Dom Abr 21, 2024
21 abril, 2024

Movilizaciones en Israel contra la reforma judicial de Netanyahu

La semana pasada, más de 200.000 personas se movilizaron en varias ciudades del Estado de Israel contra la reforma judicial impulsada por el primer ministro Benjamín Netanyahu, el día en que esta era votada y aprobada en la Knesset (Parlamento). Esta reforma limita los poderes de la Suprema Corte para cuestionar actos del gobierno[1].Un historiador y analista político israelí caracteriza que esta reforma judicial representa un cambio del régimen político israelí[2].

Alejandro Iturbe

Esta oleada de movilizaciones contra el gobierno israelí se inició en febrero pasado, cuando Netanyahu presentó su proyecto a la Knesset. En ese momento, publicamos en la página de la LIT-CI un artículo que analizaba qué procesos económico-sociales y políticos se estaban dando dentro de la población judía de Israel, que eran la base de este enfrentamiento[3].

En ese artículo, partimos de la caracterización que nuestra corriente morenista elaboró desde la creación del Estado de Israel, en 1948: es un enclave militar contra los pueblos árabes, al servicio del imperialismo, construido sobre la base de la usurpación del territorio palestino histórico y la expulsión de gran parte de este pueblo de su legítima tierra. A ese enclave se trasladó y se instaló una población judía proveniente primero de Europa y luego de otras partes del mundo.

Esa esencia de Israel es lo que determina el carácter de su sociedad y su dinámica política. Porque solo mantiene su “unidad” en el “combate al peligro” y a la amenaza que la rodea. Es decir, la resistencia del pueblo palestino y, más en general, la lucha de los pueblos árabes. Por eso, las organizaciones políticas y las coaliciones gobernantes se han ido desplazando cada vez más a la derecha (como esta actual de Netanhayu) y, al mismo tiempo, los gobiernos israelíes siempre tratan de salir de sus crisis con una nueva agresión a los palestinos, como la que recientemente se realizó contra el campamento de refugiados de Jenin, en Cisjordania[4].

Las contradicciones

Sin embargo, tal como analizamos en el artículo citado, incluso en esa población “ocupante”, unida contra el “enemigo palestino”, se producen procesos económicos, sociales y políticos que generan contradicciones y enfrentamientos internos.

En las últimas décadas, ha habido un cambio en la estructura social de la población judía de Israel y, en ese marco, de su dinámica política. La población inmigrante de origen ashkenazim, proveniente de Europa y otras partes del mundo, que fue la que “puso el cuerpo” a la construcción y la “defensa” de Israel en las décadas iniciales (y proveyó los mejores cuadros políticos, militares y científicos), ahora está mucho más “pequeñoburguesa” y mucho menos comprometida con Israel. No cuestiona su existencia y su defensa pero ahora lo hace desde una perspectiva diferente.

A medida que la realidad se muestra cada vez más peligrosa, muchos se cansan de este ambiente de “guerra permanente” y crece el número de ciudadanos israelíes que abandonan el país, muchos de ellos de la elite intelectual y profesional, que buscan una “solución individual” en la emigración hacia EE.UU. y Europa (sin renunciar a la ciudadanía israelí). También aumenta la deserción no explícita: la salida de jóvenes en edad militar, que tratan de evitar los frentes y el servicio en territorios palestinos o libaneses.

La “base militante” de “defensa de Israel” y agresión a los palestinos se ha ido trasladando a los nuevos inmigrantes, en especial los judíos provenientes de Rusia, cuya inmigración se alentó luego de la caída de la ex URSS (se estima que ya suman cerca de un millón). Es un sector que recibe muchos privilegios (casas gratis y muchos subsidios del Estado) para que Israel tome pleno control de Jerusalén y para avanzar en la ocupación de territorios en Cisjordania. Por eso, son los más radicalizados y agresivos contra los palestinos, y los más dispuestos a pelear por “la defensa de Israel”.

Al mismo tiempo, aunque minoritaria, se ha consolidado una población ultrarreligiosa, como la base del Hamafdal (Partido Nacional Religioso, en hebreo). Los adherentes a este partido no trabajan ni hacen el servicio militar: se dedican solo a estudiar la Torah (Biblia hebrea). Han logrado que el Estado y los gobiernos les paguen un salario mínimo. El Hamafdal utilizó su peso electoral y parlamentario para negociar con Netanyahu su apoyo para la formación de su gobierno, a cambio de que mantenga esos beneficios.

Un cambio del modelo de acumulación capitalista

Durante varias décadas, la economía de este enclave imperialista se desarrolló impulsada y controlada directamente desde el Estado. Por un lado, tenía peso la “ayuda” externa: tanto la que enviaba el imperialismo estadounidense con fines militares como la que suministraba el movimiento sionista internacional con aportes de los judíos que vivían en otros países (especialmente en EE.UU.). Por el otro, los alimentos eran parcialmente abastecidos por los kibutz (granjas colectivas ligadas al Estado) y los servicios públicos, como el suministro de energía y agua potable, eran garantizados por empresas estatales cuya administración estaba en manos de la Histadrut, la “central sindical” de los trabajadores judíos israelíes, ligada al Mapai, el partido de la “izquierda sionista” del que provenían los principales cuadros “fundadores” de Israel, como su primer presidente Ben Gurion.

En ese contexto se desarrolló una industria de armamentos que, primero, solo abastecía al ejército israelí, y que luego comenzó a exportar: en el siglo XXI, Israel se ubicó entre los diez mayores exportadores de armas del mundo[5]. Inicialmente, fabricaba armas leves y munición pero luego fue incorporando vehículos de combate y aviones pequeños. Finalmente, se especializó cada vez más en el desarrollo de tecnología con fines militares y en el de software y sistemas de seguridad y vigilancia.

Esa economía israelí estatizada comenzó a ser desmantelada y privatizada desde la década de 1980 (en la onda mundial “neoliberal”); una parte de esas empresas estatales se transformaron en mixtas y otras directamente fueron vendidas[6]. Sobre esa base “neoliberal”, comenzaron a desarrollarse nuevas empresas privadas, especialmente en el sector de tecnología de seguridad y de software y sistemas en general. De modo minoritario, también en otros rubros como farmacología y alimentos y bebidas. Actualmente, las exportaciones israelíes superan los 150.000 millones de dólares, 30% del PIB del país[7].

Surgió así una nueva burguesía privada “clásica” que estableció vasos comunicantes con los mercados internacionales, tanto en las exportaciones como en inversiones de burgueses israelíes en el exterior y del exterior hacia Israel[8]. Por ejemplo, la persona más rica de Israel es una mujer, Miriam Adelson, casada con un estadounidense y con doble ciudadanía, con negocios en el sector de casinos[9].

Esta nueva burguesía tiene roces y contradicciones con Netanyahu y su política de “guerra permanente”, ya que el desprestigio actual de Israel en el mundo, y la campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) afecta las exportaciones de productos israelíes y las posibles inversiones de Occidente en Israel. Por eso, quisiera “paz” para desarrollar tranquila sus negocios. También desconfía de la “inseguridad jurídica” que, como burgueses, les representa la actual reforma judicial. No es casual entonces que entre quienes llaman o apoyan a las movilizaciones contra la reforma haya empresarios y economistas.

Surgió también un nuevo sector de trabajadores especializados y profesionales, cuyo desarrollo personal y económico está ligado a esa nueva economía. En esta franja de trabajadores es predominante el sector azhkenazim y su juventud, que quiere “paz” para ello. Aspiran a vivir en un Israel “moderno, desarrollado y democrático” al estilo de los países imperialistas europeos[10].

Es necesario considerar que, como economía capitalista, Israel sufrió el impacto de la crisis económica internacional iniciada en 2007/2008. Los ingresos del Estado no alcanzan para cubrir sus gastos totales (con un presupuesto militar altísimo) y debe elegir a qué sector de la población judía beneficia. Este sector de la juventud azhkenazim se siente perjudicado y ve con indignación los privilegios que Netanyahu da a los colonos de origen ruso en Cisjordania y que se les pague un salario sin trabajar a los ultrarreligiosos que, además, no deben hacer el servicio militar. Una insatisfacción que ya se había manifestado en el movimiento de los “indignados” que produjo una oleada de movilizaciones en 2011[11].

Este sector de la juventud, los trabajadores especializados y los profesionales azhkenazim son la base mayoritaria de las actuales movilizaciones contra Netanyahu. Aquí es necesario hacer una consideración: este sector no cuestiona la existencia de Israel como enclave y la usurpación sobre la cual nació. Pero quiere “paz con los palestinos”, que se abran negociaciones con ellos y que se implemente la política de “dos Estados” (uno judío y otro palestino) que coexistan “pacíficamente” uno al lado del otro.

En varios artículos hemos polemizado con esta propuesta y expresado que es una “falsa solución”, porque legaliza la usurpación sobre la cual nació Israel, además de ser inviable para los palestinos. Defendemos que la única solución posible es una “Palestina unida, laica y democrática, del río Jordán al mar”[12]. Sin embargo, lo cierto es que quienes se movilizan con esa posición chocan muy duramente contra el gobierno de Netanyahu y sus aliados, el “feo rostro” actual de la “esencia” de Israel.

Algunos elementos adicionales

La política israelí siempre se caracterizó por la existencia de numerosas (y muchas veces cambiantes) organizaciones que logran representación parlamentaria y, por ello, la formación de coaliciones de gobierno (como el de Netanyahu y sus aliados ultrarreligiosos) y de bloques de oposición. En estos momentos, la coalición de gobierno tiene 64 diputados y la oposición 56 (que abandonaron la Knesset durante la votación de la reforma judicial).

El principal partido de esa oposición (con 24 diputados) es el Yesh Atid, cuyo líder, Yair Lapid, al fundar el partido en 2012 dijo que “buscaba representar el centro de la sociedad israelí: la clase media laica”. En su programa, este partido propone el fin de la exención del servicio militar para los ultrarreligiosos, la reapertura de negociaciones de paz con los palestinos, y que se detenga la construcción de colonias israelíes en Cisjordania.

Ahora, a la vez que llamó a las movilizaciones contra la reforma judicial, el Yesh Atid defiende el actual régimen político israelí e intenta que esas movilizaciones no conduzcan a un derrocamiento en las calles del gobierno de Netanyahu. Por eso, impulsa una petición a la Suprema Corte para que declare la ilegalidad de la nueva ley de reforma judicial.

También llamó a las movilizaciones el Movimiento por un Gobierno de Calidad en Israel, que no actúa como partido político sino como una “organización defensora de los derechos humanos”. Fue fundado en 1990, pero ganó mucho mayor peso desde el movimiento de los “indignados” e informa tener cerca de 100.000 miembros. La política de este movimiento también es presentar un petitorio a la Suprema Corte[13].

Otro convocante importante fue la Histadrut que, si bien ha perdido mucho peso como administradora de empresas estatales, se mantiene como la principal organización sindical del país con casi un millón de afiliados. Su líder, Arnon Bar-David, afirmó que “puede convocar a una huelga general en respuesta a la votación y que comenzará a consultar a los líderes sindicales como primer paso” en esa dirección.

Otros partidos que llamaron a la movilización fueron aquellos que reciben el voto de los árabes palestinos que viven en territorio israelí como ciudadanos, como la Lista Árabe Unida (5 diputados) y Jadash (Frente Democrático por la Paz y la Igualdad), la organización más a la izquierda de aquellas que tienen representación parlamentaria (3 diputados). La mayoría de sus líderes y votantes son árabes, pero también tiene sectores que provienen de los Panteras Negras, organización fundada en los ‘70 por sabras, judíos descendientes de aquellos que vivían en Palestina (o en otros países árabes vecinos, antes de la creación de Israel) y que siempre fueron muy discriminados por los azhkenazim.

Como dato complementario, pero muy importante: más de 11.000 reservistas anunciaron que cesarán en su servicio militar en protesta por la iniciativa [de Netanyahu]”. Los reservistas son aquellos que realizaron su servicio militar a los 18 años y hasta los 40 quedan a disposición para ser convocados por el ejército en caso necesario. Su actitud es como decir: “no voy a defender ‘este’ Israel”.

La crisis del régimen político y del sionismo internacional

Entonces, partido por estas contradicciones en la sociedad, asistimos a una crisis del régimen político, expresada en una fluctuación y alternancia de gobiernos que no consiguen consolidarse. El actual gobierno de Netanyahu asumió en diciembre pasado y, desde entonces, ha enfrentado movilizaciones en su contra.

Una crisis que también se manifiesta en el movimiento sionista internacional (basado en las comunidades judías en otros países), especialmente en EE.UU., donde está la mayor comunidad judía fuera de Israel. Cada vez son mayores los sectores (especialmente jóvenes) que sienten repugnancia por los crímenes de Israel, simpatizan con el sufrimiento de los palestinos y sienten la “necesidad” de una “salida pacífica” que “reconozca” a los palestinos y empiece a negociar con ellos[14]. Muchos, por ejemplo adhieren al BDS.

Esta crisis política nacional e internacional del sionismo es un dato positivo. Porque la lucha palestina contra el Estado de Israel (y toda la solidaridad que buscamos construir con esa lucha a través de la campaña BDS) no enfrenta un bloque sólido y sin fisuras sino un enemigo con grietas crecientes.

Lo que nos lleva a la necesidad de profundizar ese apoyo y esa solidaridad, buscando en cada país la forma de exigir la ruptura de relaciones diplomáticas de los gobiernos con Israel, como se hizo en su momento contra el régimen del apartheid sudafricano. En el caso del Brasil, por ejemplo, debemos denunciar y combatir los muchos acuerdos de compra de armas y tecnología que los gobiernos de Lula y el PT han hecho y mantenido.


[1] Israel: más de 200.000 manifestantes exigen paralizar la reforma judicial (diariopopular.com.ar)

[2] Yoel Schvartz, historiador israelí habla sobre la reforma judicial en Israel | Mejor País del Mundo – YouTube

[3] Una crisis política creciente del Estado de Israel y del sionismo – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[4] La nueva masacre en Jenin y Palestina que no se rinde – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[5] Os 10 maiores exportadores mundiais de armas e a geopolítica do ferro e fogo – Jornal Opção (jornalopcao.com.br)

[6] Israel acumula 98 empresas privatizadas | Opportimes

[7] Exportaciones de Israel podrían alcanzar los $165 mil millones (israelnoticias.com)

[8] Lista das principais empresas de Israel com valor de mercado – Capital Times

[9] List of Israelis by net worth – Wikipedia

[10] En este sentido, es interesante escuchar el reportaje de la referencia 2

[11] https://elpais.com/internacional/2011/07/21/actualidad/1311199207_850215.html

[12] Palestina | Sobre la falsa solución de los “dos Estados”. – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[13] The Movement for Quality Government in Israel (mqgisrael.org)

[14] Ver, por ejemplo https://mondiplo.com/israel-se-aleja-de-los-judios-estadounidenses

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