La pandemia de Covid-19 mudó drásticamente el mundo, y aunque haya una gran subnotificación, los números oficiales globales son impresionantes: 119 millones de contaminados y 2,6 millones de muertos.

Por: Wagner Damasceno, Florianópolis (SC), Brasil

Pero, ¿por qué el capitalismo fracasa en el combate a la pandemia de Covid-19?

Para explicar esto, precisamos arrojar luz sobre las principales contradicciones de este modo de producción.

La primera gran contradicción

Karl Marx y Friedrich Engels explicaron que el capitalismo –que desarrollara la producción y la distribución de mercaderías, la ciencia y la tecnología como ningún otro modo de producción anterior– se tornó un sistema incongruente y destinado a crisis cada vez peores.

Eso porque, en el capitalismo, el desarrollo de las fuerzas productivas se choca y se estorba con las relaciones sociales de producción existentes. En otras palabras: la producción y la distribución de riquezas, así como la producción científica y tecnológica –que son eminentemente sociales– se chocan y son encuadradas por relaciones sociales de producción arcaicas, privadas.

Un ejemplo: el inmenso conocimiento científico y tecnológico, los insumos y la gigantesca mano de obra disponible para la producción de vacunas en escala planetaria se chocan y se estorban con las relaciones sociales de producción que, en este caso, asumen la forma de propiedad privada (patentes) de los medicamentos, bajo el dominio de las grandes farmacéuticas.

Así, países que precisan de vacunas para salvar millones de vida no pueden producirlas libremente en sus laboratorios, utilizando su propia tecnología y mano de obra, porque violarían patentes de farmacéuticas como Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson.

La segunda gran contradicción

Una pandemia es una epidemia en gran escala y que, por eso, extrapola las fronteras nacionales. El Covid-19 no respeta las estúpidas y arbitrarias fronteras de los Estados nacionales. Por eso, el combate a ella precisa ser hecho en el terreno nacional, pero solo puede ser decidido en nivel internacional. Y ahí surge la segunda gran contradicción del capitalismo: el papel reaccionario de los Estados nacionales.

Como apuntara la investigadora de la facultad de Salud Pública de la Universidad de San Pablo (USP), Deisy Ventura:

[…] si cada Estado adopta medidas por cuenta propia, en una escala que puede ir de la negligencia a la exageración, sin tomar en cuenta informaciones y recursos compartidos por centros de investigación, agencias internacionales y otros Estados, las posibilidades de control de la enfermedad serán radicalmente disminuidas, mientras las de causar daños innecesarios serán muy aumentadas[1].

Sin embargo, una acción coordinada en nivel internacional contra una pandemia es imposible bajo el capitalismo, pues cada país –que es controlado por sus respectivas burguesías y/o subordinado a las burguesías de los países imperialistas– rivaliza con otros países en la arena internacional, en defensa de sus intereses económicos. Y en esta competencia encarnizada, organismos multilaterales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) se muestran completamente incapaces de arbitrar esos conflictos.

No en vano, según la propia OMS, solo diez países concentran 75% de las vacunas para el Covid-19.

El resultado de eso será la prolongación de la pandemia, incluso con la posibilidad del flujo del virus y de sus nuevas variantes para los países vacunados. En este ínterin, la burguesía imperialista ofrecerá un espectáculo de xenofobia y racismo, con medidas autoritarias contra inmigrantes de los países donde no existe vacunación en masa contra el Covid-19.

La tercera gran contradicción

Si los 350.000 años de existencia del homo sapiens sapiens fuesen compactados en 100 años, veríamos que, durante 99 años y nueve meses de vida, nuestra especie luchó contra la escasez.

Solo en los últimos dos meses de vida, nuestra especie consiguió sobrepujar, en definitiva, la escasez por la abundancia de producción de riqueza y de mercaderías, con la revolución industrial.

A partir de ahí, las crisis económicas pasaron a estar marcadas por la… ¡abundancia! En las palabras de Marx y Engels, “una epidemia, que en cualquier otra época habría parecido una paradoja, se abate sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción”. Y esta es la tercera gran contradicción del capitalismo, que inviabiliza el enfrentamiento de la pandemia: la anarquía del mercado.

Mientras hay una inmensa racionalidad en la producción y circulación de mercaderías y servicios –que asume aires dictatoriales en las industrias, en las estaciones de atención telefónica, en las grandes cadenas de supermercados, etc.–, hay una completa irracionalidad en la junción de todas esas mercaderías y servicios en el mercado, fruto de la acción atomizada de cada capitalista en busca de la realización de su propio lucro.

Y como la anarquía impera, hay mercaderías y servicios que –sea por su naturaleza o por su exceso– se tornaron socialmente superfluos, mientras hay escasez de mercaderías y servicios socialmente necesarios. Por eso, hay un exceso de smartphones, pero escasez de respiradores mecánicos; hay exceso de automóviles, pero escasez de ambulancias; hay exceso de inmuebles vacíos y de títulos de hipotecas, pero escasez de hospitales y profesionales de la salud.

En resumen, no hay un plan organizado de producción y distribución de las riquezas producidas por los trabajadores, pues el control de los medios de producción (fábricas, plataformas, grandes extensiones de tierra, materias primas, etc.) de estas riquezas –y consecuentemente las propias riquezas producidas– son propiedades privadas de los capitalistas.

La cuarta contradicción

La cuarta gran contradicción es que toda la riqueza de este mundo es producida socialmente por los trabajadores –en una interacción constante con la naturaleza a través del trabajo–, pero esta riqueza es apropiada privadamente por una clase que no trabaja: los capitalistas.

Luego, determinar una política amplia y real de aislamiento social y de cuarentena para contener la diseminación de Covid-19 paralizaría la producción y la generación de riquezas. No que este cuadro no ofrezca oportunidades lucrativas para sectores de la burguesía. Al final, no solo empresas como la Amazon, Facebook, Google y Tesla lucraron miles de millones durante la pandemia, sino también porque, en varias ramas productivas y de prestación de servicios, la pandemia aceleró restructuraciones en el trabajo despidiendo y/o desplazando parte de la mano de obra para el trabajo a distancia de forma definitiva.

Mientras tanto, de conjunto, la implementación de una política amplia y real de aislamiento social y de cuarentena sería un golpe de muerte en las ganancias capitalistas, con consecuencias políticas importantes a favor de los trabajadores, en la medida en que quedaría más nítido el papel parasitario de los capitalistas.

¿Cuál es la salida?

Resta ahora una conclusión insoslayable: es preciso destruir todos estos obstáculos que sostienen el edificio capitalista, no solo para combatir esta pandemia[2] sino para acabar con la explotación de miles de millones de trabajadores por un puñado de multimillonarios.

Por lo tanto, es preciso: 1) abolir la propiedad privada de los grandes medios de producción y de las patentes y ponerlos bajo control colectivo de los trabajadores; 2) sustituir la anarquía del mercado por una planificación de la economía, elaborada y dirigida por los trabajadores, produciendo y distribuyendo de forma racional y organizada la riqueza socialmente producida; 3) sustituir los Estados nacionales por Federaciones Socialistas que cooperen entre sí hasta su disolución en una sola Comunidad Mundial sin fronteras.

Con el timón del mundo en sus manos, los capitalistas conducen la humanidad a la barbarie. La única cosa que puede interrumpir este curso destructivo es una revolución socialista permanente conducida por los trabajadores, comenzando en las fronteras nacionales y terminando en la arena internacional.

La Revolución Socialista Permanente es la gran tarea de nuestro tiempo.

Notas:

[1] Ver https://www.abrasco.org.br/site/noticias/opiniao/coronavirus-nao-existe-seguranca-sem-acesso-universal-a-saude-artigo-de-deisy-ventura/45139/, consultado el 15 de marzo de 2021.

[2] Pero también para evitar que nuevas pandemias como estas surjan. Tratamos un poco de esto en un texto titulado “Coronavirus y el racismo contra chinos y asiáticos”, en el portal del PSTU Brasil. Queremos volver a este asunto en otra oportunidad.

Lea también: “Paremos el genocidio | Ruptura inmediata de las patentes de las vacunas”, disponible en este mismo sitio, en la sección Coronavirus, 12/3/2021.-

Este artículo fue publicado originalmente en www.pstu.org.br, 15/3/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.