Los recientes ataques a la caravana de Lula en el sur del país, incluyendo dos tiros contra los ómnibus que llevaban a los participantes, motivaron la realización de un acto suprapartidario “en defensa de la democracia” en Río de Janeiro (RJ). El evento fue llamado por el PT, PCdoB, PSOL, artistas y personalidades, con el objetivo de crear un frente antifascista.

Por: Bernardo Cerdeira

En el palco, los oradores se sucedieron para denunciar la escalada fascista o neofascista y llamar a la unidad de la izquierda contra ese supuesta amenaza. Uno de los más entusiasmados llegó a decir que “en la lucha contra el fascismo somos todos camaradas”. El público ensayó el coro “izquierda unida jamás será vencida”.

Extrañamente, ninguno de los participantes del acto llamó a alguna medida de lucha real contra el supuesto fascismo.

Es sabido que no se combate el fascismo con actos políticos o discursos. Si hubiese un movimiento fascista, este tendría que ser combatido con la organización de una amplia autodefensa popular que enfrentase y destruyese esa amenaza.

Esta contradicción entre los inflamados discursos contra el fascismo y la ausencia de cualquier medida antifascista concreta tiene una explicación. Por un lado, no existe una amenaza fascista real. Por otro, el PT y los demás partidos de izquierda están inflando los hechos para justificar una campaña contra la prisión de Lula, Y por otro lado, sacar dividendos del control de una parte del aparato del Estado envolviéndose de nuevo con la corrupción. Para los trabajadores, restarán solo concesiones sociales. A cambio, las burocracias que controlan los sindicatos y los movimientos sociales se comprometerán a intentar mantener sumisos y paralizados a la clase trabajadora y a los sectores populares.

Todo eso es parte de un plan consciente de Lula y de la dirección del PT para ocultar los motivos de su desprestigio, reorganizar el partido y reagrupar a los movimientos sociales y partidos de izquierda en un Frente Amplio. El eje de ese frente sería, nuevamente, el PT, quedando para los demás partidos la posición de satélites de su política.

Desde el proceso de desgaste, crisis e impeacheament de Dilma, se han hecho varias tentativas de este tipo. Primero, para defender el gobierno Dilma e intentar movilizar contra su destitución, crearon la historia de un supuesto golpe parlamentario y la necesidad de unir a toda la izquierda contra él.

En realidad, el propio PT lideraba un gobierno burgués, neoliberal, que atacaba a la clase trabajadora con medidas de ajuste fiscal. Otro sector burgués, liderado por el PSDB, aspiraba a sustituirlo, porque creía que podría aplicar más eficazmente las medidas que protegerían las ganancias de la burguesía en el peor momento de la crisis económica. La lucha entre estos dos sectores burgueses, fuera y dentro del gobierno (a fin de cuentas, Temer era vice de Dilma), resultó en la destitución de Dilma.

Después, frente a las innumerables acusaciones de corrupción contra Lula, lanzaron otra cortina de humo, la campaña “Elección sin Lula es golpe”.

Recientemente, un ómnibus de la caravana de Lula al sur del país fue atacado a tiros. Esa actitud es grave y necesita ser repudiada por todos. En nota, el PSTU repudia los ataques y exige pronta investigación y castigo de los culpables.

No obstante, el PT usó el episodio para intentar demostrar la existencia de una amenaza a la democracia provocada por el crecimiento de un supuesto fascismo en el Brasil. También es vergonzosa la explotación del asesinato de Marielle Franco para defender a Lula de la posible condena por corrupción.

Frente Amplio por detrás del Frente Antifascista

Toda esa larga maniobra tiene como objetivo no solo encubrir las innumerables denuncias de corrupción que amenazan a Lula y el PT, sino también atraer a los partidos de izquierda y a las organizaciones sociales hacia el Frente Amplio electoral.

Todo indica que el Frente Amplio está consolidándose y construyendo una alianza electoral para el segundo turno de las elecciones presidenciales, tal vez hasta para el primer turno. Ya alertábamos, en un artículo publicado en edición anterior, que la candidatura Boulos (PSOL) a la Presidencia sería el puente para atraer al PSOL hacia el PT.
Desde el punto de vista electoral, esa maniobra está funcionando. Sin embargo, y de nuevo queda el alerta, es una tremenda armadilla para los trabajadores. El PT quiere volver al gobierno para aplicar la misma política de antes: favorecer y aliarse a los grandes capitalistas y a los sectores más podridos entre los políticos nacionales, como Renan Calheiros.

Contra esa maniobra, es preciso construir una alternativa clasista, revolucionaria y socialista, que muestre a la clase el único camino para su liberación: una revolución socialista que imponga un gobierno de trabajadores.

Mussolini, dirigente del fascismo en Italia, y Hitler, dirigente del nazismo en Alemania.

A fin de cuentas, ¿qué es el fascismo?

Hay una confusión, muchas veces difundida a propósito, entre fascismo y partidos o corrientes políticas de derecha. El fascismo, sin duda, tiene posiciones de extrema derecha, pero la mayoría de las corrientes de derecha no es fascista.

¿Qué es el fascismo? El fascismo en Italia y el nazismo en Alemania fueron movimientos que surgieron en las décadas de 1920-1930 como respuesta del capitalismo a la ola revolucionaria que siguió a la Revolución Rusa de 1917.

Esos movimientos crecieron porque la revolución fue victoriosa en Rusia pero, en el resto de Europa, fue derrotada y perdió fuerza. Por eso, se llegó a un impasse entre las fuerzas revolucionarias y las reaccionarias.

El fascismo surgió con el objetivo de romper ese impasse por la fuerza y decidir la lucha a favor de la dictadura del capital, la base social de esos movimientos eran pequeños comerciantes arruinados por la crisis económica y pequeños y medianos agricultores en dificultades, es decir, la pequeña burguesía.

Para alcanzar ese objetivo, se organizaron grupos paramilitares fuertemente armados con recursos suministrados por los grandes capitalistas. Así, atacaban al movimiento obrero con métodos de guerra civil. Como explicó Nahuel Moreno, fundador de la LIT-CI: “todo gobierno fascista se caracteriza precisamente por destruir –con métodos de guerra civil y apoyándose en la movilización de la clase media desesperada y del lumpenproletariado– a la clase trabajadora, con sus organizaciones sindicales y partidos. Esa es la clásica definición trotskista del fascismo para distinguirla de un gobierno ultrarreaccionario que, aunque exista, no es fascista”.

Esos bandos armados realizaron ataques armados a las manifestaciones obreras, asesinatos, invasión y destrucción de sedes de sindicatos, incendios. Su objetivo era destruir la organización independiente de la clase trabajadora.

En Italia, la organización paramilitar fascista nació alrededor de las “escuadras de acción” y, después, de los Camisas Negras. En Alemania, fueron primero los Freikorps y, después, las SAS (“tropas de asalto”).

Los movimientos fascistas buscaban llegar al poder principalmente por la vía armada, como ocurrió en Italia con la Marcha sobre Roma, organizada por el Partido Fascista, o con la tentativa fracasada del golpe de Munich, impulsada por Hitler. La participación electoral de esos partidos era solo un complemento de esas acciones armadas.

En América Latina, también hubo la actuación de organizaciones fascistas. Fue el caso de Argentina durante el gobierno de Isabelita Perón (1975-1976), cuando se organizó un grupo fascista financiado por el propio gobierno, llamado Alianza Anticomunista Argentina (la famosa Triple A). Ese grupo asesinó a varias centenas de activistas obreros y militantes de partidos de izquierda.

Marine Le Pen, representante de la derecha francesa.

Diferencia

El fenómeno que observamos hoy en diversos países del mundo es diferente. Es cierto que hay un crecimiento de partidos y dirigentes de la derecha. Donald Trump venció las elecciones en los Estados Unidos. Marine Le Pen, en Francia, y Jair Bolsonaro, en el Brasil, crecen en elecciones o intenciones de voto.

El crecimiento de posiciones más a la derecha es producto, en primer lugar, de la crisis económica, de los ataques de los gobiernos y de la burguesía a los trabajadores y a los sectores medios de la sociedad, y, principalmente, de la reacción de los trabajadores y de los sectores populares a esa situación. Hay una polarización social creciente. Los sectores medios alcanzados por la crisis buscan, muchas veces, alternativas electorales que prometen medidas fuertes. Las ideologías reaccionarias se amplían entre estos sectores.

Ese fortalecimiento, principalmente electoral, de sectores de derecha es resultado, también, de la tremenda decepción popular con los gobiernos llamados progresistas en América Latina o con los gobiernos socialdemócratas en Europa, que aplicaron medidas de ajuste contra la clase trabajadora y se involucraron en escándalos de corrupción.

Esos partidos y políticos muchas veces son tachados de fascistas por sus posiciones reaccionarias y por sus discursos autoritarios. Son, con seguridad, posiciones y personajes repugnantes y deben ser repudiados. Sin embargo, a diferencia del fascismo, Trump, Le Pen y Bolsonaro están interesados en participar de elecciones y no en organizar movimientos armados o intentar golpes militares.

Jair Bolsonaro.

Saber identificar esa diferencia es fundamental para no dejarse engañar por la campaña contra un supuesto fascismo o neofascismo en el Brasil agitada por el PT, el PCdoB, el PSOL, y otros. Esa campaña tiene el objetivo explícito de encontrar un pretexto para encubrir la enorme traición del PT a los trabajadores.

Combate al fascismo

Obviamente, esa situación puede cambiar y, con la profundización de la lucha de clases, pueden surgir movimientos fascistas de verdad. Las organizaciones sociales y populares deben estar atentas para movilizarse contra este tipo de amenaza.

En ese caso, será necesaria la unidad de acción entre todas las organizaciones de los trabajadores, pero una unidad para enfrentar físicamente el fascismo, con una fuerte organización de autodefensa para destruirlo, y no solo para denunciarlo. Mucho menos para utilizar ese movimiento con fines electorales.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 9/4/2018.-

Fotografía principal del artículo: Chico Buarque, Manuela D’Ávila (precandidata a la presidencia por el PCdoB), Lula, Monica Tereza Benício (ex compañera de Marielle Franco) y Marcelo Freixo (PSOL-RJ) durante el último acto en Rio de Janeiro. Foto: Mídia Ninja.

Traducción: Natalia Estrada.