En el Brasil, las seis personas más ricas tienen lo mismo que las cien millones más pobres. Y los ataques van a ampliar eso.

Por: Diego Cruz

Es solo andar por las calles de las principales ciudades para percibirlo. Con la crisis, la miseria y la barbarie pegan en nuestra cara. Son verdaderos ejércitos de familias sin techo durmiendo en plazas y veredas. Filas de desempleados doblando las esquinas. Al mismo tiempo, abrimos el diario y nos deparamos con el creciente aumento de las ganancias de los bancos o el récord en la Bolsa de Valores. Para algunos, la crisis solo está en el noticiero.

En un dato divulgado recientemente por la ONG Oxfam, Brasil da una muestra reveladora sobre el país en que vivimos. Las seis personas más ricas del Brasil tienen la misma riqueza que las 100 millones más pobres. O sea, en este país, solo seis personas tienen un patrimonio igual al que tiene la mitad de la población brasileña.

Según el informe, un trabajador que gana un salario mínimo va a necesitar 19 años para ganar lo que gana en un único mes una persona que está entre los 5% más ricos. Esa desigualdad solo aumenta con la crisis. Si usted tienen la oportunidad de pasar frente a un restaurante caro, va a percibir que no está vacío. En medio de la más grave crisis económica que este país vivió en su historia, el mercado de lujo creció 10% el año pasado, y se espera que crezca aún más en los próximos años. Son las empresas de relojes caros, ropas de marca, hoteles cinco estrellas, etc.

¿Crecimiento para quien?

Los datos sobre desigualdad social muestran que los años de crecimiento durante los gobiernos del PT estaban solo en el papel, ya que no se redujo el abismo social entre ricos y pobres, que tanto decían. Entre 2001 y 2015, el 10% más rico se quedó con 61% del crecimiento económico, mientras el 50% más pobre se quedó solo con el 18%.

Llegamos a un país que, aun cuando esté entre las diez mayores economías del mundo, posee 16 millones de personas viviendo en la miseria. El Banco Mundial prevé que hasta el final de 2017 más de 3,6 millones de personas se conviertan en miserables. Hay oficialmente 13 millones de desempleados, aunque el número real sobrepasa los 23 millones.

La guerra social abierta contra los trabajadores y el pueblo pobre, con la reforma laboral, la ley de tercerizaciones, la amenaza de una nueva reforma de la Previsión, y el brutal ajuste fiscal va a aumentar aún más ese foso que separa el Brasil del 1% más rico de los 99% de trabajadores y pobres.

Negros y mujeres son los más perjudicados

En ese foso social que separa ricos y pobres, los negros y las mujeres continúan siendo los más perjudicados. El informe de la Oxfam muestra que las mujeres ganan apenas 62% de lo que ganan los hombres. Los trabajadores negros, por su parte, ganan solo 57% de la media que reciben los blancos. Las reformas laboral, previsional y las tercerizaciones van a profundizar aún más eso, ya que los peores y más precarizados puestos de trabajo son ocupados, sobre todo, por mujeres negras. El genocidio de la juventud pobre y negra de las periferias y el encarcelamiento en masa de la juventud negra, por su parte, son expresiones de esa barbarie social.

Un problema del capitalismo

La brutal desigualdad social no es un problema solo del Brasil, es un reflejo del capitalismo en todo el mundo. El informe de la Oxfam muestra que solo ocho multimillonarios detentan la misma riqueza que la mitad más pobre de todo el planeta, o sea, que 3,5 mil millones de seres humanos. Al mismo tiempo, más de 700 millones de personas viven en situación de extrema pobreza. Son tres Brasiles y medio de miserables en un mundo que produce lo suficiente para que todos pudiesen vivir con dignidad.

Miles de millones para los ricos y aumento de gas y de luz para los pobres

El gobierno y el Congreso Nacional abrieron guerra a los pobres. Son ataques a empleados, salarios y derechos de los pobres mientras para los ricos, banqueros y empresarios, son exenciones multimillonarias y todo tipo de privilegios.

La Cámara de Diputados votó el 27 de setiembre la Medida Provisoria (MP) del gobierno Temer que instituyó el llamado Refis, una renegociación de las deudas de grandes empresas que es un verdadero presente de padre a hijo. Establece parcelas y descuentos que pueden llegar a 70% de las multas y 90% de los intereses.

Vean lo absurdo de la situación: en un momento en que el gobierno y el Congreso Nacional dicen que hay una gran crisis fiscal, aprobaron una medida que reduce en R$ 5.000 millones (U$S 1.546 millones) aquello que el gobierno esperaba recaudar. Eso es mayor que lo recaudado con las subastas de las hidroeléctricas y de los campos de gas y petróleo que el gobierno hacía el mismo día, de R$ 4,4 mil millones.

Cuando el gobierno editó la MP, la previsión era de una pérdida de R$ 63,8 mil millones. Con la denuncia de Temer en la Cámara, el gobierno abrió el mostrador de negocios para comprar votos y salvar el mandato de Temer. Con eso, hubo una ganga (“negociación”), y ahora ya son más de R$ 543 mil millones que los grandes empresarios van a dejar de pagar. Más de cuatro veces el presupuesto de la Salud para 2017.

Como si eso no bastase, el diputado Newton Cardoso (PMDB-MG) incluyó una enmienda que permite que sean adicionadas en el Refis deudas de empresarios agarrados en corrupción. Eso mismo, un corrupto como Joesley Batista va a poder tener descuento y parcelar su deuda. Hay casos en que el gobierno va a tener que devolver dinero a quien ya comenzó a pagar multas.

Gas y luz más caros

Mientras tanto, la Petrobras anunció, el último mes, un nuevo aumento de 12% en el gas de cocina. Ya había aumentado 6,9% en agosto. Eso porque la política que la empresa adoptó para definir los precios del gas de cocina es su precio en el mercado europeo más 5% evaluado mensualmente. O sea, si el precio sube en Europa, usted va a pagar más para cocinar.

Al mismo tiempo, el gobierno anunció el aumento en las cuentas de luz para octubre. La tasa será la mayor ya cobrada. Y eso que en los últimos doce meses ya subió 5%. Y el gobierno todavía tiene el coraje de decir que no hay inflación.

Para los empresarios y corruptos es exención y todo tipo de facilidades. Pero si usted se atrasa en su cuenta de luz, no hay llanto. Ellos vienen, cortan, y listo.

No se puede resolver el problema de la desigualdad sin parar de pagar la deuda

El principal mecanismo por el cual la desigualdad se perpetúa en el país es por la explotación y por la rapiña de los grandes banqueros internacionales por medio de la deuda pública. Una deuda que ya fue paga muchas veces, con intereses extorsivos, en que la mitad del presupuesto del país se escurre todos los años hacia los bolsillos de los usureros. Solo con lo que es pago por la deuda (R$ 1,1 billón el año pasado) daría para resolver los problemas históricos del país con la salud, la educación, la vivienda y la generación de empleos.

Un programa de los trabajadores para la crisis

Los gobiernos del PT no redujeron las desigualdades sociales. En realidad, estas se ampliaron, en la medida en que los banqueros, empresarios y ruralistas tuvieron ganancias récords. Ahora, con la crisis, el gobierno Temer saca de los que tienen menos para mantener y aumentar las ganancias de los banqueros y de los empresarios.

El capitalismo ya es, en sí, desigual. Quien produce las riquezas, los trabajadores, se quedan apenas con una pequeña parte de ella en la forma de salarios. El grueso va para las ganancias de los empresarios y banqueros. Esa es la desigualdad fundamental, que aumenta todavía más en tiempos de crisis.

Vivimos una verdadera guerra social que el gobierno y la burguesía deflagraron contra los trabajadores y la población. Eso aumenta la barbarie, de la cual el desempleo, la miseria y la explosión de la violencia urbana son reflejos.

Solo hay una salida para esa crisis de nuestro lado: un programa obrero y socialista que ataque las ganancias y saque de los ricos para dar a los trabajadores y el pueblo pobre.

  • Reducción de la jornada de trabajo sin reducción de salarios.
  • Anulación de la reforma laboral y de la ley de las tercerizaciones y fin de la reforma de la previsión social.
  • Exención de las tasas de luz, agua y transporte para los desempleados.
  • Aumento general de los salarios.

Dinero para eso hay, basta con:

  • Parar de pagar la deuda a los banqueros e invertir ese dinero en salud y educación.
  • Fin de las exenciones de impuestos a las grandes empresas: estatización de las empresas que deben, bajo control de los trabajadores.
  • Prohibición de la remesa de lucros para el exterior.
  • Reestatización de las empresas privatizadas, bajo control de los trabajadores.
  • Estatización de los bancos, bajo control de los trabajadores

Artículo tomado de Opinião Socialista n.° 544, octubre de 2017.-

Traducción Natalia Estrada.