Mié May 22, 2024
22 mayo, 2024

Las falsificaciones de Putin sobre la batalla de Stalingrado y la guerra en Ucrania

El 2 de febrero pasado, el presidente ruso Vladimir Putin, realizó un acto en el 80 aniversario de la Batalla de Stalingrado, en la que (luego de varios años de durísimo combate) el ejército y la población de las ex URSS derrotaron a las tropas de la Alemania nazi y cambiaron el curso de la II Guerra Mundial.

Redacción

En ese acto, Putin comparó esa batalla con la actual guerra en Ucrania: Rusia está de nuevo amenazada por tanques alemanes, como durante la Segunda Guerra Mundial”[1]. Putin hace referencia a que la resistencia popular ucraniana a la invasión rusa (iniciada hace un año) ha recibido algunas armas de potencias occidentales, entre ellas, algunos pocos tanques alemanes[2].

A partir de este hecho, Putin construye un falso silogismo: en Stalingrado nos disparaban tanques alemanes, ahora en Ucrania también. Por lo tanto, el significado político de ambas guerras es el mismo: tal como hace 80 años, ahora Rusia se está defendiendo de una agresión de la Alemania nazi. De hecho, este fue uno de los argumentos principales con que intentó justificar la invasión rusa a Ucrania, un año atrás (“desnazificar a Ucrania”).

Sin embargo, esta comparación se basa en una gigantesca falsificación histórica: el significado político de Stalingrado y de la actual guerra en Ucrania son completamente diferentes y, en gran medida, opuestos, por el papel que jugaban cada uno de los contendientes. Esa profunda diferencia es lo que explica el campo militar diferente que los socialistas revolucionarios apoyaron en Stalingrado (el del ejército y el pueblo de la ex URSS contra las fuerzas nazis y sus aliados) y el que ahora tomamos en la guerra de Ucrania (apoyo a la resistencia nacional ucraniana contra la invasión rusa)[3].

Ese razonamiento de Putin y su conclusión (el ejército ruso es el “lado bueno” en la guerra de Ucrania, al que hay que apoyar contra la resistencia ucraniana “pro-nazi”) es tomado por toda una parte de la izquierda internacional, junto con sectores que se denominan “progresistas”, y transmitido a los trabajadores y las masas en el mundo. Por eso, consideramos necesario demostrar esa falsificación y rebatirla.

¡Gloria eterna a la victoria de Stalingrado!

Por su significado, la batalla de Stalingrado y la victoria del ex URSS merecen un gran homenaje histórico por parte de todos los trabajadores y pueblos del mundo.Veamos su contexto histórico, sus protagonistas y, a partir de ahí, su significado político. Esta batalla se da en el marco de la II Guerra Mundial: un conflicto bélico internacional en el que se combinaron diversos tipos de guerra. Uno de ellos, fue la que hemos denominado “guerra contrarrevolucionaria” de la Alemania imperialista nazi contra la URSS (entonces un estado obrero burocratizado).

“La caracterizamos así porque, para poder sojuzgar el territorio ruso y apoderarse de sus muchas riquezas naturales (en especial el petróleo), el régimen nazi necesitaba destruir la URSS como Estado obrero”[4]. En ese marco, desde su inicio, en 1941, las tropas nazis y sus aliados venían en una ofensiva que parecía imparable: dominaron y ocuparon varias repúblicas occidentales de la ex URSS (incluida Ucrania) y ya comenzaban a penetrar en territorio de la Federación Rusa.

En un punto, a partir de 1942, esta guerra se concentró en el dominio de la ciudad de Stalingrado (cercana a la frontera con Ucrania). Allí la ofensiva nazi chocó con una heroica resistencia de los soldados y el pueblo soviético que, al costo de dos millones de bajas militares y otras dos millones de víctimas civiles, consiguió parar a las fuerzas nazis, hasta terminar derrotándolas (su primera derrota en la II Guerra Mundial). Sin eufemismos, las masas de la URSS dieron la vida por defender su Estado obrero.

Esa derrota cambio el curso de la II Guerra Mundial. En el llamado Frente Europeo Occidental, “Después de esa derrota, los ejércitos alemanes comenzaron a quebrarse moralmente e iniciaron un retroceso irreversible. La situación mundial había cambiado completamente. A pesar de la dura resistencia del ejército alemán en su retroceso, fueron las tropas soviéticas las primeras en llegar a Berlín y tomar la ciudad. Quedó para la historia la famosa foto de la bandera roja colocada por un soldado soviético en la cúpula del Reichstag (Parlamento alemán)”.

Este triunfo tuvo una gran significación histórica: por un lado, representó el punto de inflexión en el inicio de la derrota del proyecto internacional nazi-fascista; por el otro, marcó el fin de un largo período de 20 años de derrotas que venía sufriendo el movimiento de masas en el mundo. Es imposible entender, lo ocurrido en las décadas posteriores sin comprender esta magnitud.

Por eso, todos los revolucionarios y socialistas del mundo estuvieron en ese momento del lado de la URSS contra los nazis y festejaron con profunda emoción su triunfo. Repetimos, la batalla de Stalingrado merece con mucha justicia nuestro homenaje y nuestro recuerdo.

Stalin preparaba una derrota catastrófica

Además de la gran falsificación a la que nos hemos referido (la comparación del significado político de ambas guerras), Putin mete otra falsificación menor: Stalin es presentado como el héroe, el artífice de la victoria del pueblo ruso sobre los nazis en Stalingrado.

Antes de la reciente ceremonia, se volvió a levantar un busto suyo en la ciudad. En su discurso, Alexander Lozhkin, presidente de la Duma regional y de la organización regional de veteranos, declaró: «Ahora, en nuestra ciudad, hay un monumento al Comandante Supremo Joseph Vissariónovich Stalin… que hizo su trabajo brillantemente y el enemigo fue derrotado»[5].

La realidad histórica fue exactamente la opuesta. En un artículo ya citado, desarrollamos en extenso como las políticas nacionales e internacionales de estalinismo, y del propio Stalin de modo personal, durante casi dos décadas anteriores, llevaban a una catastrófica derrota frente a la Alemania nazi y, con ello, al derrumbe y la desaparición de la URSS[6].

Aquí vamos a limitarnos a una enumeración sintética. La primera de ellas fue la política del Partido Comunista alemán (PCA) orientada por la III Internacional ya burocratizada y dirigida por el estalinismo que acabó facilitando el ascenso de los nazis y de Hitler al poder, en 1933. Fue el hecho que motivó la ruptura de Trotsky y las fuerzas trotskistas con la IIIa  y el inicio de la construcción de su propia organización internacional.

En segundo lugar su política de los frentes populares de alianza con la burguesía republicana, aplicada en la revolución española 1936-1939  (apoyada y garantizada por cuadros estalinistas internacionales) que esterilizó esta revolución y la llevó a su derrota en la guerra civil contra el franquismo, hecho que envalentonó a los nazis para lanzar su ofensiva sobre toda Europa.

Antes de eso, uno de los llamados “Juicios de Moscú” (junio de 1937) fue dirigido contra gran parte de la cúpula del ejército soviético (con acusaciones basadas en documentos falsificados), que barrió y fusiló a la mayoría de sus altos mandos. Entre ellos, el mariscal Mijail Tujachevsky, principal jefe militar cuya trayectoria se remontaba a la formación del Ejército Rojo, por parte de León Trotsky, en 1918. Stalin descabezó así las fuerzas armadas soviéticas, eliminó a sus jefes más experimentados y probados y los reemplazó por hombres totalmente serviles y mucho menos calificados.

Un hecho central fue Pacto Ribbentrop-Molotov (firmado por los cancilleres de Alemania nazi y la URSS, el 24 de agosto de 1939), también conocido como pacto Hitler-Stalin. Establecía un acuerdo de “no agresión” entre ambos países y la división de Polonia entre ellos.

Stalin se sintió fortalecido y definió invadir Finlandia, el 30 de noviembre de 1939, para anexarla a la URSS por la fuerza[7]. La llamada “Guerra de Invierno” terminó en marzo de 1940, con una durísima derrota para las tropas soviéticas, a pesar de la superioridad de efectivos y armamento. El método de anexión compulsiva había fortalecido el patriotismo finlandés y, junto con la incapacidad de los jefes militares soviéticos, fueron los factores determinantes.

Este resultado fue uno de los elementos centrales que llevó a Hitler a considerar que la URSS y su estructura militar eran “un edificio podrido”, y los convenció de que sería fácil derrotarlos. En ese marco, comenzó a diseñar en secreto la Operación Barbarroja (la invasión de la URSS). 

La ceguera estratégica de Stalin y del estalinismo con respecto al nazismo era absoluta. Leopold Trepper, jefe del equipo de espías comunistas en Alemania, conocido como la Orquesta Roja, había logrado infiltrar un taquígrafo en esas reuniones y le avisó a Stalin de los planes de Hitler. Pero Stalin no le creyó: llamó a Hitler para preguntarle si esto era verdad. Por supuesto, recibió una respuesta negativa que fue aceptada como verdadera. ¡Para él valía más la palabra de Hitler que la información de los comunistas que se estaban jugando la vida en territorio enemigo![8]

Una vez lanzada la Operación Barbarroja, el pronóstico de Hitler (que rápidamente derrotaría al “edificio podrido” de la estructura militar de la URSS) parecía cumplirse. Como vimos, fueron Stalin y el estalinismo los que había preparado las condiciones para esta catastrófica derrota. Por eso, lejos de haber sido el “conductor estratégico” de la victoria de Stalingrado, Stalin merece el calificativo con que Trotsky lo había llamado en años anteriores, en un libro de la década de 1930: “El gran organizador de derrotas”[9].

Porque fue su ceguera estratégica la que llevó a una situación en que, para defender la URSS, el pueblo soviético tuvo que pagar un costo mucho mayor en millones de vida y de grandes sufrimientos. Aunque seamos reiterativos, fue el heroísmo de los soldados y las masas soviéticas el que consiguió defender su Estado y derrotar a Hitler y los nazis. A ellos, entonces, les rendimos nuestro homenaje, no a Stalin.

El contenido de la guerra en Ucrania

Hemos dicho que la gran falsificación de Putin es la comparación entre el significado político de la batalla de Stalingrado y la actual guerra en Ucrania. En primer lugar, , desde 1986 y la Perestroika de Gorbachov, la URSS ya no existe como Estado obrero, y desde entonces, el desarrollo económico de la Federación Rusa y las otras repúblicas que componían la URSS, ha sido plenamente capitalista.

Luego de la restauración del capitalismo y la disolución de la URSS, gran parte de la base industrial rusa, acumulada en la época soviética, fue desmantelada (solo permaneció intacto el “complejo industrial-militar”). Rusia se transformó en un gran exportador de gas y petróleo y, en menor medida, de cereales y minerales. Por eso, el New York Times afirma que el país es esencialmente la “gran gasolinera” de Europa[10]. El núcleo de oligarcas burgueses que expresa el régimen de Putin es el gran beneficiario nacional de este modelo de acumulación capitalista.

El régimen dictatorial de Putin tiene una autonomía política relativa y, fundamentalmente, autonomía militar en sus relaciones con el imperialismo. Por eso, el régimen de Putin, y los sectores burgueses que expresa, aspiran a mantener un “área propia de influencia” en las repúblicas de la ex Unión Soviética y en algunas del ex Bloque del Este, como Serbia.

Sin embargo, la Rusia actual no tiene la potencia económica necesaria para hacerlo “por las buenas”. Por eso, de modo creciente, Putin debe apelar a la represión contra sus pueblos realizada por los regímenes aliados, o a las acciones militares directas. Por ejemplo, debió intervenir para salvar a los regímenes de Belarus y Kasajistán de los procesos revolucionarios que los enfrentaban.

La invasión a Ucrania se encuadra en la misma necesidad. Ucrania es un país que, según Putin, Rusia tiene el “derecho histórico” de dominar. Esta invasión, por un lado, es una continuación de la respuesta que tuvo luego que la revolución democrática de Maidán (2013/2014) derribase el régimen aliado de Víktor Yanukovich e instalase un régimen democrático burgués[11]. Es decir, la anexión de Crimea y la creación de las artificiales “repúblicas” de Lugansk y Donetsk, en territorio ucraniano. Por el otro, es una respuesta a la posible adhesión de Ucrania a la OTAN que Putin consideró una amenaza. Por eso, “pateó el tablero” de la coexistencia pacífica de las últimas décadas e invadió Ucrania.

Es decir, mientras en Stalingrado, la URSS era el país agredido que se defendía, en Ucrania es el ejército ruso quien agrede a un pueblo más débil para dominarlo, con el argumento de que tiene el “derecho histórico” de hacerlo. En estas condiciones, es la heroica resistencia de los trabajadores y el pueblo ucraniano los que deben ser comparados con el heroísmo de los combatientes de Stalingrado. Mientras que la acción del ejército ruso en Ucrania, tras la invasión ordenada por Putin, tiene, de modo inevitable, similitudes con la acción de las tropas nazis. Por eso, nuestra posición en esta guerra, es el apoyo a la resistencia ucraniana y por la derrota del ejército de Putin.

¿Entonces, por qué hay tanques alemanes en Ucrania?

Efectivamente, actualmente hay algunos tanques fabricados en Alemania que están disparando contra las tropas rusas. Son parte de algunas armas que los gobiernos imperialistas entregaron al ejército ucraniano[12]. Hemos denunciado que se trata de una ayuda muy escasa para la necesidad de la resistencia ucraniana de equiparar la superioridad en cantidad y calidad de las armas rusas y, mucho más aún, para derrotar definitivamente la invasión de Putin[13].

En numerosos artículos, sobre la base de la caracterización política que la guerra en Ucrania era una guerra de liberación nacional contra una potencia agresora, hemos defendido el derecho de la resistencia ucraniana de exigir a los gobiernos de otros países la entrega de esas armas y su derecho de utilizarlas. En este sentido, seguimos la tradición de Trotsky y el trotskismo en guerras como la chino-japonesa (contra la invasión de Japón a China)[14]. También hemos debatido con quienes les negaban ese derecho[15].

Lo esencial para este debate es que esas armas insuficientes que han enviado algunos países occidentales son usadas por la resistencia ucraniana: no hay ningún soldado alemán ni de otra potencia de la OTAN que esté disparando contra las tropas rusas. Son los soldados y combatientes ucranianos los que lo hacen.

En otras palabras, sigue siendo una guerra de liberación nacional protagonizada por la resistencia ucraniana. Es equivocado decir, como hacen algunas corrientes de izquierda, que esta resistencia ya es una agente de la OTAN y, mucho más aún, compararla con la agresión de la Alemania nazi, como hace Putin.

La política de las potencias imperialistas frente a Putin y la guerra de Ucrania

Hemos visto que la guerra de Ucrania ha tenido fases de dinámica cambiante[16]. En este marco, también ha ido cambiando la política de las potencias imperialistas. Inicialmente, frente a la primera ofensiva rusa que apuntaba a tomar la capital Kiev, derrocar al gobierno de Zelenski, y dominar todo la mitad oriental de Ucrania, las potencias imperialistas “dejaron correr” y se abstuvieron de cualquier apoyo militar a Ucrania. Incluso las potencias imperialistas aceptaban una división de Ucrania, entregando una parte a Putin[17].

Pero esta ofensiva rusa fue detenida por la resistencia ucraniana: el ejército ruso no pudo tomar Kiev[18]. Esa primera derrota rusa, por un lado, preparó las condiciones del inicio de una contraofensiva ucraniana que, en una segunda fase de la guerra, comenzó a recuperar territorios ocupados por los rusos. Por el otro, provocó desgaste y desmoralización en las tropas rusas y, también un aumento de las grietas en el frente interno de Putin. 

En este contexto, el imperialismo alemán (por su necesidad de gas ruso y sus inversiones en aquel país) comienza a defender un acuerdo rápido, entregando territorio ucraniano y así permitir una “retirada digna” de Putin. Por su parte, el imperialismo estadounidense y su principal aliado europeo (Reino Unido) querían “castigar” a Putin por haber “pateado el tablero” de la coexistencia pacífica. Por un lado, impulsaban sanciones económicas mucho más duras querían y, por el otro, comienzan a enviar algunas armas y dar algún apoyo tecnológico al ejército ucraniano[19]. Alemania se vio obligada cada vez más a plegarse a la política estadounidense.

Con un ejército ruso desmoralizado y a la defensiva, el heroísmo de la resistencia ucraniana (ahora con algunas armas mejores) pone sobre la mesa una tercera fase de la guerra: la posibilidad de derrotar definitiva de la invasión de Putin. Una realidad que pone al imperialismo estadounidense frente a una aguda contradicción.

Porque estratégicamente, el imperialismo estadounidense quiere “sacarse de encima” a Putin y una derrota de este en Ucrania ayudaría en esa estrategia. Pero quiere que esa derrota se produzca en “cámara lenta” y no de modo contundente. Por eso, envía armas al ejército ucraniano con “cuentagotas”. Esta necesidad de una “cámara lenta” surge de dos razones muy profundas.

La primera se refiere a la propia Ucrania: quiere que la victoria de este país se produzca con el mayor desgaste y destrucción posible para tener las mejores condiciones de llevar adelante (junto con las potencias imperialistas europeas) el proyecto de colonizar Ucrania después del fin de la guerra, disfrazado de “ayuda para la reconstrucción”[20].

La segunda, se refiere a la propia Rusia.  El imperialismo quiere reemplazar a Putin por un gobierno más dócil. Pero quiere que esto se realice a través de un recambio controlado “desde arriba” y no por la vía de una revolución democrática de masas que derroque al régimen de Putin. Un escenario que un analista del New York Times describió así “Putin probablemente tendría que ser derrotado por un movimiento popular de protesta masiva…”, lo que abriría en Rusia una situación de vacío de poder y desorden”[21]. Una situación que impactaría muchísimo en la situación de Europa oriental y de toda Europa en su conjunto.

La guerra de Ucrania, por un lado, crea para las potencias imperialistas un terreno propicio para “sacarse de encima a Putin”, si la invasión es derrotada. Pero, al mismo tiempo, si esa derrota es muy contundente y demasiado rápida, le presenta el riesgo de “abrir la Caja de Pandora” de la lucha de clases.

Hemos dicho que la resistencia ucraniana contra la invasión rusa es comparable a la resistencia de las masas de la URSS en Stalingrado. Su triunfo será el de todos. Por eso, todos los trabajadores y los pueblos del mundo debemos apoyarla para que triunfe.


[1] Vladimir Putin recuerda la batalla de Stalingrado y afirma que Rusia tiene «con qué responder» al envío de tanques (clarin.com)

[2] El envío de tanques y armas para Ucrania es insuficiente – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[3] Apoyo a la resistencia ucraniana contra la invasión de Putin! – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[4] La naturaleza de la Segunda Guerra Mundial [II] – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[5] Ver referencia 1

[6] Ver referencia 4

[7] Finlandia había sido anexada al Imperio Ruso en 1808. Luego del triunfo de la Revolución Rusa en 1917, el país decidió no incorporarse a la URSS y se declaró independiente. Sobre la base del respeto al principio de autodeterminación, el gobierno de los soviets, encabezado por Lenin y Trotsky, aceptó esta decisión.

[8] Sobre la veracidad de este hecho, ver el libro de Leopold Trepper, El Gran Juego. Entre otras ediciones en español, está la de Editorial Ariel, Barcelona, Estado español, 1977.

[9] Ver, entre otras ediciones en español: https://ceip.org.ar/Stalin-el-gran-organizador-de-derrotas-337

[10] https://www.nytimes.com/es/2022/02/23/espanol/rusia-ucrania-economia.html

[11] https://litci.org/es/5-anos-revolucion-ucraniana-subestimada-incomprendida-calumniada/

[12] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-64399963#:~:text=Tras%20semanas%20de%20negativas%2C%20Alemania,env%C3%ADo%20de%2031%20tanques%20Abrams.

[13] Ver referencia 2

[14] https://litci.org/es/una-vez-mas-armas-para-ucrania/

[15] https://litci.org/es/debate-con-el-buro-politico-de-la-iv-internacional-y-gilbert-achcar/

[16] https://litci.org/es/la-resistencia-militar-ucraniana-y-el-nuevo-momento-de-la-guerra/

[17] https://litci.org/es/el-imperialismo-acepta-repartir-ucrania-con-putin/

[18] https://litci.org/es/la-resistencia-ucraniana-frustro-una-rapida-victoria-rusa/

[19] https://litci.org/es/la-guerra-de-ucrania-y-el-imperialismo-estadounidense/

[20] https://litci.org/es/la-estrategia-imperialista-de-colonizar-ucrania/

[21] Invasión a Ucrania: Todavía no sabemos cómo termina la guerra (clarin.com)

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