Podemos constatar que la pandemia desencadenó una cascada de sufrimiento, desempleo y hambre en el continente africano. El virus, que tiene su origen en la ganancia capitalista y en la relación que las grandes multinacionales tienen con la naturaleza, trajo efectos devastadores para el planeta. Agravados porque los gobiernos priorizaron la ganancia de las grandes empresas en lugar de la vida y de la salud de la clase trabajadora.

Por Américo Gomes

No recuperaron los sistemas de salud que entraron en colapso; realizaron “lockdowns fakes” preservando la producción y la ganancia de las grandes empresas; no auxiliaron a los más necesitados y vulnerables, mientras ponían ríos de dinero en las empresas que ya ganaban mucho; y ahora realizan un verdadero “apartheid” de la aplicación de vacuna, para beneficiar a las multinacionales farmacéuticas.

Hoy, algunos analistas hablan del “legado de la pandemia” refiriéndose a los efectos causados, como el crecimiento del desempleo; las evidentes desigualdades sociales y materiales; y el aumento del hambre y de la miseria. El continente africano es donde las consecuencias de esta política más se hacen sentir y donde sus efectos son más nefastos.

El aumento de los casos está destruyendo los frágiles sistemas de salud de estos países. La propia OMS informó que las infecciones estaban aumentando en por los menos 12 países del África, incluyendo Camerún, Etiopía, Kenia y Guinea.

El número total de infecciones notificadas llegó a 4,5 millones, con más de 120.000 muertes, un aumento significativo comparado con las 2,7 millones de infecciones registradas a finales de diciembre. África del Sur lidera con más de 1,5 millones de casos informados y más de 52.000 muertes. Son solamente site millones de personas vacunadas en un continente con más de mil millones de personas.

La maniobra de la subnotificación

En abril de 2021, este número de casos confirmados, 4,5 millones, representaba cerca de 3,11% de las infecciones en todo el mundo. Está explícito que los datos sobre la pandemia de coronavirus en África son subnotificados, principalmente en los países con menos medios y desarrollo para hacerlo.

Del total de casos, 82,6% están en nueve países: África del Sur, Marruecos, Túnez, Egipto, Etiopía, Libia, Argelia, Kenia y Nigeria, y 77% de las muertes en cinco: África del Sur, Egipto, Marruecos, Túnez y Argelia. Lo que ya demuestra que el número de víctimas es mayor que el informado. Una tragedia humana anunciada para un continente que abriga 17% de la población mundial, y que anuncia tener 3,4% de los casos globales.

En Kenia, la tasa de positividad es de por lo menos 20% en exámenes de sangre realizados, pero solamente se anuncia un contagio de 5% por Covid-19. En la vecina Tanzania, donde la OMS calificó la situación de “muy preocupante”, el ex presidente John Magufuli, que banalizaba la epidemia (al estilo Bolsonaro) murió este mes, posiblemente por la epidemia, pero no quieren divulgarlo.

Este conteo insuficiente aumenta el riesgo de diseminación amplia de la enfermedad, impide el lanzamiento y la adopción de vacuna y, en último análisis, amenaza cualquier esfuerzo mundial por controlar la pandemia. Al final, donde quiera que el virus esté circulando, nuevas mutaciones pueden surgir; por eso, es crucial identificarlas rápidamente. Ya fueron detectadas varias, demostrando que puede haber más transmisibilidad e, incluso, haciendo que las vacunas disponibles sean menos eficaces.

El apartheid de la vacuna

Esta subestimación de los casos de Covid-19 tiene el objetivo político de alimentar la narrativa de que los países africanos no precisan de vacunas con tanta urgencia como otras naciones, haciendo que los países imperialistas, con sus grandes multinacionales farmacéuticas, concentren la distribución de vacunas en el continente europeo y en los Estados Unidos.

Imposibilitando la quiebra de patentes, gobiernos de países de la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos bloquearon las propuestas de expandir la producción de vacunas, privilegiando los monopolios de las empresas farmacéuticas, poniendo las ganancias por encima de las vidas.

Actualmente, las naciones ricas, responsables por 16% de la población mundial, compraron 60% del suplemento global de vacunas mientras la en mayoría de los países africanos no fueron capaces de dar una única dosis. Setecientas millones de dosis fueron distribuidas en todo el mundo, en gran parte para los ricos, en tanto los países africanos recibieron 2% de ellas. África del Sur aplicó su primera dosis en marzo de este año.

Con el aumento de casos en la India, fueron interrumpidas las exportaciones del Serum Institute of India, el mayor fabricante mundial de vacuna, para desesperación de los que aguardan un incremento de dosis en el África.

Privilegiar las ganancias de las multinacionales farmacéuticas también impide el combate a la pandemia de manera global. Sin vacunación simultánea en todo el mundo, el Covid-19 continuará extendiéndose. Ngoy Nsenga, coordinador de la OMS afirmó: “Si algún lugar, cualquier país, no fuera seguro en este mundo, ningún país estará seguro”.

Pandemia, miseria y hambre

Incluso con las subnotificaciones, África tuvo un aumento de 30% en las infecciones desde el año pasado, pero implementó menos medidas de salud pública que cualquier otro continente.

Con eso, la pandemia continuará asolando el continente por mucho tiempo, causando muerte, sufrimiento, hambre, y destruyendo la economía, que ya sufre con las barreras comerciales y el colapso global en la demanda de bienes y servicios.

El cierre de las fronteras ha sido perjudicial no solo para el turismo sino también para el sector informal del África. La producción económica en el África Subsahariana se achicó 3,7% en 2020. Un informe de la Oxfam previó que el impacto económico de la pandemia podría atrasar el desarrollo en 30 años, en algunas regiones del continente.

Hay una caída de 20% en la renta familiar proporcionalmente mayor que en todo el mundo, con más personas cayendo por debajo de la línea de pobreza. Este número puede llegar a cien millones de personas solo en el África Subsahariana.

En todo el continente, el número de personas con inseguridad alimentaria aguda era de cien millones en los últimos cuatro años, en 2019 aumentó a 135 millones, en 58 países; a finales de 2020 se calculaba que había llegado a 270 millones, representando un aumento de 82% en comparación con el número de personas con inseguridad alimentaria aguda pre Covid-19.

En el África de conjunto, 19% de la población está subnutrida (más de 250 millones de personas). Mujeres y niñas representan más de 70% de las personas que enfrentan hambre crónica. De acuerdo con el virólogo Albertus Osterhaus, las mujeres y niñas son las que más sufren con los efectos de la pandemia, principalmente en las familias más pobres. Afecta sus condiciones alimentarias, familiares y culturales, e incluso hasta como víctimas de agresión sexual.

Mientras algunos gobiernos imperialistas consiguieron suministrar “migajas” en programas de estímulo social para una parte de su proletariado y la población más pobre, eso no existe para los países africanos, con sus gobiernos más preocupados con sus deudas públicas y déficits en los ingresos.

La pandemia aumentó la miseria en las comunidades urbanas, principalmente en la población más vulnerable, como desplazados internos, refugiados, migrantes, personas ancianas, mujeres y niñas en situación aún peor, que ya sufrían los efectos de los conflictos militares, los cambios climáticos y los choques económicos. En la mayoría de los países del África el aprendizaje virtual simplemente no existe. Miles de millones de personas se ganan la vida en las economías informales, todos afectados por la crisis económica.

Si en el mayor país imperialista del mundo, Estados Unidos, los datos del “Census Bureau” de mediados de noviembre pasado mostraron que cerca de 26 millones de adultos relataron no tener lo suficiente para comer, imaginen en los pobres países africanos.

Luchas en el continente

En medio de este caos sanitario y social en varios países existen luchas contra los gobiernos que aplican, sin ninguna vacilación, los planes dictados por el imperialismo. Esas movilizaciones explotan a partir de las más variadas chispas y motivos.

El Covid-19 golpeó fuertemente la fuerza de trabajo de la salud en la región africana. Cerca de 250 infecciones de profesionales de la salud son registradas, en media, todos los días, o sea, por lo menos 10 nuevas infecciones por hora.

Millones de médicos, enfermeras y otras personas en el África Subsahariana están arriesgando sus vidas esperando hace meses por protección. Por eso, médicos y enfermeras en Zimbabue salieron a la huelga por equipamiento de protección individual (EPI) y contra la corrupción en el gobierno, en medio de una inflación de 800%. En Sierra Leona, los médicos en la línea de frente del combate a la pandemia también salieron a la huelga dado el uso indebido de fondos de salud por el gobierno y el no pago de bonos por peligrosidad en el trabajo. Los trabajadores de la salud en la República Democrática del Congo redujeron sus turnos al mínimo para protestar contra el no pago de bonos por trabajo peligroso por lidiar con la pandemia. Los sudafricanos protestaron contra las malas condiciones de trabajo e instaron al gobierno a acabar con la corrupción en la adquisición de equipamiento de protección individual contra el coronavirus. Médicos kenianos que trabajan en hospitales del gobierno lanzaron una huelga nacional por causa de los beneficios de seguro inadecuados y falta de equipos de protección. De la misma manera que la clase obrera, que como los obreros de la Volkswagen de África del Sur realizaron una manifestación contra la obligatoriedad del trabajo en plena pandemia[1].

Rebeliones, manifestaciones callejeras y revueltas contra las condiciones de vida y regímenes dictatoriales crecen en el continente con el agravamiento de los efectos de la pandemia. En los últimos meses asistimos a movilizaciones en Zimbabue, Nigeria, Angola, Sudán, Senegal y Malí. Algunas se extendieron en violentos enfrentamientos con los aparatos de represión de estos Estados que tienen gobiernos títeres del imperialismo. Ninguna de ellas fue sofocada; con altos y bajos, las protestas continúan.

Desarrollar un política clasista y antiimperialista

Todos los factores que están por detrás del aumento de la inseguridad alimentaria aguda tienen que ver con la decadencia imperialista y su búsqueda desesperada por mantener sus ganancias, pues envuelve conflictos militares, crisis climática y plagas de langostas; y ahora, la pandemia.

Desgraciadamente, los gobiernos de los países africanos pactan, aceptan e implementan estas políticas imperialistas, agravadas por la gran corrupción de los propios gobiernos.

Precisamos urgentemente de un saneamiento que esté hecho por la clase trabajadora y sus sectores más explotados. El camino apuntado en los levantes que ocurren en Senegal, Angola, Argelia y otros países del continente tiene que continuarse; con ellos es necesario construir organizaciones de la clase trabajadora que a través de la democracia interna puedan centralizar y conducir la lucha de la clase.

Para eso, es fundamental que los trabajadores que en el continente africano están a la vanguardia de esta lucha vayan construyendo una organización revolucionaria que pueda ser la expresión consciente de este proceso y de esta lucha. No hay otra salida, si no nuestros hermanos de este rico y vasto continente continuarán viviendo esta masacre y este genocidio.

Nota:

[1] Ver Gobierno alemán y Volkswagen: populismo y represión en la pandemia de Sudáfrica, en https://litci.org/es/gobierno-aleman-y-volkswagen-populismo-y-represion-en-la-pandemia-de-sudafrica/

Traducción: Natalia Estrada.