El 25 de mayo del corriente año, George Floyd fue asesinado por un policía de Minneapolis que lo estranguló poniendo la rodilla en su cuello por cerca de nueve minutos. Luchando por su vida, George Floyd decía: “no consigo respirar” (I can’t breathe), la misma frase dicha por Eric Garner, otro hombre negro que murió estrangulado por un policía de Nueva York.

Por: Wagner Damasceno

Ese asesinato cobarde provocó una ola de rebelión en los Estados Unidos que solo puede ser comparada a los levantes que ocurrieron en 1968, luego de la muerte de Martin Luther King Jr. No obstante, esa Rebelión Negra ocurre en medio de la mayor pandemia del siglo XXI, cuyo epicentro es justamente Estados Unidos de América (EEUU).

Como se ha dicho: la pandemia de Covid-19 no elige raza o clase social, pero el capitalismo y el racismo determinan la raza y la clase de los que serán contaminados y morirán. No por casualidad, aunque representen 13% de la población en los EEUU, los negros son 52% de los contaminados y 58% de los muertos por Covid-19[2].

Pero, muchos lectores deben estar sorprendidos preguntándose: “¿los negros representan solo 13% de la población en los EEUU?”.

Sí. Las enormes luchas entabladas por los negros en Estados Unidos los hacen parece muchos más que solo 13% de la población estadounidense. Para entender su fuerza y el papel que desempeñaron en Estados Unidos es importante retroceder en el tiempo, conociendo la lucha que entablaron por su libertad, poniendo fin a la esclavitud, sus luchas contra las leyes Jim Crown, y la influencia decisiva de la revolución Rusa y del ideario socialista sobre el movimiento negro estadounidense.

Y es esa historia que el periodista Ahmed Shawki nos cuenta en su libro Liberación Negra y Socialismo, publicado originalmente en los Estados Unidos en 2005 y por primera vez en el Brasil por la Editora Sundermann, en 2017.

Negro, el exdirector de la revista International Socialist Review y militante trotskista, Ahmed Shawki, nos presenta la historia de los negros en su lucha por libertad y contra la opresión racista en aquel que se tornó ¡el más importante país del mundo!

Capitalismo, esclavitud y racismo

Shawki se perfila al lado del historiador negro Eric Willians (2012), al situar históricamente el capitalismo y la esclavitud negra y establecer, al mismo tiempo, sus nexos: “el trabajo de los negros, forzados a venir para el Nuevo Mundo como esclavos, fue esencial para el desarrollo económico no solo de las nuevas colonias, sea en el Caribe, en América Latina o América del Norte, sino también de las mayores potencias del “Viejo Mundo” (2017, p. 29).

Establece las conexiones materiales entre capitalismo y racismo: “el capitalismo no solo originó el racismo y la opresión racial, sino que continúa dependiendo de ellas. La clase dominante conscientemente cultivó el racismo para justificar la esclavitud de los africanos. Después de la Guerra Civil, el racismo se tornó la base para defensa de la clase dominante de su dominio” (2017, p. 282).

Liberación Negra y Socialismo nos muestra cómo la clase dominante estadounidense utilizó el racismo, en un primer momento para justificar la esclavitud de nuestros antepasados negros africanos y, luego de la abolición de la esclavitud, para conservar su dominación y sus propiedades.

Para eso, usó hábilmente lo que Shawki llama “partidos capitalistas gemelos”, el Partido Demócrata y el Partido Republicano.

Muchos se sorprenderán al descubrir que el Partido Demócrata fue absolutamente implacable con los negros durante sus casi dos siglos de existencia. Así, por ejemplo, la organización racista Ku Klux Klan, creada en 1865 por un exoficial del Ejército Confederado se tornó “en realidad, un brazo terrorista del Partido Demócrata, le gustase o no al conjunto de los dirigentes del partido” (apud. Shawki, 2017, p. 94).

Vemos el surgimiento de los populistas, el primer movimiento de oposición a ambos partidos y que buscaba romper la división entre blancos y negros y que amenazaba romper el orden de clase y raza en los Estados Unidos. Un movimiento de masas efímero que, al apoyar al candidato demócrata William Bryan –con el argumento de que el candidato republicano sería peor–, en las elecciones de 1895 explotó en diferentes facciones, con alas e individuos retrocediendo en sus principios hasta llegar a la idea racista de la supremacía blanca.

La historia del populismo sirvió como el primer gran ejemplo utilizado por aquellos que defienden, erróneamente, que la unidad entre blancos y negros estaría siempre condenada al fracaso.

Hay muchas diferencias entre el Brasil y los Estados Unidos, pero hay dos grandes hechos que aproximan a los dos países: la existencia de la esclavitud negra y una abolición hecha sin una política de reparaciones a los negros y sus descendientes.

En los Estados Unidos, la política de reparación prometida por el Norte luego de la victoria en la Guerra Civil, era llamada Reconstrucción: un proyecto de reintegración de los Estados Confederados que en su versión radical garantizaba el derecho de votos a los negros del Sur, atacaba la supremacía racial blanca, y prometía 40 acres de tierra y 1 mula a los negros libres. Pero eso jamás ocurrió.

La ausencia de una política de reparaciones, en el Brasil y en los Estados Unidos, explica en gran medida la profunda desigualdad social y racial en esos dos países.

Las consecuencias nefastas del estalinismo

El Partido Comunista (PC) surgió en 1919 en los Estados Unidos, impulsado por la victoria de los bolcheviques en Rusia. Y, si en el inicio no ofrecía salida política para los negros, rápidamente cambió su orientación bajo la dirección internacional de Lenin y los bolcheviques.

El PC comenzaba a ganar militantes negros y a crecer rápidamente en los Estados Unidos, trayendo para sí, por ejemplo, a los principales dirigentes de una importante organización que pregonaba la autodefensa de los negros contra los linchamientos y el combate a la discriminación racial, la Hermandad Sangre Africana. El PC pasaba a hacer comicios que reunían a millares de trabajadores negros y, como revela Shawki, fue responsable por un impresionante crecimiento en el número de negros en los sindicatos: de 100.000 en 1935 a cerca de 500.000 en 1939. Impresiona también el número de negros que ingresaron en el PC: ¡de menos de 1.000 a inicios de 1930 a 5005 en 1939! En un tiempo de inmensa segregación racial, el PC era una de las pocas organizaciones multirraciales de los Estados Unidos.

Shawki nos muestra que el PC de los Estados Unidos demostró, en la práctica, que era posible superar el racismo y unir a negros y blancos para derrumbar a la burguesía. Pero la contrarrevolución estalinista cambió todo. El giro político de la Komintern bajo la dirección de Stalin significó una verdadera tragedia racial para los negros estadounidenses.

El problema es que, hacia finales de los años 1920, el Partido Comunista había comenzado el proceso de degeneración del marxismo revolucionario hacia el estalinismo. Eso afectaría todo el trabajo del partido, incluso su compromiso con la liberación de los negros. (…)

“El oportunismo de Stalin desilusionó a muchos miembros negros que habían sido atraídos al PC por el trabajo contra el racismo. A pesar de que el partido continuaba creciendo, sus zigzags políticos, dictados por la burocracia en Rusia, finalmente comprometieron y sabotearon su compromiso con la lucha contra el racismo. La credibilidad del PC fue aún más erosionada cuando en 1939, como resultado del pacto Hitler-Stalin, el partido de nuevo invirtió su política de frente popular y nuevamente pasó a denunciar a Roosevelt. Con la invasión de Rusia por Hitler, el partido se tornó nuevamente el mayor hincha de Roosevelt. Llamando a los negros a subordinar sus reivindicaciones al éxito del esfuerzo de guerra, integrando el Ejército y la producción industrial de guerra. El partido incluso hasta apoyó el confinamiento de los descendientes de japoneses por los estadounidenses” (SHAWKI, 2017, pp. 170-171).

El impacto de esa traición en el corazón del imperialismo representó el desperdicio, en las palabras de Shawki, “de una oportunidad de proporción histórica”. Al final, el PC tenía chances de seguir creciendo y de ofrecer una alternativa política al New Deal y el célebre nacionalismo negro.

Por causa de esa traición del estalinismo, la vigorosa lucha de las negras y los negros por derechos civiles, en el período de posguerra, no pudo contar con una organización política y con experiencia, capaz de presentarles un programa revolucionario y socialista.

Pero los negros no se resignaron y en 1966 fundaron el Partido de los Panteras Negras como una “mezcla de nacionalismo negro radical, marxismo del Tercer Mundo y política de servicios comunitarios”.

Shawki nos muestra cómo los Panteras Negras dieron un nuevo impulso a las luchas de los negros en los Estados Unidos y en el mundo, tornándose “la mayor amenaza a la seguridad interna del país”, según informe secreto del FBI. Además, el autor también analiza las debilidades de esa organización, ofreciéndonos una importante evaluación para los militantes de hoy.

Una polémica actual: la clase media negra y su relación con los negros trabajadores y pobres

En líneas generales, la ideología del empoderamiento racial es una variación de la vieja corriente política de acomodación, que hace eco especialmente entre las negros y los negros de clase media, y seduce a sectores del movimiento negro en nivel internacional al difundir la equivocada idea de que bastaría dar poder a los negros –dentro del orden capitalista– para cambiar su situación.

Shawki argumenta que la clase media negra tiene una relación contradictoria con las luchas de los negros: las apoya siempre que sirvan a sus intereses. Y para ejemplificar eso, recuerda el testimonio de un empresario negro estadounidense sobre los negros radicales de los años 1960:

Cuando usted pregunta sobre el militante negro, debo decir que aprecio los cambios que él ayudó a conseguir en los últimos diez años. Si no hubiese personas corriendo en las calles arrojando ladrillos, yo no estaría donde estoy. Solo después de los motines fue que conseguimos la legislación en la administración Johnson.

Fue necesario un Rap Brown y un Stokely para hacer al empresario [blanco] mirar alrededor y hablar con Whitney Young. Si no estuviesen quemando ciudades y haciendo rebeliones, el medio empresarial no habría preguntado “¿con quién podemos conversar?” (2017, p. 279).

Cuando las rebeliones negras no avanzan hacia una revolución, en general las conquistas producto de esas luchas son distribuidas entre la clase media, la pequeña burguesía negra que, por consiguiente, hace parecer que esas conquistas son producto puramente de sus esfuerzos, talentos o intelectos, y no de las luchas de las negras y los negros radicales de la clase trabajadora y de los estratos marginalizados.

En el Brasil, el sociólogo negro Clóvis Moura dedicó atención a este fenómeno que describió como la relación entre las negras y los negros del universo letrado y del universo plebeyo, en la ciudad de San Pablo. De acuerdo con el sociólogo, las negras y negros del universo letrado no reconocen en el universo plebeyo –esto es en la masa de trabajadores y pobres negros– la fuerza social y racial capaz de resolver los problemas sociales y raciales en el Brasil. Al contrario, el universo plebeyo es visto como un elemento instrumental sobre el cual la camada letrada negra debe actuar, considerándolo elemento de estudio, sin una vinculación estructural y específicamente dinámica con lo mismo. (…) Ellos son usados solo simbólicamente para dar contenido, por ejemplo, de su existencia, de las barreras sufridas generalmente por el negro. Las estadísticas, los porcentajes de negros preteridos en las diversificadas profesiones, todo esto es aprovechado para mostrar el filtro social, cultural, psicológico y étnico a que el negro –abstracto– está sujeto (2014, p. 292-293).

De Barack Obama a Donald Trump

Cuatro años después de la publicación de Liberación Negra y Socialismo, Estados Unidos tendría el primer presidente negro de su historia, el demócrata Barack Obama. El nuevo presidente del imperialismo mundial se eligió bajo el lema de la “esperanza” (hope), en el inicio de una de las mayores crisis del imperialismo.

Había dos promesas en su campaña extremadamente sensible a los negros en los Estados Unidos: 1) la retirada de las tropas de la guerra imperialista en Irak y Afganistán, iniciada por el republicano George W. Bush; 2) la estatización del sistema de salud estadounidense.

Las guerras imperialistas entabladas por los Estados Unidos en el siglo XX y XXI recaerían sobre los hombros de los negros, latinos y blancos de la clase trabajadora. En las guerras en Irak y Afganistán, muchos negros y latinos se anotaron huyendo del desempleo; tantos otros y otras lo hicieron con la esperanza de recibir subsidios del gobierno estadounidense cuando volviesen, para cursar una universidad.

El alistamiento militar de negros en las fuerzas armadas estadounidenses disminuyó en los últimos veinte años, así como aumentó el rechazo a las guerras entabladas por los EEUU, entre los negros y las negras. Pero, incluso así, según relevamiento, los hombres negros aún representan 16,82% y las mujeres negras representan impresionantes 29,22% de las(os) alistadas(os) en actividad en el Ejército estadounidense[3]. Según la Asociación Nacional de los Veteranos Sin Techo, cerca de 40% de los veteranos sin techo son afroamericanos y latinos[4].

Sin embargo, Obama mantuvo las tropas en Irak hasta 2011 y mantuvo la guerra en Afganistán durante sus dos mandatos.

Además, Obama no se enfrentó con los grandes conglomerados de la salud, y no creó el sistema público de salud prometido. Por el contrario, el demócrata creó el llamado “Obama Care”, una obligatoriedad de contratación de planes de salud para todos, ¡bajo pena de pago de multa al individuo que no pagase uno!

La ausencia de un sistema de salud pública de calidad en EEUU ayuda a entender por qué los negros son más de la mitad de los muertos y contaminados por el Covid-19.

Además, los últimos años del gobierno Obama fueron marcados por verdaderos levantes negros en lugares como Baltimore y Ferguson, develando la farsa de la ideología de empoderamiento racial.

Hoy, el republicano Donald Trump es la cara fea del imperialismo estadounidense y no tiene ningún prurito en mostrar su odio racial a los negros. Indiferente al drama de millones de estadounidenses, Trump fue a jugar golf cuando los EEUU llegaban a cien mil muertos por Covid-19 y a cerca de dos millones de contaminados.

Y cuando los manifestantes marchaban en dirección a la Casa Blanca, amenazó soltar sus perros rabiosos para contenerlos. No obstante, lo que asistimos fue un presidente asustado que, temiendo por su vida, se escondió en un bunker en la Casa Blanca, que tuvo todas sus luces apagadas para intentar despistar a los manifestantes.

La Rebelión Negra en los Estados Unidos sigue su curso, obteniendo muchas victorias, como el quite de estatuas y símbolos que exaltan la memoria del Estado Confederado y del exterminio indígena, como las estatuas de Cristóbal Colón. Victorias contra los abordajes policiales e incluso hasta la creación de una zona libre de policías, en Seattle.

Esa pujante lucha revela que los negros, en alianza con los blancos de la clase trabajadora pueden enfrentar a cualquier gobierno y pueden cambiar este sistema económico explotador y opresivo que es el capitalismo.

Pero, para eso, la tarea de construir una dirección revolucionaria y socialista en nivel internacional permanece, por lo tanto, a la orden del día.

Por todo eso, Liberación Negra y Socialismo, publicado por la Editora Sundermann, ya se torna indispensable para todos aquellos que se levantan contra el capitalismo y contra el racismo. Ofreciendo, en especial a los trabajadores y la juventud negra brasileña, una poderosa síntesis sobre la lucha de nuestras hermanos y hermanos en los Estados Unidos, reavivando la necesidad del internacionalismo en la lucha contra la explotación y todas las formas de opresión.

Bibliografía

MOURA, Clóvis. Dialética Radical do Brasil Negro. São Paulo: Fundação Maurício Grabois, Anita Garibaldi, 2014.

WILLIAMS, Eric. Capitalismo e Escravidão. São Paulo: Companhia das Letras, 2012.

SHAWKI, Ahmed. Libertação Negra e Socialismo. São Paulo: Sundermann, 2017.

KIMBALL, Spencer. O escândalo que levou uma cidade dos EUA a beber água com chumbo. UOL Notícias, São Paulo, 22 enero, 2016. Disponible en: << https://noticias.uol.com.br/ultimas-noticias/deutschewelle/2016/01/22/o-escandalo-que-levou-cidade-dos-eua-a-beber-agua-com-chumbo.htm>>. Consultado: 19 abril, 2017.

Referencias

[2] Ver: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1047279720301769. Consultado 31 mayo, 2020.

[3] Ver: https://www.statista.com/statistics/214869/share-of-active-duty-enlisted-women-and-men-in-the-us-military/. Consultado: 05 julio, 2020.

[4] Ver: https://www.phillytrib.com/news/minorities-continue-to-pay-a-high-price-for-iraq/article_80d3ee27-ef47-56c9-926a-c2c613cbdd72.html. Consultado: 05 julio, 2020.

Traducción: Natalia Estrada.