Mahdi Amel nació en el Líbano en 1936, donde concluyó la enseñanza secundaria. Después se mudó a Francia, donde obtuvo el bachillerato y el doctorado en Filosofía. Trabajó por un período corto en Argelia tras la victoria de la revolución contra el colonialismo francés, y conoció de cerca la revolución de ese país. Más tarde, volvió al Líbano como profesor en tiempo integral en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Libanesa. Mahdi Amel ingresó al Partido Comunista Libanés en 1960 y fue electo al Comité Central del partido en 1987, el mismo año en que fue asesinado en Beirut.

Por: Victorios Bayan Shams

Mahdi escribió varios libros:

  • Premisas teóricas para el estudio de los efectos del pensamiento socialista en el Movimiento de Liberación Nacional. Esa obra tiene tres secciones: “Sobre la contradicción”, “Sobre el modo de producción colonial”, “Sobre el progreso en la historia”.
  • Teoría en la práctica política: Una pesquisa sobre las causas de la guerra civil en el Líbano.
  • ¿Crisis de la civilización árabe o de la burguesía árabe?
  • Introducción a la crítica del pensamiento confesional: la cuestión palestina en la ideología de la burguesía libanesa.
  • Marx en Orientalismo de Edward Said: ¿La inteligencia es del de Occidente y el corazón de Oriente?
  • La naturaleza científica de la escuela de pensamiento de Ibn Khaldun.
  • Sobre el Estado confesional.
  • Crítica del pensamiento cotidiano.
  • Cuestiones de la enseñanza y política educacional.

Tiene algunas contribuciones poéticas en dos libros, además de una gran selección de artículos y entrevistas.

Fue apodado el “Gramsci Árabe”, pues su importancia y singularidad residen en el hecho de ser uno de los pocos pensadores árabes que elaboraron a partir de la teoría marxista para extraer de ella las leyes a la luz de las cuales él fue capaz de comprender la realidad árabe, elaborar una crítica y explicar sus complejidades y particularidades históricas.

Las cuestiones más importantes que ocuparon a Mahdi Amel, y que hasta entonces eran el foco del conflicto de la vida política en el mundo árabe, son:

  • La crisis de dirección en el movimiento de liberación nacional en el mundo árabe;
  • El dominio del modo de producción colonial en las relaciones de producción y en las estructuras políticas, sociales y económicas del mundo árabe;
  • La cuestión del confesionalismo al cual los pueblos del mundo árabe aún están sometidos, y que es considerada una puerta de entrada complementaria a otras cuestiones que tienen un impacto negativo, para mantener a las sociedades árabes rehenes del control de las clases cuyos intereses están ligados a los intereses del colonialismo.

Lo que sigue es una breve presentación de su visión sobre esas cuestiones.

La crisis de dirección del movimiento de liberación nacional en el mundo árabe

La crisis de dirección en el “movimiento de liberación nacional en el mundo árabe” surgió con la formación de la entidad sionista (se trata del Estado de Israel, ndt.] desde los años treinta del siglo pasado. La cuestión de la liberación de Palestina fue una de las cuestiones centrales con las que las sociedades árabes tuvieron que lidiar debido a las repercusiones negativas que provocaba en todo su entorno, y porque la liberación de Palestina es considerada tema de consenso popular general árabe pasando la impresión de cruzar la división de clases.

En una primera fase, los ejércitos populares que trabajaron para liberar a Palestina fueron formados de acuerdo con las visiones nacionalistas panárabes y por veces religiosas. En ambos casos, la burguesía “nacional” lideraba el conflicto contra la entidad sionista, y esta es una de las razones para el fracaso permanente. Mahdi Amel considera que la ideología de la burguesía tiene dos fases principales, la nacionalista y la religiosa, que expresa una burguesía más reaccionaria.

Pero el principal evento que atrajo la atención de Mahdi Amel, bajo el cual vivió y actuó, fue la invasión “israelí” a Beirut, la primera capital árabe a ser tomada por el ejército de ocupación sionista, que resultó en la formación de una importante alianza nacional: el “Frente Nacional de Resistencia Libanesa”, una alianza nacional que incluía las fuerzas democráticas (por fuerzas democráticas el autor se refiere a las fuerzas políticas de izquierda y marxistas, ndt.), juntamente con las fuerzas pequeñoburguesas (el autor se refiere a las fuerzas políticas nacionalistas panárabes y panarabistas, ndt.), que asumieron la dirección de la lucha contra el enemigo sionista en varias etapas. Es una alianza justificada en su origen por diversos motivos. El más importante de ellos es el enraizamiento de esas fuerzas pequeñoburguesas y el dominio de su cultura sobre la sociedad, más allá del tamaño y de la capacidad limitada de las fuerzas marxistas hasta entonces.

No obstante, esas justificativas cesaron en el estadio siguiente (el autor se refiere a la resistencia contra la invasión israelí en Beirut, en setiembre de 1982, ahora bajo hegemonía de las fuerzas de izquierda, ndt.), ya que los comunistas pudieron imponer su dominio particularmente en los frentes contra el enemigo y efectivizar su influencia en las estructuras sociales en las cuales operaban. El avance de los comunistas no fue suficiente para que la burguesía desistiese de disputar la dirección pues, con su conciencia de clase, la burguesía sabía que las victorias de los marxistas en los frentes de combate impactarían su hegemonía interna, afectando sus intereses, neutralizándolos.

Fue eso que llevó a la burguesía a diluir el conflicto con el enemigo. De modo que las fuerzas democráticas nacionales no pudiesen vencer y determinar unilateralmente la forma y el contenido del fin del conflicto.

En una fase posterior, la burguesía libanesa se alió a otros regímenes árabes para atacar el movimiento de liberación nacional, del cual el Líbano fue una de las arenas y modelos más importantes, como un preludio para acabar con el movimiento de liberación nacional y librarse de las fuerzas de la revolución palestina.

“El consenso casi absoluto de los árabes (Mahdi Amel se refiere a los regímenes árabes, ndt.) en librarse del movimiento nacional libanés y de la revolución palestina, por sí solo indica que esos “árabes unidos” ven la crisis libanesa como un aspecto de su crisis, y una solución árabe es una necesidad para intentar eliminar el fantasma del modelo revolucionario del movimiento nacional árabe en su cuna” (Amel, Mahdi. Teoría en la práctica política: Una pesquisa sobre las causas de la guerra civil en el Líbano, p. 30).

Es así que los ejércitos árabes, liderados por el ejército sirio, fueron enviados desde mediados de los años sesenta para realizar la tarea de liquidar el movimiento nacional, para librarse de sus “males”, cuyas llamas podían extenderse hasta ellos.

Así, los líderes burgueses se volvieron contra el consenso popular general, porque percibieron que continuar la lucha contra el enemigo sionista estaba en contradicción con su capacidad de continuar dominando la sociedad.

Sin embargo, para salir de esa situación difícil, la burguesía idealizó sus soluciones. Después de debilitar el movimiento nacional a punto de que este no podía más influenciar el curso del conflicto, las fuerzas islámicas fueron forzadas contra el movimiento nacional. Se trataba de formaciones burguesas con patrocinio árabe y regional para dominar el frente contra el enemigo. Así, la burguesía fue capaz de asegurar la absorción del resentimiento de las calles árabes por un lado, y la preservación de su hegemonía, por otro.

El predominio del modo de producción colonial en las estructuras sociales árabes

Con el inicio de los procesos de independencia nacional en el mundo árabe, en la segunda mitad de la década del cuarenta del siglo pasado, comenzaron a formarse regímenes árabes cuyos intereses el colonialismo trató de vincular a sus intereses después de garantizar a las clases burguesas dominantes sus posiciones en el poder. Los líderes de esos regímenes eran de la burguesía emergente en un estadio histórico distorsionado y complejo en que los propietarios de tierras burgueses (no la vieja clase feudal) se ubicaron en una posición de clase asociada al colonialismo, es decir, los propios latifundistas participaron de una transición que violaba la lógica de la historia, que presupone la llegada de la clase burguesa al poder por medio de una revolución que elimina el viejo modo de producción para adoptar uno nuevo.

El papel primordial atribuido a esta clase era el de mantener un estado de parálisis política, una de sus primeras condiciones para facilitar la manutención de las sociedades árabes en estado de atraso, la manutención de la economía rentista improductiva a costas de la liquidación de sectores como la agricultura y la industria, lo que llevará a la clase trabajadora árabe a la acción tras las independencias nacionales. La lucha contra esos regímenes no fue resuelta debido a la ausencia de las fuerzas democráticas nacionales (el autor se refiere a las fuerzas de izquierda, ndt.) que demoraron en aparecer en la arena política por complejas razones originalmente relacionadas a la distorsión provocada por una transición de las estructuras sociales que se libran del colonialismo asociándose a una nueva forma de colonialismo.

Mahdi Amel consideró que los estadios por los cuales la historia pasó –“comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo y capitalismo”– no pueden ser aplicados en las estructuras sociales árabes sin investigación y escrutinio. Luego de la independencia nacional, un nuevo y distinto modo de producción, el modo de producción colonial, dominó el desarrollo de las estructuras sociales árabes debido a su vínculo orgánico con el modo de producción capitalista.

Sobre esa cuestión, Mahdi Amel escribió en Introducción a la crítica del pensamiento confesional, una de sus obras más importantes, sobre las ideas de uno de los más destacados teóricos de la burguesía en su país, Michel Chiha, uno de los redactores de la constitución del Líbano (1926). Chiha, en sus escritos, teorizó que el país no precisa impulsar los sectores reales de la producción, como la agricultura y la industria. Esta idea está presente en la actuación de las fuerzas de la burguesía sectaria en el Líbano hasta hoy. La economía del Líbano dependía principalmente del sector de servicios antes de la guerra civil (1975-1990). Al final de la guerra, la burguesía retornó al mismo modelo y reactivó el sector de servicios.

Mahdi considera que el proceso de liberación nacional en la estructura social colonial y el proceso de transición para el socialismo ocurren en una larga y compleja lucha de clases debido a la complejidad de esta estructura:

“El proceso de liberación nacional y el proceso de transición al socialismo es un único proceso histórico, sujeto a una única lógica histórica y a un único mecanismo de lucha de clases. Este proceso histórico único tiene sus etapas que difieren de acuerdo con las condiciones históricas para el desarrollo de la lucha de clases en cada estructura social colonial particular. La absoluta simetría estructural entre los dos procesos históricos, que en verdad son un solo proceso, se debe al hecho de que ese proceso es un proceso de transformación de la estructura de las relaciones de producción existentes, y que la transformación de esa estructura es revolucionaria. Su destrucción se da a través de una lucha de clases distinta que determina su mecanismo, y esa destrucción es ella misma el camino de transición hacia el socialismo, es decir, la solución para la contradicción nacional en la estructura de las relaciones coloniales de producción determinadas por la relación colonial es necesariamente una solución socialista determinada por la lógica de la propia lucha de clases en la estructura social colonial. La lucha nacional solo puede ser, en esta estructura, una lucha de clases, aunque no aparezca de esa manera, y la lucha de clases en ella solo puede ser una lucha nacional, aunque no aparezca de esa manera” (“Premisas teóricas para el estudio del pensamiento socialista en el Movimiento de Liberación Nacional”, en “Sobre el modo de producción colonial”, p. 380).

Eso significa que librarse de la dominación del colonialismo y del imperialismo y, consecuentemente, librarse de las herramientas que de ella dependen para controlar la sociedad, es un aspecto esencial de la lucha de clases, que llevará necesariamente a la transición de la sociedad hacia el socialismo.

En su intento de simplificar el proceso de comprensión de la complejidad de la transición de una fase a la otra en las estructuras sociales del colonialismo, Mahdi Amel se basó en la teoría del materialismo histórico para simplificar las cinco fases del Estado según Ibn Khaldun: La fase de la victoria, la fase del despotismo, la fase del vacío y la mansedumbre, la fase del contento y la paz, la fase de la extravagancia y el desperdicio que lleva al Estado a decaer y entrar en colapso.

En “Sobre el progreso en la historia”, la tercera parte de su importante libro de referencia, Mahdi Amel resumió estas fases en tres tiempos: el tiempo de la formación, el tiempo de la renovación, el tiempo de la ruptura o transformación.

Además, facilitó para los revolucionarios árabes la comprensión de la compleja naturaleza del movimiento en que una fracción de clase burguesa (religiosa, militar, liberal, u otra) es sustituida en el poder por otra de la misma clase dominante. Todo eso se procesa en las entrañas del “tiempo de renovación” que Mahdi consideró el tiempo de la imposibilidad del dominio de la burguesía colonial que pone sobre los hombros de las fuerzas revolucionarias en estas sociedades la tarea de llevar ese proceso a sus fines naturales, o sea, al tiempo de su transformación.

La cuestión confesional

Mahdi Amel formuló su visión sobre la cuestión confesional a la luz de la guerra civil libanesa (19750-1990) que aparentaba ser una guerra confesional deflagrada por la burguesía, después que sus apuros alcanzaron el clímax, en el intento de mantener su régimen.

Una secta religiosa tiene varias expresiones burguesas, la mayoría de las cuales son reunidas como una entidad religiosa, con su propia cultura y costumbres, y como una unidad social autónoma que se desarrolla a la largo de la historia, como en estas dos definiciones inspiradas en el pensamiento del teórico más preeminente de la burguesía libanesa, Michel Chiha:

“La secta religiosa es un conglomerado humano que fue compilado históricamente y tiene particularidades dentro de la estructura confesional libanesa”.

En una segunda definición:

“La secta es una identidad social multidimensional muy clara, profundamente enraizada en la historia: juntos, constituyen un todo dinámico altamente complejo”.

Existen muchas expresiones burguesas que giran alrededor del mismo significado, mientras para Mahdi Amel y desde el punto de vista de clase, la secta religiosa es:

“Una relación política específica históricamente definida a partir del movimiento de la lucha de clases en las condiciones de la estructura social colonial” (Amel, Mahdi, Introducción a la crítica del pensamiento confesional, p. 20), porque el confesionalismo, de acuerdo con su definición, es “el sistema que garantiza a la burguesía colonial su control de clase en ciertas condiciones históricas” (“Sobre el Estado confesional”).

Mahdi Amel considera que el confesionalismo no existe, excepto en el Estado, y no en cualquier Estado, sino sí en aquellos que no garantizan las condiciones de mantenimiento del poder financiero de la oligarquía, excepto de esta forma. Para eso, presenta varios ejemplos de Estados “democráticos” como los Estados Unidos, Francia, etc., que tienen sectas religiosas, dos veces más que el Líbano, pero en la realidad no tratan a las sectas religiosas como unidades sociales que constituyen su estructura política, y las sectas religiosas no son consideradas la unidad primordial social en la relación del individuo con el Estado, como es el caso del Líbano. El individuo, según el modelo libanés, no existe, a no ser por su posición en su secta, que es considerada su puerta de entrada al Estado.

La burguesía libanesa construyó su sistema de poder de esta forma, la cual denomina “democracia consensual”, porque es fácil disfrazar las divisiones de clase en la sociedad con divisiones verticales, dividiendo a la clase trabajadora en sectas religiosas fáciles de controlar, o de capturarla por ese medio.

Conclusión

Mahdi Amel trabajó para explicar la complejidad de la estructura política, social y económica libanesa, a la luz de la notable ascensión de las fuerzas de izquierda cuando estaban en el auge de su ascenso en las décadas de setenta y ochenta del siglo pasado, y se constituyeron en la principal fuerza de la resistencia a “Israel” y en la resistencia a la hegemonía de la junta confesional ligada al colonialismo.

Por eso, consideró que el cambio revolucionario era inevitable, sobre todo porque la clase obrera puede entonces unirse y emerger por medio de sus partidos y fuerzas marxistas, y constituirse por medio de sus alianzas, internamente con las fuerzas nacionales, y principalmente con la resistencia árabe y con la resistencia palestina, en una amenaza real a la dominación de la burguesía, que podría haber sido liquidada si no fuese por la intervención de las fuerzas de los regímenes burgueses semejantes al régimen libanés, como los regímenes sirio, saudita e iraní, además de “Israel” y de las potencias de Occidente, para detener el ascenso de las fuerzas de liberación nacional e interrumpir su expansión, lo que habría amenazado los intereses burgueses y ciertamente liquidaría su dominio.

Algunas observaciones finales. La definición de Mahdi de confesionalismo, como un sistema que asegura la perpetuación del control de la burguesía colonial, se aplica a otras formas de dominación de la burguesía en otras estructuras sociales árabes, en las cuales el tribalismo, el clanismo, el regionalismo y otras relaciones (en el sentido Khalduniano) son dominantes de acuerdo con la naturaleza de cada una de esas estructuras.

¿Mahdi Amel exageraba en su optimismo? ¿Qué hechos después de su martirio problematizan lo que él pensaba? ¿Tal vez el asesinato de Mahdi Amel y de otros pensadores marxistas a manos de las fuerzas confesionales ocultas, con apoyo regional e internacional, haya sido exactamente para este propósito, es decir, impedir que la historia alcance su lógica propia en la transición hacia el socialismo, que Mahdi y sus compañeros vieron al doblar la esquina, a la luz de las conquistas que habían sido alcanzadas hasta el momento de su eliminación física? ¿Es posible volver a apostar en la opción de cambio democrático?

Lo que está ocurriendo hoy en Siria y en los países de la “Primavera Árabe” es semejante en algunos aspectos a lo que el Líbano alcanzó después de muchos años de guerra civil. En otras palabras, el capitalismo está trabajando para reproducir la historia de forma que garantice la continuidad de sus intereses. Por eso, en Siria y en esos países, la cuestión de la división por motivos confesionales, tribales y otros es alimentada con urgencia, teniendo como telón de fondo esas brutales guerras capitalistas con costos humanos exorbitantes como una de las posibles soluciones que fragmentan a los pueblos de la región e impiden su unidad y desarrollo en fuerzas políticas que puedan desequilibrar la balanza y acabar con los regímenes colonial-comprador existentes.

Victorios Bayan Shams es periodista sirio radicado en el Brasil.

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Versión en portugués: Fabio Bosco
Traducción al español: Natalia Estrada.