Cuba fue sacudida este domingo por una ola de protestas populares. En las calles en La Habana y otras veinte ciudades se expresó el hartazgo social. El hambre, el desempleo, el desabastecimiento, la incapacidad del sistema de salud para controlar la pandemia y, por si fuera poco, la repulsión hacia la dictadura de una oligarquía concentrada en la alta cúpula del Partido Comunista de Cuba –PCC, el único permitido en el país– y de las fuerzas armadas, es lo que está en la base de las manifestaciones.

El presidente cubano y máximo líder del PCC, Miguel Díaz-Canel, condenó las protestas utilizando la típica maniobra de señalar como actos desestabilizadores orquestados y financiados por EEUU y otros agentes contrarrevolucionarios a cualquier protesta legítima del pueblo: “No vamos a admitir que ningún contrarrevolucionario, ningún mercenario, ningún vendido al gobierno de EEUU, vendido al imperio, recibiendo dinero de las agencias, dejándose llevar por todas estrategias de subversión ideológica van a crear desestabilización en nuestro país”. Aseguró que en su gobierno estaban “dispuestos a todo y estaremos en la calle combatiendo”, convocando a sus seguidores más fieles a “enfrentar” a los descontentos con el orden establecido. El sucesor de los Castro, finalmente, sentenció: “la orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios”.

La jornada se saldó con centenares de presos y otros tantos heridos. Es difícil saber en qué medida continúan las protestas, principalmente debido a la censura y las restricciones al uso de internet que impone la dictadura cubana. Por otro lado, tampoco son fidedignas muchas noticias manejadas por los gusanos de Miami.

No podemos aún afirmar con claridad cual será la dinámica del proceso. Pero es innegable que estamos ante una situación nueva. En todo caso, lo sucedido a partir del 11 de julio guarda relación con otros brotes de lucha importantes, aunque más pequeñas y localizadas, que ya venían ocurriendo, como las movilizaciones de artistas e intelectuales del 27 de noviembre de 2020 y los intentos de organizar de manera independiente del gobierno cubano la marcha del orgullo LGBTI+.

Para encontrar un hecho similar a los del 11 de julio, es necesario remontarse a 1994, cuando ocurrió el maleconazo en la Habana, en pleno Periodo Especial. Pero esa manifestación, si bien fue significativa, se limitó a pocos cientos de personas y a la capital. La presencia de Fidel Castro y la eficiente represión de un “grupo de respuesta rápida” fue suficiente para dispersar la protesta, incluso antes de que muchas provincias del interior supieran su existencia. Ahora parece ser diferente. Las protestas ocurrieron de un extremo a otro de la isla. Por otro lado, las redes sociales hacen mucho más difícil para el régimen la tarea de ocultar lo que sucede en el país.

Las noticias de las protestas en la isla suscitaron inmediatamente una polémica sobre si apoyar o no las movilizaciones y el carácter de las mismas, a la par que se retomaron viejos debates sobre el carácter del Estado cubano y su régimen.

¿Por qué se moviliza el pueblo cubano?

A pesar de los conocidos problemas para obtener datos fiables en Cuba, parece cierto que la pandemia estuvo bajo relativo control en 2020. Pero este año, la crisis sanitaria empeoró. Existen testimonios de hospitales colapsados y de personas que mueren en sus casas, sin atención básica. Como en todo el mundo capitalista, la crisis sanitaria exacerbó las penurias preexistentes.

En medio de ese ambiente tenso, el domingo detonaron las protestas en la ciudad de San Antonio de los Baños, en el suroeste de La Habana, para luego extenderse como reguero de pólvora por todo el país caribeño. Además de la crisis sanitaria, las privaciones y los constantes cortes de electricidad estuvieron en el centro de las demandas populares. En Artemisa, provincia en el oeste de la isla, una mujer participaba de una protesta gritando: “¡El pueblo se muere de hambre…nuestros hijos se están muriendo de hambre!”.

Díaz-Canel se trasladó a San Antonio de los Baños para intentar calmar los ánimos. La magnitud del proceso hizo que admitiera que entre los descontentos había “personas con insatisfacciones legítimas por la situación que están viviendo, y también revolucionarios confundidos…”. Renglón seguido, dijo que los “confundidos” no serían más que elementos manipulados por “oportunistas, contrarrevolucionarios y mercenarios pagados por el gobierno de EE. UU. para armar este tipo de manifestaciones”.

La respuesta del régimen no se limitó a la campaña de desprestigio. La represión física también fue muy dura. A la acción de la policía y de turbas ligadas al aparato oficialista que dispersaban y arrestaban a los manifestantes se sumó, después, el despliegue del grupo élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR), conocidos como “las boinas negras”, que comenzó a golpear y arrojar gases lacrimógenos a la multitud. Esto ocurrió a la par de un corte de internet y electricidad en los barrios más combativos. Mientras esto sucedía, Díaz-Canel elevaba el tono: “Estamos dispuestos a dar la vida. Tienen que pasar encima de nuestros cadáveres si quieren enfrentar a la revolución. Estamos dispuestos a todo”.

Pero lo cierto es que la movilización y la bronca creciente entre el pueblo cubano responde a cuestiones que la dictadura capitalista gobernante y sus apoyadores quieren esconder: la restauración ha borrado del mapa las conquistas de la revolución y profundizado en Cuba los mismos males que conocemos en otras naciones latinoamericanas: hambre, miseria, desabastecimiento, desempleo, crisis sanitaria, aumento de las desigualdades, a lo que se suma un proceso de descomposición social.

Por esto desde la LIT-CI no solo apoyamos el actual proceso de protestas del pueblo cubano, sino que al igual que en el resto de los procesos que se vienen dando en Latinoamérica y otros lugares del mundo, llamamos a profundizar la movilización, la organización independiente de los trabajadores y del pueblo pobre, hasta derrotar los planes de ajuste capitalista y a los gobiernos que los aplican.

Bloqueo económico y restauración capitalista

Cuba posee una carga simbólica para cualquier partido o militante de izquierda en el mundo. Esto hace que cualquier acontecimiento o debate sobre Cuba encienda las pasiones.

No es para menos. Fue la primera revolución socialista triunfante en las Américas. La eliminación de la propiedad burguesa a partir de 1961; la socialización de los principales medios de producción, puestos al servicio de una economía planificada; y el control estatal del comercio exterior posibilitaron grandes conquistas en el terreno material y cultural en la isla. Lamentablemente todo eso es parte de un pasado del cual la restauración capitalista completada por el propio castrismo ha borrado todo rastro.  

El bloqueo económico contra Cuba ha sido y es un crimen imperialista que debe ser derrotado. Para ello, es necesaria una movilización conjunta, en primer término, de los pueblos de Cuba y EEUU. Pero la lucha contra las agresiones imperialistas contra Cuba o cualquier otra nación más débil, no puede confundirnos y significar apoyo político a sus gobiernos y regímenes.

El intento de confundir a la vanguardia luchadora señalando que la culpa de los males en Cuba es exclusiva del bloqueo económico esconde el problema de fondo: ¿qué relaciones de propriedad defiende y conserva el Estado cubano?

Lo que provoca los reclamos que están en la base de la movilización popular es el resultado de las medidas de restauración del capitalismo desde el Estado cubano. Esos reclamos no son diferentes a los que detonaron otros procesos en Latinoamérica y el mundo. El combate efectivo a la pandemia, salud, empleo, energía eléctrica y servicios básicos de calidad, etc., son las mismas reivindicaciones que recorren Chile, Colombia, Paraguay, Brasil…

Por razones políticas y de consumo interno electoral, políticos republicanos y demócratas en EEUU mantienen el lobby a favor del bloqueo. La pugna que la burguesía cubana en Miami traba con el régimen cubano, para hacerse cargo de la restauración capitalista llevada a cabo por el Estado, no nos puede confundir.

¿Qué dice, por ejemplo, la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba sobre el bloqueo? Esa  “asociación” representa a más de 200 firmas radicadas en el país caribeño, principalmente en los sectores del turismo, alimentación y en determinados servicios de la industria, entre ellas gigantes hoteleros como Meliá Hotels International e Iberostar.

Las empresas mineras canadienses, con justicia odiadas por todos los ecologistas y las comunidades en Latinoamérica, también tienen negocios con el gobierno cubano. La empresa minera Sherrit international es la encargada de explotar el níquel en Cuba, en sociedad con el gobierno cubano. El intercambio comercial entre Cuba y Canadá ha superado los 1.000 millones de dólares anuales en más de una oportunidad y las empresas canadienses han invertido en sectores claves para la economía de país, como la producción de níquel, la generación de energía eléctrica y la prospección petrolera.

Existen también empresas italianas que invierten en los sectores agrícola, agroindustrial y turístico. Hay cerca de 60 empresas francesas que invierten en el sector agroalimentario, turismo, navegación, construcción, energía, equipamiento industrial y transporte.

Las empresas de Emiratos Árabes Unidos, por otra parte, están interesadas en invertir en biotecnología. Las empresas rusas invierten en comunicaciones informáticas, transporte y energía. Las empresas brasileñas, en cigarrillos.

Pero lo más importante es señalar que el “corazón” del nuevo capitalismo cubano es el Grupo de Administración Empresarial SA (Gaesa), que es el conglomerado económico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Ellos controlan el Grupo de Turismo Gaviota (hoteles, agencias de viajes, alquiler de autos), el grupo Tecnotex y Tecnoimport (importaciones y exportaciones), las TRD Caribe (supermercados minoristas), la Unión de Construcciones Militares y la Inmobiliaria Almest, además gerencia la Zona de Desarrollo Integral Mariel y los Almacenes Universales (servicios portuarios, aduaneros y transporte).

Es decir, la jerarquía del ejército cubano está asociada de múltiples formas a los capitalistas españoles, canadienses, franceses, italianos, brasileños, etc. Aunque es difícil determinar esto con precisión, el grupo económico de las Fuerzas Armadas podría controlar entre el 30% y el 40% de la economía cubana, y el 90% del mercado minorista que opera en dólares en la isla.

La transformación de los generales en gerentes “eficientes” fue obra principalmente de Raúl Castro. Y esto impone al capitalismo cubano un carácter militar, autoritario, basado en la conexión entre Estado y ejército.

Este es el sentido más profundo de la pugna con los “gusanos” que operan en Miami. Mientras la burguesía local y el imperialismo europeo detenta en sus manos las inversiones y propriedades, la burguesía cubana fuera de la isla va quedándose rezagada.

Los únicos que sufren con la falta de medicinas y artículos básicos, producto del bloqueo, son los de abajo. Exigimos el fin del bloqueo. Pero no nos engañemos, el bloqueo estadounidense a Cuba forma parte de una pugna política en el contexto de la restauración capitalista. Nosotros estamos en contra del bloqueo a Cuba, por su efecto sobre las familias cubanas. No obstante, queremos ser categóricos: el fin del bloqueo no cambiaría las justas reivindicaciones ni detendría las manifestaciones del pueblo cubano en contra de los efectos del capitalismo dirigido por el PCC. En síntesis, en nuestra opinión, una dictadura que ejecutó la restauración no puede ser otra cosa que una dictadura capitalista, tal como es la de China, un régimen dictatorial al servicio del capital. 

La solidaridad debe ser con el pueblo cubano

Esto significa que hay que denunciar y combatir cualquier injerencia imperialista o de las facciones de antiguos capitalistas cubanos que ahora actúan desde el exilio. El pueblo cubano no debe confiar en ningún discurso ni promesa de Biden o cualquier otro representante imperialista. No existe mayor hipocresía que la del imperialismo cuando habla de “paz” o “libertad”.

Por las condiciones políticas impuestas en los últimos 62 años, la lucha tiene su punto de partida en la caída de la dictadura capitalista cubana y, de modo ininterrumpido, debe plantear un programa transicional hacia una nueva revolución socialista que recupere las conquistas de 1959, ahora sobre la base de un régimen de democracia obrera, que combata las falsas teorías de “socialismo en un solo país” y se ubique como parte de la lucha por la extensión de la revolución al conjunto del planeta.

La solidaridad debe ser con el pueblo cubano, no con la dictadura castrista. La perspectiva debe ser la de una nueva revolución socialista, no la defensa de burócratas y militares, devenidos en nueva burguesía hace mucho tiempo. Y no habrá nueva revolución en Cuba sin derrotar la dictadura de quienes restauraron el capitalismo. Esta es la clave de un programa y de una política revolucionaria para la crisis en Cuba.

Libertad inmediata a los presos políticos

Eso es lo pensamos y defendemos. Sin embargo, más allá de las profundas diferencias que tenemos, les planteamos a todos los que luchan por la democracia obrera y contra la restauración capitalista en Cuba y la injerencia imperialista, que tienen la obligación de poner en marcha una inmediata campaña por la libertad de los presos políticos. La solidaridad hacia los luchadores forma parte de la tradición del movimiento obrero internacional. Proponemos llevar adelante juntos una fuerte campaña. Muchos presos, además, son conocidos militantes de la izquierda cubana y combatientes antimperialistas, algunos con varios artículos publicados.

AFP

Exigimos la inmediata libertad de todos los luchadores, y en particular del historiador Frank García, de Leonardo Romero Negrín, estudiante de Física de la Universidad de La Habana, Maykel González Vivero, director de la revista Tremenda Nota; de Marcos Antonio Pérez Fernández, menor de edad, estudiante, y demás presos políticos.

¡Viva la lucha del pueblo cubano!

¡Basta de dictadura capitalista!

¡Libertad a los presos políticos!

¡Contra toda injerencia imperialista!

¡Abajo el bloqueo!

Secretariado Internacional de la LIT-CI

Julio 2021