Desde hace algunas décadas el período estival es tristemente caracterizado por un fuerte aumento de desembarcos sobre las costas italiana y mediterránea por parte de inmigrantes que huyen hacia Europa. Este año, en plena pandemia, aún más que en el pasado, además de los desembarcos han intensificado fuertemente las polémicas instrumentales, racistas y xenofóbicas de la extrema derecha y de los soberanos que, a ejemplo de Trump y Bolsonaro, menosprecian y niegan la pandemia, pero al mismo tiempo arremeten contra los inmigrantes que llegan, culpándolos de ser los nuevos esparcidores del virus entre el pueblo europeo. En todo esto, las políticas implementadas por la izquierda reformista en el gobierno, como también por el M5s, hasta ahora no se diferencian absolutamente en nada de las normas opresivas aprobadas por la Liga y por la derecha de Italia, al contrario…

Por: Daniele Cofani*

Italia: Estado imperialista y racista

Por Estado entendemos aquella superestructura a través de la cual la clase dominante (la burguesía) ejerce su dominio sobre las clases bajas (pequeña burguesía y proletariado), con el fin de concentrar la riqueza producida en manos de unos pocos capitalistas; para tal fin hace también abuso de opresiones como el racismo, el machismo y la lgbtfobia, que en el capitalismo forman parte integral de la ideología dominante sobre la cual se asienta un sistema basado en la explotación.

Italia, por ser un Estado burgués e imperialista no es inmune al racismo, como no lo son tampoco todos los otros Estados europeos. Por el contrario, desde siempre, los gobiernos y regímenes europeos han estado entre los mayores usuarios y exportadores de la maléfica ideología racista, sobre la que han construido las bases para oprimir y explotar a los proletariados europeos, pero también y sobre todo a las masas populares de los distintos continentes, de lo cual el colonialismo es solo el primer ejemplo.

Las crisis migratorias que continúan desarrollándose en nivel global son el resultado de las políticas imperialistas y predatorias de los países europeos, de los cuales Italia está entre los principales exponentes.

Por imperialismo entendemos el rostro más cruel del capitalismo, en el cual unos pocos Estados burgueses, entre los más poderosos, someten y explotan a la inmensa mayoría de los proletariados de los otros países, de hecho centralizando en las manos de unos pocos multimillonarios las riquezas mundiales. Todo esto continúa generando pobreza y devastación, sin ningún escrúpulo por la vida de las masas populares y por el respeto al medio ambiente.

Italia ha sido y continúa siendo un país colonizador e imperialista: sin ir muy lejos, ya a finales de 1800 detentaba el control de los territorios africanos de las actuales Eritrea y Somalia, dominio ampliado durante el régimen fascista en el que Mussolini, para no ser menos que las otras potencias europeas, a través de la campaña del África, conquistó por la fuerza a Albisinia (hoy Etiopía), destruyendo la resistencia de los etíopes también con el uso de armas químicas, proclamando al final del conflicto el Imperio del África Oriental Italiana. Durante el período fascista fueron ocupadas también Libia (siempre en África) y parte de los Balcanes en Europa. Todo esto fue posible también por la utilización de la ideología racista y supremacista: diciendo que estaban exportando civilización y cultura a poblaciones atrasadas, en realidad exportaban solo opresión, violencia y explotación.

Incluso hoy, todo el imperialismo quiere hacernos creer que las centenas de misiones militares de paz en el exterior son funcionales para exportar la democracia, cuando en realidad son lo contrario, verdaderas guerras de ocupaciones con el único objetivo de apoderarse de las riquezas minerales y tener el control geopolítico de áreas específicas. Hoy, Italia, como país imperialista, actúa con sus políticas depredadoras y de dominio con la misma intensidad y cualquiera sea el alineamiento político en el gobierno, lo que varía es solo la propaganda de fachada: hipócrita y benéfica por parte de la izquierda, de odio y nacionalista por parte de la derecha, pero ambas, basadas en la opresión racista, son funcionales para enriquecer a la burguesía nacional, explotando tanto a los trabajadores italianos como a los extranjeros.

La «primavera árabe», un salto revolucionario

Como dijimos antes, las crisis migratorias son en su casi totalidad causadas por los enfrentamientos geopolíticos interburgueses, que generan guerras, destrucción, muerte y pobreza, con el único objetivo de apoderarse de territorios, riquezas y control. Esta situación de dominio imperialista también es apoyada por regímenes proimperialistas que, vendiendo las riquezas de sus propios países a las multinacionales, enriquecen solo a una pequeña elite, reduciendo a la pobreza a poblaciones enteras. Precisamente sobre la base de este sistema de explotación, en 2010 estalló la llamada «primavera árabe», en la que las masas populares árabes reaccionaron ante las insostenibles condiciones de opresión y miseria. El inicio de la «primavera árabe» fue el atroz gesto de protesta de un joven ambulante tunecino, que se prendió fuego en la plaza; un gesto representativo de la desesperación de muchos otros de sus compañeros proletarios reducidos a la miseria. Tras aquel gesto se desató una verdadera revuelta popular que en poco tiempo encendió todo el Norte de África hasta el Medio Oriente, con disturbios en Marruecos y Argelia, y verdaderas guerras civiles en Egipto, Libia y Siria.

A través de estas revoluciones, las masas populares árabes lograron derrocar dictaduras de décadas como la de Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto y Gadafi en Libia, mientras aún continúa la revolución siria contra el sanguinario Assad. Si estas revoluciones no avanzaron hasta terminar en la toma del poder por parte del proletariado árabe a través gobiernos obreros, se debe exclusivamente a la ausencia de una dirección revolucionaria, de un partido comunista de vanguardia armado no solo de fuerza y coraje sino también de teoría marxista.

Los estalinistas castro-chavistas se opusieron a estas revoluciones, como, por ejemplo, la que se dio contra Gadafi en Libia, así como la que aún está en curso en Siria contra Assad, atribuyéndolas a maniobras fantasmas de la CIA, negando de hecho su naturaleza de masa y de clase, con el solo fin de defender su política y sus gobiernos al servicio de la burguesía, sin preocuparse de pisotear indignamente la sangre revolucionaria derramada por los proletarios libios y sirios. Todo esto pone en evidencia cómo el imperialismo es responsable de la devastación de áreas enteras del mundo, generando desesperación y pobreza para millones de proletarios, obligándolos así a emigrar para escapar de un futuro que no les promete más que hambre y muerte.

Además, esos gobiernos burgueses que continúan alimentando esta masacre son los mismos que prohíben a esas masas que huyen poder emigrar libremente, concediéndoles la alternativa entre morir ahogados en el Mediterráneo o luchar para obtener ese permiso de residencia que les «permita» para ser explotados en los trabajos más humildes y peor pagos.

Italia: el uso del racismo para dividir y explotar a los trabajadores

En Italia, a través del uso de diferentes matices de la ideología racista, hace más de 30 años que gobiernos de todos los grupos políticos continúan aprobando leyes contra los inmigrantes y la inmigración, siendo así responsables del genocidio de las masas africanas que tiene lugar en el mar Mediterráneo. Desde 2013 hasta hoy son más de 20.000 los inmigrantes que han muertos ahogados en el mar, en la tentativa de alcanzar las costas de Europa con embarcaciones improvisadas, víctimas, entre otras cosas, del tráfico ilícito de migrantes, que tristemente reporta en la historia a la más dramática trata de esclavos.

Al hojear las diversas leyes sobre el tema de la inmigración aprobadas en Italia, emerge que todas se basan sobre emergencia, seguridad y orden público, y ninguna de ellas responde a las necesidades reales de las masas que escapan de dramáticas situaciones. En 1990 se aprobó la primera ley sobre inmigraciones (ley Martelli), con la cual por primera vez se abordó la cuestión migratoria desde el punto de vista económico, o sea, los flujos fueron reglamentados según la exigencia de mano de obra mediante visas de entrada y papeles para transitar.

De allí en adelante, ha habido una sucesión de decretos y leyes que, a cada paso, han empeorado siempre más las condiciones de los inmigrantes que llegan y de los que ya están en Italia. Para hacer un rápida repaso, entre las principales leyes que se sancionaron en estos años podemos mencionar la ley Turco-Napolitano (1998), gobierno de centro-izquierda, que introdujo los Centros de Permanencia (Detención) Temporal (CPT) donde se puede encerrar a los inmigrantes hasta por 30 días antes de deportarlos y repatriarlos. La Bossi-Fini (2002), gobierno de la Liga, con la cual se instituyó el perverso instrumento del permiso de residencia subordinado a un contrato de trabajo, poniendo permanentemente bajo chantaje ocupacional a los trabajadores inmigrantes, obligados a aceptar cualquier tipo de contrato y salario para mantener el permiso e residencia. Hubo el paquete Maroni, de la Liga (2008), con el cual se introdujo el delito de inmigración clandestina (ilegal) para quienes entraban en Italia sin documentos y los que perdían el derecho al permiso de residencia, con la consecuente pena de expulsión del territorio italiano. Se llega, entonces, a la ley Minniti-Orlando (2017), gobierno del Partido Demócrata (PD), que, además de no aportar ninguna derogación o mejora a las precedentes, logra empeorarlas. Abole en fase preliminar la audiencia y la apelación por los solicitantes de asilo político, de hecho discriminándolos con la excusa de agilizar el proceso. Renueva, por su parte, los acuerdos con Libia, financiando así el «control» de los flujos migratorios, pero sobre todo los verdaderos campos de concentración libios, donde hoy siguen detenidos miles de inmigrantes que sufren torturas y violencia. Para terminar, tenemos los decretos Salvini y Salvini-bis del gobierno «amarillo-verde», donde se consolida la estela racista y xenofóbica de las precedentes leyes de la Liga. De la aprobación de los decretos Salvini, denominados también decretos de seguridad, convertidos en ley en 2018, es responsable también el M5s con los votos de sus parlamentarios; leyes que han abolido el permiso de residencia humanitaria para los solicitantes de asilo político, que les concedía derechos básicos como la asistencia sanitaria, leyes que han desfinanciado los centros de acogida poniendo en la calle a miles de inmigrantes sin hogar. En el decreto bis se introdujo incluso como crimen el salvar vidas humanas en el mar, que afecta principalmente a los navíos de las ONGs dedicados al rescate de los inmigrantes con dificultades en el Mediterráneo.

La ideología racista sobre la cual se basa toda esta armazón normativa es esencialmente funcional para incrementar ese ejército industrial de reserva chantajeado y de bajo costo, compuesto también de inmigrantes principalmente negros y africanos, para ser explotados en los peores y más inhumanos trabajos. Quienes hasta ahora no se han opuesto a estas leyes o, peor aún, las han sostenido, como es el caso del «filósofo marxista» Fusaro (que hace eco a Rizzo del PC), son cómplices y agentes de la burguesía en el sucio trabajo de dividir a la clase trabajadora. Además, estas leyes criminales, durante la cuarentena, han hecho la vida aún más difícil para los muchos inmigrantes sin casa, derechos y salarios[1].

Ningún apoyo a los gobiernos imperialistas y racistas

Por todo esto y tantas otras cosas, decimos que en el sistema capitalista no puede existir reforma o gobierno progresista que pueda poner fin al dominio imperialista y a la ideología del racismo; basta ver el papel histórico que ha tenido la izquierda reformista al apoyar los distintos gobiernos burgueses. Sin ir demasiado lejos en el tiempo, basta ver el trabajo que está desarrollando diligentemente Liberi e Uguali [Libres e Iguales] (Leu) en el interior del gobierno, que responde directamente a los deseos de la gran burguesía italiana. Mientras que el año pasado los parlamentarios de Leu, durante el gobierno Salvini-Di Maio, se deshacían por llevar solidaridad a los inmigrantes varados en el navío de la ONG, hoy no pronuncian palabra contra su ministro Speranza, el que en pleno lockdown les negado el ingreso en puertos italianos para rescatar barcos. Basta ver cómo el ministro Speranza está gestionando el cierre de los vuelos, dejando abiertas las rutas con los países imperialistas ricos, como Estados Unidos, Alemania, Francia y España, aún a pesar de los altísimos números de nuevos contagiados, cerrando en cambio las fronteras con Rumanía, los Balcanes, Bangladesh, etc., culpando a las comunidades de trabajadores inmigrantes a través de la imposición instrumental de muchos tampones (los que sirven para ver si hay coronavirus, con los que intentan decir que son los inmigrantes pobres los que llevan el Covid!!!, nda.) a fin de ocultar la responsabilidad del lobby de las compañías aéreas que han impuesto la reapertura de los vuelos, además sin ningún distanciamiento en los aviones. Para no hablar de la gestión de nuevos desembarques de los inmigrantes provenientes de Libia y de Túnez: para ellos, encierro y aislamiento forzado en determinados navíos en el mar o recluidos dentro de un edificio utilizado en tierra, claramente controlados las 24 horas por la policía y el ejército.

Todo esto ocurre mientras los patrones, también gracias al apoyo de los dirigentes sindicales, desde marzo tienen permiso para mantener abiertas las fábricas incluso con decenas de trabajadores con resultados positivos para el Covid-19, y que la policía no se envía contra los patrones sino contra los trabajadores que organizan luchas para defender su propia salud. Es evidente que ningún reformista puede ser considerado realmente un antirracista desde el momento en que apoya un Estado donde el racismo es estructurado para dividir, oprimir y explotar a la clase trabajadora. No puede ser antirracista el ministro Speranza por todo lo que dijimos; no pueden ser antirracistas los hipócritas parlamentarios de Leu que, en las últimas semanas, votaron contra la refinanciación de las misiones al extranjero pero continúan apoyando un gobierno imperialista que, con mil millones de euros, financia cuarenta misiones de ocupación militar entre África, Medio Oriente y Asia, entre ellas también los campos de concentración libios, con el único objetivo de enriquecer a la burguesía italiana. Todo esto a través de la dominación y la explotación de otras tierras y de las masas populares, motivo que, como argumentamos antes, está en la base de la masiva inmigración.

Malcom X decía que no puede existir capitalismo sin racismo, y por esto nosotros sostenemos que no existe ningún otro camino que no sea la destrucción del sistema capitalista para eliminar las opresiones como el racismo, el machismo y la lgbtfobia.

¿Cómo hacerlo? Uniendo las luchas de los trabajadores con las de los movimientos sociales, sin ninguna división de raza, género, nacionalidad, religión, partiendo de reivindicaciones democráticas y transitorias como la abolición de las leyes sobre inmigración, así como la precariedad, contra leyes que niegan el derecho a la vivienda o a la libertad de aborto para las mujeres. Al interior de estas luchas es necesario construir el partido de vanguardia, internacionalista, único instrumento que puede conducir al proletariado hacia la lucha más importante, que es la que lleva al socialismo a través de la destrucción del capitalismo, único camino para una sociedad sin clases, opresiones y explotación. Que las masas populares africanas se liberan del imperialismo, que las hermanas y los hermanos africanos sean siempre bienvenidos: los únicos ilegales son los agentes de la burguesía infiltrados en el movimiento obrero.

[1] https://www.partitodialternativacomunista.org/doppie-oppressioni/immigrazione-e-covid-19

*Daniele Cofani es obrero de Alitalia e integrado el Comité Central del Partido de Alternativa Comunista (PdAC), de Italia.

Artículo publicado en www.partitodialternativacomunista.org. Otros artículos sobre el tema también están disponibles en la revista teórica Trotskyismo Oggi n ° 14. Consultado el 24/9/2020.

Traducción: Natalia Estrada.