En el artículo «Crisis de los de arriba y el frente amplio: ¿Tenemos que aliarnos a uno de los bloques burgueses?”, publicado hace un mes en este sitio, decíamos sobre la posibilidad de prisión de Lula: es necesario distinguir entre los intereses de clase envueltos en esta disputa, que están difusos por el discurso petista entre democracia, autoritarismo y libertades democráticas.

Por João Ricardo Soares, de la Dirección Nacional del PSTU

Hasta entonces, el discurso de la existencia de un movimiento fascista era patrimonio de algunos dirigentes del PT. Ahora fue asumido por los partidos del frente electoral, dirigido por el PT, que absorbió al PSOL y al PCdoB.

Democracia burguesa y libertades democráticas
Cuando los antiguos griegos hablaban de democracia, no les pasaba por la cabeza que los esclavos o las mujeres tuviesen alguna voz o derecho al voto para escoger a los hombres que estarían al frente del gobierno de Atenas.

Eso porque lo que se llama democracia no puede analizarse sin considerar las clases o los sectores de la clase dominante que controlan el poder económico y político. No es ningún capricho calificar la actual democracia como “democracia burguesa”, porque esas son las reglas con las que las diferentes fracciones o sectores de la clase dominante gobiernan, turnándose en el control del aparato del Estado.

Estas reglas cambian de acuerdo con cada país, como resultado de la lucha entre las clases fundamentales: la burguesía y el proletariado. Pero también, cambian por la disputa de los distintos sectores burgueses. En Brasil tenemos el presidencialismo, pero hay otras formas, como el parlamentarismo, en que el primer ministro es designado presidente de gobierno si consigue la mayoría del parlamento, por solo citar un ejemplo. Todas esas reglas cambian de forma, pero su esencia se mantiene: se basan en el poder económico de los grandes monopolios, quienes verdaderamente gobiernan.
La maniobra de los dirigentes del PT, PCdoB y del PSOL es confundir deliberadamente la democracia burguesa: las reglas con las que las distintas fracciones burguesas se alternan en el gobierno con las libertades democráticas para toda la sociedad.

La libertades democráticas como el derecho al voto, la posibilidad de organizar sindicatos y de hacer huelgas, el derecho de expresar sus opiniones, el derecho de manifestación, etc., fueron conquistadas por los trabajadores con mucha lucha y mucha sangre. Pero, aun así, en un país como Brasil, un capitalismo periférico y dominado por el imperialismo, estas libertades siempre fueron restringidas.

En un país marcado por una profunda desigualdad social, la opresión y la violencia del Estado, ejercidas a través de las fuerzas de represión, siempre fueron paralelas a las restringidas libertades democráticas a las que la mayoría de la población tiene acceso. Dicho sea de paso, eso también  sucedía en los gobiernos petistas. Un ejemplo de eso, es el número de trabajadores rurales asesinados o el encarcelamiento exponencial con la Ley sobre drogas del gobierno Lula.

¿Las reglas con las que las distintas fracciones de la clase dominante se alternan en el control del gobierno pueden variar, sin que eso modifique el régimen de libertades democráticas de la sociedad? Sí.

Pero si la propiedad de las grandes empresas estuviese amenazada, la clase dominante podría muy bien apelar a la dictadura, ejercida, en primer lugar, contra el proletariado y como ejemplo disciplinario para la propia clase dominante.

En este caso deberíamos construir, a favor del proletariado, una amplia unidad de acción, incluso con sectores burgueses, para impedir el fin de las libertades conquistadas. Pero nunca un frente electoral, porque si estuviésemos ante una amenaza de golpe, no sería posible detenerla utilizando los mecanismos del régimen.

Lo dicho anteriormente no implica bajar la guardia contra toda y cualquier medida autoritaria que atente contra los intereses de los trabajadores, como es el caso de la actual intervención federal en Rio de Janeiro. O las contrarreformas como la de la Seguridad Social y la reforma laboral, estas sí que rasgan la Constitución.

En este terreno somos partidarios de toda unidad para mantener y ampliar los derechos y las libertades democráticas duramente conquistadas.

¿Por qué se cambian las reglas?
En un artículo sobre la amenaza fascista, Lindbergh Farias comete un error cuando afirma que: El pacto de la Constitución de 1988, que permitió treinta años de relativa estabilidad democrática en el país y la alternancia de los partidos en el poder, especialmente el PT y el PSDB, está siendo aceleradamente roto. (subrayado nuestro)

Aquí todo el discurso del golpe cae por tierra. Esta “estabilidad democrática”, a la que se refiere el senador, no es otra cosa que las reglas con las cuales los partidos, que mantuvieron intactos los intereses de la burguesía, gobiernan, “especialmente el PT y el PSDB”. Esta “estabilidad democrática” se mantuvo porque el PT no atacó ninguno de los intereses de la gran burguesía y jugó con las reglas de la democracia burguesa, la corrupción, en el período de auge del ciclo económico.

La ruptura de este “pacto”, que tiene su expresión más alta en la prisión de Lula, no es otra cosa que la expresión de la profunda división inter-burguesa, que se expresa en su régimen. Con un presidente desmoralizado por las denuncias de corrupción, sin hablar del Congreso Nacional, cabe al Supremo Tribunal Federal (STF) ejercer el papel de árbitro.

Y lo que está por detrás de esta división es la profunda polarización social que vive el país y la gravedad de la crisis económica, en la que las distintas fracciones de la clase dominante luchan para maniobrar el barco en las aguas turbias de la crisis capitalista, tanto a nivel mundial como local. En resumen, ¿cuál es el lugar que ocupará Brasil en la división mundial del trabajo de la era Trump?

¿En cuál de los bandos burgueses?

La desconfianza y el descrédito de la mayoría de los trabajadores en las instituciones del régimen aumentan con la selectividad de la “justicia”. Pero la profundidad de la crisis está en el hecho de que los dos campos burgueses – PT y PSDB- gobiernan utilizando la corrupción. Esta es la regla de la democracia burguesa.

A pesar de los esfuerzos para “contener el sangramiento”, la crisis y la polarización social presentes, no solo en los altos escalones del STF, la dinámica de la crisis empuja otros procesos como el de Aécio, a pesar de las maniobras para librar a Alckmin, candidato preferido del capital financiero, que no despega y también es afectado por la corrupción.

Mientras, el PSOL y el PCdoB, renuncian a disipar el humo y deciden adherir a uno de los bloques burgueses en disputa. En vez de exigir la prisión de todos los corruptos y corruptores y la expropiación de sus bienes, son obligados a decir que la corrupción no es un arma que se pueda usar en la disputa entre los bloques burgueses. Y acaban defendiendo una amnistía amplia para los corruptos y los corruptores.

Finalmente, el frente político “Lula Libre” no es un frente en defensa de las libertades democráticas. Es un frente para mantener las reglas con las que el PT jugó para mantenerse en el gobierno durante más de una década, el uso de la corrupción para gobernar.

Por lo tanto, es también un frente político que rescata un programa, el de la conciliación de clases, y un reformismo sin reformas. Justo cuando los trabajadores comenzaron a alejarse de ese programa, aunque no completamente. A veces lo hacen de forma confusa, bombardeados por la propaganda burguesa, la entrada de la ultraderecha en el escenario político y la profundización de la polarización social.

Todo esto reafirma la necesidad de luchar por la independencia de clase, por la movilización independiente de los trabajadores; de tener otro programa, en vez de intentar rescatar el PT como lo hacen el PSOL y el PCdoB.

Traducción: Janys