Pandora Papers: paraíso para los capitalistas, infierno para la clase trabajadora

La publicación del informe denominado Papeles de Pandora está causando mucho revuelo y, con distintas dimensiones, podría desatar o profundizar crisis políticas en algunos países.

Por Daniel Sugasti

Se trata de una filtración de casi 12 millones de documentos – extractos bancarios, correos electrónicos, copias de pasaportes, entre otros documentos confidenciales–, analizada por una amplia investigación que involucró más de 600 periodistas de 117 países, en lo que se considera una de las más importantes colaboraciones entre empresas de comunicación de la historia. El hallazgo, comparable a lo descubierto por medio de los Panama Papers (2016) o Paradise Papers (2017), revela, aunque no en toda su dimensión, la inherente hipocresía, corrupción y parasitismo del capitalismo imperialista.

Ha salido a la luz cómo más de 330 altos funcionarios (presidentes, ministros, reyes, princesas…), además de conocidos empresarios, cantantes, futbolistas, artistas, etc., ocultan buena parte de sus fortunas en paraísos fiscales para, ante todo, blindar su patrimonio del escrutinio público y evadir impuestos. El mecanismo implica, casi siempre, el concurso de empresas anónimas o “fantasmas” creadas por despachos de abogados especializados en países como Panamá, las Islas Vírgenes Británicas o las Bahamas.

Pandora papers

Entre los nombres más conocidos que aparecen en los Papeles de Pandora, se encuentran 35 presidentes y expresidentes. Figuran, además, el exprimer ministro británico Tony Blair y su esposa, Cherie; el primer ministro checo, Andrej Babis; el exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn; el rey de Jordania, Abdalá II, entre otros poderosos políticos burgueses. Por otro lado, están incluidos muchos famosos ligados al deporte o la música, como Pep Guardiola, Carlo Ancelotti, Julio Iglesias, Ringo Starr, Elton John, Shakira, etc. En suma, la investigación menciona a 133 millonarios de la lista Forbes. Papeles de Pandora cita, en total, a 27.000 compañías creadas entre 1971 y 2018, que cuentan con casi 30.000 beneficiarios. Nadie puede dudar de que tanto esta como las anteriores filtraciones solo muestran la punta del iceberg. Es un esquema enorme y complejo.

En Latinoamérica, el informe señala a casi 100 políticos y altos funcionarios de unos 18 países. Todos poseen vínculos con empresas “offshore”. Entre ellos están tres presidentes en ejercicio: el chileno Sebastián Piñera; el ecuatoriano Guillermo Lasso; y el dominicano Luis Abinader. Pero también hay nombres de expresidentes, como los colombianos César Gaviria y Andrés Pastrana; el peruano Pedro Pablo Kuczynski; Porfirio Lobo, de Honduras; Alfredo Cristiani y Francisco Flores, de El Salvador; Horacio Cartes, de Paraguay; y Juan Carlos Varela, Ricardo Martinelli y Ernesto Pérez Balladares de Panamá. En Brasil, el escándalo afecta al ministro de Economía del gobierno de Jair Bolsonaro, Paulo Guedes, y al presidente del Banco Central, Roberto Campos Neto. Se estima que cada año, unos US$ 14.000 millones se desvían de los países latinoamericanos hacia los llamados paraísos fiscales.

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Un paraíso o refugio fiscal (tax haven) es un territorio considerado estable política y económicamente que ofrece a individuos o empresas enormes ventajas legales y tributarias para facilitar la transferencia de parte de su patrimonio a ese destino. En esas jurisdicciones, por lo general, es muy fácil crear una empresa. No exigen información sobre el origen del dinero y otros activos; imponen poca o ninguna carga impositiva; poseen un entramado de leyes que dificulta la identificación de los propietarios de los activos depositados; y no proporcionan (o dificultan lo más que pueden) información financiera a las autoridades fiscales de países extranjeros. Por ejemplo, un empresario puede tener dinero o una propiedad en un país, pero declarar ese patrimonio legalmente a nombre de una red de empresas “offshore”, esto es, con sede en otros países, donde el propietario de ese activo ni vive ni ejerce actividad económica.

Estas empresas “fantasmas”, porque no cuentan con oficinas ni empleados ni funcionan realmente, solo sirven para poder “lavar” y mover los activos depositados. Las sociedades opacas (“offshore”) son gestionadas por otras empresas que se ocupan de proporcionar direcciones o una lista de directores, o lo que haga falta para mantener la fachada jurídica del esquema. De modo que casi nunca se sabe quién está detrás de tal o cual negocio. La industria de las fortunas secretas mueve a legiones de propietarios, abogados, testaferros. Es un mecanismo perverso, pero muy eficiente para ocultar dinero o cualquier otro patrimonio, las más de las veces proveniente del crimen o la corrupción. No es casual que lo llamen “paraíso” …para los capitalistas.

Este mecanismo no solo es conocido sino completamente legal ante la legislación burguesa. Poseer activos en paraísos fiscales por medio de empresas “offshore” no viola ninguna ley. En ciertos casos, lo que se considera fraude es no declarar, en el país de origen, las cuentas o patrimonio que el individuo o empresa posee en el exterior. Ese es el caso de muchos de los mencionados en este tipo de filtración de datos sigilosos. Aunque no el de todos. Legal o no –no olvidemos que las leyes son hechas a la medida de los intereses de la clase dominantes–, es repugnante aquellos que algunos analistas llaman “conflicto de intereses”, cuando se refieren a algunas personalidades con cargos políticos. Estamos hablando de gente que, desde el poder político, toma decisiones todos los días e impone medidas durísimas que afectan la vida de millones de personas. La clase trabajadora mundial debe prestar mucha atención a la actuación de los políticos burgueses, es decir, analizar y comprender, a partir de este y otros hechos, cómo asumen el doble papel de juez y parte.

Por ejemplo, Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil, es uno de los que aparecen en el informe como titular de una empresa “offshore” creada en 2014, la Dreadnoughts International con “sede” en las Islas Vírgenes Británicas. Este personaje –aunque podríamos citar a cualquier presidente, expresidente o alto funcionario de la lista–, no solo maneja información privilegiada, sino que impulsa medidas económicas que impactan directamente el cambio o las reglas de tributación. En julio, Guedes envió al Congreso de su país un proyecto de ley que contempla la exención de impuestos a los beneficios de quienes posean empresas en el exterior. También movió piezas para ampliar el límite de depósitos en el exterior exentos de declaración. Medidas, evidentemente, que lo beneficiarían personalmente a él y a todo un sector de la burguesía brasileña. Desde que Guedes es ministro, el cambio del dólar en Brasil aumentó 39%. Esto, para la clase trabajadora y amplios sectores de las clases medias, implica carestía, pérdida de poder adquisitivo, más privaciones. Pero para el puñado de burgueses que opera en paraísos fiscales es lo mejor que puede pasar. Se estima que solo con esa diferencia en el cambio, Guedes ganó, en reales, unos 14,5 millones.

Mientras los gobiernos y el FMI exprimen a la clase trabajadora y las clases medias como a un limón, con impuestos sobre el pan, la leche, la vestimenta, el calzado, en fin, sobre el consumo; mientras golpean nuestros bolsillos con tarifazos, ajustes de todo tipo, los ricos, políticos burgueses, banqueros y gerentes evaden impuestos y lucran con la desvalorización de las monedas locales ante el dólar.

Si un trabajador o un pequeño comerciante no paga sus impuestos, ciertamente le esperan duras sanciones. Si un trabajador pide un préstamo, le exigen todo tipo de declaraciones juradas y le investigan hasta el mínimo detalles. Pero al rico no se le pregunta nada. La misma clase burguesa, que con su Estado succiona y apalea a los trabajadores por medio de impuestos y penas legales, evade hasta el tributo a las ganancias que obtiene de la explotación de esos mismos trabajadores y trabajadoras. Y sin dar explicaciones a nadie. Por la naturaleza de estas operaciones, es casi imposible calcular cuánto dinero se esconde en los paraísos fiscales. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), responsable por la investigación de los Papeles de Pandora, estima que entre US$ 5,6 billones y US$ 32 billones están ocultos “offshore”. Expertos aseguran que aproximadamente 10% del PIB mundial se esconde en estos paraísos fiscales, auténticos agujeros negros del sistema capitalista. El FMI declaró que el uso de paraísos fiscales cuesta a los gobiernos hasta US$ 600.000 millones en impuestos no recaudados. Lo que no denunció, evidentemente, es que uno de sus exdirectores está entre los evasores. La oenegé OXFAM, sitúa esa cifra en al menos US$ 427.000 millones anuales en todo el mundo.

Los Papeles de Pandora son solo una muestra de cómo actúan los capitalistas y sus representantes políticos. No importa si la legislación (de ellos) considera este mecanismo de lavado de dinero y evasión fiscal ilegal o no, si la considera “corrupción” o no. El hecho es que, mientras miles de millones de seres humanos intentan sobrevivir sin empleo, pasando hambre, sin oportunidades de acceder a una educación o atención médica decentes, siendo humillados todos los días de mil maneras, un puñado de millonarios no solo aumenta sus fortunas, sino que, de manera obscena, hacen de todo para ni siquiera pagar algún impuesto a aquello que llaman la cosa pública.

En esos paraísos fiscales está buena parte de los recursos, obtenidos legal o ilegalmente, que no se destinan a mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora, que no se destinan a las escuelas, a los hospitales, al combate a la pandemia ni a nada que pueda aliviar la situación material insoportable que toca sobrellevar.

Pero los recursos no están solo en el exterior, sino en cada gran empresa, en cada latifundio, en cada banco que funciona en nuestros propios países. Porque la burguesía, aunque opere a la luz del día y de modo “legal”, es una clase que acumula apoderándose de la riqueza producida por el trabajo humano valiéndose de mecanismos económicos (el salario, los planes de ajuste, etc.) que no son más que un robo “legalizado”.

El capitalismo nació del robo y se mantiene a través del robo. Hay que destruir un sistema económico y social en el que ellos tienen sus paraísos fiscales y a nosotros nos sumergen en un infierno de hambre y miseria.