Las recientes movilizaciones populares en Cuba han generado un debate muy polarizado en la izquierda mundial.

Por Alejandro Iturbe

Existen dos posiciones opuestas, y mucha confusión en amplios sectores de la vanguardia y los luchadores honestos.  Por un lado, un sector mayoritario considera que el país es “el último bastión del socialismo”, agredido y cercado por el bloqueo imperialista. Por ello, las movilizaciones son en esencia reaccionarias (o acaban siéndolo, objetivamente) y, por lo tanto, está justificado que el régimen las reprima. En este sector se ubican los partidos comunistas provenientes del estalinismo ortodoxo (como el argentino y el brasileño), algunas organizaciones de tradición maoísta (como el PCdoB brasileño) y otras del nacionalismo burgués o el “progresismo”, como el kirchnerismo argentino o el PT de Lula.

Por otro lado, un sector donde se ubica la LIT-CI viene sosteniendo, desde hace 20 años, que el capitalismo ya fue restaurado en la Isla y que las recientes movilizaciones son una respuesta al profundo deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores y las masas cubanas, y a la absoluta falta de democracia que soportan[1]. Por lo tanto, con todas sus contradicciones, son movilizaciones que deben ser apoyadas en el marco de la lucha contra el régimen castrista.

Hemos venido sosteniendo, desde hace tiempo, debates con este sector y, a partir del 11 de julio, estos han retomado intensidad. Sin embargo en esta oportunidad queremos debatir con quienes sostienen una posición aparentemente “intermedia”, que sin embargo termina claudicando a quienes defienden la dictadura castrista.

Algunas de posiciones intermedias se presentan especialmente en corrientes que se reivindican trotskistas, con análisis confusos y ambiguos, que llevan a políticas equivocadas frente a los hechos recientes y al proceso en su conjunto. Es el caso, por ejemplo, de la corriente internacional Fracción Trotskista (FT), cuya principal organización es el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina[2].

Para esta corriente, Cuba es un “Estado obrero burocrático degradado en proceso de restauración”. Al considerar ese proceso, “además del imperialismo y la burguesía cubana de Miami, las principales fuerzas de la restauración interna están en el propio Estado –en los altos escalones de la burocracia del Partido Comunista y en particular en la cúpula de las Fuerzas Armadas…”. En ese marco, la principal tarea es enfrentar dicho proceso de restauración y “defender las conquistas que quedan de la revolución”; una lucha que debe darse de modo simultáneo frente a ambos enemigos, ya que se trataría de peligros equivalentes.

Esta caracterización de la FT sobre el carácter social del Estado cubano está equivocada y abandona los criterios que utiliza Trotsky en su libro La Revolución Traicionada[3]. Él afirma que el carácter de clase de un Estado debe definirse por el tipo de propiedad que defiende. Su conclusión es clarísima: el predominio de las tendencias socialistas sobre las tendencias pequeñoburguesas [capitalistas] no está asegurado por el automatismo económico –aún estamos lejos de ello–, sino por el poder político de la dictadura [del proletariado]. Así es que el carácter de la economía depende completamente del poder”.

En otras palabras, las bases económico-sociales que se van construyendo [objetivas] dependen de un factor que podemos considerar “subjetivo”: la voluntad del “poder” (el Estado y el régimen político que lo controla) de impulsar y defender esas bases económico-sociales. Si deja de hacerlo, si comienza una política de quebrarlas en sus pilares fundamentales y a impulsar un funcionamiento capitalista de la economía, dejó de ser un Estado obrero y ha pasado a ser un Estado capitalista.

Sobre esta base, Trotsky concluye dando un pronóstico alternativo realmente genial: o la clase obrera derrocaba a la burocracia estalinista del poder (es decir, realizaba una revolución política) y reconstruía una superestructura estatal sana, sin contradicciones con las bases económico-sociales de ese Estado, o la burocracia acabaría restaurando el capitalismo. Eso es lo que sucedió en China con la dirección de Deng Xiaoping, a partir de 1979[4] y la ex Unión Soviética con la dirección de Mijail Gorbachov, en la segunda mitad de la década de 1980[5].

Consideramos que es lo ocurrió en Cuba en la década de 1990, y se ha profundizado desde entonces con nuevos ataques. Eso significó la pérdida o el deterioro de las conquistas que se habían conseguido con la revolución y un descenso constante del nivel de vida de los trabajadores y las masas cubanas. Por eso, para nosotros, las actuales movilizaciones son una respuesta a esa realidad que se combina con la absoluta falta de democracia que impone el régimen castrista. Al abandonar los criterios de Trotsky, la FT no comprende la actual realidad cubana.

Sobre esta cuestión del carácter de clase del Estado cubano (como en otros temas), las posiciones de esta corriente tienden a la confusión incluso en “épocas de calma”. Pero cuando la lucha de clases pone al rojo vivo la necesidad de responder con una política revolucionaria para intervenir en la realidad, terminan en un centrismo claudicante.

Un error que se multiplica

Sin embargo, no es esta la polémica central que queremos desarrollar en este artículo: hemos expuesto esos conceptos en numerosos materiales publicados en este sitio, e incluso los debatimos con representantes de la dirección cubana en el Foro Social Mundial (FSM), en 2001[6].

Los errores de la FT aumentan porque, incluso si aceptásemos la caracterización que proponen (“Estado obrero burocrático degradado en proceso de restauración”), su política estaría equivocada y, nuevamente, abandona los criterios trotskistas.

En el libro ya citado, Trotsky plantea que la tarea central para los trabajadores y las masas dentro de un Estado obrero burocrático o degenerado es la revolución política contra la burocracia. Es decir, el combate contra la burocracia estalinista era el eje principal para defender el carácter obrero del Estado soviético. Algunos años más tarde, en el Programa de Transición (en el capítulo dedicado a la Unión Soviética), luego de resumir los conceptos de La Revolución Traicionada reafirma la necesidad de que “la clase obrera aplaste a la burocracia y abra el camino hacia el socialismo”[7].

El imperialismo efectivamente existe

La FT podrá argumentar que ellos coinciden con este análisis y esta política de Trotsky pero que incorporan al análisis, la caracterización y la política otra fuerza restauracionista a la que se debe combatir: “el imperialismo y la burguesía cubana de Miami”.

Antes de entrar en este punto de modo específico, es necesario señalar una omisión gigantesca de la FT: los imperialismos europeos (en especial España) y el canadiense ya han aprovechado la Ley de Inversiones Extranjeras de la década de 1990 y han realizado grandes inversiones en Cuba, en especial en el sector de turismo internacional, en el que tienen un peso determinante, en muchos casos asociados a GAESA (el conglomerado de empresas estatales controlado por la Fuerzas Armadas cubanas). Es muy conocida y notoria la presencia de los hoteles de la cadena española Meliá. Esas inversiones fueron hechas sin cuestionar el régimen castrista sino en pleno acuerdo con él. Es decir, no existe ningún embargo ni boicot por parte de ellos.

En otras palabras, estos imperialismos son claramente una “fuerza restauracionista” (para utilizar el concepto de la FT) que ya opera activamente desde dentro de la economía de la isla en plena colaboración con el régimen castrista. Sin embargo, increíblemente, la FT no incluye esta “fuerza” en sus análisis y, peor aún, ni siquiera le dedica una consigna específica en su programa. Por ejemplo, expropiación de las empresas imperialistas europeas y canadienses. Extraña forma de combatir la restauración capitalista que la FT denuncia.

Para nosotros, en el marco de caracterizar que ya se restauró el capitalismo en Cuba, existe una disputa entre diversas burguesías imperialistas y la nueva burguesía nacional sobre el control y la participación en ese desarrollo capitalista[8]. El problema más grave de la FT es que, más allá de hacer un listado de las “fuerzas restauracionistas”, la restauración ya se ha producido y quien la llevó adelante fue el propio régimen castrista.

Ahora sí, el imperialismo estadounidense

Vayamos ahora al tema de la acción del imperialismo estadounidense y la burguesía cubana de Miami, que tanto peso toma en los análisis de la FT y en su política de combatir el proceso de restauración. En el caso de las corrientes que defienden el régimen castrista ese pasa a ser el único enemigo a combatir.

Vamos a dejar de lado las profundas contradicciones y debates que genera la política hacia Cuba y que marcaron las oscilaciones de los gobiernos Obama, Trump y Biden[9]. A los efectos del debate vamos a considerar que este imperialismo de conjunto y la burguesía de origen cubano en Miami actúan como un bloque.

Si la definición de la FT (“Estado obrero burocrático degradado en proceso de restauración”) fuese correcta, no tenemos ninguna duda de que ese bloque impulsaría la restauración capitalista en Cuba. ¿Por qué, entonces, no hace como los imperialismos europeos y canadiense: acordar con el régimen castrista y aprovechar la “mesa servida” para inversiones extranjeras que este le ofrece?

La explicación está en las características de la burguesía cubana de Miami que tiene viejas cuentas pendientes con el régimen desde que sus propiedades fueron expropiadas luego de la revolución de 1959. Para ella, no se trata de impulsar la restauración capitalista en general sino de una restauración que les devuelva sus propiedades. Relacionado con esto, exigen que, en ese proceso, también caiga el régimen castrista.

Al mismo tiempo, ese sector se ha integrado como parte de la burguesía imperialista estadounidense y ha ganado un peso electoral dominante en el Estado de Florida que, muchas veces, acaba definiendo el resultado final de las elecciones en EEUU. Con ello, tienen una gran capacidad de presión en el sistema político burgués estadounidense, especialmente sobre el Partido Republicano, aunque también sobre el Demócrata.

¿De qué hablamos cuando hablamos de bloqueo?

Seguramente, en este último punto no tenemos diferencias con la FT. Sin embargo, es necesario precisar varias cuestiones. La primera es que el imperialismo estadounidense solo puede actuar “desde afuera”, como una fuerza externa con poca capacidad de intervención “desde adentro” en los procesos económicos, sociales y políticos internos de Cuba.

Al haber dejado de lado el “camino Obama”, por lo menos por ahora, actúa esencialmente a través del mantenimiento del bloqueo/embargo vigente desde hace seis décadas y que el gobierno de Trump fortaleció. De esa forma, busca estrangular la economía cubana y generar malestar económico y político de la población cubana contra el régimen castrista.

En este marco, la segunda cuestión a precisar es que, considerando el mundo en su conjunto, se trata de un bloqueo parcial ya que, como vimos, diversos países imperialistas invierten y comercian con Cuba, y lo mismo hacen muchos otros países en el mundo. Por ejemplo, el proyecto de la Zona Especial de Desarrollo del Puerto Mariel (realizado por el régimen cubano para atraer inversiones extranjeras a las que les otorga excelentes condiciones) fue construida por la empresa brasileña Odebrecht con financiamiento del Estado brasileño a través del BNDES[10].

Por eso, cuando denunciamos el bloqueo estadounidense y llamamos a combatirlo, es necesario precisar qué es lo que estamos exigiendo y cómo puede llevarse adelante esa lucha. Es evidente que no podemos sumarnos al lamento subyacente del régimen castrista  porque no vienen las inversiones del imperialismo estadounidense a pesar de que toda la legislación les ofrece una “mesa servida”.

Hay, sí, dos medidas que afectan realmente la economía cubana y el nivel de vida de sus trabajadores. La primera son las restricciones a los viajes de los estadounidenses hacia Cuba. El turismo internacional es uno de los ejes de la economía cubana actual y su principal fuente de divisas extranjeras. Entonces, esta medida afecta las posibilidades de mayores ingresos de dólares a la isla, y su efecto negativo se acentuó con la disminución de turistas provenientes de Europa y de otros países del mundo que provocó la pandemia.

La segunda medida de alto impacto son las trabas legales a las remesas en dólares que envían los cubanos residentes en el país del Norte a sus familias en la Isla. Veamos la magnitud de esta cuestión. Se calcula que en EEUU hay actualmente casi 2.400.000 residentes nacidos en Cuba: una parte ya tiene nacionalidad estadounidense y otros recibieron permiso para residir y trabajar. La inmigración ha aumentado mucho desde 2000, año en que se estimaba un millón de residentes. Es decir, no se trata de la vieja grande y pequeña burguesía gusana sino de trabajadores que debieron salir de Cuba por las condiciones socioeconómicas del país. Son sectores mayormente jóvenes y con niveles educativos superiores a la media de otras comunidades latinas[11].

Estos nuevos inmigrantes envían todos los meses dinero a sus familias: “Western Union dijo que envía 2,4 millones de dólares diarios a Cuba y estima que transfiere anualmente de ‘900 millones de dólares a 1.500 millones’. Los ingresos [totales] en 2019 fueron de aproximadamente 5.300 millones de dólares, según difundió el Consejo Económico y Comercial EEUU-Cuba”[12]. Para tener una idea del significado de ese acumulado, recordemos que las exportaciones físicas del país fueron de 2.100 millones de dólares en 2020 y que el ingreso al Estado por los servicios de los 15.000 médicos cubanos en el exterior representa unos 800 millones. Varias de las medidas tomadas por Donald Trump dificultan, encarecen y, muchas veces, imposibilitan esos envíos de dólares hacia Cuba, disminuyendo mucho su volumen total.

Ambas medidas afectan la economía cubana y a su pueblo. Por eso, cuando hablamos de combatir el bloqueo, creemos que debemos concentrarnos en la exigencia al gobierno de EEUU de que los estadounidenses puedan viajar libremente a Cuba y que los trabajadores cubanos residentes en EEUU puedan enviar sus remesas sin restricciones, para sus familias en la Isla. Además de la campaña internacional por ello, es esencial llamar a los trabajadores y el pueblo estadounidense a que tomen esa exigencia.

Una vez señalado esto, creemos necesario hacer dos consideraciones. La primera es que si analizamos las cuestiones de fondo (la dependencia económica del turismo extranjero y, sobre todo, de las remesas enviadas por aquellos que se vieron obligados a emigrar para vivir y ayudar a sus familias) es clarísimo que son muy similares a la de otros países capitalistas semicolonizados y con su economía dolarizada, como El Salvador y el Ecuador.

Un callejón sin salida

La segunda consideración es ubicar en su justa medida el peso del bloqueo estadounidense en la actual situación económica-social y política cubana. Para nosotros, es un elemento real pero complementario de la restauración capitalista realizada por el régimen y sus efectos sobre el nivel de vida de los trabajadores y las masas cubanas y la falta de libertades democráticas que sufren, las que generaron las recientes movilizaciones.

Pero incluso en el marco de la caracterización que defiende, el análisis de la FT y su política frente a ellas están equivocados. Porque tal como señala Trotsky, frente a un Estado obrero burocratizado (más aún si ya hay en curso un proceso de restauración impulsado por el régimen) la tarea central es la lucha contra la burocracia, en la perspectiva de una revolución política que expulse a esa burocracia del poder. La propia FT expresa que la principal fuerza restauracionista interna es el propio régimen castrista, al que hay que combatir como el enemigo central en el país.

En realidad, es un error hablar de “fuerza restauracionista” porque no es proceso en curso, como dice la FT: ahora deberíamos definir al régimen castrista como una “fuerza capitalista” interna responsable de los planes de austeridad y del avance cada vez mayor del proceso de colonización.

Sin embargo, al poner un signo equivalente en su acción y efecto entre ambas “fuerzas restauracionistas” (la externa y la interna), la FT se mete en un callejón sin salida en su caracterización sobre las recientes movilizaciones. Nos dice que “las movilizaciones tuvieron un carácter contradictorio”: por un lado, “se originaron en los barrios obreros y populares que padecen las carencias más acuciantes y están agotando su ingenio para la supervivencia” (al mismo tiempo que los sectores medios y altos de la burocracia viven mucho mejor). Es decir, tenían causas más que justas para movilizarse. Por otro lado, y al mismo tiempo, “No hay dudas de que fueron utilizadas por medios y redes sociales financiados por Estados Unidos.

¿Realmente la FT cree que se puede poner un signo igual entre las necesidades acuciantes de los trabajadores y las masas (que los llevaron a desafiar una dura represión) y la influencia mediática del imperialismo? Esto nos muestra una alarmante falta de sensibilidad de la FT frente a esas necesidades.

Al mismo tiempo, lo más importante es que, a partir del abandono de lo expresado por Trotsky, no entiende los estadios que pueden darse en un proceso de revolución política que dicen defender e impulsar. Porque en sus primeras manifestaciones, es inevitable que haya confusión política en los trabajadores y las masas. El factor básico de esa confusión no es la influencia mediática del imperialismo sino el hecho de que el régimen burocrático presenta la dura realidad cubana actual (las acuciantes carencias, el hecho de que para muchos trabajadores la única salida es emigrar a EEUU, la falta de libertades, el nivel de vida de los burócratas…) como “socialismo”.

Por eso, inevitablemente, en esas primeras manifestaciones de una revolución política habrá confusión y “contradicciones”, y la propaganda hipócrita y repugnante del imperialismo puede encontrar base. Pero un trotskista no puede confundirse en esta situación que caracteriza la FT. En medio de esa confusión inicial y de esas “contradicciones” de las masas, debe comprender la esencia del proceso y, como indicaba Trotsky, defender e impulsar la revolución política como la tarea principal que le proponemos a los trabajadores y las masas cubanas.

Pero la FT se metió en un callejón sin salida: ¿cómo ubicarse frente a movilizaciones que son justas y combaten a uno de los enemigos (el régimen castrista) pero, al mismo tiempo, son reaccionarias y sirven al otro enemigo (el imperialismo estadounidense y la burguesía gusana de Miami)? Ante ello, la FT adopta una posición abstencionista. Hemos leído y releído los artículos recientes sobre Cuba y no encontramos una sola orientación concreta de qué debería hacer un militante de la FT ante estas movilizaciones (o qué le proponen a los luchadores independientes). ¿Deberían impulsarlas y participar de ellas, y en ese marco disputar su programa o, por el contrario, combatirlas y llamar a no participar?

Una política trotskista frente a Cuba (en el marco de la caracterización que maneja la FT) debe partir del apoyo claro a las movilizaciones y de la perspectiva estratégica de “aplastar a la burocracia”. En lugar de eso, y para eludir esta definición, la FT nos presenta una propuesta ultra propagandista:es preciso levantar un programa que parta de la lucha contra el bloqueo y de las demandas más sentidas y urgentes de las amplias masas…”. 

Como hemos dicho, es un abandono de la política levantada de Trotsky y esa posición abstencionista de la FT (y sus omisiones) frente a las movilizaciones reales que se han dado, acaba siendo una política que favorece al régimen castrista.

Pero hay algo peor, que ya se ubica en el terreno de los principios: la FT no solo no apoya las movilizaciones, sino que casi no denuncia la represión presente del régimen castrista. De modo especial, no está impulsando (o sumándose) a una campaña internacional por la libertad de los muchos presos que fueron detenidos por la represión del régimen, en la movilización y luego de ella. Por ejemplo, no lo hace en Argentina, donde tiene su principal fuerza (el PTS) y sus legisladores no han impulsado pronunciamiento en los diferentes ámbitos legislativos en que participan. En plena campaña electoral en el país, con espacio en los medios, sus candidatos ni siquiera nombran el tema. Es necesario que cambien esta actitud.

Notas:

[1] Sobre este tema, recomendamos leer, entre otros artículos publicados en este sitio: https://litci.org/es/debate-de-la-lit-ci-con-los-dirigentes-cubanos-2001/ y la declaración de la LIT-CI en https://litci.org/es/66419-2/

[2] Ver: https://www.laizquierdadiario.com/Cuba-causas-y-consecuencias-del-11-de-julio, y otros artículos sobre Cuba publicados en esa página.

[3] Sobre este libro, en especial su capítulo IX (“¿Qué es la URSS?”), tomamos la versión de https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/La%20revolucion%20traicionada.pdf

[4] Ver, entre otros artículos publicados en este sitio, “Centenario del Partido Comunista Chino: de la revolución a la dictadura capitalista” en https://litci.org/es/66396-2/

[5] Ver, entre otros artículos publicados en este sitio:  https://litci.org/es/el-veredicto-de-la-historia/

[6] Ver artículo de nota 1.

[7] Tomado de https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1938/prog-trans.htm

[8] Sobre este tema ver el artículo “Cuba – El bloqueo y la restauración capitalista. Un debate” en https://litci.org/es/66613-2/

[9] Sobre este tema, recomendamos leer los artículos: https://litci.org/es/sobre-la-visita-de-obama-a-cuba/ y El significado del “día cero” en https://litci.org/es/64409-2/

[10] Sobre este tema ver: http://www.zedmariel.com/es y https://diariodecuba.com/internacional/1577055460_7967.html?__cf_chl_jschl_tk__=pmd_153f8059117aac8ccff6190cce734ab9c6eedf25-1628532318-0-gqNtZGzNAfijcnBszQjO

[11] https://www.radiotelevisionmarti.com/a/lo-que-se-sabe-de-la-poblaci%C3%B3n-cubana-en-estados-unidos/247886.html

[12] https://www.reuters.com/article/cuba-eeuu-remesas-idESKBN2832PF