Estamos frente a un gobierno inimaginable. Bolsonaro batió todos los récords de locuras, no solo por los ataques a la clase trabajadora, que no fueron iniciados por él, dígase de paso. La precarización de los derechos laborales, por ejemplo, es un una profundización de lo que hicieron sus antecesores.

Por: Jerónimo Castro

Pero en temas como la defensa o no del régimen democrático burgués o, dicho de otra forma, la defensa o no de una dictadura, o en el ataque abierto a las minorías y los sectores oprimidos, en la defensa de actitudes racistas, machistas y LGBTfóbicas, Bolsonaro hace cosas impensables.

No es que sus antecesores fuesen consecuentes en la lucha contra el racismo, el machismo y la LGBTfobia. Eran muy débiles, para decir lo mínimo. Basta recordar que en el Brasil el aborto sigue siendo criminalizado, la violencia racista no paró de aumentar…

Juntamente con ataques permanentes a la clase trabajadora, la defensa de un régimen dictatorial y de los temas que oprimen a partes importantes de la población, Bolsonaro demostró, durante toda la pandemia, su profunda falta de interés con la vida de los brasileños. Bolsonaro se burla de las víctimas, propaga mentiras y siempre negó la gravedad de la pandemia.

Esta situación general exige un llamado permanente a un frente único que tenga el objetivo común de sacar a ese genocida. Llevar a las calles la indignación y la rabia del pueblo, transformarla en acción que derroque ya el gobierno Bolsonaro son, sin duda, nuestra tarea inmediata. Aparentemente, todos concordamos con eso… ¿Es así?

¿Derrocar ya a Bolsonaro o feliz 2022?

Todos los que componen la oposición a Bolsonaro en un campo más de izquierda aparentemente concordamos con la necesidad de derrocarlo. Aparentemente, porque mientras algunos defienden que la política privilegiada para derrocar a Bolsonaro es la de construir actos unitarios cada vez mayores, más amplios y masivos, como nosotros del PSTU, por ejemplo; otros, como la mayoría del PT y también la mayoría del PSOL, están a favor de los actos pero proponen, de verdad, que la política privilegiada para derrocar a Bolsonaro sea otra: la construcción de un frente amplio electoral que permita derrotarlo en las urnas en 2022.

Esa política, que encuentra alguna resistencia incluso dentro del propio PSOL, da por cierto que vamos a tener elecciones el año que viene, ignora que hasta allá las muertes por Covid-19, que son evitables, continuarán ocurriendo. Ignora también que los ataques a los sectores oprimidos aumentarán, y las contrarreformas que llevan a la uberización del trabajo seguirán.

Tan importante como eso es que la propuesta de la mayoría del PSOL para derrocar a Bolsonaro electoralmente pasa por la construcción de un frente amplísimo, bajo la dirección del PT.

Esa política, compartida, además, por otras organizaciones, ya tuvo sus consecuencias en el interior del propio PSOL. Marcelo Freixo, que defiende un frente amplísimo tanto para la presidencia de la República, con Lula presidente, como en Rio de Janeiro, con su propia candidatura, llegó a la conclusión de que lo mejor para aplicar esa política no es estando dentro del PSOL sino en otro partido, y se cambió para el PSB.

Esa posición, la de formar un frente amplísimo, es compartida por otras grandes figuras públicas del PSOL: Boulos, en San Pablo, y su corriente, la Revolución Solidaria, están embarcados en el mismo proyecto de apoyar a Lula ya en el primer turno y tener su candidatura a gobernador apoyada por el frente que se formará nacionalmente alrededor del PT. En el caso de San Pablo, después de que el PT consiguiera las declaraciones de apoyo de Boulos, se lanzó un globo de ensayo de no apoyarlo para gobernador del Estado, pero sí para diputado federal y, en el futuro, en las elecciones de 2024. Así, Boulos tendría el apoyo del PT para la Alcaldía de la capital.

Esa contienda generó un ligero malestar en un sector del PSOL, que ha exigido reciprocidad del PT, pero las críticas no pasan mucho de eso.

La candidatura de Glauber Braga

Una reacción distinta de las de Freixo y Boulos, y, junto con ellos, de la mayoría de la dirección del PSOL, tuvo un sector de la izquierda del PSOL, que presentó la precandidatura de Glauber Braga.

Consideramos importante esa iniciativa, aunque tengamos profundas diferencias políticas y con el programa presentado.

Un partido que nace de la crisis del gobierno del PT

En su artículo “Por una historia del PSOL”, sobre los orígenes de su partido en 2003, Juliano Medeiros, presidente del PSOL, cuenta: “Aquella noche (de la votación de la reforma de la Previsión), el partido [PT] firmó su primer certificado de defunción como alternativa para la transformación social. Allí moría, simbólicamente, el PT nacido en el colegio Sion”.

Así, el PSOL nació, en primer lugar, de la justa indignación de un amplio sector de los empleados públicos que, habiendo sido por años afiliados del PT, construyendo y apoyando ese partido, lo vio, luego de la victoria, cumpliendo el papel de uno de los villanos de la reforma de la previsión. De repente, el discurso neoliberal de Fernando Henrique Cardoso (FHC) sobre que los empleados públicos eran privilegiados llegó al PT.

Los ex “radicales” del PSOL.

Otro episodio también ayudará en la construcción del PSOL: luego del mensalão [sistema de corrupción de diputados para la aprobación de leyes, ndt.], amplios sectores de la izquierda repudiaron el fisiologismo y la corrupción incrustada en el gobierno.

No obstante, ese movimiento de ruptura sería limitado por la propuesta del PSOL desde su nacimiento: la de una reedición, sobre nuevas bases y un nuevo momento histórico, del PT.

Experiencia internacional

El PSOL ya se espejaba en una experiencia internacional. Su surgimiento en el Brasil fue parte de un proceso mundial en el que confluyeron un ala de la socialdemocracia, que se negaba a asumir el social liberalismo que tomaba a los grandes partidos socialdemócratas –como el francés, el portugués, el español, el griego, el alemán y los laboristas ingleses–, y algunos sectores del estalinismo que venían de grandes crisis, en especial después de la caída del Muro de Berlín y del fin del llamado socialismo real.

También involucró a corrientes centristas que se reivindicaban del trotskismo, como el Secretariado Unificado y la corriente internacional animada alrededor del SWP inglés [Tendencia Socialista Internacional].

Esta junción atrajo, incluso, una serie de corrientes e individuos venidos de los más diversos movimientos sociales, de origen y orientación distintos, que convivieron bajo el lema de “unir a revolucionarios y reformistas honestos” que luchaban contra el capitalismo.

Los distintos partidos que se originaron de esas fusiones (de las cuales el PSOL es solamente uno de los resultados) conocieron sus días de gloria. En Grecia, Syriza llegó al gobierno en el auge de una ola de huelgas generales y luchas contra la colonización del país por el gran capital europeo, en especial el alemán. En Francia, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) llegó a tener 10.000 militantes; el Bloco de Esquerda, en Portugal, se volvió uno de los partidos de izquierda más importantes de país; el Die Link [La Izquierda], el partido alemán, conquistó decenas de bancas en el Parlamento. El Podemos español se tornó por años una gran sensación de la política.

Todos esos partidos presentan obviamente peculiaridades y especificidades que vale la pena estudiar. Solo para dar un ejemplo, el Podemos ni siquiera se caracteriza como anticapitalista, no reivindica la junción de revolucionarios y reformistas honestos, y sus principales portavoces dijeron más de una vez que no eran “ni de izquierda ni de derecha”. Pero el contenido de su proyecto, y sus simpatías internacionales, la mayor parte de las veces coincidió con el grupo de partidos citados.

Factura

Después de la bonanza, vino la factura. El NPA, luego de divisiones, luchas internas y todo tipo de adaptaciones, cuenta hoy con poco más de mil militantes y camina hacia un estallido. El Syriza, con quien Luciana Genro [PSOL] tanto simpatizaba, hizo un gobierno de capitulación a los dictámenes de Alemania y de la Unión Europea, a punto tal que firmó un acuerdo al que un referendo popular se opuso. El Bloco de Esquerda participó del gobierno del Partido Socialista portugués en una alianza que quedó conocida como “Geringonça”, una experiencia que parece animar a una parte del PSOL en la participación en gobiernos con social-liberales que antes atacaban. El Podemos, en el que Boulos recientemente fue a buscar inspiración, entró en el gobierno del PS español, que ellos acusaban de casta. Como consecuencia, el Podemos sufrió una derrota tan desastrosa en las elecciones municipales de Madrid que llevó a Pablo Iglesias, su líder, a anunciar su retiro de la política.

Rumbos diferentes

El ciclo relativamente rápido que esos partidos vivieron, de ser una alternativa a las capitulaciones de la socialdemocracia y, posteriormente, su cuerpo auxiliar, indica la necesidad de pensar sobre cuáles serían los errores originales que permitieron tal desarrollo. A pesar de sus especificidades, ¿por qué tuvieron un desarrollo tan similar?

La cuestión que Juliano Medeiros y otros dirigentes del PSOL tienen que responder es: ¿sigue válido que el PSOL surgió a raíz del certificado de defunción del PT como “alternativa para la transformación social”? ¿O decir aquello estaba equivocado? ¿O, incluso, lo correcto es resucitar ese cadáver?

La respuesta a esas preguntas es relevante para el PSOL, porque no se trata “apenas” de apoyar las candidaturas del PT ya en el primer turno. El diseño que la dirección del PSOL está construyendo va más allá: está preparando el partido para entrar y gobernar junto con el PT, y no solamente con el PT sino con un frente amplio con toda la burguesía.

Siempre tuvimos diferencias con el PSOL. Pero, indiscutiblemente, el camino propuesto por su dirección es un cambio total en su proyecto inicial. Resta saber qué harán aquellos que rompieron con el PT, y los que entraron después en el PSOL, justamente por creer que estaban construyendo una alternativa distinta de los gobiernos de Lula y Dilma.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 4/8/2021.-

Traducción: Natalia Estrada.