La semana pasada, un storie (mensaje instantáneo postado en Instagram con duración de 24 horas) de Rita von Hunty causó una enorme polémica en las redes sociales. Rita, nombre de drag queen del joven profesor, actor y Youtuber Guilherme Lima Pereira, de 31 años, criticó la alianza de Lula con Alckmin, así como la omisión del programa petista en relación con temas como la reforma laboral. En el storie, ella finaliza indicando precandidaturas de izquierda, entre ellas la de Vera, del PSTU y del Polo Socialista Revolucionario.

Por: Diego Cruz

El storie duró un día, pero la polémica se extendió durante toda la semana. El PSTU quedó entre los asuntos más comentados de Twitter, y Rita sufrió un severo proceso de “cancelación”. Llegaron al punto de revisar sus redes sociales y para desmoralizarla desenterraron un post de casi diez años atrás en el que criticaba a Dilma. Todo eso simplemente por emitir una opinión política, con argumentos y fundamento.

La drag queen Rita von Hunty.

En ese torrente de ataques, evidentemente el PSTU no apareció en los trend’s por comentarios elogiosos a su precandidatura. Gran parte de los mensajes clasificaba como “irresponsable” llamar “voto útil” en el PSTU en el primer turno, pues, frente a la enorme crisis social y la amenaza de golpe de Bolsonaro, la prioridad debería ser elegir a Lula enseguida. A pesar de Alckmin, incluso señalaron algunos.

“El país con 20 millones de personas pasando hambre y ustedes jugando de revolucionarios”, decía uno de los mensajes en el Facebook. Este post bien podría resumir el sentimiento de buena parte de las personas que se indignaron con el comentario de Rita. Son personas legítimamente preocupadas con la profunda crisis en que está hundido el país, indignadas con los desmanes y sucesivos crímenes practicados por el genocida en el poder, y que depositan sus expectativas en la candidatura que aparece con más condiciones de derrotar a Bolsonaro.

Pues bien, es un anhelo legítimo y comprensible pero que no deja de estar equivocado. Primero, la alternativa representada por Lula-Alckmin, apoyada por el PSOL, junto con sectores del centrão, el bolsonarista Claudio Castro en Rio de Janeiro, y sectores del mercado financiero, del gran empresariado y del agronegocio, ¿es capaz de resolver los dramáticos problemas sociales y económicos que enfrenta gran parte de la población? ¿Tocará en la abismal desigualdad social que hace que hoy personas mueran de frío en la calle mientras se forman filas récords para la compra de aviones por ricos? No va a hacerlo.

Ni la revocación de la reforma laboral, responsable por la precarización en masa del trabajo, será realidad con la lista Lula-Alckmin. Estamos inmersos en una crisis capitalista profunda, con 45 millones de personas que llega al final del día con hambre, algo alrededor de 92 millones sometidas al desempleo y el subempleo. Sin enfrentar la desigualdad, tocar en los privilegios, lucros y propiedades de los multimillonarios y súper ricos, la propaganda del PT, del pueblo volviendo a comer asado el final de semana, continuará siendo ficción. Eso no es “radicalismo”, lamentablemente es la realidad, y tal vez usted sepa y hasta concuerde con eso.

Volar Lula-Alckmin no derrotará a la ultraderecha

Cierto, Lula y Alckmin no van a hacer grandes cambios, pero la prioridad es derrotar el golpismo y la ultraderecha, y para eso tenemos que elegir a Lula en el primer turno. ¿Será así? Vamos a ver qué ocurre hoy en los Estados Unidos. Joe Biden, electo con gran expectativa de derrotar el trumpismo, viene teniendo derretida su popularidad. En un escenario de crisis e inflación, los Republicanos, ahora totalmente hegemonizados por Donald Trump, aparecen como favoritos para las próximas elecciones.

Vamos más cerca, a Chile. Gabriel Boric fue electo con un amplio frente de partidos de izquierda y sectores burgueses, con una propuesta de reformas por dentro de la institucionalidad y del régimen. Pocos meses después de su toma de posesión, su apoyo popular cayó. Este 17 de mayo, Boric decretó estado de excepción en las áreas mapuches para reprimir a los indígenas que luchan contra las empresas extractivistas en sus regiones. Así como en el Brasil, la polarización social chilena también confirió a la ultraderecha una referencia nacional, en este caso Antonio Kast.

Por aquí, tenemos una ultraderecha consolidada y organizada, con un declarado proyecto de dictadura. Con una base social que comprende a sectores de las Fuerzas Armadas y de las policías militares, además de sectores civiles que están siendo deliberadamente armados para integrar milicias bolsonaristas. Una vez derrotado en octubre, y aceptando el resultado de las urnas, ese personal no irá para casa a ver Netflix. La frustración frente a un futuro gobierno Lula-Alckmin fortalecerá lo que para las masas aparece como su antagónico: la ultraderecha. Por eso, sacar a Bolsonaro simplemente por el voto no enterrará a la ultraderecha y alejará la amenaza de golpe y dictadura. Al perpetuar las condiciones sociales que permitieron el surgimiento y el fortalecimiento de esa plaga, esta continuará asombrándonos.

La ultraderecha solo será derrotada a través de la movilización y organización de la clase trabajadora, incluso garantizando su autodefensa (lea: Sobre la necesidad de autodefensa de las masas y el armamento), y acabando de hecho con el retroceso, la decadencia y la barbarie a que estamos sometidos y que forman el caldo de cultivo en el cual esta se cría y crece.

La necesidad de la disputa de la conciencia

Afirmar que un futuro gobierno Lula-Alckmin sufrirá inevitablemente un proceso de desgaste no es hinchar por eso, mucho menos es futurología. La crisis y decadencia capitalistas es hoy mucho mayor que en 2003. El Brasil está mucho más subordinado al imperialismo y el retroceso en relación con su inserción en la división mundial del trabajo es mucho mayor. No se vislumbra en el horizonte nada parecido al súper ciclo de las commodities que permitieron al entonces gobierno Lula hacer concesiones a los sectores más empobrecidos y vulnerables. Un proyecto que opte, en los marcos del régimen, por administrar esa crisis capitalista, más temprano que tarde, va a redundar en ataques a la clase trabajadora.

La verdad es que no conseguiremos acabar con el hambre, la desigualdad social, el desempleo y la precarización, ni con las amenazas a las libertades democráticas a través de las elecciones, dominadas por el poder económico, por quien justamente se beneficia con este sistema. Puede parece extraño que un partido afirme esto, ¿no es cierto? Pero el PSTU participa de las elecciones no para elegir a cualquier costo sino para defender un proyecto socialista, disputar la conciencia de los trabajadores en favor de esa estrategia y avanzar en la organización de la clase.

No se trata solo de un voto de protesta, o meramente para “marcar posición”. Sino sí, de fortalecer una alternativa y una estrategia que realmente puedan significar un cambio estructural en estos 500 años de explotación y opresión. Y vea, esa no es una invención del PSTU. En las elecciones de 1982, las primeras pos golpe de 1964, aún en la dictadura militar bajo el gobierno de Figueiredo, el PT participó de las elecciones con el objetivo de difundir un programa clasista y avanzar en la organización independiente de los trabajadores.

Y, exactamente por eso, no defendió un “voto útil” en alguna candidatura burguesa progresista y democrática para “vencer” a la dictadura. Lula, por ejemplo, sabía que no tendría ninguna condición de elegirse como gobernador de San Pablo ((terminó en cuarto lugar), pero puso su nombre en defensa de ese proyecto.

Como decía un volante del PT, de enero de 1982, “nuestro objetivo no es solo el de conquistar votos, sino es principalmente el de servir a la organización política de los trabajadores. Para el PT, las elecciones son una herramienta para hacer avanzar y crecer la movilización y la organización del pueblo. Son un paso más en la larga caminata para nuestra liberación. Trabajador vota trabajador. Ganar las elecciones es votar en el PT”. La participación del PT en las elecciones fue fundamental para consolidar el partido y, principalmente, para fortalecer el clasismo, o sea, la idea de que los trabajadores solo se liberarán a través de su propia lucha. Aunque el PT como partido nunca haya tenido el socialismo como estrategia, fue progresivo porque confrontaba la tradición de la izquierda en la época, principalmente del PCB, afecto a los frentes con sectores de la burguesía.

De allá hasta acá, el PT se adaptó y se integró completamente a la institucionalidad y el régimen. Los gobiernos del PT, por su parte, representaron un enorme retroceso en esa conciencia clasista, deseducando a los trabajadores y la juventud, haciendo creer que sus intereses son los mismos que los de los patrones y que para mejorar la vida basta con votar por él. Y es por eso que, hoy, muchos jóvenes y trabajadores que anhelan realmente derrotar a Bolsonaro y la crisis solo ven el acto de votar como única salida. Y dentro de eso, como máximo ven como un mal menor la alianza con Alckmin y la derecha.

Voto útil

La precandidatura de Vera a la Presidencia tiene el objetivo de defender una alternativa revolucionaria y socialista a la crisis del capitalismo, y disputar la conciencia de la clase trabajadora, de la juventud y del pueblo pobre para este proyecto. Defenderá que los cambios solo vendrán a través de la lucha y de la organización de la clase, no gobernando con los grandes empresarios, las multinacionales, los banqueros y los latifundistas, sino contra ellos. Expropiando a los multimillonarios y las grandes empresas en favor de los trabajadores y de la mayoría de la población. Para decir a los trabajadores que no deben confiar en líderes populistas o candidatos a dictadores, sino sí que deben tomar los destinos en sus propias manos y gobernar ellos mismos.

Utópico es creer que por dentro del sistema capitalista y de este régimen de los ricos vamos a resolver el hambre, la pobreza, el desempleo y la miseria. Creer que, en una ráfaga de conciencia altruista, el imperialismo, el agronegocio, los banqueros y las grandes empresas aceptarán abrir mano de parte de sus ganancias y propiedades para reducir las desigualdades. No van a hacerlo, exactamente por que dependen de ellas.

El PSTU es muy pequeño, argumentan. Sí, lamentablemente somos aún pequeños frente a este desafío. Pero tenemos la responsabilidad de defender esa alternativa revolucionaria y socialista pues sabemos que sin ella la clase trabajadora continuará rehén de la burguesía y del imperialismo. De nada sirve ser más grandes y ponernos como anexo de una candidatura, de un programa y de un proyecto que perpetúa este sistema. Y, créame, hablar de socialismo hoy, en un momento en que estamos en un nivel de miseria y caos tan grande, no es difícil.

En la defensa de esa alternativa, vamos sí a pedir y luchar por votos. Cada uno de los votos será un ladrillo más en la construcción y el fortalecimiento de este proyecto. Voto “útil”, por lo tanto, para quien quiere cambiar de hecho este país y arrojar a Bolsonaro y el bolsonarismo al basurero de la historia, es votar por el socialismo y la revolución.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 20/5/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.