Mar Jul 23, 2024
23 julio, 2024

Dos meses de férrea resistencia ante el invasor ruso

Han pasado dos meses desde que Putin ordenó la invasión de Ucrania. La enorme superioridad militar de Rusia y la velocidad de su avance durante los primeros días plantearon la probabilidad de una victoria rápida y aplastante, sin muchos costos para los invasores. Pero esa dinámica fue revertida y, ahora, la realidad es otra. Nadie puede pronosticar el fin de la guerra.

Por Daniel Sugasti

Las cosas no salieron según las expectativas de Putin y su camarilla de oligarcas. Sus planes se estrellaron, ante todo, contra la resistencia feroz, en ocasiones desesperada, por parte del pueblo ucraniano. Una resistencia, armada o desarmada, de una población que se involucró de lleno en la defensa de su independencia nacional.

La razón fundamental –no la única, por supuesto– por la que Ucrania sigue existiendo como nación independiente tras dos meses de haber sido invadida por la segunda potencia militar del planeta, es la disposición de lucha que demuestra el pueblo ucraniano, que enfrenta a las tropas rusas sin el armamento necesario y soportando todo tipo de penurias y actos de barbarie por parte del agresor, como las ejecuciones de civiles y fosas comunes en Bucha, Mariupol, o el ataque aéreo al Teatro de Mariupol –a pesar de que podía verse desde el aire la palabra “niños”–, o el bombardeo de la estación de tren de Kramatorsk – donde se apiñaban centenares de personas que intentaban huir de la guerra–.

Masacres en Bucha

Estas atrocidades confirman que la guerra de Putin, además de un acto de conquista, emplea tácticas de exterminio de la nacionalidad ucraniana.

El fracaso ruso en Kiev

Luego de semanas en las que el asalto a Kiev se anunciaba como inminente, la dura resistencia y contraofensivas del Ejército y milicias populares ucranianas, además de un rosario de problemas logísticos y de comunicación en filas rusas, llevaron a un anuncio inesperado por parte del Kremlin: las tropas de Putin se retirarían de la periferia de Kiev y del norte y noreste del país, para concentrarse en una “segunda fase” de la guerra, la llamada “liberación” del Donbás.

El retroceso de Rusia ante el sinnúmero de problemas para atacar y tomar la capital ucraniana, que hubiera significado prácticamente la victoria definitiva, configura una importante conquista parcial de la nación oprimida. Putin fue derrotado en su primera embestida contra Kiev.

Tanques rusos destruidos en la periferia de Kiev

El giro táctico de Rusia recrudeció la brutalidad del asedio a la ciudad portuaria de Mariupol, a orillas del mar de Azov. El incesante bombardeo de la artillería dejó la ciudad en ruinas, con cerca de 100.000 civiles atrapados en ella, sin agua potable, comida, medicinas, calefacción, sobreviviendo bajo tierra. La conquista de Mariupol, como se sabe, es importante para los rusos pues permitiría unir Crimea, territorio ucraniano anexado por Rusia en 2014, con las áreas controladas por mercenarios separatistas prorrusos en Donetsk y Lugansk.

En medio de la batalla por Mariupol resonó una segunda victoria ucraniana: el hundimiento del buque de misiles Moskva, insignia de la flota rusa del mar Negro. Esto fortaleció todavía más la moral ucraniana y mostró al mundo tanto la determinación de los defensores como las fragilidades de los atacantes.

La suma de reveses hizo que Putin nombrara a Aleksandr Dvornikov, el “carnicero de Siria” nuevo comandante de las fuerzas rusas en Ucrania.

En los últimos días, el Kremlin anunció la conquista de Mariupol, a pesar de que todavía existen focos de resistencia ucraniana, principalmente los que se atrincheraron en la fábrica de acero Azovstal, un reducto de 11 kilómetros cuadrados. Allí resisten cerca de 2.000 soldados defensores junto con cerca de mil civiles, según fuentes ucranianas. Luego de repetidos ultimatos, todos rechazados por los ucranianos, Putin ordenó abortar los ataques a la planta de acero, pero estrechar el cerco de modo que “no pase ni una mosca”, o sea, matarlos de hambre y sed. Sin embargo, el sábado 23 los rusos retomaron un intenso fuego de artillería contra la planta siderúrgica. De cualquier modo, la no rendición de los últimos defensores de Mariupol, en medio de una situación dramática, impidió a Putin poder presentar una victoria contundente.

Sin embargo, control ruso de Mariupol es un duro golpe para Ucrania, puesto que pierde una importante salida al mar y complica cualquier plan de recuperar su soberanía sobre el Donbás.

La batalla por el Donbás

La lucha en el Este será brutal y prolongada. Rusia ha reposicionado y concentrado sus tropas para un ataque a gran escala. Los soldados ucranianos cuentan con más experiencia y su moral es alta. Pero carecen de armas pesadas y tecnológicamente avanzadas. Tampoco cuentan con cazas de combate para disputar con los rusos el control del cielo. A pesar de su retórica “solidaria” con Ucrania, ni la OTAN ni ningún gobierno entregó las armas necesarias para mejorar la defensa del país y mucho menos para revertir el curso de la guerra.

Putin no puede permitirse más reveses. Necesita una victoria aplastante. Ahora se sabe que la intención rusa en esta “segunda fase” de la guerra es controlar todo el Este y el Sur de Ucrania, hasta Transnistria, región separatista prorrusa de Moldavia. Lo admitió el general Rustam Minnekayev. Esto pone bajo la lupa, además de todo el Donbás, a Odesa y Mikolaiv, dos ciudades sureñas bajo control ucraniano.

La batalla por el Donbás es decisiva y recrudecerá el horror de la guerra. Una victoria contundente de Rusia puede reavivar sus planes de tomar Ucrania entera. Un empantanamiento o una derrota de los invasores, abrirá otra dinámica en el conflicto.

Ninguna confianza en Zelenski ni en el imperialismo

El pueblo ucraniano, que ha demostrado una fuerza social impresionante, no tiene razones para confiar su suerte al gobierno burgués y fantoche del imperialismo de EEUU y la Unión Europea (UE) que preside Zelenski. Tarde o temprano, el gobierno de los oligarcas saboteará la resistencia popular y capitulará ante Putin, probablemente cediendo territorio ucraniano.

La guerra, por otra parte, ha mostrado que la hipocresía del imperialismo no tiene límites. Ucrania recibe elogios y discursos de apoyo por parte de los gobiernos imperialistas, pero el hecho es que ese país no recibió ningún tipo de armamento pesado, ni un avión de combate. Por eso, la exigencia a todos los gobiernos, imperialistas o no, de un envío incondicional de armas pesadas a Ucrania sigue siendo una tarea ineludible y decisiva en este momento.

Convoy obrero a Ucrania

Es urgente redoblar esfuerzos para garantizar la solidaridad hacia la resistencia ucraniana. En ese sentido, entre abril y mayo, el Convoy Obrero de la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas se dirigirá hacia Ucrania para llevar ayuda humanitaria y fortalecer lazos con la resistencia de clase en el país contra la invasión rusa. En varios países, sectores de la clase trabajadora realizaron colectas para solidarizarse activamente con sus hermanos de clase ucranianos. El Convoy es una iniciativa que retoma lo mejor de la tradición internacionalista del movimiento obrero, un acto de solidaridad que merece el apoyo de cualquier socialista, demócrata y defensor de los DDHH y el derecho a la autodeterminación nacional de los pueblos.

El pueblo ucraniano solo debe confirar en sus propias fuerzas Foto: Paula Bronstein

Llamamos a que la bandera del apoyo a la resistencia ucraniana sea tomada en los actos y marchas el próximo Primero de Mayo, día internacional de la clase trabajadora.

Lamentablemente, un amplio sector de la llamada izquierda apoya a Putin (como el estalinismo y castrochavismo) o se mantiene equidistante, planteando consignas pacifistas, como el tramposo “no a la guerra”, una generalidad que iguala a agresores y agredidos, y el rechazo a la exigencia de armas para que Ucrania pueda defenderse.

La LIT-CI, por su parte, seguirá en la primera línea de apoyo a la Ucrania ocupada por las tropas de Putin. Solo desde el apoyo a la resistencia ucraniana se puede combatir y desenmascarar a la OTAN, EEUU, la UE y al propio gobierno oligárquico de Zelenski, incapaz de encarar la lucha contra el agresor ruso hasta las últimas consecuencias.

¡Trabajadores del mundo, uníos en apoyo a la resistencia ucraniana!

¡Por la derrota de las tropas de Rusia!

¡Viva la resistencia ucraniana!

¡Ninguna confianza en EEUU, UE, OTAN!

¡Por la disolución de la OTAN!

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