Recientemente, el Papa realizó declaraciones en las que denuncia que la pandemia del coronavirus agravó las “desigualdades sociales” características de la economía actual. ¿Cuál es el objetivo de esta denuncia?

Por: Alejandro Iturbe

En un discurso transmitido desde el Vaticano, que tuvo amplia difusión mundial, Jorge Bergoglio expresó: «La pandemia ha puesto de relieve y agravado problemas sociales, sobre todo la brecha entre las clases sociales… de una economía enferma” en la que “unos pocos muy ricos poseen más que todo el resto de la humanidad» [1].

Tenemos, entonces, declaraciones de contenido progresista que recogen las denuncias que habitualmente expone la izquierda contra el sistema capitalista. Se podría señalar que no explican las causas de esa “economía enferma” ni tampoco proponen la manera de “sanarla”.

Sin embargo, nuestra objeción principal no es esa. ¿Tiene la Iglesia católica el derecho de presentarse como “la voz de los pobres” frente a tantas injusticias? La respuesta es categóricamente no.

La empresa más grande del mundo

En 2015, el periodista italiano Emiliano Fittipaldi escribió y publicó el libro Avarizzia sobre la base de información suministrada por el sacerdote católico español Luis Ángel Vallejo, ex mayordomo papal [2].

En ese libro, el autor concluye que, considerada en su conjunto, la Iglesia católica es la “empresa más grande del mundo” por la cantidad de propiedades, los ingresos que recibe, las reservas que posee y por los privilegios que recibe de parte de muchos países. En este último caso, se debe comenzar por el hecho de que es la única “empresa” que posee formalmente su propio Estado (el Vaticano), con todas las ventajas que ello implica.

Además de un capital en propiedades inmobiliarias realmente incalculable, la Iglesia católica tiene diversas fuentes de ingresos. Entre ellas, la donaciones de sus fieles, lo que recauda el Vaticano como centro religioso y turístico, las exenciones impositivas y los aportes directos que los episcopados nacionales reciben de sus Estados y, finalmente, el rendimiento de infinidad de inversiones (algunas de las cuales son “secretas”).

¿Cuántas propiedades posee la Iglesia?

Este capital inmobiliario es prácticamente imposible de calcular en su totalidad ya que a aquellas propiedades que están directamente a nombre del Vaticano deben sumarse las de cada una de las miles de diócesis distribuidas por el mundo, las de las órdenes eclesiásticas y las de estructuras descentralizadas como el Opus Dei, que funciona como una “prelacía personal del Papa”.

Por ejemplo, solo en España la Iglesia registró en los organismos correspondientes 18.555 templos y 15.171 fincas urbanas y rurales. Lo hizo a través del sistema de “inmatriculación” que permite registrar ese dominio sin tener que informar su origen ni cómo esos bienes fueron adquiridos [3].

Estas propiedades incluyen las casas anexas a las parroquias, edificios de escuelas, seminarios y universidades, fincas dedicadas a actividades agrícolas, casas y departamentos. La lista incluye hoteles lujosos de cinco estrellas construidos en antiguos monasterios, cuyas suites tienen mayordomo exclusivo, terrazas privadas con vistas panorámicas, jacuzzi, etc.

España no es el único país “agraciado” con este nivel de hoteles. En Perú, se encuentra el Hotel Monasterio, ubicado a una cuadra de la Plaza de Armas, en pleno centro de la ciudad de Cusco. El predio donde se encuentra era el Seminario de San Antonio Abad, fundado en 1598. Es administrado por la empresa hotelera Orient Express. A su lado, se encuentra La Casa de las Sierpes, edificada sobre una construcción inca que, en el siglo XVIII, fue convertida en el Beaterio de las Nazarenas. Es administrado por la misma empresa [4].

Aportes de los fieles

Hemos señalado que una primera fuente de ingresos de la Iglesia católica son las cotizaciones que realizan mensualmente los creyentes. Es un sistema heredero del diezmo de la Edad Media pero ahora no tiene un carácter legalmente obligatorio y solo una parte de los fieles aporta.

La cantidad total que la Iglesia recibe en el mundo por estas cotizaciones es muy difícil de estimar ya que, como hemos señalado, las conferencias episcopales nacionales y las propias diócesis tienen autonomía financiera y su presupuesto de ingresos y gastos. Veamos entonces, algunos datos nacionales.

En España, por ejemplo, según los datos de la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia Católica, recibía por este medio uno 335 millones de euros con los que cubría 36% de su presupuesto (400 millones y 1.100 millones de dólares, respectivamente)[5]. En Alemania, esta cifra de aportes de los fieles se elevaba, en 2012, a 5.200 millones de euros (casi 6.000 millones de dólares). En este país, la mayor parte de estas cotizaciones era recaudada por el Estado a través del llamado “impuesto eclesiástico”[6].

Sin embargo, el récord de recaudación por esta fuente lo tiene la Iglesia estadounidense, país en el que casi 21% de la población se reivindica católica (unas setenta millones de personas). El promedio anual por aportante es de 709 dólares, aunque hay quienes llegaban a 4.000. En total, se estima que recauda alrededor de 20.000 millones de dólares anuales. Para que se tenga una idea, solo el presupuesto anual de la iglesia de San Felipe, en Atlanta, Georgia, era de tres millones de dólares, y a nivel nacional, la Iglesia católica estadounidense maneja su propio fondo financiero para las jubilaciones y pensiones de los sacerdotes que se retiran de la actividad[7].

Los privilegios y beneficios

Considerada como una empresa internacional, la Iglesia católica recibe una serie de privilegios y beneficios que no tiene ninguna multinacional (por lo menos, de modo tan generalizado).

En primer lugar, es la única que posee su propio Estado (el Vaticano), lo que significa que se relaciona con los otros Estados y gobiernos en un nivel de igualdad, sin necesidad de esconder o camuflar esta relación. Esto se complementa con el hecho de que, en muchos países, las conferencias episcopales nacionales son parte de los “factores de poder” permanentemente consultados por los gobiernos para elaborar sus políticas.

Además, obtiene muchos privilegios. En Argentina, por ejemplo, la Iglesia católica no paga ningún impuesto por los bienes muebles e inmuebles que posee, cualquiera sea el destino de estos bienes. En algunas provincias, como Mendoza, eso está garantizado por la propia Constitución provincial[8]. Mientras que en otras, como Córdoba, está estipulado en el Código Tributario[9].

Aquí no acaban los beneficios que obtiene en este país. De acuerdo a lo que establece la propia Constitución Nacional sobre “sostener el culto católico”, diversas leyes establecen que el Estado argentino debe hacerse cargo de los salarios de los obispos; subsidiar a los sacerdotes que se encuentran en zonas de frontera o “muy desfavorecidas”; subsidiar a los seminaristas y subsidiar las escuelas católicas (privadas)[10].

Hemos tomado el caso argentino pero situaciones similares se dan en muchos otros países. Por ejemplo, en el Brasil (considerado el país con la mayor población católica del mundo), la Constitución de 1988 (actualmente vigente) establece la “inmunidad tributaria religiosa” no solo para las propiedades de la Iglesia católica sino también para los otros cultos[11]. Ya hemos visto el caso de Alemania (también de Austria) donde es el propio Estado quien cobra las contribuciones de los fieles, a través del “impuesto eclesiástico”.

Vaticanoworld

Además de todo lo que hemos visto (teóricamente dedicado al sostenimiento del culto, la educación, la beneficencia, etc.) la Iglesia católica nos muestra claramente su funcionamiento empresarial.

Un primer aspecto de ello es el funcionamiento del propio Vaticano como Estado, que, por ejemplo, no calcula un PIB sino un presupuesto de ingresos, gastos y resultados, como una empresa.

El segundo aspecto es que el Vaticano funciona como un verdadero polo turístico-religioso: diariamente es visitado por 40.000 personas (unas 15 millones al año). Según datos del World Factbook, en 2011 ingresaron cerca de 460 millones de dólares en concepto de ventas de productos turísticos y libros, entradas a los Museos Vaticanos, etc.; con un gasto operacional total menor a 300 millones[12].

Además, si se tiene suficiente dinero y relaciones, es posible alquilar la Capilla Sixtina para eventos privados. Fue lo que hizo la empresa automovilística Porsche que, en 2014 la alquiló para realizar un exclusivo concierto de música al que asistieron 40 personas que pagaron cinco mil euros cada una. Eso sí, el pago de la entrada incluía una cena en los Museos Vaticanos[13].

El Banco del Vaticano

Otra faceta abiertamente empresarial de la Iglesia católica es el Instituto para las Obras de Religión (IOR), también conocido como Banco del Vaticano, creado en 1942 para centralizar los fondos destinados para “actividades religiosas o caritativas”.

El IOR administra bienes por 7.000 millones de euros (más de 8.000 millones de dólares)[14]. Posee además reservas “oficiales” de oro por 3.500 millones de euros y se calcula que una cantidad igual de reservas no oficiales[15]. Esto la convierte en la segunda reserva de este mineral precioso en el mundo, solo superada por la existente en Fort Knox, en EEUU.

Como cualquier otro banco, el IOR ha estado ligado a escándalos y fraudes financieros. Entre los más conocidos estuvieron su relación y sus inversiones en la Banca Privata Finanziaria, propiedad del banquero siciliano Michele Sindona, ligado a la mafia de esa región, en la década del ’60 [16].

También su asociación con el Banco Ambrosiano, del banquero Roberto Calvi, desde inicios de la década de 1970. En 1982, este bancó colapsó en medio de un gran fraude financiero que incluía la desaparición de 1.300 millones de dólares en préstamos a empresas fantasma con sede en Latinoamérica. Calvi huyó de Italia con un pasaporte falso y poco después fue hallado ahorcado bajo un puente en Londres. El director del IOR, el arzobispo estadounidense Paul Marcinkus, que debió haber sido procesado por haber provisto las cartas de crédito que respaldaban esos préstamos, salió impune por la extraterritorialidad que le brindaba la ciudadanía vaticana, y continuó como presidente del Banco del Vaticano hasta 1989[17].

Las “santas” inversiones

Pero si algo desnuda sin tapujos este aspecto de conglomerado multinacional de la Iglesia católica es la vastedad y variedad de sus inversiones en acciones y otros activos de empresas privadas.

Si bien no existe un decálogo escrito, cualquier católico de buena fe supondría que las inversiones van dirigidas a compañías que “hacen el bien”. Incluso uno sus asesores en este tipo de adquisiciones es una empresa privada especializada, llamada Altum Feithful Investing, que privilegia aquella compañías cuya actividad es “coherente con la fe católica”, como la defensa de la vida humana, la naturaleza, la promoción de la paz…”[18].

Sin embargo, parece que este criterio limita un poco la posibilidad de obtener buenas ganancias por esas inversiones y el espectro se abre hacia un abanico muchos más amplio (algunas de ellas son “secretas”).

Una lista completa incluye numerosos bancos italianos y extranjeros, como el Chase, el el Rotschild, el Morgan y el Credit Suisse; empresas automotrices, como la Fiat y la General Motors; hoteles y casinos; constructoras, siderurgias y petroleras, como la Shell, la Exxon y la Gulf Oil, etc.[19]

Algunas de las inversiones son claramente non sanctas. Por ejemplo, el IOR es uno de los principales propietarios (20% de sus acciones) de la empresa Pietro Baretta Ltda., el principal fabricante de armas de fuego no bélicas del mundo[20].

Pero el premio en el rubro de inversiones non sanctas se lo lleva seguramente una arquidiócesis de Eslovenia (Maribor) que había adquirido un canal de TV en el que transmitía pornografía[21]. La arquidiócesis estaba en bancarrota desde 2011 y «para evitar la quiebra, el banco del Vaticano transfirió 40 millones de euros a la diócesis en 2014, por voluntad expresa del Papa Francisco”, según informa el libro Avarizzia, ya citado.

Nuevamente, las declaraciones del Papa Francisco

Comenzamos este artículo afirmando que la Iglesia católica no tiene el derecho de presentarse como “la voz de los pobres” sencillamente porque es parte (una de las más importantes) de los poderosos de este mundo; de los “pocos muy ricos que poseen más que todo el resto de la humanidad”.

Por más que quieran vendernos la imagen de sacrificio de personajes como la hermana Teresa de Calcuta (sin entrar en el debate de la ideología y el mensaje que sus acciones transmiten), lo cierto es que la mayoría de sus dignatarios (cardenales, arzobispos, obispos, altas jerarquías) viven una vida lujosa digna de cualquier gran burgués.

En su libro, Fittipaldi relata el caso del cardenal Tarcisio Bertone que, cuando era secretario de Estado del Vaticano (una especie de primer ministro), en 2012, gastó 24.000 euros en un viaje turístico de helicóptero y, en esos años, financió obras de remodelación de su apartamento en Roma (que costaron 200.000 euros) con dinero que debía estar destinado a la atención sanitaria de los niños del Hospital Bambin Gesú. El cardenal se defendió diciendo que: «Los apartamentos asignados a los cardenales de la curia romana… son restaurados a cargo de la administración de la Santa Sede”.

Tanta hipocresía causa repugnancia. Pero este sigue sin ser el problema central en las declaraciones del papa Francisco. Es necesario analizar los objetivos políticos por los que el jefe actual de una de las instituciones más ricas y poderosas del mundo realiza declaraciones de este tipo.

Desde que en el siglo IV, el emperador Constantino convirtió al cristianismo en la religión oficial del Imperio romano y a la Iglesia católica en parte del Estado, esta institución ha acumulado una milenaria experiencia en defender sus intereses de gran propietaria. Por ejemplo, posteriormente, a través del Sacro Imperio Romano Germánico (entre inicios del siglo IX e inicios del XIX), y luego a través de los Estados Pontificios.

La derrota de estos Estados frente al bloque republicano que llevó a la unificación de Italia redujeron su base territorial pura al Vaticano actual. Eso se sumó al hecho de que muchas nuevas naciones que surgieron establecieron la separación total o parcial de la Iglesia y el Estado. Se vio, entonces, obligada a utilizar nuevas tácticas y políticas y operar a través de alianzas y acuerdos con los “poderes terrenales”. Así, fue punta de lanza en el sangriento sometimiento de numerosas naciones africanas, por ejemplo.

Durante un largo período del siglo XX lo hizo aliándose con los sectores más reaccionarios y contrarrevolucionarios de las burguesías imperialistas y nacionales, como su apoyo explícito al fascismo en Italia, al nazismo en Alemania, y al franquismo en España, donde, además, los sacerdotes eran parte activa del campo contrarrevolucionario. Algo que la Iglesia argentina repitió, a partir de 1976, con la sangrienta dictadura militar. Nada de esto es secreto y está profusamente documentado.

El resultado y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la obligaron a tener que dar un giro. Por un lado, emergió un nuevo imperialismo hegemónico, el estadounidense, en un país de mayoría protestante y de estricta separación entre el Estado y las iglesias. Por el otro, se desarrollaba un ascenso revolucionario mundial con fuertes manifestaciones y procesos revolucionarios en los países coloniales y semicoloniales (como la independencia de Argelia y la Revolución Cubana).

En ese marco, en 1962 el papa Juan XXIII convoca el Concilio Vaticano II que terminaría su sucesor (una especie de “súper-congreso” de la Iglesia católica) Paulo VI, cuya declaración final planteó la «sensibilidad para con los problemas de la libertad y de los derechos humanos«.

Posteriormente, en 1968, Paulo VI convocó la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Medellín, Colombia, con el lema “La Iglesia en la presente transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”. El escenario no era casual, desde la Revolución Cubana el subcontinente era uno de los epicentros de las luchas de las masas. Allí se estableció la “doctrina social de la Iglesia” y “la opción por los pobres”[21]. De allí nacería la llamada Teología de la Liberación y numerosas pastorales sociales, de gran peso en el Brasil.

Ya no se trataba esencialmente de operar por arriba o de hacer caridad sino de enviar destacamentos militantes de sacerdotes y laicos al corazón donde nacían las rebeliones populares. Más allá de la honestidad de muchos de sus participantes, lo cierto es que la Iglesia buscaba meterse dentro de estos procesos para ganar espacio y prestigio y así estar luego en condiciones de frenarlos y esterilizarlos, evitando que avanzaran hacia la revolución socialista.

Desde entonces, la Iglesia alternó Papas “doctrinarios” y de perfil interno con otros “carismáticos” y de nueva llegada a las masas. Pero este “perfil social” fue girando claramente hacia la derecha desde finales de la década de 1970. El polaco Juan Pablo II era carismático pero profundamente reaccionario y anticomunista: fue punta de lanza en la restauración capitalista en los ex Estados obreros del Este de Europa, apoyó a Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas y liquidó la Teología de la Liberación.

Su sucesor, el alemán Ratzinger (Benedicto XVI), con pasado en la juventud nazi, era un hombre del aparato eclesiástico y tanto o más reaccionario que su antecesor. Renuncia en 2013, dejando a la Iglesia católica en una profunda crisis, salpicada de escándalos por el ocultamiento de numerosos sacerdotes pedófilos, en un desorden financiero total y con un importante retroceso de su influencia de fieles por el avance de las iglesias evangélicas “televisivas” o de militancia mucho más agresiva en los barrios y zonas populares. La Iglesia dejaba de ser una alternativa para frenar y canalizar luchas y luchadores.

La elección del argentino Jorge Bergoglio, un “carismático”, buscaba recuperar esa influencia y ese espíritu militante. Al mismo tiempo, si bien en su país siempre estuvo ligado a la derecha peronista, tenía mucha experiencia de vida y en la acción de la Iglesia sobre sectores de masas.

Por eso, adoptó un discurso de apariencia progresista. Pero lo hace con muchísimas más limitaciones que el giro que emprendió Paulo VI. Eso sí, siempre postula su gestión personal para mediar en enfrentamientos agudos, como lo hizo varias veces en Venezuela, o con su papel en la preparación de la visita de Barack Obama a Cuba y su entrevista con Fidel Castro.

Luego de un período previo de procesos revolucionarios en el mundo (Ecuador, Chile, Líbano, Hong Kong, etc.), las consecuencias de la pandemia pueden estar gestando nuevos y aún más fuertes estallidos. Algunos ya se manifiestan, como la lucha de la población negra de Estados Unidos frente a los asesinatos policiales.

Este último discurso del Papa está entonces al servicio de mantenerlo como interlocutor y mediador válido. En otras palabras, como “bombero eficiente” para apagar los incendios revolucionarios. Como siempre, al servicio de defender los intereses de esa gran empresa que es la Iglesia católica [22].

Notas:

[1] https://www.cronica.com.ar/mundo/Francisco-El-coronavirus-agravo-la-brecha-entre-las-clases-sociales-20200826-0012.html

[2] https://www.europapress.es/sociedad/noticia-fondos-caridad-desviados-reformas-residencia-bertone-filtraciones-sacerdote-espanol-20151104134644.html

[3] https://www.efe.com/efe/espana/portada/inmobiliaria-iglesia-catolica-amparada-por-ley-desde-1946/10010-3752895

[4] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/09/130912_cultura_propiedades_millonarias_iglesias_papa_francisco_kv

[5] https://www.rtve.es/noticias/20180614/iglesia-catolica-espana-recibe-335-millones-euros-donativos-fieles-cada-ano/1750780.shtml

[6] https://www.dw.com/es/de-d%C3%B3nde-viene-el-dinero-de-la-iglesia-cat%C3%B3lica/a-17170708

[7] https://tvespanol.net/especiales/en-estados-unidos-de-amrica-la-fe-tiene-un-precio

[8] https://bbl.com.ar/nota_6034_piden-que-la-iglesia-cat%C3%B3lica-pague-impuestos

[9] https://www.lavoz.com.ar/politica/controversia-por-exenciones-iglesia-catolica

[10] https://chequeado.com/el-explicador/cuanta-plata-le-transfiere-el-gobierno-a-la-iglesia-para-sostener-el-culto-catolico/

 

[11] https://economia.uol.com.br/noticias/redacao/2019/12/10/igrejas-imposto-imunidade-isencao-tributaria-templos-cultos.htm

[12] https://www.dineroenimagen.com/2016-02-13/68719

[13] https://www.lanacion.com.ar/sociedad/porsche-capilla-sixtina-nid1736710/

[14] http://visnews-es.blogspot.com/2013/10/el-ior-publica-hoy-por-primera-vez-su.html

[15] https://sannicolasnews.com/el-oro-de-la-iglesia-catolica-la-mayor-reserva-del-mundo/

[16] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/05/120525_italia_escandalo_detras_banco_vaticano_jrg#:~:text=Banco%20Ambrosiano,-En%201982%2C%20diez&text=El%20Vaticano%20se%20ve%20salpicado,goza%20la%20Ciudad%20del%20Vaticano.

[17] Ídem.

[18] https://www.abc.es/economia/abci-fondos-ligados-doctrina-catolica-inversiones-como-dios-manda-201910200250_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

[19] https://www.facebook.com/notes/guerrillers-globals/lista-de-empresas-con-acciones-del-vaticano/231603913550885/

[20] https://operamundi.uol.com.br/samuel/36438/banco-do-vaticano-acionista-da-maior-industria-de-armas-do-mundo

[21] Sobre este tema, ver el libro De Pío XII a Paulo VI de Virgílio Caixeta Arraes, en: https://www12.senado.leg.br/ril/edicoes/42/165/ril_v42_n165_p77.pdf

[22] Para conocer más sobre la historia de la Iglesia católica y la elección de Jorge Bergoglio como Papa, recomendamos leer los artículos de Alicia Sagra (“La Iglesia en la Historia: siempre al servicio de los poderosos”) y de Ricardo Perrotta (“Papa Francisco I; una Iglesia militante contra la clase obrera y los pueblos”) en la revista Correo Internacional – Tercera Época No 11, Editora Lorca S.A., San Pablo, Brasil, julio de 2013.