La resistencia ucraniana –sus fuerzas armadas y las defensas territoriales, esta última ocultada por la prensa burguesa– consiguió lo que parecía imposible: obligar a las tropas rusas a retroceder de la capital Kyiv y de Kharkiv, la segunda mayor ciudad del país, y concentrarse en el Sudeste. Para ganar la guerra, los ucranianos necesitan de armamento pesado para expulsar a las tropas rusas del Donbass, pero ni los Estados Unidos ni Alemania ni Francia envían estas armas, porque no quieren una derrota militar de Putin y tampoco la soberanía de Ucrania.

Por: João Ricardo Soares

Mientras escribimos este artículo, en el Donbass se está librando una dura batalla por cada palmo de tierra: Severodonetsky puede convertirse en Mariupol. A pesar de la carencia de armas ofensivas de las fuerzas ucranianas, las tropas de Putin encuentran una fuerte resistencia. Pero, cuando la suerte de la guerra parecía estar concentrada exclusivamente en el Donbass, los misiles rusos vuelven a aterrorizar a la población de las dos principales ciudades del país (Kyiv y Kharkiv); además, Putin coloca misiles tierra-aire de medio alcance y sistemas de artillería antiaérea en Belarus, a lo largo de la frontera ucraniana[1]. El “mensaje” de Putin nos parece evidente: mientras EE.UU., Alemania y Francia se niegan a proveer a Ucrania de las armas ofensivas que les permitirían luchar en el Donbass con alguna chance, Putin sigue con la destrucción del país y el genocidio iniciado en febrero.

Muchos se preguntan cuáles serían las razones para el impasse actual y la negativa de los Estados Unidos a enviar armas ofensivas, tras cien días de guerra, de todos los reveses sufridos por los invasores, de la inequívoca demostración de rechazo del pueblo ucraniano demostrado por su participación en la guerra.

Tal vez el sargento ucraniano Vladislav Goncharenko nos lo explique mejor que los analistas de la prensa burguesa. Dice el sargento que para avanzar es necesario sobrepasar la artillería rusa, y sin las armas necesarias “yo, como fusilero, no puedo combatir”.

Mientras Biden y el canciller alemán Olaf Scholz prosiguen con su show mediático, anunciando el envío de armas ofensivas que no llegan, y Zelenski refuerza el frente de batalla con las defensas territoriales para ser abatidas por la artillería rusa, los reporteros de la revista alemana Der Spiegel[2] desarrollan la novela: Scholz y su gobierno están claramente ganando tiempo. Inicialmente, no creían que los ucranianos tuviesen chance contra Rusia y enviaron… 5.000 cascos. Mas, vale la ironía de la historia: sin el envío de armamento soviético difícilmente los combatientes vietnamitas habrían dado fin al ejército norteamericano, pero ahora, con la agresión del Estado capitalista ruso a Ucrania, y pese a todos los anuncios y el aumento de los presupuestos militares en los Estados Unidos y en la Unión Europea, los combatientes ucranianos siguen sin las condiciones materiales para combatir.

Mientras Putin, atrincherado en el Donbass, debe incluso mantener la movilización de un ejército sin moral y desgastado, la inteligencia militar alemana lanza en el olvido de Scholz (sic.) que aunque los rusos estén moviéndose mucho más lentamente que al inicio de la guerra, pueden conquistar pequeños pedazos de territorio cada día… a este ritmo, pueden poner todo el Donbass bajo su control hasta agosto. Mientras el envío de armas es anunciado por la prensa, y las fuerzas armadas de Europa limpian la basura de sus stocks enviándola a Ucrania, los tiempos de la guerra pasan factura. No es lo mismo para el sargento Goncharenko tenerlas ahora o, en la mejor de las hipótesis en algún momento de agosto, si acaso estas fueran enviadas.

¿Una salida “honrosa” para Putin?

Mientras los jefes de los Estados imperialistas afirman que la resistencia ucraniana “ya fue demasiado lejos” pues la inflación sigue en sus talones, el presidente francés Macron y el ex secretario de Estado norteamericano Kissinger intentan una “salida honrosa” para el genocida Putin. Kissinger clama a los cuatro vientos, en Davos: “la ayuda de Rusia es fundamental para equilibrar la estructura de poder en momentos cruciales”. Para los barones del imperialismo “salvar la honra” del nuevo “caballero de triste figura” significa preservar el papel de Putin como fuerza auxiliar de la contrarrevolución imperialista.

El sentido de “momentos cruciales” debe ser leído así: los servicios prestados por Putin en su apoyo a Assad y la destrucción de la insurrección en Siria, la reciente intervención de Putin en Kazajistán y el sostener la dictadura de Lukashenko en Belarus deben ser preservados; eso implica reconocer que en los países limítrofes a Rusia el garrote es de Putin, al final, él ya lo tiene y lo utiliza, hagamos las protestas de praxis, pero no toquemos a nuestro badboy.

Así, para preservar este frente contrarrevolucionario, demuestran que en ningún momento estuvieron dispuestos a defender ni la soberanía ni tampoco la integridad territorial de Ucrania. Solamente la utilizan para debilitar estratégicamente a Putin, pero no al punto de destruirlo y desestabilizar el régimen autocrático ruso.

“Es posible expulsar a los rusos de la ciudad de Sievierodonetsk”

Es lo que afirma el gobernador del Oblast de Lugansk, Lysychansk, mientras testimonia la tragedia de la población, que pierde sus casas y es confinada a campos de concentración. Con una mano, y la artillería de Putin, el imperialismo norteamericano y el europeo rediseñan el mapa de Ucrania y, con la otra mano, la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Davos, anuncia un ambicioso plan de colonización de Ucrania posguerra: “reformas ambiciosas, como la modernización de la administración, el establecimiento firme del Estado de Derecho y… la lucha contra la corrupción y los oligarcas”.

La burguesía rusa participa de la fiesta de ganancias generadas por la exportación de combustible fósil por la estatal Gazprom, no solo en la explotación sino en innumerables empresas subsidiarias que exigen menos capital, encargadas de la distribución para residencia y empresas, designadas por los Estados nacionales, de tránsito de los combustibles. Además de la represión al movimiento de masas, la estabilidad del régimen de Putin también se apoya en el favorecimiento a los capitales rusos que dependen de regímenes sumisos, por lo que la invasión de Putin a Ucrania además de fragilizarla abre el camino para la embestida europea[3].

Pero, mientras la guerra de Putin aumenta los precios de la energía, esta elevación financia la propia guerra, y como si eso fuese poco, Rusia incluso aumentó sus exportaciones a Europa, según la Argus Media en 14% entre enero y abril[4], duplicando los ingresos por exportaciones en casi 62.000 millones de euros[5]. Mientras tanto, el imperialismo europeo dice enviar a Ucrania como máximo 2.000 millones entre “ayuda militar y social”[6]. Putin probablemente confía en el aumento de los costos de producción de los monopolios alemanes y el aumento de la producción de gas natural licuado (GNL) en los Estados Unidos para ocupar el mercado europeo, lo que es inaceptable para Alemania, pues la dejaría energéticamente subordinada a los Estados Unidos.

Por eso, el embargo al Petróleo y Gas rusos se limitó a la vía marítima y de fácil sustitución, pero la máquina productiva alemana (y sus satélites: Eslovaquia, República Checa y Hungría) recibe integralmente el combustible por los oleoductos, como el de Druzhba. No puede tomar ninguna medida efectiva sobre la importación de los combustibles rusos sin afectar la ganancia de sus monopolios; así, el efecto del embargo como el envío de armas es puramente mediático, para “unir a la nación” y apagar los intereses del proletariado europeo en esta guerra de agresión, y cuentan con la complicidad de la burocracia sindical y de la “izquierda” europea, que no están dispuestas a movilizar a los trabajadores para una acción independiente de sus gobiernos. No obstante, el efecto real del embargo es inflación especulativa y aumento de la demanda por el petróleo ruso en más de 100.000 barriles diarios.

Los límites de Zelenski en la conducción de la guerra por la soberanía de Ucrania

En una huelga, los intereses de clase son aparentemente más claros, pero en una guerra están turbados por la burguesía y sus agentes en el interior del movimiento de masas. Explica Trotsky: “si es verdad que la guerra es la continuación de la política solo que por otros medios… un ejército es la continuación y la culminación del Estado y de la organización social… solo que con la bayoneta adelante”. Así, los métodos y medidas necesarias para vencer se relacionan con la “estructura de la sociedad como un todo y, antes de todo, con el carácter de su clase dominante[7] (destacado nuestro).

Zelenski, al expresar el carácter subordinado de la clase dominante, ¿tomará las medidas político-militares exigidas? Hasta ahora, todo indica lo contrario.

En los bloqueos de los puertos, se vale del turco Erdogan para intermediar un acuerdo con Putin, priorizando la exportación de la cosecha y no el abastecimiento de la población, siembra el hambre en el invierno o más deudas; realiza una segunda reforma laboral en plena guerra, autorizando que las empresas no paguen los salarios a los combatientes, y dejando a sus familias en la miseria y la degradación; no tomó ninguna medida contra los intereses económicos rusos en Ucrania.

Sin el desarrollo de su independencia política, el proletariado ucraniano estará a merced de los lazos que unen a las burguesías semicoloniales con sus opresores, que desorganizan la retaguardia al mismo tiempo que desmoralizan el frente y retiran los medios para combatir.

Sin el presupuesto necesario para la guerra en el Sudeste y sin otro factor que desequilibre la relación de fuerzas, Zelenski está en manos del imperialismo y del “acuerdo” para una salida “honrosa” auxiliando la derrota estratégica de Putin que evite la crisis del dominio ruso en su entorno y en su propio régimen.

Nunca, entonces, fue tan necesario: ¡Armas para Ucrania!

Notas:

[1] https://kyivindependent.com/news-archive/

[2] https://www.spiegel.de/international/germany/olaf-scholz-and-ukraine-why-has-germany-been-so-slow-to-deliver-weapons-a-7cc8397b-2448-49e6-afa5-00311c8fedce

[3] La participación de las empresas autóctonas (sea privada, mixta o estatal), cuya propiedad cruzada entre accionistas rusos y locales en la distribución de gas ucraniano, integra el entramado económico y político ucraniano, cuyo pillaje del Estado y bandidismo siguen los mismos pasos de la formación de la burguesía europea, ilustrado en la trayectoria de la “oligarca” Yulia Timoshenko. En 2001, después de ser presa en Rusia por fraude financiero, vuelve a Ucrania y lidera la oposición al presidente Leonid Kuchma, luego se convierte en primera ministro. Tras cortes en el abastecimiento de la Gazprom alegando deudas, robo en la medición del envío por parte de Ucrania, Putin, en 2009, convoca la “Conferencia del Gas” en Moscú, entre Rusia, Ucrania y la UE, sin acuerdo entre las partes. Pero la crisis es cerrada con un acuerdo bilateral, en beneficio ruso, entre Putin y Timoshenko, que termina su mandato con una de las mayores fortunas del país y es condenada (en 2011) a siete años de prisión y el pago de 188 millones de dólares. En el mismo período, una empresa de propiedad rusa obtiene el monopolio de distribución del gas para empresas, y los precios caen luego de la elección de Yanukovich.

[4] https://veja.abril.com.br/economia/como-a-russia-aumentou-exportacao-de-petroleo-a-europa-em-plena-guerra/

[5] https://www.theguardian.com/world/2022/apr/27/russia-doubles-fossil-fuel-revenues-since-invasion-of-ukraine-began

[6] https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024/stronger-europe-world/eu-solidarity-ukraine/eu-assistance-ukraine_en

[7] ¿Doctrina militar o doctrinarismo pseudo-militar? How the Revolution Armed, Vol. 5, 1921-1923, New Park Publications, Londres, 1981, p. 312.

Traducción: Natalia Estrada.