Muchos medios internacionales se han referido a una posible aproximación que se daría entre el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, y el Papa Francisco. ¿Cuáles son las razones y los objetivos de este acercamiento?

Alejandro Iturbe

Joe Biden será, a partir de enero próximo, el jefe político de la principal potencia imperialista, y el Papa Francisco es la cabeza de la Iglesia católica, un poderosísimo conglomerado empresario-religioso-político internacional[1]. Se trataría de una aproximación significativa para la política mundial si ambos “sintonizasen” o coordinasen su accionar.

Algunos medios han destacado como un factor importante para esa posible “sintonía” el hecho de que Joe Biden es un católico practicante (será el segundo presidente estadounidense de este origen: el anterior fue John F. Kennedy). Agregan que ambos ya se conocen personalmente, cuando el Papa estuvo presente en la asunción de Barack Obama en su segunda presidencia (2013) y, de modo mucho más cercano en 2016, cuando  Francisco I visitó a la familia Biden en Filadelfia, luego de la muerte por cáncer del hijo del entonces vicepresidente estadounidense[2].

Nos parece que se trata de hechos meramente anecdóticos: en esos niveles de poder político, los acuerdos y diferencias no se establecen por afinidad religiosa o por la relación personal previa (aunque estas por supuesto pueden ser una ayuda para “aceitar” los mecanismos). Barack Obama se reivindica protestante y, durante su gobierno, sus políticas internacionales y las de Iglesia (especialmente a partir de la designación del cardenal argentino Francisco Bergoglio como Papa Francisco I, en 2013) estuvieron en total “sintonía”.

Por ejemplo, en la política de Obama para “destrabar” las relaciones económicas de Estados Unidos con Cuba para así legalizar la entrada de inversiones estadounidenses en diversos negocios que ofrecía el restaurado capitalismo en la Isla (inversiones prohibidas por una vieja legislación yanqui de la época de la revolución cubana) y al mismo tiempo desactivar un conflicto que, a esta altura, ya era totalmente artificial. El Papa jugó un papel central en ese proceso coordinando una reunión entre Obama y Fidel Castro. Es importante agregar que esta política de Obama fue apoyada por un sector de la burguesía cubana exiliada en Miami, expresada en la participación, en ese viaje, de Mark Rubio, senador republicano de origen cubano y, también, católico.

Por el contrario, sus diferencias y roces con Donald Trump (que también se reivindica protestante) se basaron en que su política (acentuada por su estilo personal) erosionó y puso en crisis un funcionamiento armónico y de conjunto de las potencias e instituciones imperialistas (como el G7) considerado imprescindible para enfrentar las luchas de los trabajadores y los pueblos del mundo (y los límites internos y externos que eso le imponía al gobierno de Trump para avanzar a fondo), la crisis económica del capitalismo mundial y una pandemia que contribuyó a agravar todo el cuadro, motorizada por la impotencia de las diferentes burguesías para resolverla.

La actual cúpula eclesiástica consideraba que la política de Trump acababa emporando el cuadro de la situación mundial, que lo polarizaba y lo radicalizaba. Por eso, intentaba buscar caminos alternativos. Por ejemplo, frente a las vociferantes amenazas de Trump para sacar a Nicolás Maduro de la presidencia de Venezuela (amenazas que se mostraron impotentes y que fortalecieron relativamente a Maduro), Francisco proponía el camino de una negociación para “convencer” a Maduro de la necesidad de su renuncia. Era una táctica diferente para el mismo objetivo.

Los “personajes de la obra”

Los mismos medios consideran un segundo factor para esta aproximación: “Sobre la cercanía personal, Biden añadió la coincidencia de temas cercanos al corazón del Pontífice, como los refugiados, los migrantes y el cambio climático, que colocaron al Pontífice en la antípoda del pensamiento de Donald Trump. Lo que el Papa y el episcopado americano esperan por el momento es que Biden pueda comenzar a cerrar la brecha que divide a los americanos y que Trump excava con entusiasmo”[3].

Acá se comienza a hablar un poco más seriamente ya que entramos en el terreno de los problemas mundiales y de las propuestas políticas. Pero debemos despojar esta consideración del lenguaje hipócrita con que los medios suelen referirse a estos temas y a las políticas de “los de arriba” para abordarlos.

Comencemos por ver brevemente a los “dos personajes de la obra”. Joe Biden es un hombre del aparato de uno de los partidos de la burguesía imperialista estadounidense. En su larga trayectoria como senador demócrata, su tarea principal era coordinar las votaciones con los senadores republicanos (tarea que mantuvo como vicepresidente de Obama). Veamos algunas de estas coordinaciones.

En 1982, durante la Guerra de Malvinas, presentó ante el Congreso estadounidense la resolución de apoyo de EEUU al Reino Unido. En ese momento dijo: “Mi resolución busca definir de qué lado estamos y ese lado es el británico. Los argentinos tienen que desechar la idea de que EEUU es neutral”. En 2003, siendo presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado (donde su partido tenía mayoría) apoyó todas las mentiras del presidente republicano George Bush (como la posesión de armas de destrucción masiva) para aprobar la declaración de guerra contra Irak.

En el nivel interno, por solo citar un hecho, en 1994 fue un fervoroso defensor de la llamada “ley de los tres delitos” presentada por el entonces presidente demócrata Bill Clinton (llamada en EEUU «three strikes and you are out», una frase usada en el béisbol), por la cual quien fuera considerado culpable por un tercer delito, automáticamente era condenado a prisión perpetua. Esto aumentó enormemente la cantidad de encarcelados en el país (tiene la mayor tasa de presos del mundo por cantidad de habitantes[4]). Pero, además, incorporó un elemento más al represivo sistema judicial policial estadounidense que se ensaña especialmente con los negros, latinos y sectores de la población pobre, que muchas veces se ven obligados a confesar crímenes que no cometieron para evitar condenas mayores.

Por su parte, el Papa argentino, perteneciente a la congregación jesuita, siempre estuvo ligado a las corrientes de derecha del peronismo. Incluso se lo acusa de no haber defendido a dos sacerdotes jesuitas detenidos y torturados durante la última dictadura militar argentina[5].

Al mismo tiempo, tenía una cierta “experiencia de vida” en los años previos a su ordenamiento como sacerdote; también experiencia de “trabajo de campo” en comunidades pobres y buena llegada a las masas (lo que la Iglesia católica llama un “carismático”). Por estas características, fue electo para reemplazar al renunciante Papa Ratzinger que dejaba la Iglesia en una profunda crisis: disminución creciente de su número de fieles, desorden y escándalos financieros, y manchada por la defensa y el encubrimiento de numerosos sacerdotes pedófilos.

Esa elección buscaba recuperar la influencia perdida y limpiar un poco la imagen manchada. Por eso, Bergoglio adoptó un discurso de apariencia progresiva y “social”, más amplio y comprensivo). Intenta remedar el giro dado en la década de 1960 por el Papa Paulo VI, cuando la Iglesia (con la llamada “doctrina social” y la “opción por los pobres”) salió a intentar apagar (desde adentro y desde afuera) el ascenso revolucionario en Latinoamérica y otras regiones del mundo. Pero lo hace con muchísimas más limitaciones que el giro que emprendió Paulo VI. Eso sí, siempre postula su gestión personal para mediar en los enfrentamientos más agudos[6].

Las razones de fondo

El imperialismo enfrenta hoy una situación mundial que se le va de las manos: una profunda crisis económica que no consigue resolver, un deterioro creciente y acelerado del nivel de vida de las masas, una pandemia que agrava todo el panorama y cuyo desarrollo cuestiona su capacidad de dirigir los destinos de la humanidad, ascensos revolucionarios en muchos países que, luego del impasse que provocó la pandemia comienzan a reanudarse, como lo muestra la actual situación del Perú.

Algunos, como Trump, proponían una especie de “sálvese quien pueda” de las potencias imperialistas y “la ley y el orden” en nivel interno. Esta propuesta política, si bien no va a desaparecer, fracasó en resolver la situación. Para el imperialismo es necesario volver a otras tácticas diferentes.

Desde este punto de vista, el “trabajo en equipo” de Joe Biden y el Papa Francisco puede ayudar a recomponer una mayor armonía, por arriba de las potencias e instituciones del imperialismo. Sin embargo, no resolverá ningunos de los graves problemas que afectan a las masas en el mundo y en Estados Unidos (como el deterioro de las condiciones de vida, la pobreza, la miseria y el hambre, el racismo y la discriminación, el sufrimiento por los efectos de la pandemia, la crisis ambiental) como no fueron resueltos durante los gobiernos del “amable y simpático” Obama y su “sintonía” con Francisco I.

Quizás la leve recuperación de la economía mundial que estamos viviendo (aunque en el marco de fondo de una crisis que no se ha superado) y la aparición de vacunas contra el Covid-19 les den un breve margen. También, la aplicación de algunas políticas muy mínimas que intenten mostrar que “están haciendo algo” frente a estos problemas. Su objetivo real es retomar la “normalidad” de la explotación capitalista en condiciones cada vez más duras para las masas.

Pero en un mundo cuya realidad se acerca cada vez más al desastre, el volcán de las masas sigue acumulando temperatura, con explosiones todavía parciales pero que amenazan con una gran erupción.

El objetivo de este posible equipo Biden-Francisco (o lo que es lo mismo, del imperialismo estadounidense y la Iglesia católica) es frenar esas erupciones. Como decía un poema del escritor argentino Jorge Luis Borges: “No los une el amor sino el espanto”.

Notas:

[1] Ver en este tema: https://litci.org/es/la-iglesia-catolica-no-tiene-el-derecho-de-ser-la-voz-de-los-pobres/

[2] https://adndiario.com.ar/mundo/elecciones-en-los-estados-unidos-la-estrecha-relacion-del-presidente-electo-joe-biden-con-el-papa-francis/

[3] Ídem.

[4] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-44047889

[5] https://www.bbc.com/portuguese/noticias/2013/03/130314_ditadura_papa_ru

[6] Sobre este tema, ver Nota [1].