las minas, los oligopolios y las tierras para planificar la economía y orientarla a resolver las necesidades de salud, educación, vivienda y servicios. Esto es un gobierno obrero y popular.

Esta es nuestra bandera y es nuestra estrategia. ¿De qué forma materializarla? Contra el moribundo régimen de la burguesía, se ha puesto de pie otro poder de hecho, el de las masas empobrecidas en lucha. Este poder debe centralizarse y organizarse. Ahora para ganar las reivindicaciones planteadas. Y mañana, luego de la victoria, resolver la cuestión del poder planteando, desde el poder organizado de los trabajadores y el pueblo, tomarlo en nuestras manos. 

Qatar 2022: que una condena de muerte no arruine un camponeato mundial de fútbol

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El Mundial de Qatar 2022 ya es historia. Aunque durante la celebración del mismo han sido pocos los gestos de protesta por parte de las selecciones nacionales, y tampoco se han producido muchas muestras de rechazo en los diferentes estadios,  podemos afirmar que la lista de agravios a los derechos humanos en Qatar, las pésimas condiciones laborales y de explotación en las que se construyeron los estadios e infraestructuras (con el saldo de más de 6.500 obreros muertos), sirvieron al menos para abrir el debate sobre lo adecuado o no de la elección de Qatar como país organizador del Mundial. Las autoridades cataríes han utilizado el Mundial para limpiar su imagen. A los ojos del mundo, han tratado de mostrar un país abierto, vanguardista y reformista aunque el resultado final no ha sido el que les hubiera gustado. Este ha sido el Mundial en el que más se ha hablado de derechos humanos, según el responsable de Amnistía Internacional.

Por Corriente Roja / Estado Español

El sportswashing (limpieza deportiva) es la estrategia por la cual algunos de los gobiernos que menos respetan los derechos humanos en el mundo buscan limpiar su imagen dentro -pero sobre todo fuera- de sus fronteras, a través de su vinculación con el deporte.

En este sentido hemos asistido al intento de un blanqueo deportivo que no es nada nuevo. “En Rusia lo que ocurrió fue similar, era un país en el que no se respetaban los derechos humanos y se siguen sin respetar. En 1930 el Mundial de Italia fue portavoz del fascismo de Mussolini y más recientemente el Mundial de Argentina de 1978 en el que a diez calles del estadio donde se celebraba la final se encontraba la Escuela de la Armada donde estaban torturando a opositores”. 

Ya antes de que diera comienzo el Campeonato, los/as cantantes Shakira, Dua Lipa y Rod Stewart, entre otros, cancelaron su presencia al no querer asociar su nombre a Qatar 2022. También han sido varias las expresiones artísticas de repulsa de la cita en el país árabe. Entre ellas la del artista ruso Andrei Molodkin que creó una réplica de la Copa del Mundo con petróleo catarí. La obra, titulada La Copa más sucia es una reproducción exacta del trofeo y trata de denunciar la corrupción tras la elección del país como sede del Mundial. 

El Mundial de Qatar pasará a la historia, al menos, por dos protestas emblemáticas protagonizadas por las selecciones de Alemania e Irán. Impasibles y con semblante serio, los 11 titulares de Irán se negaron a cantar el himno nacional de un país que vive desde hace meses una ola de protestas contra el estricto régimen iraní. Durante la semana, el capitán del equipo, Alireza Jahanbakhsh, avanzó que el vestuario decidiría “colectivamente” si cantar o no el himno como señal de apoyo a las víctimas de las protestas desencadenadas por la muerte en septiembre de la joven Mahsa Amini, una kurda iraní detenida por violar el estricto código de vestimenta que obliga a las mujeres a llevar el velo en público. Mientras esto sucedía los jugadores de Inglaterra se arrodillaban en un reivindicativo inicio de partido en el Mundial de Qatar. Sin embargo, las amenazas de sanción por parte del organismo rector llevaron a que siete selecciones europeas dieran marcha atrás en su intención de que sus capitanes portaran el brazalete arcoíris “One Love”.

Selección de Irán y de Alemania posando en el Mundial de Qatar 2022

Los futbolistas de la selección alemana se taparon la boca en la foto previa al inicio de su partido ante Japón. Lo hicieron para reclamar que los organizadores del torneo hubiesen exigido que los equipos se abstuvieran de usar el brazalete arcoíris con el que se identifican causas LGTBI .

La FIFA y el comité organizador decidieron hacer frente a cualquier enseña que llevara serigrafiada la bandera multicolor. Durante los primeros días de la Copa del Mundo, se vivieron escenas de persecución y control policial contra todos/as aquellos/as aficionados/as que trataran de mostrar cualquier muestra de rechazo. Entre ellos, un aficionado denunció la prohibición de entrar al estadio con una camiseta con el arcoíris o un periodista danés al que la policía paró por llevar el brazalete arcoíris mientras grababa para su programa deportivo.

Más llamativo si cabe fueron las amenazas a un periodista brasileño que portaba una bandera de la región de Pernambuco. Curiosamente, la bandera tiene un arco tricolor parecido al del arcoíris. Los policías cataríes tardaron en aceptar que no era un apoyo a la comunidad LGTBI.

Periodista brasileño enseñando a las autoridades la bandera de su país

La recta final del torneo, final incluida, fue generando una cierta indignación por un “olvido” cuanto menos llamativo: ni la FIFA ni los jugadores presentes en dicha final tuvieron un solo gesto de solidaridad con Amir Nasr-Azadani, el futbolista iraní condenado a muerte por el régimen de los Ayatolás, por defender a las mujeres y las libertades más básicas en su país. La pena es la horca, el mismo método con el que fueron asesinados los jóvenes, ambos de 23 años, Mohsen Shekari y Majid Reza Rahnavard, por su participación en las manifestaciones que comenzaron en septiembre a raíz del asesinato de Mahsa Amini. La ejecución fue en público, con transmisión de los medios oficiales.

Dentro del mundo del fútbol se dieron algunas honrosas excepciones como la del colombiano Radamel Falcao quien lanzó un mensaje a través de las redes sociales “Esto es inaceptable. Todos con Amir Nasr-Azadani”, escribió ‘El Tigre’ en su cuenta oficial de Twitter. Otro de los colombianos que se manifestó fue el volante colombiano de la Juventus, Juan Guillermo Cuadrado, quien también utilizó sus redes sociales para expresar su opinión. “Inaceptable” dijo y agregó: “creo que el mundo del fútbol debemos estar con Amir”. El exjugador del Atlético de Madrid, Diego Godín y del Real Betis Balompié Borja Iglesias, o el propio Mar Bartra: ¿Nos vamos a quedar con los brazos cruzados y mirando hacia otro lado? No se puede aceptar algo así, de ninguna manera. Todos con Amir Nasr-Azadani y con todas las personas que pasan y han pasado por algo así. BASTA. STOP. También la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO) pidió en sus redes sociales el levantamiento inmediato de la amenaza de pena de muerte con la que podría ser castigado por las autoridades iraníes Amir Nasr-Azadani.

En las redes sociales aparecieron algunos mensajes reclamando una reivindicación de las máximas estrellas del fútbol que nunca llegó y la exigencia al máximo organismo mundial que gobierna las federaciones de fútbol: Y si el futbolista condenado a muerte fuera más famoso, ¿la FIFA haría algo? Tampoco las voces de los Messi, CR7, Mbappé que tienen miles de millones de oídos alrededor del mundo dijeron nada. Entre los tres jugadores mencionados suman 987,8 millones de seguidores en Instagram. 

El fútbol profesional masculino mueve actualmente montañas de dinero que arrastra a estas figuras mediáticas a desligarse de sus raíces y mantenerse ajenos a los problemas sociales. Son los nuevos millonarios privilegiados y endiosados que viven en una burbuja alejados de los problemas cotidianos que el resto de la población sufre. El caso de Amir Nasr-Azadani es una muestra más de que, aun tratándose de un compañero de profesión quien en esta ocasión está en peligro, han decidido optar por el silencio con tal de no perder dinero, fama o poder. Walter Casagrande el legendario delantero del Corinthians de Brasil ha juzgado en varias ocasiones la falta de coraje de algunos futbolistas para abordar los problemas sociales, y cómo frente al miedo de los futbolistas que participaron en el Mundial de Qatar y no se atrevieron a portar el brazalete LGTBI por temor a ser expulsados y multados, los jugadores del Corinthians que formaban parte del movimiento Democracia Corinthiana surgido en la década de 1980, se rebelaban y se ponían la camiseta que pedía Elecciones Generales durante la dictadura de Brasil. Dos maneras muy distintas de encarar situaciones difíciles y complicadas en la vida.

Durante casi un mes el mundo del fútbol ha mirado hacia el Mundial de Qatar. Mientras tanto se impulsaba una campaña en redes sociales para sumar fuerzas a favor de Amir Nasr-Azadani. A través de change.org se levantó la petición para frenar la ejecución del jugador iraní con el objetivo de llegar a alcanzar el millón de peticiones. Inmediatamente la respuesta de la gente se dejó sentir desde diversas partes del mundo. Una campaña que debe ser asumida por todas las organizaciones obreras, sindicales, estudiantiles, y todas aquellas que se revindiquen democráticas, defensoras de los DDHH y de izquierda.

El comportamiento que han tenido las grandes estrellas del fútbol y los grandes clubes como Barça, Madrid, Atlético de Madrid, Manchester City o Bayern de Múnich que han preferido no pronunciarse y olvidarse de que actualmente hay un joven futbolista sentenciado a muerte en su país, demuestra una vez más hacia dónde quieren conducir al que llaman el deporte rey. Al fin y al cabo los valores del capitalismo que transformaron por completo en una industria el mundo del fútbol no han hecho otra cosa que aplicar su máxima, no permitiendo que la condena a muerte de un futbolista en Irán les arruinara un evento de la importancia de un Campeonato Mundial de Fútbol que tanto les ha reportado económicamente.

Crónica | Estrenamos el documental que homenajea los 10 años de Corriente Roja

El pasado 3, 4 y 5 de diciembre, militantes de todo el Estado nos reunimos en Madrid para celebrar los 10 años de Corriente Roja como partido político independiente y para seguir avanzando en la actualización programática. En estos días proyectamos un documental autogestionado que ilustra a través de distintas luchas obreras, jornaleras, populares y de la juventud los orígenes de Corriente Roja y su construcción a lo largo de estos 10 años como sección de la Lit-ci

Una pequeña reflexión antes de empezar

A lo largo de la historia de la humanidad, el arte y la cultura se han desarrollado al servicio de una clase concreta, la clase explotadora, como muestra de su poder, estatus y riqueza. Así pues, históricamente, a la clase trabajadora se nos negó y apartó de este mundo, excepto cuando hubo que construirlo, pintarlo, esculpirlo o escribirlo. Para consumirlo nunca nos necesitaron, pero para hacerlo sí. Y así es que se suman más de 200 muertos/as en la construcción de la Torre Eiffel, casas modernistas preciosas construidas sobre la trata y el esclavismo en el siglo XIX, esculturas y monumentos construidos en honor a colonizadores y dictadores, etc. Todo esto ha sido construido por nosotros y nosotras, pero se nos ha denegado su acceso. La historia del desarrollo artístico y cultural es la historia al servicio de la burguesía y sus intereses.

Si a la clase obrera se nos ha apartado de la historia del arte, a los/as artistas nos han censurado todo tipo de regímenes, incluso los que se hacían llamar socialistas. En Octubre, la película de Serguéi Eisenstein que narra la Revolución de Octubre, se quitaron más de 3 metros del metraje para eliminar cualquier referencia a L. Trotsky. Así pues, para nosotros/as es motivo de orgullo poder ahora crear, desde toda la humildad y con todas nuestras limitaciones, un producto cultural de la clase obrera, para la clase obrera, y que reivindica el legado de Trotsky y los trotskistas.

Los 10 años de Corriente Roja y el documental que estrenamos

Como hemos ido publicando durante los últimos meses, este año se han cumplido 10 años desde que Corriente Roja ingresó en la Liga Internacional de los Trabajadores – IVa Internacional, pero la realidad es que no podemos explicar estos 10 años de organización y lucha sin antes remontarnos a nuestros orígenes y cómo estos siguen presentes hoy en nuestro ADN revolucionario. Nuestro partido y nuestro programa son la acumulación de la experiencia histórica de nuestra clase y de tod@s l@s luchador@s y revolucionari@s que nos han precedido.

Lee aquí: 10 años construyendo Corriente Roja

Siempre se ha dicho, a modo de burla, que todo trotskista es divisible por dos. Y este dicho tiene una parte de verdad, porque si bien es cierto que nuestro Partido es el producto de varias rupturas, también lo es de fusiones. Y es así cómo militantes que no tenían vínculo político con una Internacional revolucionaria, se acercan, se agrupan y construyen un Partido con toda la modestia del mundo y con mucha pasión por la clase obrera y sus luchas.

El documental “10 años de Corriente Roja: Un homenaje a nuestra historia” nace para explicar esas rupturas y fusiones e ilustrar a través de la voz y la memoria de algunos/as militantes cómo Corriente Roja se construyó al calor de las luchas de los últimos 10 años y cómo con esas intervenciones se acercan nuevos y nuevas compañeras a construir el Partido.

No se puede construir el Partido revolucionario sin construir una Internacional revolucionaria

Celebramos nuestro 10º Aniversario en el marco del 40º Aniversario de la Liga Internacional de los Trabajadores. Para nosotros/as, es un orgullo poder decir que formamos parte de una Internacional, porque entendemos que cualquier Partido que tenga como objetivo acabar con el capitalismo tiene que construirse a nivel mundial, y así lo resolvimos en el IVº Encuentro Estatal de Corriente el año 2012.

Celebramos el Aniversario de una Internacional que es la acumulación de la experiencia histórica revolucionaria a nivel internacional, y lucha incansablemente para recuperar la bandera del socialismo, un nombre tan y tan manchado a lo largo de la historia por los crímenes estalinistas. Una Internacional que, lejos de dejarse seducir por los cantos de sirena oportunistas y reformistas, sigue levantando una alternativa revolucionaria y socialista a esta barbarie, porque el capitalismo no puede ser “más humano” ni tener un rostro “más amable”, ni tampoco hay atajos para acabar con él. Por ello es más urgente que nunca construir el Partido revolucionario, y te invitamos a construirlo junto con Corriente Roja y la LIT-ci.

Visita el Especial de los 40 años de la LIT-ci

Proyecciones del documental

Queremos compartir este documental con todos/as aquellos/as activistas con quienes luchamos diariamente, con los/as militantes, exmilitantes y afiliados/as de Corriente Roja y con toda aquella gente que nos apoya de una forma u otra en nuestra lucha por la transformación socialista de la sociedad. Por eso estamos programando pases en varios territorios del Estado, para poder compartir este modesto trabajo y seguir debatiendo cuál es la salida al capitalismo en crisis.

Contacta con alguno/a de nuestros/as militantes para ver el documental en alguno de estos territorios: Catalunya (Vallès Occidental, Barcelona), Madrid, Galiza o Sevilla.

¡O pídenos el link a partir del mes de febrero para poder verlo online!

Capitolio verde y amarillo: el gobierno Lula-Alckmin y la clase trabajadora

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Ya no es solo una posibilidad, sino una realidad: la ultraderecha bolsonarista hizo este domingo su Capitolio tupiniquim. Alertamos incansablemente que esto podía pasar. La propia ultraderecha dio amplias demostraciones de que esta intentona sería cuestión de tiempo.

Por: Hertz Dias*

En la víspera del 7 de setiembre de 2022, Bolsonaro avisó que sería la última vez que el Ejército saldría a las calles. El día de la segunda vuelta electoral, el director general de la Policía Federal de Carreteras organizó numerosos bloqueos para impedir que los votantes de Lula llegaran a los lugares de votación. Derrotado en las urnas, Bolsonaro desapareció momentáneamente de las redes sociales, mientras quienes financiaban su campaña, el agronegocio bonapartista, bloqueaban rutas por todo el país.

No satisfechos, decidieron acampar frente a los cuarteles para exigir la intervención militar, sin que nadie los molestara. El día de la asunción de Lula se concentraron frente al Palacio de la Alvorada e incendiaron 5 autobuses y varios autos particulares.

En vísperas de Navidad, un empresario bolsonarista intentó hacer estallar una bomba en el Aeropuerto Internacional de Brasilia. Todo, pero absolutamente todo, en nombre de la permanencia de Bolsonaro en la Presidencia.

¿Necesitaba de más ejemplos? ¡Sí, el domingo pasado!

Una acción golpista abiertamente organizada por las redes sociales, con oferta autobuses, alimentos, tiendas de campaña, baños químicos, para miles de bolsonaristas que viajaron desde varios Estados y llegaron al Palácio de los Tres Poderes con derecho a ser escoltados por la Policía Militar y, sin duda, con el apoyo de la cúpula de las Fuerzas Armadas.

A pesar de todos estos contundentes ejemplos, la izquierda que conforma el gobierno de Lula-Alckmim prefirió apostar todas sus fichas en el diálogo conciliador con los grupos bolsonaristas que buscan reubicarse en las entrañas políticas del nuevo gobierno. Si fuera con la juventud negra de la periferia, ciertamente no sería así. Además de ser financiados por grandes grupos económicos, ¡los estafadores en pantalla son casi todos blancos! ¡Conciliación y trato VIP para ellos!

En la dirección de la conciliación, Lula designó como ministro de Defensa a José Múcio, defensor de los actos bolsonaristas. Daniela Carneiro (União Brasil), diputada federal involucrada con grupos de milicianos en Río de Janeiro, también fue nominada para el cargo de ministra de Turismo del gobierno de Lula. Flávio Dino, ministro de Justicia y Seguridad Pública, anunció a Nivaldo Cesar Restivo, coronel de la Policía Militar de São Paulo, involucrado en la masacre de Carandiru, como Secretario Nacional de Políticas Penales. Al menos, este cayó antes de tomar posesión.

Depositaron toda su confianza en el gobernador bolsonarista del Distrito Federal, Ibaneis Rocha (MDB), quien designó a Anderson Torres (União Brasil), exministro de Justicia y Seguridad Pública del gobierno de Bolsonaro, como secretario de Seguridad Pública del DF. Tras ser nombrado, Anderson viajó a Florida, la ciudad estadounidense donde Bolsonaro actualmente hace de todo menos yacer en una espléndida cuna. Las serpientes, incluso cuando duermen, mantienen los ojos abiertos. Es muy probable que el “Capitolio Verde y Amarillo” fuera coordinado desde Florida.

Hay tantos ejemplos que podríamos concluir que en términos de seguridad, el nuevo gobierno es un Increíble Ejército de Brancaleone . ¡Pero no, no lo es! Y ni siquiera creemos que será así con la clase trabajadora y lel pueblo negro. Aquí abajo el látigo seguirá restallando sobre nuestras espaldas.

De hecho, lo que desestiman las organizaciones que integran o apoyan el gobierno de Lula-Alckmin es la fuerza de la clase trabajadora, que es la única clase capaz de derrotar el golpe de ultraderecha y la más perjudicada, si se diera un golpe exitoso en nuestro país. El proyecto de imponer una dictadura militar en el Brasil está estrictamente ligado al proyecto de profundizar nuestra recolonización, de entregar nuestras riquezas, de destruir la naturaleza y lo que queda de derechos laborales. Ese es el proyecto que la burguesía y el imperialismo tienen para el Brasil. Un proyecto que no empezó a implementarse en el gobierno de Bolsonaro, sino que se profundizó en él. De hecho, la ultraderecha bolsonarista es producto de la decadencia de nuestro país, que a pasos agigantados vuelve a ser una colonia.

Sin revertir radicalmente este proceso, no será posible derrotar a la ultraderecha. Los políticos y los partidos no se representan a sí mismos, representan los intereses de las clases sociales y de sus fracciones internas. El gobierno de Lula-Alckmin no romperá con estos grupos económicos que están por detrás de la ultraderecha, sobre todo porque parte de ellos está adentro del propio gobierno.

Por eso mismo, la clase trabajadora no puede transferir al gobierno Lula-Alckmin y a las instituciones del régimen (Congreso, STF, Fuerzas Armadas, etc.), una tarea que solo ella puede realizar, que es derrotar a la ultraderecha, encarcelar a la familia Bolsonaro y a los golpistas bolsonaristas, y detener el proceso de recolonización de nuestro país. Para ello es necesario retomar las movilizaciones y organizar, con la urgencia que exige la realidad, comités de autodefensa en los barrios, territorios y fábricas.

¡Eso, porque, además de no ser parte de los trabajadores, el gobierno Lula-Alckmin convierte la política de conciliación de clases en una enorme incubadora de huevos de serpientes golpistas!

¡Ocupar las calles y organizar la autodefensa!

¡Ejemplar investigación y punición a todos los implicados en las acciones golpistas!

*Hertz Dias es miembro del Secretariado de Negros del PSTU Brasil y vocalista del grupo de rap Gíria Vermelha.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 13/1/2023.-

Lea también, en este mismo sitio: Hubo un intento de golpe: ¡Debemos responder en consecuencia!

Traducción: Natalia Estrada.