Muchas esperanzas de cambio pesan sobre el primer presidente joven de la República. Por primera vez desde La Moneda se dice que la concentración de la riqueza en unos pocos es la causa de los problemas sociales, se habla del saqueo del agua, de cómo sigue pendiente la demanda por verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de crímenes contra los derechos humanos, etc.

Por MIT-Chile

Si hay algo que distingue a este presidente es, sin duda, que fue dirigente de uno de los procesos de lucha más largos en este siglo, en 2011, por la educación gratuita.

Sobre los hombros de Boric y su gobierno descansan grandes expectativas de cambios sociales. Su gabinete, compuesto mayoritariamente de mujeres, despierta gran simpatía popular, principalmente entre la juventud, protagonista de las luchas de las últimas décadas.

Las promesas del Nuevo Gobierno

Boric fue llevado al poder por millones de jóvenes, trabajadores y trabajadoras que votaron contra Kast y por un cambio social profundo. Su elección solo fue posible debido a la revolución iniciada en 2019. Sus promesas de aumentar el sueldo mínimo a 500 mil pesos, acabar con el CAE y las AFPs, garantizar salud pública universal y devolver el agua a las comunidades son un reflejo de algunas de las demandas más sentidas por la población.

Sin embargo, como todos sabemos, “otra cosa es con guitarra”. Ahora le tocará al gobierno solucionar los complejos problemas que tiene nuestro país. El gobierno Boric promete acabar con el neoliberalismo y conquistar un capitalismo más humano, un Estado de Bien Estar Social, como los que existieron en Europa hace algunas décadas. ¿Será esto posible?

Boric y la Nueva Concertación

A pesar de ser liderado por el Frente Amplio y el Partido Comunista, el gobierno Boric será un gobierno de coalición con algunos de los principales partidos políticos que han gobernado Chile en los últimos 30 años, los partidos de la ex Concertación, con excepción de la Democracia Cristiana.

Esa coalición de gobierno no refleja simplemente una alianza política, si no principalmente una alianza de clase entre los sectores que representan el Frente Amplio y el PC (clases medias profesionales, burocracia sindical, sectores de la juventud universitaria) y los dueños de Chile, las familias más ricas del país y los accionistas de las grandes transnacionales. Los partidos de la ex Concertación responden directamente a los intereses de este último sector. El Partido Socialista se ha transformado, en los últimos 30 años, en un partido financiado por los grandes empresarios y muchos de sus cuadros políticos han tenido, además de cargos públicos, cargos en importantes empresas de energía, AFPs, mineras y han sido parte las corruptas relaciones entre las empresas y el aparato estatal.

Entonces, lo primero que debemos entender las trabajadoras, trabajadores y la juventud popular es que los grandes empresarios, los dueños de Chile, tendrán enorme peso en las decisiones del próximo gobierno. Esa alianza de clase está representada por uno de los principales ministros del gobierno, el Ministro de Hacienda, Mario Marcel.

Mario Marcel tuvo cargos importantes en todos los gobiernos de la ex Concertación y durante el gobierno de Piñera fue presidente del Banco Central. En su currículo también constan cargos importantes en grandes bancos capitalistas como el BID y el Banco Mundial, que sirven como herramientas de las potencias capitalistas para saquear y oprimir a los pueblos de todo el mundo.

La principal contradicción que tendrá el gobierno Boric-Marcel para solucionar los problemas del país será justamente esa alianza. No es posible servir a dos amos a la vez. Boric tendrá que definir si está con el pueblo mapuche o con las forestales. Si está con la juventud o con los dueños de la educación; si está con los trabajadores y jubilados o con los dueños de las Isapres y AFPs; si está con los trabajadores de la minería o con las transnacionales. En nuestra opinión, su programa de gobierno y sus primeras acciones demuestran cuál lado va a elegir: el empresarial.

¿Y qué cambios podemos esperar?

Boric no prometió cambiar las estructuras del país. No prometió recuperar la riqueza que se llevan las transnacionales del cobre, no prometió revertir las privatizaciones de los últimos 30 años, no prometió devolver las tierras al pueblo mapuche, no prometió acabar con los grandes monopolios de las farmacias, ni nada de eso. Tampoco prometió liberar a todos los presos políticos. Las palabras de Camila Vallejos (PC), vocera del gobierno, dejaron claro que el gobierno no pretende nacionalizar empresas, por ejemplo, lo que no permitirá recuperar los enormes recursos que se llevan todos los años las grandes empresas privadas en los distintos sectores de la economía.

Aunque no haya prometido cambios estructurales en la economía del país,  Boric prometió una serie de cambios. Salud y educación públicas, agua para las comunidades, perdonar el CAE, acabar con las AFPs, reformar la policía, etc.

Para empezar a realizar esos cambios, Boric-Marcel tienen una prioridad: hacer una Reforma Tributaria. La Reforma Tributaria le permitiría recaudar más impuestos para financiar los gastos sociales de su gobierno. Según Boric-Marcel, la idea es atacar la evasión fiscal, retirar algunos subsidios a sectores empresariales, aprobar un royalty a la minería y cobrar un pequeño impuesto a los súper ricos. Con eso, se podría recaudar más o menos 5% del PIB, lo que permitiría poner en práctica por lo menos una parte importante de su plan de gobierno.

Sin embargo, ese plan tiene varios problemas:

            1 – No cuestiona el verdadero saqueo que hacen los grandes empresarios de las riquezas producidas por la clase trabajadora. Solo en el caso del cobre, se calcula que entre 15 y 30 mil millones de dólares van a parar todos los años al bolsillo de los accionistas de grandes empresas mineras, la mayoría de ellos, extranjeros. El royalty minero que se viene discutiendo en el Congreso y es apoyado por el gobierno variará (si es que se aprueba) entre 1 y 3% de impuesto a las ventas de la gran minería, dependiendo del precio del cobre. Ese royalty no cambia en prácticamente nada el saqueo que realizan las grandes transnacionales. Si a eso le sumamos las ganancias de los grandes Bancos, empresas forestales, retail, etc., llegamos a cifras impresionantes de recursos, dinero que podría ser usado para solucionar todos los problemas del país.

            2 – La lógica del gobierno de financiar derechos sociales con impuestos a los más ricos tiene otro “inconveniente”. Para que haya más dinero en las arcas fiscales, los ricos tienen que hacerse más ricos y pagar más impuestos, sus empresas y sus fortunas deben crecer. Sin embargo, para que crezcan, esas empresas tienen que ampliar su producción, exportar más, tener más ganancias. Esto tiene dos consecuencias contradictorias con el plan de gobierno: 1 – para que el gobierno tenga más dinero, las empresas llamadas extractivistas -la base de la economía chilena- (minería, forestales, pesca industrial, etc.) deben producir y exportar más, lo que destruye la naturaleza y contamina y seca las comunidades; 2 – para crecer, las empresas deben aumentar la explotación de los trabajadores: invertir en mayores tecnologías para aumentar la productividad (y con eso reducir puestos laborales) y aumentar los niveles de explotación que existen hoy. Así, su plan económico va en el sentido opuesto a lo que prometió: cuidar la naturaleza, disminuir la jornada laboral, aumentar los sueldos, etc.

            3 – Al permitir que los grandes capitalistas sigan dominando el conjunto de la economía del país, permiten también que esos capitalistas controlen y corrompan a toda la institucionalidad estatal. La primera consecuencia de eso será la dificultad que tendrá Boric para aprobar sus reformas en el Parlamento, institución controlada por el gran empresariado a través de los partidos de derecha y la ex Concertación. Las reformas propuestas por el gobierno tendrán que ser negociadas con la gran burguesía y ésta será la que tendrá el sartén por el mango. Además de eso, la gran burguesía sigue controlando los medios de comunicación de masas y está “infiltrada” en todas las instituciones estatales, lo que Boric no propone cambiar al repartir cargos a la ex Concertación. Esa relación

En resumen, podemos decir que Boric intentará hacer reformas “en la medida de lo posible” y en los términos del gran empresariado, lo que apuntará al fracaso o moderación de varias de esas reformas.

Por eso, decimos claramente a la clase trabajadora y a los millones que salieron a las calles: no podemos confiar en este gobierno. No es un gobierno nuestro. Si Boric realmente quiere solucionar los problemas del país, debe romper su alianza con el gran empresariado y enfrentarse a él. No tenemos dudas que existen las condiciones sociales y políticas para hacerlo. Eso permitiría solucionar los grandes problemas ambientales, sociales y reconstruir el país con justicia, reparación e igualdad.