En el comienzo del siglo XX, Rusia era el más grande y poblado país de Europa, con 150 millones de habitantes, más de 3 millones en Moscú y Petrogrado. No obstante, era un país atrasado, en donde 80% de la población vivía en el campo y 90% era analfabeta.

Por: Bernardo Cerdeira

Rusia era un Estado absolutista autocrático, gobernado por la monarquía de los zares. El régimen se basaba en la represión a los opositores. Millares fueron presos, torturados, ejecutados o deportados para Siberia. Las libertades de reunión y manifestación y la legalidad de partidos y sindicatos fueron ocasionales, y siempre conquistadas por movilizaciones revolucionarias, como la Revolución de 1905.

Revolución de 1905: el gran ensayo

La Revolución de 1905 concentró todas las contradicciones del zarismo: la derrota en la guerra entre Rusia y Japón, la represión, y una crisis económica desencadenada por el conflicto. En enero, comenzó una huelga de los 12.000 obreros de la fábrica Putilov, en Petrogrado, por la reintegración de cuatro compañeros despedidos. Otras fábricas adhirieron y la huelga alcanzó a 150.000 trabajadores.

La organización de los obreros era dirigida por un cura de nombre Gapón, que tuvo la idea de llevar al zar las reivindicaciones de readmisión de los cuatro, y otras, como la jornada de ocho horas y el aumento de salario.

Más de 200.000 trabajadores se dirigieron al Palacio de Invierno. El zar ordenó que la tropas disparasen contra la multitud. Murieron más de 1.500 personas y hubo 2.000 heridos. Este día quedó conocido como el “Domingo Sangriento”. Había comenzado la Revolución.

La Revolución duró un año y finalmente fue derrotada. Pero dejó importantes enseñanzas. Una de ellas fue la organización del Soviet (Consejo, en ruso) de diputados y obreros de Petrogrado, cuyo presidente fue un socialdemócrata de 25 años: León Trotsky.

Primera Guerra Mundial: Rusia y la Guerra

En 1914, Rusia entró en la Primera Guerra Mundial al lado de Inglaterra y de Francia. Sin embargo, los sufrimientos del pueblo ruso fueron superiores a los de los otros países. Mal armado y equipado, el ejército ruso, de más de 10 millones de soldados, sufrió grandes derrotas y ya contaba con un millón setecientos mil muertos y seis millones de heridos.

La Guerra significó terribles sufrimientos para la población en general, que sufría los efectos de la crisis de abastecimiento y el hambre, y especialmente para los campesinos, que eran la mayoría del ejército.

La caída del zar: la Revolución de Febrero

En febrero de 1917, durante las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, millares de manifestantes salieron a las calles, invadieron el Palacio Touride, donde se reunía la Duma (parlamento), exigiendo la renuncia del zar. Nicolás II fue forzado a abdicar. Trotsky describió así la revolución de Febrero:

“Comienza la revolución más violenta de todos los tiempos. En una semana, la sociedad de deshace de todos sus mandatarios: el monarca y sus hombres de la ley, la policía y los sacerdotes; los propietarios y los gerentes, los oficiales y los patrones. (…) en el ejército, los soldados dejan de obedecer a sus superiores. Nadie jamás había soñado con una revolución así. Ahora, ese sueño circula por las venas de todas las almas desesperadas y desamparadas de este planeta” (Trotsky, El gran sueño).

El Gobierno Provisorio de Kerensky

Los Soviets se reorganizaron durante las manifestaciones contra el régimen y podrían haber tomado el poder. No obstante, los partidos oportunistas, mencheviques y socialistas-revolucionarios, que eran mayoría, resolvieron entregar el poder a un Gobierno Provisorio burgués, encabezado por el príncipe Lvov, en el cual participaba Kerensky, un ex trudovique (laborista). Entre febrero y octubre se sucedieron diferentes gabinetes del Gobierno Provisorio que contaron con ministros burgueses y mencheviques y socialistas-revolucionarios.

Los bolcheviques, liderados en aquel momento por Stalin y Kamenev, apoyaron inicialmente el Gobierno Provisorio. Cuando Lenin llega a Petrogrado, venido el exilio, presenta las “Tesis de Abril”, que defienden la necesidad de un giro total en esta política. Las tesis de Lenin son aprobadas por el Partido Bolchevique, que pasa a hacer oposición al Gobierno Provisorio y a defender que los soviets de trabajadores y soldados tomen el poder.

Los Soviets y el doble poder

Los Soviets estaban en la memoria reciente de la clase obrera por la Revolución de 1905. A partir de febrero se reorganiza el Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado. Los trabajadores votaban a sus representantes por fábrica o por distrito, eligiendo un delegado cada mil obreros. Los soldados de la capital también participaban con un representante por cada compañía.

A partir de Petrogrado, la organización soviética se fue extendiendo hacia todo el país. Los Soviets representaban un poder paralelo, el poder dual al Gobierno Provisorio.

El Gobierno Provisorio en realidad dependía del apoyo de los Soviets, dominados por los mencheviques y socialistas-revolucionarios. En junio de 1917 se reunió el Primer Congreso Panruso de los Soviets, aún con mayoría de esos partidos oportunistas.

Paz, Pan y Tierra

El Gobierno Provisorio no conseguía resolver los principales problemas de las masas. El primero era la necesidad de acabar con la guerra, que traía enorme sufrimientos para obreros y campesinos. El Gobierno Provisorio cedía a las presiones de Inglaterra y de Francia para que Rusia mantuviese sus compromisos militares y continuase en guerra, pero el pueblo exigía paz.

Eso llevaba al gran problema de mantener y alimentar un ejército de diez millones de soldados. El abastecimiento de las ciudades era perjudicado y el hambre rondaba permanentemente a sus habitantes. Por otro lado, el Gobierno Provisorio conciliaba con los latifundistas y atrasaba la distribución de tierras exigida por los campesinos.

Por eso, el Partido Bolchevique levantaba como principal reivindicación la de Paz, Pan y Tierra, además de la autodeterminación para las decenas de nacionalidades oprimidas por el antiguo régimen zarista.

Las jornadas de julio y el golpe de Kornilov

En julio, las masas de trabajadores y soldados de Petrogrado, exasperadas con la derrota de la ofensiva militar ordenada por el Gobierno Provisorio y por los sacrificios causados por el desabastecimiento, iniciaron un levante contra el gobierno.

Los bolcheviques se opusieron en principio, porque veían que el resto del país aún apoyaba a los socialistas-revolucionarios y los mencheviques, y temían que la capital se aislase.

Aún así, estuvieron del lado de los manifestantes y procuraron dirigirlos. Por eso, fueron reprimidos por el Gobierno Provisorio, y centenas de sus militantes, incluso dirigentes como Kamenev y Trotsky, fueron presos. Fue decretada la orden de prisión contra Lenin y Zinoviev, que fueron obligados a pasar a la clandestinidad.

En agosto, el general Kornilov, comandante en jefe del ejército, intenta un golpe militar contrarrevolucionario, enviando tropas del frente de guerra a Petrogrado para derrocar al gobierno de Kerensky, que pide apoyo.

Los bolcheviques llamaron a la lucha contra Kornilov y se pusieron a la vanguardia de la organización militar para derrocarlo. Fue tomada la Guardia Roja con los obreros de Petrogrado. Delegados de los Soviets y de los soldados de la capital consiguieron convencer a las tropas sobre el carácter del golpe y a abandonar la marcha sobre la capital. Kornilov fue derrotado y preso sin que se disparase un tiro.

Tomando el poder: la Revolución de Octubre

La resistencia de masas al golpe de Kornilov inclinó la balanza hacia la izquierda. Las masas volvieron a confiar en los bolcheviques, que ganaron la mayoría en las elecciones para el Soviet de Petrogrado en setiembre. Trotsky, liberado de la prisión, fue electo presidente del Soviet.

El Gobierno Provisorio estaba cada vez más débil, pero aún intentó algunas maniobras. Hacia mediados de setiembre realizó la llamada “Conferencia Democrática”. Criterios de representación distorsionados daban mayoría a los partidos burgueses y oportunistas. Los bolcheviques participaron para denunciarla. Al final, la Conferencia se declaró “pre-Parlamento”, un órgano legislativo que tenía el objetivo de vaciar el Soviet, subordinándolo a esta institución.

Entre los bolcheviques se abrió una polémica que reflejaba una diferencia estratégica. Lenin y Trotsky defendían que el Partido Bolchevique boicotease el pre-Parlamento y preparase la insurrección para tomar el poder. Pero la mayoría del Comité Central rechazó el boicot, reflejando una vacilación sobre la toma del poder.

Desde Finlandia, donde estaba exiliado, Lenin abrió una lucha interna y finalmente consiguió que la mayoría del CC aprobase el boicot. En la abertura de los trabajos del pre-Parlamento, Trotsky leyó una declaración de ruptura y los diputados bolcheviques abandonaron el salón.

En el comienzo de octubre, Lenin volvió a insistir con que los bolcheviques desencadenasen la insurrección sin demora, con recelo de que se perdiese el momento más favorable. No obstante, en el Comité Central, Zinoviev y Kamenev se opusieron. Cuando el CC finalmente aprobó la insurrección, los dos dirigentes expusieron su posición contraria en la prensa de los Soviets, rompiendo la disciplina del partido.

El Segundo Congreso Panruso de los Soviets estaba convocado para el día 25 de octubre. El Gobierno Provisorio, temiendo la insurrección bolchevique, intentó enviar las tropas de Petrogrado para el frente de batalla, lo que dejaría a la capital desguarnecida frente a las tropas alemanas.

El Soviet de Petrogrado formó entonces el Comité Militar Revolucionario, presidido por el propio Trotsky, que pasó a controlar todas las órdenes militares del Gobierno Provisorio. De hecho, el poder ya estaba en manos de los Soviets y de los bolcheviques que los dirigían.

El día 25, con el argumento de defender la capital de los alemanes y de garantizar la seguridad del Segundo Congreso de los Soviets, las tropas del Comité Militar Revolucionario ocuparon los puntos estratégicos de la ciudad. En la noche de ese mismo día, las tropas revolucionarias dirigidas por el bolchevique Antonov-Ovseenko tomaron el Palacio de Invierno y apresaron a los últimos ministros del Gobierno Provisorio. Kerensky ya había huido.

En el Segundo Congreso de los Soviets, los delegados apoyaron por aclamación la destitución del Gobierno Provisorio y el pasaje del poder a los Soviets. Los mencheviques y socialistas-revolucionarios de derecha abandonaron el Congreso. Los bolcheviques llegaron a un acuerdo para componer un gobierno soviético con los socialistas-revolucionarios de izquierda.

Lenin asumió el gobierno con un discurso que terminó bajo aplausos, con las célebres palabras: “Pasemos ahora a la edificación del orden socialista”.

El Segundo Congreso ratificó entonces los primeros decretos del gobierno soviético sobre la paz y la distribución de tierras a los campesinos. La Revolución de Octubre había triunfado.

Traducción: Natalia Estrada.

Lea el primer artículo: “98 años de la Revolución Rusa: la revolución que cambió la Historia” en este mismo sitio: www.litci.org