Sáb Feb 04, 2023
4 febrero, 2023

La guerra de Ucrania y el imperialismo estadounidense

Recientemente, las fuerzas ucranianas han realizado una exitosa ofensiva sobre las tropas rusas con apoyo de armas y tecnología de EE.UU. De esta forma han recuperado el control de un área estimada en 3.000 km2, varios pueblos y ciudades, así como vías de comunicación y abastecimiento terrestre, hasta ahora ocupados por el ejército ruso.

Por: Alejandro Iturbe y Florence Oppen

Desde su inicio, la LIT-CI caracterizó la invasión rusa como una agresión de una gran potencia regional (Rusia) sobre un Estado semicolonial (Ucrania). Nos posicionamos claramente en apoyo al campo militar de la resistencia ucraniana contra esta agresión y por la derrota del ejército ruso[1]. Por eso, festejamos el éxito de esta ofensiva y expresamos que abría condiciones “para la derrota militar de Putin”.[2]

En el marco del apoyo a la resistencia ucraniana, defendimos su derecho de exigir armas a gobiernos extranjeros (incluidos los de países imperialistas) para equilibrar la gran superioridad que, en este campo, tenían las fuerzas rusas[3]. En este punto, polemizamos con otras organizaciones de izquierda que también apoyan la resistencia ucraniana pero les niegan el derecho de exigir armas a potencias extranjeras (o lo limitan al extremo) [4].

Ahora, después de la reciente ofensiva ucraniana, la prensa occidental está llevando a cabo una campaña de propaganda para apuntarse este triunfo militar parcial contra el ejército ruso. En este artículo queremos analizar las contradicciones de esta contraofensiva, el papel que desempeñan tanto el apoyo imperialista como el gobierno burgués de Zelensky, y la resistencia obrera y popular.

La ayuda militar de EE.UU. al gobierno de Zelensky

Si bien ni EE.UU. ni las potencias europeas están enviando el armamento necesario para una victoria contundente de las masas ucranianas, en el último mes los envíos han aumentado en número y calidad, sobre todo la asistencia logística al ejército regular ucraniano. Un reciente artículo del New York Times expresa que esta ofensiva viene siendo preparada y diseñada desde hace meses en conjunto entre los mandos militares de EE.UU. y del ejército ucraniano. “Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional, y Andriy Yermak, uno de los principales asesores del Sr. Zelensky, hablaron varias veces sobre la planificación de la contraofensiva, según un alto funcionario de la administración. El general Mark A. Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, y altos líderes militares ucranianos discutieron regularmente sobre inteligencia y apoyo militar. Y en Kyiv, los oficiales militares ucranianos y británicos continuaron trabajando juntos mientras el nuevo agregado de defensa estadounidense, Brig. General Garrick Harmon, comenzó a tener sesiones diarias con los principales oficiales de Ucrania”[5].

Esta colaboración del imperialismo es un hecho importante, pero no existe en la prensa imperialista ninguna referencia a las “defensas territoriales”, que son un componente muy importante de la resistencia obrera y popular ucraniana. A buen entendedor: “el éxito es nuestro”. Esta visión es reproducida por otros medios occidentales y tiene un objetivo político[6].

Si decimos que la ayuda militar del imperialismo estadounidense y europeo es para el gobierno de Zelensky y no tanto para el pueblo ucraniano es porque, como explicaremos más adelante, Zelensky es la punta del proyecto recolonizador de la UE, el FMI y la OTAN en Ucrania, y por lo tanto un obstáculo para su independencia real y eso se expresa también y sobre todo en la conducción de la guerra.

En función de esos objetivos estratégicos, otro artículo de la prensa imperialista informa: “El gobierno de Biden anunció el miércoles un nuevo paquete de 3.000 millones de dólares que financiará directamente contratos con la industria de defensa de EE. UU. para proyectiles de artillería, proyectiles de mortero, sistemas de misiles tierra-aire; una nueva capacidad contra drones; drones adicionales; y 24 radares de contrabatería. La medida marca un cambio importante en la forma en que Estados Unidos ha abastecido a Ucrania, desde retirar las armas existentes de los estantes hasta otorgar contratos a empresas de defensa para las armas que deben construirse. Ninguno de esos equipos llegará hasta dentro de meses, sino años. Pero los funcionarios dicen que la inversión permitirá que Kyiv comience a planificar su propia defensa futura. La esperanza es que otras naciones europeas ricas, que en ocasiones se han quedado atrás en su apoyo a Ucrania, puedan hacer lo mismo en los próximos meses”. Se estima que, en estas condiciones, recién podrá haber una entrega de armas en febrero de 2023[7].

En el artículo ya citado de Iván Razin[8], se analiza que el factor fundamental del triunfo de esta ofensiva fue el heroísmo de los trabajadores y las masas ucranianas, tanto en las llamadas “defensas territoriales” (compuestas por trabajadores y pobladores) como en el propio ejército regular. En la declaración que sacamos en nuestro reciente Congreso Mundial explicábamos que “cada día que pasa, la resistencia obrera y popular en Ucrania choca con el régimen y gobierno semicolonial de Zelensky, que conspira contra la posibilidad de una victoria militar del pueblo ucraniano contra las tropas invasoras de Putin.[9] Esto es así porque el gobierno de Zelensky centraliza esas armas recibidas en el ejército regular y retacea su entrega (o directamente se la niega) a las “defensas territoriales” y endurece las condiciones para que los trabajadores y pobladores las integren a través de contrarreformas laborales.

Es decir que Zelensky y el imperialismo estadounidense tienen una política militar común en la guerra: por un lado, acelerar la dependencia del ejército regular ucraniano con el asesoramiento logístico y estratégico del imperialismo, es decir, impedir que el ejército ucraniano desarrolle, por sus propios medios, una capacidad militar independiente. Por el otro, debilitar las Defensas Territoriales como expresión más clara de un proceso de lucha armada de la clase trabajadora que puede adquirir mayor independencia. Quieren disciplinar a las masas a la conducción militar del gobierno burgués.

El papel clave de la resistencia obrera y popular

Cuando Putin ordenó la actual invasión y ocupación de territorio ucraniano, en febrero de este año, en cierta forma continuó la política con la que había respondido a la llamada “revolución del Maidán” en 2014, la ocupación de territorio ucraniano y la creación de las artificiales “repúblicas” de Donetsk y Lugansk[10].

Al ordenar la invasión, Putin caracterizó correctamente que, por una compleja combinación de elementos, los países imperialistas de la OTAN no darían una respuesta militar directa. Es decir, no enviarían tropas a Ucrania ni, menos aún, atacarían a Rusia. En esas condiciones, consideró que el ejército ucraniano (mucho más débil que el ruso) no le opondría gran resistencia. En este sentido acertó: en su ofensiva inicial, con métodos genocidas contra la población civil, tomó nuevos territorios y ciudades, y llegó hasta las puertas de la capital Kiev y de otras importantes ciudades. Inicialmente, incluso apuntó a derrocar el gobierno de Zelensky y la instalación de un gobierno títere en su lugar.

Pero esas aspiraciones y esa dinámica chocaron contra un factor que no había entrado en su “ecuación”: la heroica resistencia de los trabajadores y las masas ucranianas contra la invasión y por la defensa de su país. Fue este heroísmo el que paró a las fuerzas rusas en Kiev y el que las asedió incluso en otras áreas bajo dominio o amenaza directa de esas fuerzas. Miles de ucranianos y ucranianas se entrenaron para combatir y se incorporaron rápidamente a la lucha.

Dirigentes sindicales de las zonas más amenazadas organizaron la resistencia e hicieron llamados internacionales a la solidaridad y a la ayuda de otros trabajadores del mundo para apoyarla política y materialmente[11]. La LIT-CI respondió positivamente a este llamado e impulsó (a partir de su influencia en la CSP-Conlutas de Brasil) el Convoy Obrero de Solidaridad con Ucrania[12]. Ahora se está preparando un segundo Convoy.[13]

Fue esta heroica resistencia obrera y popular (organizada en las “Defensas Territoriales”) la que paró esta ofensiva rusa y, en este sentido, consiguió la primera victoria sobre el ejército invasor[14]. Al mismo tiempo, comenzó un proceso de debilitamiento de la moral de las tropas rusas: ya no habría “victoria fácil” ni menos aún un pueblo ucraniano que los recibiría como “liberadores”. En ese contexto, Putin ya no podía aspirar a controlar todo el país y redujo su objetivo a consolidar su dominio en el oriente de Ucrania, y a dividirla. El imperialismo estaba dispuesto a aceptar esta división[15].

Putin retrocede en sus objetivos

Sin embargo, las bajas y el debilitamiento de la moral del ejército ruso hicieron que ni siquiera este objetivo menor fuese realista, aunque tuviera la anuencia de los países imperialistas de la OTAN. El artículo de Iván Razin nos informa que las mejores y más experimentadas tropas rusas en Ucrania han sido diezmadas, que el régimen de Putin no consigue reemplazarlas y debe apelar al reclutamiento de mercenarios entre sectores marginales y muy empobrecidos que no sirven como combatientes efectivos. Es decir, “el ejército de Putin, posee una enorme cantidad de armamento pero no tiene gente para combatir, incluso para usar estas armas”.

Por eso, el Parlamento ruso ha debido votar una ley con fuertes castigos a los soldados rusos que deserten o se rindan[16] y el gobierno de Putin debió hacer una convocatoria urgente a 300.000 reservistas[17]. Muchos de esos reservistas intentan salir del país para no ser incorporados[18]. Al mismo tiempo, en Rusia hay manifestaciones contra la guerra en Ucrania y esta nueva movilización de tropas, duramente reprimidas por el gobierno[19].

El ejército ruso está a la defensiva y con su moral en baja. Los objetivos de Putin han pasado a ser la defensa de los territorios ocupados en 2014. En el mejor de los casos, pretende anexar algún territorio adicional cercano en los que impulsa “referendos separatistas”, como hizo en las artificiales “repúblicas” de Donetsk y Lugansk después de 2014[20]. Putin aspira a poder conseguir eso en una mesa de negociación con los imperialismos europeos y estadounidense.

La política del gobierno de Zelensky

Frente a la primera y muy fuerte ofensiva rusa, el gobierno de Zelensky no renunció, trasladó su sede y la del Parlamento hacia una ciudad al oeste del país. El propio Zelensky se ubicó como el “comandante” de la resistencia nacional a la invasión. Incluso, en sus discursos iniciales luego de la invasión, impulsó a los trabajadores y a las masas ucranianas a “seguir luchando hasta el final: en las calles, en los bosques, en las costas»[21]. Eso le permitió ganar mucho prestigio entre las masas.

Al mismo tiempo, si bien se vio obligado a retroceder y entregar territorios, el ejército ucraniano no se rindió ni se disolvió, y mantuvo su estructura bajo el comando de Zelensky. En otras palabras, aunque muy debilitado, en Ucrania siguió existiendo un ejército burgués, expresado en el gobierno de Zelensky y sentido como “propio” por las masas que resistían la invasión rusa.

Cuando hablamos de “Estado burgués” no lo decimos solo en un sentido conceptual sino muy concreto: es el Estado de los sectores centrales de burguesía ucraniana cuyos intereses defiende el gobierno de Zelensky. Además, es una burguesía dependiente, ya que distintos sectores están ligados a la burguesía rusa, con negocios compartidos, o a sectores capitalistas europeos y estadounidenses.

Las movilizaciones masivas del Maidán mostraron claramente que esta débil burguesía ucraniana oscilaba entre esa integración a la UE o permanecer aliada a Putin. El régimen de Víktor Yanukovich tomó esta última opción y, en respuesta, se produjo el proceso revolucionario de Maidán. Fue una revolución democrática clásica pero con la contradicción de tener una gran confusión política: la ilusión sembrada por importantes sectores burgueses sobre que el ingreso a la UE garantizaría no solo democracia sino también independencia y prosperidad económica. El gobierno de Zelensky avanzaba en esta política de integración semicolonial e incluso en la posibilidad de incorporar el país a la OTAN.

Ese carácter de clase se expresó en que, poco después del inicio de la guerra y con la clase obrera jugando un papel clave en la resistencia, el Parlamento ucraniano votó una ley que ataca derechos y conquistas de los trabajadores en beneficio de los empresarios ucranianos[22].

Profundicemos aún más lo que significa ese carácter de Estado burgués débil. Porque, incluso en medio de la guerra de resistencia nacional, esa burguesía y el gobierno de Zelensky mantuvieron su proyecto estratégico de entregar Ucrania como semicolonia a los imperialismos europeos (a través del ingreso a la Unión Europea) y estadounidense. En los hechos, están poniendo el esfuerzo y el heroísmo del pueblo ucraniano al servicio de ese proyecto. En un próximo artículo, analizaremos cómo toda la “ayuda financiera” y militar que están dando la UE, el FMI y el gobierno de Joe Biden será cobrada en el futuro, “devorándose” a Ucrania bajo el camuflaje de su “reconstrucción”, y ceomo esta ayuda se enmarca en una continuidad del proyecto recolonizador iniciado en 2015.

Para la burguesía ucraniana, el gobierno de Zelensky y las potencias imperialistas de la OTAN, las Defensas Territoriales fueron útiles y necesarias en la primera fase de la guerra. Pero ahora, frente a la perspectiva posible de derrotar la invasión rusa y, más aún, para ese proyecto estratégico de entregar Ucrania a la colonización, las Defensas Territoriales son una amenaza muy peligrosa.

En primer lugar, porque representan, en los hechos, un “poder popular armado” totalmente ajeno y antagónico a un Estado burgués “normal”. En segundo lugar, porque por los intereses de clase de quienes las integran, podrían chocar duramente contra el plan de “entregar” Ucrania al imperialismo o contra aspectos de ese plan, como la privatización y/o cierre de empresas estatales o la entrega masiva a las multinacionales y el agronegocio de las riquísimas tierras del país.

Por eso, es una política clara y consciente del imperialismo estadounidense, de la burguesía ucraniana y del gobierno de Zelensky fortalecer el papel protagónico del ejército en esta ofensiva, con armas, apoyo tecnológico y diseño de operaciones militares. Es lo que estamos viendo ahora y lo que aborda el citado artículo del New York Times (aunque lo haga de modo unilateral y parcializado). Al mismo tiempo, hay una política de debilitar las Defensas Territoriales tanto al no entregarle armas como con el endurecimiento de las condiciones de los trabajadores para sumarse o permanecer en ellas.

Por eso, nuestra política hoy en la guerra pasa por defender “la expropiación de todos los activos de los oligarcas y empresas rusas asociados al régimen de Putin, la nacionalización y centralización en manos del Estado de la economía, al servicio de la defensa nacional, bajo el control de los trabajadores, y la centralización de las defensas territoriales como organización de la resistencia en milicias obreras que favorezcan la tendencia a la independencia del gobierno. Debemos llamar a defender la soberanía nacional a costa de las ganancias capitalistas y derrotar los despidos, suspensiones forzosas, y garantizar el pleno empleo, como parte de un plan de defensa nacional, con una política de exigencia y denuncia hacia la política concreta de Zelensky hoy.”[23] Es decir, debemos combinar las tareas de defensa de la soberanía nacional, que solo puede asegurar hasta el final y de manera completa la clase trabajadora ucraniana, con las de la revolución socialista.

La guerra no cambió su carácter

Antes de pasar al siguiente punto, creemos necesario abordar un posible debate: a partir de la mayor incidencia de la ayuda del imperialismo estadounidense en esta ofensiva, ¿la guerra en Ucrania sigue siendo una guerra de liberación nacional o, por el contrario, ha pasado a ser apenas un “episodio” de una guerra entre la OTAN y Rusia, en la que la resistencia ucraniana habría pasado a jugar el papel de “tropa al servicio del imperialismo”?

Nosotros opinamos que el contenido esencial de guerra de liberación nacional no ha cambiado. Por lo tanto, mantenemos con firmeza nuestro apoyo a la resistencia ucraniana y por la derrota del ejército de Putin. Es cierto que hay una mayor participación del imperialismo estadounidense, pero mantenemos nuestra caracterización y nuestra política. Nos basamos en los criterios expuestos en un artículo del SWP estadounidense (1942) frente a la guerra chino-japonesa, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, ante la ayuda del imperialismo estadounidense al ejército chino[24].

Los criterios propuestos por el SWP para evaluar su actitud hacia la ayuda material de los Estados Unidos y su intervención en la guerra no fueron ni la cantidad ni la calidad de la ayuda material (la cantidad de municiones, o si los Estados Unidos estaban enviando armas defensivas u ofensivas, etc.), ni siquiera si solo se enviaron armas y no oficiales y técnicos especialistas, sino la relación de las fuerzas de clase sobre el terreno: «¿Quién, en última instancia, tiene el control de las fuerzas armadas y, por lo tanto, el control del conflicto?.[25]

Hoy en día, el control de las fuerzas armadas ucranianas sigue estando en manos de Zelensky y por lo tanto podemos definir que no se trata de un conflicto dominado y cooptado por el imperialismo sino de una Guerra de liberación nacional con intervención del imperialismo. Por eso es muy importante seguir con precisión la evolución de los hechos objetivos en la guerra.      

La política del imperialismo estadounidense hacia la guerra y hacia Putin

Hasta la invasión a Ucrania, las potencias imperialistas europeas mantenían una política de “coexistencia pacífica” con Putin. Una política que también mantenía el imperialismo estadounidense y que se manifestó con claridad durante el gobierno de Trump y la guerra en Siria.

El gobierno de Joe Biden cambió profundamente la política anterior del imperialismo estadounidense, de “coexistencia pacífica”: en su discurso de asunción, ubicó el enfrentamiento con el régimen de Putin como su segundo objetivo internacional, luego de China. Tras la invasión a Ucrania, declaró que el presidente ruso “no podía seguir en el poder”[26].

Por supuesto, esta fue una respuesta al hecho de que, con la invasión a Ucrania, Putin pateó el tablero de la “coexistencia pacífica”. Pero también expresa una cuestión más profunda: un sector de la burguesía imperialista estadounidense quiere entrar directamente en la semicolonización de Ucrania sin la mediación de Alemania y la UE y, menos aún, de Putin. En Ucrania, la propia familia de Biden está involucrada en este proyecto: su hijo Hunter impulsa diversos proyectos en ese país, especialmente en el área de energía[27].

Estratégicamente, este sector del imperialismo estadounidense quiere “sacarse de encima” a Putin y reemplazarlo por un gobierno más dócil, a través de un recambio controlado. La guerra de Ucrania, por un lado crea un terreno propicio para ello si la invasión es derrotada. Pero, al mismo tiempo, si esa derrota es muy contundente y demasiado rápida, le presenta el riesgo de que ese recambio no se produzca de modo controlado y “desde arriba” sino por la vía de una revolución democrática de masas que derroque al régimen de Putin.

Un proceso que impactaría fuertemente en todo Europa oriental, una región cada vez más inestable, incluso en el “área de influencia” de Rusia y el régimen de Putin. Basta ver el reinicio del conflicto entre las repúblicas de Azerbaiyán y Armenia por la región de Nagorno-Karabakh, las disputas fronterizas entre Kirguistán y Tayikistán o la hipótesis de la reanudación del proceso de luchas contra los regímenes de Belarus y Kasajistán. Indudablemente también tendría fuerte impacto sobre Europa occidental.

Por eso, el imperialismo estadounidense busca construir ese recambio controlado, con críticas a Putin de sectores burgueses rusos de algún peso y también en la estructura política. Por ejemplo, 84 diputados municipales (concejales) han firmado un pedido para que Putin renuncie y van a enviarlo a la Duma (Parlamento)[28]. Es un avance en esa política del imperialismo, pero la construcción de un “tejido de seguridad” para evitar un proceso de lucha de masas contra Putin todavía está “verde”.

En este sentido, el manejo de los tiempos de la guerra es clave. Entonces, el imperialismo estadounidense aplica una política que busca alargar los tiempos de la guerra en Ucrania todo lo que le sea necesario. Hemos visto que definió no intervenir directamente ni a través de la OTAN, aunque esta alianza militar se está rearmando “hasta los dientes”. Al mismo tiempo, fue entregando armas y apoyo tecnológico de modo controlado para fortalecer al ejército ucraniano y volverlo más efectivo en el combate contra las tropas rusas, pero no lo necesario para que obtenga un triunfo rápido y contundente. Combinó esto con la aplicación de sanciones financieras parciales a Rusia para ir debilitando a Putin. Mientras tanto, aprovecha para debilitar las defensas territoriales ucranianas y, junto con la UE, ata los paquetes de ayuda militar y financiera a la entrega futura de Ucrania a la colonización. Esta política de “alargar” la guerra le genera contradicciones con las potencias europeas, especialmente con Alemania, que quisieran terminarla lo más pronto posible.

Las perspectivas

En todo este contexto, ¿cuáles son las perspectivas futuras de la guerra? En un reciente y muy interesante artículo de opinión publicado por el New York Times, un analista considera tres hipótesis posibles, las contradicciones que cada una de ellas genera en los imperialismos europeos y estadounidense (y entre ellos), y también el futuro de Putin en cada escenario[29].

La primera hipótesis es “una victoria ucraniana total” y por lo tanto, una derrota completa de Putin que llevaría a su inevitable caída. Ni el imperialismo estadounidense ni los europeos quieren esto (por lo menos, no por ahora). El primer argumento es “el riesgo que Putin haga algo loco” (léase, apelar a armas atómicas). Las razones reales son el miedo a que “Putin probablemente tendría que ser derrotado por un movimiento popular de protesta masiva…”, lo que abriría en Rusia una situación de vacío de poder y desorden”.

La segunda es lo que denomina “un trato sucio con Putin” que detenga la guerra en la situación actual. En ese marco, Putin podría “salvar la ropa”. Sin embargo, un acuerdo de este tipo “corre el riesgo de dividir a los aliados [léase, la OTAN] y enfurecer a muchos ucranianos”. Al hablar de la “división de los aliados” se refiere a que varias potencias europeas (en especial Alemania) aceptarían un acuerdo de este tipo para normalizar el abastecimiento de hidrocarburos rusos que afecta sus economías, mientras que sería malo para la estrategia del gobierno de Biden que hemos analizado. Al mismo tiempo, y no es un factor menor, gran parte de la resistencia ucraniana considera que están dadas las condiciones para avanzar en recuperar todo el territorio del país y puede oponerse (e incluso desobedecer) el acuerdo.

La tercera hipótesis es lo que llama “un trato menos sucio”: volver a las líneas de dominio que existían antes de la invasión de febrero. Es decir, Rusia mantendría las artificiales “repúblicas” de Donetsk y Lugansk. Es un tipo de acuerdo que podría ser aceptado por el conjunto de los países de la OTAN y por el gobierno de Zelensky. Un acuerdo que pone a Putin ante la realidad de que inició una guerra en la que fue derrotado, porque no obtuvo ninguno de los objetivos e hizo pagar a Rusia y al pueblo ruso un alto costo por ello. Una solución perfecta para el imperialismo estadounidense y su política estratégica de “sacarse de encima” a Putin en cámara lenta y avanzar en la colonización de Ucrania.     

En este artículo, hemos intentado avanzar en una mejor comprensión de la realidad actual de la guerra en Ucrania y cómo inciden en ella una compleja combinación de factores. Mantenemos nuestra posición frente a ella y, si nos referimos a las hipótesis planteadas por el artículo recién citado, impulsamos, con todas nuestras fuerzas, que se concrete la primera de ellas: “una victoria ucraniana total” que, en Rusia, lleve a al derrocamiento del régimen de Putin por la vía de la acción revolucionaria de las masas rusas. Para los trabajadores y el pueblo ucraniano esta “victoria total” debe significar también fortalecer su lucha contra el proyecto colonizador de los imperialismos europeos y estadounidense. Una respuesta programática más completa a esta realidad ya ha sido expuesta en el citado artículo de Iván Razin y es actualizada en la última declaración de la LIT-CI[30].   


[1] Ver numerosos artículos y declaraciones publicadas en la sección: https://litci.org/es/tag/ucrania-3/  

[2] https://litci.org/es/sobre-la-ofensiva-ucraniana-en-jarkov-y-las-condiciones-para-la-derrota-militar-de-putin/

[3] Ver, entre otros artículos: https://litci.org/es/una-vez-mas-armas-para-ucrania/

[4] https://litci.org/es/debate-con-el-buro-politico-de-la-iv-internacional-y-gilbert-achcar/

[5] https://www.nytimes.com/2022/09/13/us/politics/ukraine-russia-pentagon.html

[6] Ver, por ejemplo: Guerra en Ucrania: Armas e Inteligencia occidental, los motivos detrás de la retirada rusa (clarin.com)

[7] https://www.politico.com/news/2022/08/24/biden-billions-ukraine-defense-russia-00053635

[8] Ver artículo de nota 2.

[9] https://litci.org/es/ucrania-la-resistencia-a-la-agresion-rusa-se-convierte-en-el-epicentro-mundial-de-la-lucha-de-clases-y-acelera-la-crisis-del-orden-mundial/

[10] Ver, entre otros artículos: 5 años de Revolución Ucraniana: subestimada, incomprendida y calumniada – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org) 

[11] Ver: Entrevista: dirigente sindical ucraniano relata la resistencia obrera – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

Llamado internacional de un obrero minero ucraniano – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[12] CSP-Conlutas va a Ucrania con convoy obrero internacional y entrega donaciones – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[13] https://litci.org/es/la-red-sindical-prepara-el-segundo-convoy-de-ayuda-obrera-a-ucrania/

[14] La resistencia ucraniana frustró una rápida victoria rusa – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[15] El imperialismo acepta repartir Ucrania con Putin – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)     

[16] Russia-Ukraine live news: Duma approves harsher wartime sentences | Russia-Ukraine war News | Al Jazeera

[17] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62979056

[18] El llamado a la movilización de Putin provocó un éxodo en Rusia y se agotaron los vuelos a los países que no piden visa – Infobae

[19] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62989769

[20] Ver referencia 16.

[21] Ver https://www.elmundo.es/internacional/2022/03/08/622790c8e4d4d84a7d8b45cb.html / https://www.nytimes.com/es/2022/02/24/espanol/rusia-ucrania-zelenski.html

[22] Ucrania en guerra | La actual ley reformada, que ataca los derechos de los obreros, sirve al genocida Putin – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[23] https://litci.org/es/ucrania-la-resistencia-a-la-agresion-rusa-se-convierte-en-el-epicentro-mundial-de-la-lucha-de-clases-y-acelera-la-crisis-del-orden-mundial/

[24] Ver WRIGHT, John G., “Why we defend China?”, en: https://www.marxists.org/history/etol/writers/wright/1942/04/china.htm 

[25] Morrison, “We support the Struggle for China” (2) The Militant, July 25th 1942.

[26] El Kremlin responde: Quien gobierne Rusia no es decisión de Biden | Video | CNN

[27] https://primerinforme.com/corrupcion/negocios-de-hunter-biden-en-ucrania-salen-a-relucir-en-medio-de-la-guerra/#:~:text=Los%20negocios%20de%20Hunter%20Biden%20con%20Ucrania%20Seg%C3%BAn,Burisma.%20Archer%20ha%20estado%20colaborando%20con%20el%20FBI.

[28] Decenas de diputados municipales rusos apoyaron el pedido de renuncia a Vladimir Putin: lo acusan de traición – Infobae

[29] Invasión a Ucrania: Todavía no sabemos cómo termina la guerra (clarin.com)

[30] https://litci.org/es/abajo-la-movilizacion-forzada-y-los-referendums-de-putin-redoblar-el-apoyo-a-la-resistencia-ucraniana/

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