¡No olvidaremos, no perdonaremos![1] ¡Abajo el régimen de Lukashenko!

Por: POI de Rusia, desde Minsk, Belarús

Una situación revolucionaria se desarrolla en Belarús. Los últimos acontecimientos, la erupción del descontento popular en la forma de gigantescas manifestaciones callejeras y huelgas obreras, dan todo el derecho de afirmarlo. En cuestión de días, la acción directa de las masas dejó el régimen autoritario de Lukashenko al borde del colapso. Incluso en un tiempo tan corto, el régimen ya acumula una serie de derrotas. La falsificación obvia y descarada de las ya de por sí ilegítimas elecciones llevó a las personas a las calles, y dígase de paso, pasando por encima de Tikhanovskaya[2], que llamaba a no hacer eso e intentaba calmar a las personas con declaraciones de que “ya vencimos”.

En respuesta, Lukashenko lanzó sobre las personas un aparato represivo especialmente entrenado exactamente para tales casos. Una operación punitiva en el sentido pleno de la palabra. El objetivo no era solo punir a quien osase movilizarse contra él sino implementar un terror en masa contra la población: automóviles con agentes vestidos de negro circulaban por la ciudad y arrestaban a todos los que estaban en las calles, aunque la persona estuviese yendo al mercado. Por bocinar en apoyo a los manifestantes, la policía atacaba a los automóviles, quebrando las ventanillas, arrancando de adentro a las personas, subiéndolas a los blindados y llevándolas a prisión. La tropa de choque OMON abrió fuego sobre personas que exigían desde las ventanas de los edificios que parasen de golpear a las personas y que alertaban a las personas en las calles cuando veían a los miembros del aparato de represión. Algunos muertos, muchos heridos, 7.000 presos puestos en celdas donde era imposible incluso hasta sentarse, con falta de comida y de agua, golpizas, agresiones sexuales, torturas sádicas en los centros de detención… Las evidencias y las fotografías de las marcas en los cuerpos horrorizaron a todo el país e hicieron “famoso” el régimen de Lukashenko en todo el mundo. Métodos directamente fascistas, de terror total contra los trabajadores y el pueblo, con el objetivo de poner a toda la población en estado de choque e instalar total pavor entre las personas. La última vez que algo así había ocurrido en Belarús había sido bajo la ocupación nazi.

No obstante, el resultado de la operación represiva acabó siendo lo opuesto de lo pretendido: la operación desacreditó definitivamente el régimen, de forma irreversible, llevando a una explosión aún mayor de descontento, a manifestaciones nunca vistas en el país por su escala, y al surgimiento de un movimiento huelguista obrero por todo su territorio. Y la consigna que unifica a todos es: “¡Váyase!”, a la que ahora se agregan: “¡No olvidaremos, no perdonaremos!”, “Libertad para los presos políticos!, “Lukashenko al blindado!” y “!Tribunal ya!”.

La lucha ya conquistó mucho, pero falta también mucho aún para vencer. Lukashenko debe ser derrocado, su régimen debe ser completamente desmantelado, los órganos represores deben ser disueltos, todos los responsables por las represiones, y eso incluye a toda la alta jerarquía de los órganos represivos, deben ser juzgados por un tribunal popular. De una prisión, Belarús debe tornarse un país con libertad de expresión, libertad de manifestación y protesta, libertad de reunión, libertad sindical y de libre organización.

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

La peligrosa ilusión del “diálogo” y de la transferencia “gradual” y “pacífica” del poder

La derrota de la falsificación y de la operación represiva fue resultado no de las “negociaciones” sino de la movilización de las masas. Y solamente ella es la que puede conducir la lucha hasta el fin, hasta el derrocamiento definitivo del régimen. Sin embargo, hoy, en lugar de eso, desde todos lados, tanto de la Unión Europa como del así llamado “Consejo Coordinador”[3] (que no fue electo por nadie), llegan apelaciones al “diálogo” con la dictadura de Lukashenko, con el objetivo de una “transferencia gradual del poder”.

Aquí hay que decir claramente: “diálogo” y “transferencia gradual del poder” no significan nada más que conceder al dictador, usurpador y represor Lukashenko y sus capangas un mandato para gobernar el país aún por un período indeterminado. Y, obviamente, garantías futuras a él en el caso de su eventual salida: al final, nadie deja voluntariamente el poder para ir directamente a la prisión, que es exactamente lo que se exige por todo lo que hizo en los últimos días. Es por esa razón que el Consejo Coordinador no exige la disolución de las unidades represivas OMON[4] y KGB[5], porque el “diálogo” con ellas y la “transferencia gradual”, evidentemente, implican el mantenimiento de esas unidades, de su jerarquía y de su impunidad general. En verdad, la apelación al “diálogo” y la “transición gradual” significa precisamente una apelación a “olvidar y perdonar” aquello que Lukashenko y sus fuerzas de seguridad hicieron. ¡Pero no es para eso que el pueblo bielorruso salió a las calles! ¡¿Qué tipo de “diálogo” puede haber con el dictador, falsificador y represor Lukashenko?!

Además, el propio Lukashenko no quiere ese “diálogo”. Incluso porque él entiende que, con su operación represiva, las personas no olvidarán y no perdonarán, él posiblemente ya haya eliminado cualquier posibilidad de retroceder y ser privado de opciones. El bloque de las fuerzas de represión es su último pilar real de sostén. La represión se mantiene como su principal instrumento y así continuará. Con la derrota de su operación represiva perdió una batalla, fue forzado a retroceder del terror total, y a liberar a la mayoría de los presos. Pero la represión asumió formas selectivas contra activistas, especialmente contra los dirigentes obreros.

El dirigente del comité de huelga de la MTZ[6], Dylevsky, fue preso por el régimen, por ahora por diez días, así como el dirigente del comité de huelga de la MZKT[7], Alexandr Lavrinovich; el dirigente del comité de huelga de la Grodno Azot[8] se libró de ser preso en su casa solo porque los agentes de la represión, al aproximarse a ella, se enfrentaron con sus compañeros, y él consiguió así huir del país.

Anteriormente había sido preso el dirigente del comité de huelga de la Belaruskaliy[9], Anatoly Bokan, que fue liberado solo después de un ultimato de los obreros, de que los trabajadores de las empresas de Soligorsk irían hasta la sede del departamento local de policía. ¡Heis el “diálogo”! Al mismo tiempo, la policía, en la primera oportunidad, “agarra” a las personas una por una en las actividades. El número de presos políticos en el país crece sin cesar. Y es difícil dudar que el dictador intentará usar la fuerza nuevamente así que sienta algún debilitamiento en las protestas.

¡¿Qué tipo de “diálogo” puede haber con una persona que continúa amenazando al pueblo sobre “acertar las cuentas” con él, que persigue a los huelguistas, que amenaza cerrar todas las fábricas del país para quebrar la resistencia de los obreros y del pueblo?! ¡¿Qué tipo de “diálogo” puede haber con un dictador que pide ayuda a Putin, es decir, al Ejército de Rusia, y que está listo para poner definitivamente a Belarús a sus pies, solo para sofocar al pueblo y permanecer en el poder?! No es para eso que las personas están luchando. No es para eso que los huelguistas se arriesgan en las fábricas. No necesitamos de ningún diálogo con la dictadura de Lukashenko, sino de la salida inmediata del verdugo del pueblo, de la disolución de la KGB y de la OMON, y no solo de la sustitución de los directivos de esos órganos represivos, como propone el Consejo Coordinador, así como llevar al tribunal a todos los responsables y culpables por los martirios del pueblo.

¡Libertad a todos los presos políticos!

¡Ninguna extensión de poder al régimen de Lukashenko! ¡Váyase!

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

Si quiere paz, prepárese para la guerra

Los llamados al “diálogo” y a la “transferencia gradual del poder” son hechos bajo el lema de un proceso “pacífico”. Obviamente, los trabajadores no necesitan de sangre derramada en vano, todos queremos evitarlo. Pero, ¡¿de qué valen los llamados a la paz cuando Lukashenko declara diariamente guerra al pueblo, lo persigue con sus órganos represivos, amenaza a toda la población insatisfecha con despidos y represalias?! ¡¿De qué valen esos llamados a la paz cuando las huelgas se enfrentan con una brutal represión, combinada entre la dirección de las fábricas y la OMON?! ¿O cuándo Lukashenko pone el ejército en actitud de combate, no para defender el país de una invasión potencial sino para amenazar al pueblo? Bajo tales condiciones, hablar de “paz” solo desarma a los trabajadores y al pueblo en lucha ante la represión del régimen y de esa forma lo que hace es ayudarlo a derramar nuestra sangre.

La experiencia de lucha de los trabajadores de todo el mundo nos enseña una regla de hierro: cuanto más decisiva es la acción de las masas contra sus opresores y verdugos, menos sangre es derramada. Y, al contrario, las tranquilizadoras ilusiones pacifistas, las esperanzas en el “sentido común” de los represores, conducen a una media resistencia, una resistencia incompleta. La tranquilizan y debilitan, abriendo camino para derrotas que inevitablemente derramarán sangre y lágrimas de los trabajadores y del pueblo. Porque cuando una revolución es derrotada, los vencedores siempre actúan de acuerdo con la regla “¡Ay de los vencidos!”. Y Lukashenko ya mostró lo que eso puede significar.

Eso es doblemente actual en una situación en la que Lukashenko es apoyado por el régimen de Putin, ese puesto avanzado internacional de la contrarrevolución, que ya arremetió con la revolución ucraniana, y no solo contra ella. Aunque Putin, por lo que parece, quiera evitar una intervención contrarrevolucionaria total como fue en el caso de Ucrania, como mínimo desempeña el papel de protector del régimen de Lukashenko, considerando el mejor escenario aquel en que Lukashenko derrote las protestas sin su intervención directa, estando siempre listo para “colaborar”, de acuerdo con la situación: sea con el “desembarque” de propagandistas de la Rusia Today[10] en apoyo a la televisión bielorrusa (eso ya es un hecho), sea con apoyo logístico (parece haber también), y llegando hasta la posibilidad, que no puede ser totalmente descartada, de envío al país de mercenarios rusos, disfrazados con uniformes bielorrusos. Y en el momento en que terminábamos este artículo, Putin declaraba públicamente que, a pedido de Lukashenko, había preparado un cuerpo de militares rusos para ayudarlo “en caso de necesidad”; en otras palabras realizar una intervención para reprimir al pueblo bielorruso.

La corta experiencia actual de huelgas en Belarús también confirma esta regla: las tentativas de organizar huelgas “pacíficamente”, sin chocarse con las direcciones de las fábricas y en diálogo con ellas[11], acaban al final por impedir el desarrollo de las huelgas, abriendo espacio para la represión conjunta de los jefes con las tropas de la OMON contra los obreros. Los representantes de los patrones pueden maniobrar, pueden ser hipócritas y jugar al “diálogo”, pero jamás harán cualquier acuerdo que ayude a las huelgas, porque la razón de ser de las jefaturas es justamente impedirlas, pues ellas amenazan su posición. También aquí, cuanto más decisiva es la lucha, mayor la certeza de la victoria y menores las pérdidas.

Hoy, en Belarús, muchas veces se oye la opinión de que “o derribamos ahora el régimen o más adelante todos sufriremos mucho y el país enfrentará una emigración masiva”. Esta es una opinión muy sensata y correcta. Y las ilusiones de “diálogo” y “transición pacífica y gradual”, difundidas por el Consejo Coordinador, preparan precisamente esta perspectiva, pues debilitan el movimiento y dan a Lukashenko tiempo para reorganizarse y contraatacar. Y teniendo como telón de fondo los entorpecedores encantamientos pacifistas del Consejo Coordinador, él continúa conduciendo su guerra contra los trabajadores y el pueblo, persiguiendo activistas y atacando las fábricas. Los agentes de la KGB no solo circulan libremente con cámaras en las manifestaciones, filmando rostros para futuras represiones, como también persiguen pura y simplemente a los manifestantes en las calles, en el camino de vuelta a sus casas.

Es necesario abandonar todas las ilusiones en “diálogos” y en una remoción “pacífica” del régimen de Lukashenko y sus capangas armados. Hay que dar protección a cada activista y cada huelguista. Esa debe ser una tarea de todo el movimiento. Cada prisión de un dirigente, huelguista o manifestante debe ser motivo para protestas en masa.

No necesitamos de violencia innecesaria. Pero hoy, en las condiciones de violencia policial y militar del régimen contra el pueblo, surge inevitablemente la cuestión de la resistencia y de la autodefensa. No podemos quedar indefensos y desarmados frente al aparato represivo del Estado. Los obreros, los trabajadores y el pueblo tienen el derecho y deben estar prontos para defenderse, y a sus compañeros, sus parientes y su movimiento, por todos los medios disponibles y eficaces en el momento. El movimiento debe ser capaz de defenderse para no tornarse víctima de la represión.

¡Ninguna ilusión pacifista en el régimen represor! ¡Vamos a defendernos y a combatir la represión!

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

El futuro de Belarús debe ser decidido por el pueblo bielorruso, y no por la UE o por Putin

Para viabilizar el “diálogo” y la “transición gradual”, el Consejo Coordinador ha apelado a la mediación de la Unión Europea y de Rusia. Pero eso significa simplemente entregar la decisión sobre el destino de Belarús en las manos de las grandes potencias: para Alemania y Francia, que piden diálogo con la dictadura, reconociendo de hecho a Lukashenko como presidente; y para Putin, que lo apoya directamente. Tikhanovskaya, haciendo una reverencia a Putin, promete “no alterar el vector geopolítico”, es decir, garantizar que Belarús permanezca, como bajo Lukashenko, sumisa de la misma forma a Rusia y a la Unión Europea.

¡No es para eso que el pueblo bielorruso está luchando! Y no es para eso que el país, de punta a punta, se vistió con los colores de la bandera nacional. ¡No es para eso que el grito “¡Viva Belarús!”, de una nación que salió a la lucha por su libertad, resuena por sus ciudades! No se puede permitir que el destino de Belarús sea decidido, como siempre fue hasta aquí, por las grandes potencias, que defienden invariablemente sus propios intereses. ¡Ni sumisa a la UE ni sumisa a Rusia! ¡Por la Independencia[12] nacional!

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

¿Cambiar algo para no cambiar nada?

Las razones por las cuales Putin apoya la dictadura de Lukashenko son fáciles de entender: su régimen autoritario es objetivamente el próximo de la fila. Aún más hoy, que en Rusia, en Khabarovsk[13], en el otro extremo de Eurasia, las protestas en masa siguen, y en principio, contra males semejantes: autoritarismo y desprecio por el pueblo, que vive en condiciones de deterioro de su nivel de vida. No es por casualidad que la bandera blanca-roja-blanca y el grito de “!Viva Belarús!” se estén haciendo ahora presentes en las protestas de Khabarovsk, así como en las protestas en Belarús aparece la bandera de la región de Khabarovsk y los gritos “¡Khabarovsk!”.

Pero, ¿por qué la UE, disfrazada de amiga de la revolución bielorrusa, y el Consejo Coordinador quieren un “diálogo” con Lukashenko y una “transferencia gradual del poder” en lugar de la caída de la dictadura por el pueblo? Y, ¿por qué Putin, al mismo tiempo que se inclina a conducir algún tipo de diálogo, no está dispuesto a defender a Lukashenko a cualquier costo?

El hecho es que la lucha del pueblo bielorruso por sus aspiraciones y por la independencia del país colide objetivamente con los intereses económicos de las grandes potencias y de sus capitales. Por ejemplo, una de las razones de la pobreza en Belarús es que ella viene siendo sangrada por las deudas con Rusia y los bancos internacionales, a los cuales Lukashenko la ató para mantener su poder. ¿Cómo combinar el “!Viva Belarús!” con el doble garrote de la deuda con Rusia y con la Unión Europea? Pues es exactamente para pagar estas deudas que Lukashenko realiza reformas antipueblo en el país, como el aumento de la edad de jubilación. La independencia del país y la mejora en el nivel de vida son imposibles mientras el dinero sea succionado por los bancos occidentales y rusos, mientras esta cuerda apriete el cuello de Belarús. Es necesario interrumpir el pago de esas deudas fraudulentas. Pero la UE y la Federación Rusa cuentan con el mantenimiento de esos pagos extorsivos y con la continuación de las reformas antipueblo para garantizarlos. Pero, ¿les será posible imponer su deseo a un pueblo que está luchando en las calles y en huelga en las fábricas? Es una batalla aún abierta.

La posición de Belarús como un apéndice de la economía oligárquica rusa, con su propio sector de petróleo y gas golpeado bajo el peso de esta, también pauperiza el país y lo coloca en una posición de dependencia política, lo torna víctima del constante chantaje del petróleo y del gas por parte de Putin. Para poner fin a eso, el sector de petróleo y gas de Belarús debe ser totalmente nacionalizado bajo el control de los trabajadores, para servir al pueblo de Belarús y no a los oligarcas rusos, y tornarse un factor de independencia del país, y no lo contrario. ¿Conseguirán los oligarcas rusos mantener a Belarús en la condición de un apéndice ruso cuando el pueblo lucha por su país? ¿Los bielorrusos lo permitirán? También es una batalla aún abierta.

Además, el ejemplo de Belarús puede seguir por el resto de Europa Oriental, transformada dentro de la UE en semicolonia de Alemania y de Francia y cuya población, que no es nada rica, también emigra, así como la de Belarús, en busca de una vida mejor. La revolución en Ucrania, sufriendo con la ocupación rusa y con sus propios oligarcas, también puede recibir un nuevo impulso. Y es bien eso lo que ni la UE ni Putin ni Zelensky[14] (que también apela a la paz y el diálogo y que llegó a decir que los bielorrusos no deben copiar la revolución ucraniana) necesitan. Y, es claro, el desarrollo del proceso en Belarús puede extenderse para la Rusia de Putin, que abastece fielmente a Occidente con combustibles y materias primas, y que también paga fielmente los préstamos occidentales; la UE tampoco precisa de eso, de forma alguna.

Es por estas razones que las protestas son la principal aprehensión de la UE. Y es por estas razones que la principal preocupación de la UE no es sacar a Lukashenko del poder sino sacar al pueblo de las calles y hacer a los obreros retornar a las máquinas. Ningún capitalista necesita de personas en las calles, huelgas, revoluciones: ni los capitalistas rusos ni los capitalistas europeos ni los capitalistas bielorrusos a ellos asociados. Y Lukashenko, cuyas relaciones con la UE se calentaron bastante en los últimos años (lo que se expresó en nuevos préstamos), perdió la confianza de la UE solamente porque perdió el control sobre el país y porque su permanencia en el poder ahora solo enfurece aún más al pueblo y se tornó un factor de “desestabilización”. Para calmar al pueblo y preservar el control sobre Belarús, Putin está pronto incluso, bajo determinadas condiciones, a concordar con la salida de Lukashenko.

Por eso la UE, en diálogo con Putin, está intentando llegar a un acuerdo con Lukashenko y su círculo más próximo sobre una salida gradual. Caso contrario, a aislarlo dentro del régimen, certificándose de que ciertos sectores de la elite, especialmente las fuerzas de seguridad, vuelvan la espalda a Lukashenko y lo alejen, e incluyan la oposición al régimen para que todo permanezca lo más intocado posible y que todo continúe siendo como siempre fue. Exactamente por eso Tikhanovskaya ha tranquilizado constantemente al pueblo desde el período electoral, y si ella llama a la movilización, entonces lo hace no con el objetivo de ir hasta la caída de Lukashenko y su régimen sino para “presionarlo”, para alcanzar un “diálogo”.

De ahí la idea extremadamente peligrosa y falsa de que “la calle hizo su trabajo, ahora es hora de que los políticos actúen”.

Si ellos consiguen llevar a cabo esta política, eso significaría robar la victoria de los trabajadores y del pueblo bielorruso. ¡La única manera de impedir que eso ocurra es dando continuidad a las movilizaciones y huelgas, hasta la caída de Lukashenko y el desmantelamiento completo de su régimen!

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

Las huelgas obreras son la clave para la victoria

Tenemos fuerza para derribar el régimen de Lukashenko. Y el papel fundamental en eso pertenece a la clase obrera y sus huelgas. Es por eso que los nombres de las fábricas son repetidos en las manifestaciones: MTZ, MZKT, Soligorsk, MAZ[15]. Por eso, la aparición de las banderas de la MTZ provocan gran entusiasmo en la plaza[16]. Y es por eso también que Lukashenko ahora dirige la mayor parte de sus fuerzas contrarrevolucionarias contra los obreros de las fábricas, contras las huelgas y las manifestaciones de solidaridad con los huelguistas. La intimidación de los obreros fue llevada al máximo. Lukashenko entiende que, si no consigue golpear a los obreros, sus días estarán definitivamente contados. Las huelgas deben de hecho poner a Lukashenko contra la pared. Hoy los huelguistas están llevando adelante una lucha heroica. Es muy difícil. Las amenazas del gobierno consiguieron empujar los primeros movimientos abiertos de huelga, con millares de participantes, de vuelta a las líneas de producción. Pero ahora las huelgas están asumiendo una forma más latente, operaciones padrón, huelgas-tortuga, que en un marco de equipamiento e instalaciones antiguos muchas veces significan la interrupción del proceso de producción y la imposibilidad de producir las mercaderías. Es necesario dar a los huelguistas solidaridad integral, protección contra persecuciones, apoyo material para sus fondos de huelga, cartas y protestas de solidaridad. Es difícil para las huelgas desarrollarse solas. Y es difícil para el movimiento como un todo vencer sin las huelgas. La unidad del movimiento huelguista de los obreros con las protestas populares es la clave para derrocar el régimen de Lukashenko.

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

La dirección de la lucha debe ser asumida por el Comité Obrero Unificado de Huelga!

Hoy, en Belarús, es fuertemente sentido el vacío de dirección de las protestas. La espontaneidad puede realizar un gran trabajo, pero no puede conducir la lucha consecuentemente hasta el fin. Una manifestación termina y, entonces, ¿qué hacer? Alguien tiene que decir algo para que la lucha continúe. ¿Cuál es el próximo paso en la lucha por la caída del régimen? ¿Quién y cuándo convocarán una acción de protesta en gran escala? ¿Quién, en lugar de acciones puntuales, convocará protestas y huelgas por tiempo indeterminado hasta la caída de la dictadura? ¿El Consejo Coordinador, que llama al diálogo con la dictadura? ¿Los blogueros? Confiar en eso sería, obviamente, insensatez. Muchos hablan sobre la necesidad de un “líder”, incluso porque, como muestra la práctica bielorrusa (y no solo), el líder puede simplemente ser preso, muerto, comprado, y, por lo tanto, no se debe dejar todo en las manos de una persona. Una dirección es necesaria, pero colectiva, ramificada al nivel de cada empresa y centralizada. Hoy, los comités de huelga son la forma natural, aunque embrionaria, de tal organización. Hay que desarrollarlos y centralizarlos, por ciudad y nacionalmente.

Pero, en lugar de eso, quien intenta tomar la dirección del movimiento es el Consejo Coordinador, formado por figuras conocidas en el país y en el mundo, pero muchas veces extremadamente contradictorias, como Svetlana Aleksievich y hasta el ex ministro de Lukashenko, Latushko, y no siempre directamente relacionadas a las protestas.

Nadie eligió este Consejo Coordinador. La única persona “de abajo” y electa para el Consejo Coordinador es el líder del comité de huelga de la MTZ, Sergei Dylevsky (incluido en el Consejo Coordinador para legitimar este órgano). Y lo más importante, y más grave, el Consejo Coordinador intenta conducir las protestas por el camino del “diálogo” con la dictadura y de la “transferencia gradual y pacífica del poder”, con la mediación de la UE y de Rusia, los acreedores del país. No puede haber ninguna confianza en este Consejo Coordinador.

Al mismo tiempo, existe un órgano en el país, ya nacido de la lucha directa y formado por luchadores, y en el sector más fundamental de las fábricas. Es el Comité Obrero Unificado de Huelga. En él no hay ex ministros de Lukashenko ni Nobeles de Literatura, sino luchadores obreros, en cuyas manos reposa hoy en gran medida el destino del movimiento. Y al mismo tiempo, para el desarrollo del movimiento huelguista de los obreros es extremadamente necesario que todo el movimiento lo apoye. El simple hecho de que el movimiento sea liderado por un comité obrero de huelga, y no por “gente famosa” y ex ministros, ya dará ímpetu a las huelgas, y consecuentemente, a todo el movimiento. Por eso, el comité obrero unificado de huelga, compuesto por huelguistas de las principales fábricas, debe tomar para sí la iniciativa de liderar a todo el movimiento en escala nacional, convocar nuevas protestas populares de masas y huelgas, hasta la caída de la dictadura. Este también debe mantener en sus manos el fondo de huelga y el fondo de apoyo a los luchadores y sus familias.

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

Por la construcción del partido político (obrero) de la revolución en Belarús

Una revolución está en curso en Belarús. Una revolución es cuando los trabajadores y el pueblo toman su destino en sus propias manos. Es la expresión máxima de la lucha política y de la tensión de las fuerzas de clase, como podemos ver hoy. Para no ser rehenes de otras fuerzas políticas ajenas, para no ser arrastrados a los agujeros sin salida de los “diálogos” con la dictadura, etc., los trabajadores y el pueblo necesitan al extremo de su propio PARTIDO político. Un partido compuesto por muchas personas, que no puedan ser todas presas. Que crezca a partir de las masas trabajadoras, fábricas y otros lugares de trabajo, y que tenga un programa obrero y revolucionario. Que sea capaz de asumir la dirección de la lucha cada día y conducir nuestra revolución a la victoria, hasta la caída del régimen de Lukashenko y hasta la independencia de Belarús del capital extranjero y de las grandes potencias. Hasta la plena realización de las aspiraciones de los trabajadores bielorrusos y del pueblo, eso solo será posible si los trabajadores toman el país y su economía en sus manos y los ponen al servicio de sus propios intereses. Hoy, en Belarús, se abre la posibilidad de dar un salto en la formación de este partido. ¡Hagamos eso, camaradas!

¡Viva nuestra revolución bielorrusa!

Zhiv’e Belarus! (¡Viva Belarús!)

Notas:

[1] Expresión tradicional relativa a la Segunda Guerra Mundial, de que nunca se olvidaron ni nunca se perdonaron los crímenes cometidos por los fascistas. Posee un profundo significado simbólico en el país. El hecho que esté siendo utilizado en relación con Lukashenko expresa el alto grado de indignación y odio existente contra él.

[2] Candidata de la oposición que enfrentó a Lukashenko en las elecciones. El candidato originalmente era el marido de Svetlana, un banquero, que fue preso e impedido de candidatearse, así como otros dos candidatos. Ella salió entonces candidata, proponiendo en caso de vencer las elecciones, liberar a todos los presos políticos y convocar a nuevas elecciones libres en el país, inmediatamente. Se negó a presentar cualquier programa más allá de eso.

[3] Un Consejo de notables organizado por internet, que reúne figuras próximas al régimen, como un ex ministro de Lukashenko, Latushko, o el premio Nobel de Literatura de Belarús, Svetlana Aleksievich. Intenta asumir el papel de “dirigir” el movimiento.

[4] Tropas de choque.

[5] Policía política.

[6] Fábrica de Tractores de Minsk.

[7] Fábrica de Tractores y Camiones de Minsk.

[8] Fábrica de fertilizantes de Grodno.

[9] Fábrica de fertilizantes de Soligorsk.

[10] Canal de televisión ruso pro-Putin. Varios de sus “periodistas” fueron enviados a Belarús para asumir los lugares de periodistas locales en huelga o que se demitieron en protesta contra Lukashenko.

[11] La absoluta inexperiencia cobra su precio. Los obreros, sin saber cómo hacer para organizar las huelgas, convidaron muchas veces a sus asambleas a representantes de la patronal, para que les “explicasen” cómo realizar “legalmente” las huelgas. Estos les explicaban que huelgas políticas era prohibidas en el país, y que huelgas económicas debían ser comunicadas con 10 días de antecedencia. Por esa razón, muchas huelgas están ahora marcadas para iniciarse en la próxima semana, luego de ese plazo de 10 días. En otras ocasiones, los obreros “que dejasen entrar en huelga” fueron “orientados” a pedir licencias no remuneradas (!) para realizar la huelga. Centenas lo hicieron. Al día siguiente, fueron impedidos de entrar a las fábricas para organizar a sus compañeros por “estar de licencia”…

[12] En el original, nezalezhnost, palabra ucraniana y bielorrusa que significa independencia. Es una referencia a la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidan Nezalezhnost) en Ucrania, palco de la revolución de 2014.

[13] A lo largo de los últimos meses, la ciudad de Khabarovsk, en el extremo oriente de Rusia, viene siendo palco de masivas manifestaciones contra el gobierno central, por este haber sacado y llevado a prisión al gobernador electo de la región, sustituyéndolo por un gobernador indicado por Putin.

[14] Actual presidente de Ucrania.

[15] MTZ – Fábrica de Tractores de Minsk; MZKT – Fábrica de Tractores y Camiones de Minsk; Soligorsk – ciudad que concentra varias fábricas en huelga; MAZ – Fábrica de Automóviles de Minsk.

[16] Plaza de la Independencia en Minsk, donde se concentran las mayores protestas.

Traducción: Natalia Estrada.