Aumento para todos igual al de los policías

Una ola de amotinamientos, marchas y protestas policiales se extendió como reguero por 17 provincias. Fue casi inmediata la irrupción de los saqueos. Se estremece el país y se conmocionan las más diversas clases sociales.


La prensa y los medios masivos hablan de caos y del temor porque “sobran incendios sociales y faltan bomberos”. Justo en estos momentos críticos es cuando algunos gobernantes dicen sin vueltas lo que más temen.
 
Es el caso del nuevo jefe de gabinete, Capitanich: para él todo lo que pasa es obra de una “conspiración contra la democracia”.

No alcanza con la farsa de “festejar los 30 años de democracia” en Plaza de Mayo para esconder que el primer conspirador contra la democracia es el gobierno. Es el que pudre el tejido social, llevando al miserable a robar al pobre. Es el responsable de saquear las riquezas petroleras, mineras y naturales y de vaciar el presupuesto estatal para pagarle a los buitres el fraude de la deuda. Es el responsable de liquidar la salud y educación públicas, robar los salarios a los trabajadores con la inflación, dejar sin trabajo a millones de jóvenes, sumergidos en la marginalidad y delincuencia masivas. Y ahora descubre un vándalo organizado por la policía en todo aquel desesperado que irrumpe en un supermercado o se lleva corriendo unas zapatillas o un electrodoméstico.

Lo que se necesita es que los sindicatos y las centrales obreras no ignoren a los desocupados, que los orienten a reclamar organizadamente a las grandes cadenas de supermercados y empresas alimenticias y de artículos de primera necesidad para paliar la miseria.

Capitanich contra la sindicalización de la tropa
 
El nuevo “capitán” del gabinete de gobierno intenta dar lecciones al pueblo, diciendo: “Es necesario que el pueblo distinga cuando alguien tiene armas o no tiene armas” y que detrás de estos reclamos y rebeliones policiales “hay una estrategia de sindicalización”…  Y remata apuntando a lo que más teme: “no puede existir sindicalización para una persona que porta arma”.

Sin los consejos de Capitanich, la mayoría del pueblo desarmado distingue, y hace mucho tiempo, cuando “alguien tiene o no tiene armas”. Son los millones de trabajadores desarmados que enfrentamos a los chorros en las calles de los barrios humildes, que sufrimos los robos y asesinatos en las calles sin luz por los temporales o a plena luz del día como hoy en Tucumán. Somos los que soportamos los ataques de las patotas y barras bravas del PJ y las custodias privadas de las empresas o el gatillo fácil de los policías corruptos de las mafias de la trata, el narcotráfico y los autos robados.

Por eso es que el PSTU respalda la necesidad de “reemplazar el aparato de represión de este Estado, que está al servicio de los explotadores, por organizaciones de los trabajadores mismos, en el camino de la lucha por su propio gobierno”, expresada en el Manifiesto Programático electoral del FIT.

Pero en ese camino encontramos hoy una oportunidad: las policías, parte de ese aparato de represión, tienen una fractura horizontal, una crisis social que, lejos de asustarnos como a Capitanich y a otros, nos alienta a profundizarla para debilitar las fuerzas represivas en los enfrentamientos que cada vez más están planteados para los trabajadores organizados.

Sindicalización para debilitar la cadena de mando represivo
 
Entonces, aprovechemos las confesiones de Capitanich para distinguir que esas personas que portan armas y se rebelan –policías hoy, gendarmes y prefectos el año pasado– reciben órdenes de reprimir, y habitualmente obedecen por disciplina a gobernantes como el mismo Capitanich, [que] en el Chaco les ordenó tirar a matar, encarcelar o perseguir a estatales, maestros y Qom.
Pero, en momentos como este, los policías exigieron sueldos, se rebelaron, decidieron en asambleas, no obedecieron y enfrentaron a los gobernadores, que los llamaron “sediciosos” y los amenazaron con duras sanciones. Justamente en ese momento se rompió por un momento la cadena de mando. Es cuando los guardianes chocaron con sus jefes y patrones. Es cuando saltaron cúpulas policiales y tambalearon gobiernos provinciales. Es cuando les dieron aumentos que superan los que otorgaron a otros empleados estatales.

Y [es] que la estrategia de sindicalización de los policías o gendarmes y prefectos es no sólo para que reclamen sueldos o mejores condiciones de servicio, sino justamente para que se pueda romper la cadena de mando, con el derecho sindical de la tropa y suboficiales a no cumplir las órdenes superiores que atenten contra las libertades democráticas. De modo que los estatutos de los futuros sindicatos de policías, gendarmes y prefectos, subordinados a las centrales sindicales de trabajadores tengan la expresa prohibición de reprimir a los trabajadores y sus protestas, huelgas, piquetes o luchas que muchas veces son por los mismos reclamos que hoy hacen los policías.

La organización sindical de la tropa y suboficiales puede y debe servir también para fortalecer la lucha por expulsar a todos los jefes corruptos, mafiosos y genocidas enquistados en las fuerzas represivas.

Ahora rebelémonos los trabajadores
 
Frente a la miopía de los que desde la izquierda le hacen coro a Capitanich al denostar a los “represores”, justo cuando estos se rebelan y enfrentan a los gobiernos por sus propios reclamos, dejando el servicio con movilizaciones y asambleas, nosotros vemos aquí una oportunidad de exigir con más fuerza los propios reclamos de los trabajadores: reapertura de paritarias, bono de fin de año para paliar la tremenda inflación, pase a planta de todos los contratados, ningún despido.

Los trabajadores tenemos un arma muy poderosa: la huelga general, la movilización. Pero tenemos una gran traba que nos impide usarla: es la “cadena de mando” de las cúpulas sindicales traidoras que sirven a las patronales y el gobierno de turno. Pero una vez más quedó en evidencia que si hay fondos para pagar aumentos a las policías debe haber aumentos para maestros, enfermeros y médicos. Es el momento de obligar al gobierno a darlos. Y sin eso sabemos que las mismas patronales que “se la llevan en pala” pueden dar el bono y aumentos.

Ante esta crisis política del régimen y del gobierno se hace sentir más aún la falta de una iniciativa unificada de lucha para enfrentar el ajuste antes de fin de año por parte del FIT.

Tomemos el extraordinario ejemplo de ATEN en Neuquén que exige un básico de 8.000 y plantea que el gobierno le puso un piso al salario: lo que dio a la policía. Por eso debemos exigir a las CGT y CTA que dejen de ser cómplices de Capitanich y su amigo Massa y llamen a un paro general para el 20 de diciembre en reclamo de 8.000 de básico inicial para todos los trabajadores y reapertura de paritarias.