Dom Dic 04, 2022
4 diciembre, 2022

25N: Para poner fin a la violencia y la opresión, seguir el ejemplo de resistencia y lucha de las iraníes, ucranianas y sudanesas

En 1999, la ONU estableció el 25 de noviembre como un día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. Sin embargo, después de 23 años, la violencia machista no solo no ha disminuido, sino que crece de manera aterradora y generalizada.

¡Esto no puede continuar, ya no aceptamos vivir permanentemente con miedo! No más esperar la «buena voluntad» de los gobiernos e instituciones burguesas para poner fin a la violencia. Ya está más que comprobado que las miles de declaraciones a favor de las mujeres no son más que distracción. El fin de la violencia machista requiere una respuesta contundente en las calles, de toda la clase obrera y sus organizaciones, con las mujeres a la vanguardia, pidiendo medidas concretas, mientras luchamos por destruir la fuente de toda opresión y explotación, que es el capitalismo, siguiendo el ejemplo de las iraníes, ucranianas y sudanesas que se han convertido en símbolos de resistencia y lucha para los trabajadores de todo el mundo. 

Violencia machista

Violación, agresión, mutilación, acoso, matrimonios forzados. Violencia de todo tipo cometida tanto en el ámbito privado como público, por conocidos y desconocidos y en circunstancias y contextos lo más variables posibles. Ninguna mujer está a salvo. Según la ONU, 1 de cada 3 mujeres ha experimentado o experimentará algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

Violencia comienza temprano, en la Unión Europea mitad de las mujeres informan haber sufrido acoso sexual desde los 15 años de edad.  En África Central y Meridional, el 40% de las mujeres jóvenes se casan antes de los 18 años. En Brasil, donde se registraron más de 66.000 violaciones solo en 2021, el 61% de las víctimas eran niñas de hasta 13 años.

La cara más dramática de esta violencia son los feminicidios, cada 11 minutos una mujer es asesinada en alguna región del planeta por el simple hecho de ser mujer. Sin mencionar las violaciones correctivas cometidas contra LBT y los transfeminicidios, cuyas víctimas son casi siempre mujeres trans, con frecuentes prácticas de crueldad.

La mayoría de las veces el agresor es un conocido de la mujer. Los feminicidios íntimos, cometidos por parejas o ex parejas, representan el 38% de todos los delitos de esta naturaleza. A modo de comparación, solo el 5% de los asesinatos masculinos son cometidos por una pareja. Este tipo de feminicidio ha crecido entre las mujeres embarazadas y las mujeres con hijos recién nacidos en los últimos años según la OMS. La negligencia del Estado y de los gobiernos, por acción u omisión, los hace cómplices de toda esta violencia y de la muerte de las mujeres.

Machismo y capitalismo

El capitalismo impone condiciones degradantes de violencia a las mujeres trabajadoras y pobres. En países con ingresos bajos o medio-bajos, se estima que el 37% de las mujeres viven en situaciones de violencia física y/o sexual por parte de sus parejas, y en algunos de estos países la prevalencia es de 1 víctima por cada 2 mujeres. La crisis económica, sanitaria y ambiental y las consecuencias directas e indirectas de la guerra en Ucrania, torna la vida de las mujeres y otros sectores oprimidos aún más dramática. En tiempos de crisis económica y guerras como la actual, la violencia contra los oprimidos alcanza niveles brutales.  Y no por casualidad la violencia domestica exploto en la pandemia. El machismo arraigado en la sociedad burguesa capitalista hace del hogar uno de los ambientes mas peligrosos para las mujeres.

No es que la violencia sea exclusiva de los pobres, pero las desigualdades económicas y sociales se agravan porque obstaculizan y, en algunos casos, incluso hacen imposible que las mujeres escapen del ciclo de violencia. Factores como el empleo y los ingresos que les permita sostener a sus hijos en caso de que sea necesario abandonar un hogar violento, son cruciales. Pero en un mundo donde más de la mitad (51,5%) de todas las mujeres trabajadoras están fuera del mercado laboral y, para empeorar las cosas, en tiempos de crisis capitalista, el empleo de las mujeres es el primero en ser sacrificado, se puede entender por qué es tan difícil para las mujeres romper con la violencia.

Aún peor para las mujeres negras, porque la combinación de machismo y racismo impone aún más humillación, más pobreza, más desigualdad y más violencia a la mujer negra.

Lo mismo puede decirse de los planes de ajuste y contrarreformas sociales implementados por los gobiernos de todo el mundo —ya sean de derecha y extrema derecha, pero también de los autodeclarados izquierdistas que gobiernan según los intereses burgueses e imperialistas— a medida que los recortes en el gasto público afectan los programas para combatir la violencia y el apoyo a las mujeres víctimas, en especial las más pobres que son las que más lo necesitan.

La falta de interés político y de medidas concretas para combatir la violencia contra la mujer no es casualidad. La opresión de la mujer, con todos sus componentes: desigualdad, cosificación, violencia, etc., es parte de la lógica capitalista y sirve para su mantenimiento. La reproducción de ideologías y comportamientos sexistas mantiene a la clase dividida y asegura la dominación burguesa, además de aumentar las ganancias a través de la sobreexplotación de las trabajadoras y el mantenimiento de un ejército de reserva que presiona los salarios y el nivel de vida de la clase. Por otro lado, la naturalización del cuidado de la casa y los hijos por parte de la mujer permite a la burguesía ahorrar gastos con la reproducción del trabajo remunerado a través del trabajo explotado no remunerado realizado por las mujeres en la esfera familiar.

La opresión y la violencia contra las mujeres son muy rentables en sí mismas. La prostitución, la pornografía y todas las formas de explotación sexual de las mujeres, incluidas las menores, donde la sexualidad y el cuerpo se transforman en meras mercancías, generan ganancias de varios miles de millones de dólares. La llamada «industria del sexo» es uno de los negocios más lucrativos del mundo, comparable solo a la industria armamentística o al narcotráfico. Un negocio que está creciendo al mismo ritmo que la inseguridad laboral y la pobreza de la clase trabajadora, y en el que a menudo intervienen diferentes aparatos estatales.

Comprender esta dimensión de la opresión y su conexión con el sistema capitalista es fundamental para dar a las luchas de las mujeres contra la violencia machista una perspectiva correcta, de clase y antisistema, entendiendo que esta no es una lucha de «géneros» o solo de mujeres, sino de toda la clase trabajadora y sus organizaciones, que deben asumir la lucha permanente y sistemática, contra el machismo y la opresión,  Empezando por no invisibilizar esta agenda o relegarla a fechas concretas, sino organizando una campaña activa y diaria entre los trabajadores contra la violencia, los comportamientos y la cultura sexista y apoyando y animando a las mujeres a organizar su propia autodefensa.

También son necesarias medidas concretas por parte del Estado y debemos luchar por cada una de ella. Es necesario exigir a los gobiernos que realicen amplias campañas educativas contra el machismo y la violencia en los medios de comunicación, escuelas, barrios y lugares de trabajo; que los crímenes cometidos contra las mujeres sean investigados y castigados rigurosamente; que se instalen servicios para la asistencia de las mujeres víctimas; así como que se aseguren garantías económicas y sociales que permitan a las mujeres romper el ciclo de violencia. Las declaraciones no son suficientes, sólo a través de políticas reales es posible reducir realmente las tasas de violencia contra las mujeres.

Seguir el ejemplo de las mujeres iraníes, ucranianas y sudanesas

En los últimos meses hemos visto importantes luchas en las que las mujeres han cumplido un papel de vanguardia o sido protagonistas directas, animando a mujeres trabajadoras de todo el mundo a seguir organizando la lucha contra la opresión y la violencia.

En particular, el papel de las mujeres iraníes en el levantamiento contra la muerte de Amini, una joven kurda asesinada por la “policía moral», que se ha convertido en una mecha de la lucha de las mujeres por la vida y la libertad y contra el régimen de los ayatolás y el gobierno de Raisi por parte del pueblo de ese país. La de las mujeres ucranianas, que como parte de la resistencia popular ha logrado hasta ahora disuadir la invasión rusa, enfrentando en este proceso la opresión y la violencia del ejército enemigo, pero a menudo también la de sus propios compañeros. También lo son las mujeres sudanesas que, un año después del golpe de Estado en el país, valientemente continúan arriesgando sus vidas y su libertad en la lucha contra el régimen militar.

Mujeres de toda América también dieron ejemplo de lucha y resistencia, movilizándose por el derecho al aborto en algunos casos con logros, en otros con retrocesos, pero siempre resistiendo; reaccionando contra la violencia machista con movilizaciones cada vez más radicales.

El 25 de noviembre se estableció en honor a las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Trujillo en la República Dominicana, queremos rescatar este espíritu de la fecha expresando toda nuestra solidaridad à la lucha de estas mujeres: iraníes, ucranianas, sudanesas que hoy son un símbolo de la lucha de las trabajadoras en todo el mundo contra la opresión y la violencia.  Es por eso que en este próximo 25N llamamos todas y todos a llenar las calles de todo el mundo para decir basta de violencia, por el fin del capitalismo y por la construcción del socialismo.

Liga Internacional de los Trabajadores, noviembre de 2022

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