Como en el Paro Nacional de 2019, Iván Duque ha llamado a una serie de ‘diálogos’ con el fin de dispersar y debilitar las luchas que la gente está dando en las calles, mientras reprime las manifestaciones a sangre y fuego y desata una guerra mediática de estigmatización a la protesta social.

Por Antonio Romero

Pero las movilizaciones del Paro Nacional en 2021 han sido de tal magnitud, tanto es el número de personas que han salido a las calles como en el número de municipios que ha participado, y ha sido tan brutal la represión, que Colombia ha quedado en el foco de las noticias a nivel mundial y el gobierno de Duque ya es reconocido como violador de derechos humanos.

Y en medio del desprestigio del Gobierno, la burocracia sindical y el reformismo le han tirado un ‘salvavidas’ con su participación en el Diálogo Nacional, lo que se constituye en una traición a las masas movilizadas y a quienes de día y de noche han expuesto sus vidas.

El viernes 7 de mayo, la llamada Coalición de la Esperanza se reunió con Duque, “con el propósito de intentar superar la crisis más aguda en la etapa contemporánea de la historia de Colombia”, según lo manifestó Humberto de la Calle.

De los paros virtuales al Diálogo con Duque

La alianza electoral de Sergio Fajardo, los Verdes y Dignidad (ex-MOIR) de Jorge Robledo, llamada Coalición de la Esperanza, que se había manifestado en contra de la convocatoria al Paro Nacional del 28 de abril, pretendiendo hacer una protesta virtual contra la reforma tributaria, ahora se presenta como salvavidas del gobierno de Duque.

La Coalición de la Esperanza, a través de la alcaldesa Claudia López, no solo rechazó las protestas en las calles, sino que pidió la militarización de Bogotá y avaló el uso arbitrario de las instalaciones del Colegio Claretiano en Bosa por parte de helicópteros de la Policía.

Ahora sus copartidarios – Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán, Jorge Robledo, Carlos Amaya, Iván Marulanda, Antonio Sanguino, Sergio Fajardo y Ángela Robledo – asisten a una reunión que pretende lavar las manos manchadas de sangre del Gobierno y salen diciendo que su intención no es suplantar sino “salvar la democracia”, que su objetivo es que el gobierno dialogue con el Comité Nacional de Paro, CNP.

Petro: ¿frenar o avanzar?

Como de inmediato las bases protestaron en las redes sociales por esta reunión que es considerada una traición de la Coalición de la Esperanza al movimiento de masas, el comentarista radial Aurelio Suárez de Dignidad, al servicio de Blu Radio, revela un audio en el que el senador Gustavo Petro le dice al CNP que el Paro Nacional debió levantarse cuando Duque retiró la reforma tributaria, reclamar el triunfo y acumular fuerzas.

Este audio contrasta con una de sus alocuciones públicas en que  el senador del Pacto Histórico, Gustavo Petro, plantea que el Paro Nacional debía continuar, que el Comité Nacional de Paro debía reconocer que no representaba la diversidad de sectores que estaban en las calles y que debía ampliarse.

Al mismo tiempo, lanzaba su tesis de que Duque debía romper con el uribismo e iniciar una negociación con el CNP ampliado, dando la idea de que Duque es una víctima de Uribe y no su principal alfil en la brutal represión en las calles.

Aunque Gustavo Petro sostiene que el audio está editado, lo cierto es que uno es el discurso público y otro con el que “aconseja” a la burocracia del CNP. Pero más allá de eso, lo que sí está claro es que ambos sectores – Coalición de la Esperanza y Pacto Histórico – tienen la intención de que se abran las mesas de negociaciones entre el CNP y el Gobierno de Duque y que esta lucha se resuelva en las urnas y no en las calles, es decir, que el clamor de las calles que gritan “Abajo Duque”, se ahogue en reuniones, mesas de diálogo y comisiones en las que en medio de tecnicismos se diluye cualquier posibilidad de reivindicación para los que luchan.

¿A quién representa el CNP?

Uno de los problemas que tiene el Gobierno de Duque es que el Paro Nacional superó las convocatorias del Comité Nacional de Paro, que quedó reducido a las centrales sindicales. En las calles la juventud, las mujeres, la clase trabajadora informal, las comunidades afro e indígena, los sectores populares, los camioneros y taxistas, el campesinado, se ha unido a las protestas poniendo la lucha contra el Gobierno por encima de sus reivindicaciones sectoriales.

Para nadie es un secreto que la burocracia sindical, que está dirigida por sectores políticos que participan de la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico, actúa de manera consciente para desmontar la movilización y aparecer como negociadores. Es decir, les cuesta dialogar con los que luchan, excluyen a los demás sectores sociales del CNP, pero están prestos a representarlos en las negociaciones con el Gobierno.

Por ello, desde el pasado 3 de mayo, el comisionado de paz Miguel Ceballos anunció que el CNP le pidió reunión con Duque para el 10 de mayo, como parte de la agenda de Diálogo Nacional en la que ya participó la Coalición de la Esperanza.

¿Cómo evitar la traición?

Para la burocracia y el reformismo, el Paro Nacional no es más que un paso para debilitar al Gobierno y ganar espacios políticos para ganar las elecciones en 2022, o por lo menos aumentar su representación parlamentaria. Por ello están dispuestos a participar en el Diálogo Nacional de Duque y aparecer como oposiciones confiables al establecimiento.

Saben que el CNP no representa a la diversidad de voces que han salido en estas movilizaciones y que han sido la vanguardia de las luchas. Pero el CNP es su principal instrumento para debilitar la movilización de las masas. Por ello, en la medida en que baje la movilización, ellos pueden fungir como negociadores.

Para la burocracia y el reformismo esas masas son amorfas, no tienen ni pueden tener representatividad. Para Dignidad, por ejemplo, quien debe hablar por los jóvenes son la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles (ACRES) y la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior (UNEES), pero estas organizaciones no representan a la juventud precarizada que ha salido a las calles ni el grueso de los estudiantes universitarios.

Lo que se hace evidente en este proceso es que hay una crisis en la dirección política de los sectores de oposición y que el Paro Nacional está en disputa entre unas masas que luchan de manera radical contra el Gobierno de Duque y una dirigencia que quiere frenar el proceso para imponer sus cálculos electorales.

Es por ello que hemos propuesto que la salida en convocar un Encuentro de Emergencia, que surja de las asambleas barriales, sindicales, juveniles, comunitarias, de mujeres, de indígenas, de afros, de las primeras líneas y de todos los sectores que están en lucha. Estas asambleas deben elegir sus vocerías para el Encuentro Nacional de Emergencia y que de allí salga una nueva dirección para las luchas.

Porque la discusión no puede ser quién negocia el Paro Nacional sino quién lo dirige para que logre su objetivo, la caída de Duque, porque participar en su Diálogo Nacional es legitimar su gobierno, en medio de la más brutal represión que han soportado las masas.