El Partido Demócrata (PD) todavía está intentando recuperarse de la profunda crisis que explotó tras la derrota de las elecciones de 2016. Las elecciones mostraron que las décadas pasadas de políticas neoliberales bajo las administraciones Clinton y Obama lo llevaron a perder la mayor parte de su base tradicional de la clase trabajadora, haciéndose cada menos atractivo para la juventud radicalizada y los pobres.

Por: Florence Oppen

La derrota del PD fue en parte resultado del tratamiento de la crisis económica (rescate de los bancos, crisis inmobiliaria y de ejecuciones hipotecarias, continua depreciación de los salarios) y de las promesas no cumplidas en la era Obama (reforma incluyente de la inmigración, aumento del salario mínimo, y reforma pro sindicalización)[1]. El resultado de esa crisis fue una creciente división y desorden dentro del partido, que todavía está “buscando su alma”. Los liberales están procurando en vano por un PD que luche por la clase trabajadora conciliando clases contradictorias: su base de masas a la izquierda y su base de donantes neoliberales.

Hasta ahora, no obstante, el PD falló completamente en ofrecer una verdadera “resistencia” a las políticas de Trump, y ha centrado su política en argumentos baratos en relación con la “intromisión rusa” en la elección pasada, y ahora en los varios casos de corrupción de Trump, bajo la coordinación de Robert Mueller III, nombrado Procurador Especial del Departamento de Justicia.

Los dirigentes del PD flirtean con la idea de tener mayoría en la Cámara de Diputados para iniciar el proceso de impeachment contra Trump, que aún dejaría al ultra reaccionario Pence y su gabinete en el poder. No hay salida entre la política externa imperialista de pillaje de recursos y ecológicamente devastadora de los dos partidos (guerra contra el terrorismo, corrida armamentista nuclear, y apoyo incondicional a Israel). Al final, el PD no ofreció nada sustancial y concreto para los trabajadores en los muchos Estados y ciudades en que el partido todavía es dominante.

El plan de Warren para tornar el capitalismo más “responsable”

La política central del PD actualmente es la estrategia electoral de “Retomar el Congreso” hacia mitad de año. No obstante, la verdad es que el PD nunca fue un partido de organización de base para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora. A fin de reconquistar su electorado perdido, la cúpula del PD, que todavía controla el partido, decidió concentrarse en cuestiones de “gana pan” [medios de sustento] de los americanos comunes, significando cuestiones económicas, quedando lejos de lo que ellos creen sea “controversial”, las llamadas “políticas de identidad” –que tienen que ver principalmente con el racismo, la brutalidad policial, el encarcelamiento en masa, las invasiones y deportaciones del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Fronteras), la reforma de la inmigración más allá de la DACA (Acción de Aplazamiento para los Llegados en la Infancia), y demandas por parte de los indígenas, como por autonomía y control de sus tierras y recursos–. Entre ellas están también las demandas de los derechos LGBT y de las mujeres, que están enfrentando un retroceso histórico en el acceso a los derechos reproductivos. Negándose a tomar una posición o incluso a enfocarse en políticas antiopresión, el PD está de hecho dirigiéndose a una clase trabajadora imaginaria, es decir, a la minoría de trabajadores que se identifican con hombres blancos.

Algunos cuadros del PD creen que, desde la década de 1970, el partido rompió con el “consenso liberal” que estableciera en los años de 1930, cuando defendió la reforma social a través del New Deal y defendió una distribución “justa” de una parte de las ganancias. Las concesiones del PD a las protestas en masa contra la guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles hicieron del partido blanco de ataques reaccionarios por el Partido Republicano. Michael A. Cohen, un analista político, argumenta que desde 1972, “los demócratas continúan apartándose de su tradicional defensa del laborismo en relación con las cuestiones sociales, y perdieron sus electores” y se alejaron de los “americanos de la clase trabajadora”(1). A fin de reconquistar a las personas comunes, el PD debería, de acuerdo con Cohen, volver a enfocarse en “cuestiones reales que significan mucho para los jóvenes: el alivio de la deuda educacional; empleo estable; sistema de salud que les posibiliten darse el lujo de iniciar familias”.

De acuerdo con esa visión, para encontrar su “alma” (y la recaptura de millones de votos perdidos), el PD debe volver a ser el partido de Franklin Delano Roosevelt. Y es exactamente eso que Elizabeth Warren propone al lanzarse como candidata para las elecciones presidenciales de 2020, apelando tanto a la base progresista que apoya a Sanders, como a la facción centrista del partido. Warren está proponiendo dos grandes reformas, la Ley del Capitalismo Responsable y un proyecto de ley anticorrupción. Está proponiendo que las empresas que obtienen más de U$S 1.000 millones en ganancias (cerca de 3.500 empresas norteamericanas de capital abierto) sean más “responsables” frente a los empleados, y no solo frente a los accionistas. Como ella misma observó, en una columna de opinión del Wall Street Journal en abril de este año, “entre 2007 y 2016, grandes empresas americanas dedicaron 93% de sus ganancias a los accionistas”, ignorando el bienestar de los trabajadores[2]. La propuesta de Warren coincide con un informe del Instituto de Política Económica (EPI), que mostró que “la relación de remuneración entre el CEO y los trabajadores fue de 312 a 1 en 2017, muy superior a la proporción de 20 a 1 en 1965 y más de cinco veces mayor que la proporción de 58 a 1 en 1989”[3]. El Proyecto de Ley del Capitalismo Responsable tiene los siguientes puntos:

  1. Transferencia de los actuales mecanismos de regulación del Estado para el nivel federal;
  2. Los empleados de esas empresas eligen 40% del Consejo de Administración; y,
  3. Las empresas se tornarán “empresas benefactoras”, con responsabilidades fiduciarias para con sus accionistas y potencialmente más.

No obstante, la tímida reforma de Warren no cuestiona el derecho de las empresas a hacer millones a costa de los trabajadores o de burlar el pago de impuestos. Todo lo que ella está proponiendo es revertir “cambios en las prácticas de negocios que remontan a los años ’80”. Como ella dice, quiere “volver” al tiempo en que el capitalismo americano “funcionó” para la clase trabajadora: “Durante gran parte de la historia de los EEUU, las respuestas fueron claras. Las corporaciones procuraban tener éxito en el mercado, pero también reconocían sus obligaciones para con empleados, clientes y la comunidad… Ese abordaje funcionaba. Empresas americanas y trabajadores prosperaban”[4]. Obviamente, debemos afirmar que ese abordaje de un capitalismo supuestamente justo y pro trabajadores nunca existió, porque el capitalismo en sí nunca funcionó realmente para nosotros, sino solo a pesar de nosotros y contra nosotros.

Hay, no obstante, voces minoritarias en el partido que no están de acuerdo con la opinión de Warren. Alexandria Ocasio-Cortez, por ejemplo, concuerda con volver a un New Deal que, al contrario de Warren, incluiría un mejor acceso al sistema de salud y a la enseñanza superior. Ella también apoya reformas relativas al ICE (para sustituir el ICE por una agencia más “humanitaria”) y al encarcelamiento en masa. Otra demócrata progresista, Stacey Abrams, que recientemente ganó la indicación al cargo de gobernadora de Georgia, se propone reconectarse con aquellos que no comparecieron a votar, en lugar de apelar a los electores de Trump o republicanos en potencial. En Georgia, un Estado donde 30% de la población es negra, hay 1,1 millones de electores negros registrados y 700.000 no registrados[5]. Esos candidatos “progresistas”, no obstante, están presos en la lógica conservadora del sistema electoral manipulado por el dinero y en el funcionamiento de arriba hacia abajo del PD, y es por eso que, como argumentamos en este artículo, ellos tendrán, o que rebajar cada vez más su programa (y quedar más cerca de los liberales centristas) o romper para formar un partido socialdemócrata.

Donde los demócratas se engañan sobre la economía y los trabajadores

No solo la bandera de la reforma de Warren es insuficiente como tampoco funcionará. Michael Roberts, un importante economista marxista, criticó las propuestas de Warren[6], así como todas las tentativas de “concertar” el capitalismo solo mirando la redistribución de renta y la regulación tímida, como quedando “lejos de radical”. La desigualdad económica no es la causa sino el efecto del funcionamiento capitalista, que siempre buscó “elevar la lucratividad durante los años ’80 y ’90, elevando la tasa de plusvalía a través del desempleo, demoliendo los derechos laborales, aprisionando los sindicatos, privatizando el patrimonio de los Estados, ‘liberando’ los mercados, desregulando la industria, reduciendo los impuestos, etc.; en otras palabras, la agenda neoliberal”[7]. Al contrario del argumento de Warren, la ofensiva neoliberal contra los trabajadores no es una “excepción” del capitalismo americano, sino el desvelamiento de su verdadero carácter. El sistema capitalista de producción se basa en la creciente explotación y opresión de los trabajadores en todo el mundo y en la destrucción del planeta; él es anárquico e inestable en su funcionamiento, pues está marcado por una baja o declinante tasa de retorno sobre el capital a lo largo del tiempo. Su naturaleza es la de generar crisis y guerras destructivas periódicas. La cuestión para nosotros es saber si usaremos los efectos devastadores de la última crisis para reflexionar sobre sus causas y proponer soluciones duraderas, o vamos a continuar trabajando y creyendo en promesas “agua con azúcar” delirantes de reformas económicas.

Las ideas de Warren son de hecho ideas que nunca funcionaron, promovidas de una nueva forma. Las tentativas de regular grandes trusts o corporaciones a través de “cartas de concesiones” ya fracasaron en el inicio de 1900, y no hay indicación de que ellas tendrán éxito hoy, ya que esas corporaciones son todavía más poderosas ahora. Por ejemplo, la idea de dar a los trabajadores alguna representación en los consejos de grandes empresas, como los históricos consejos obreros en Alemania, resultó en poca o ninguna reducción de la desigualdad[8].

Sin embargo, eso deja grandes preguntas sin respuesta para los liberales y progresistas como Sanders y Warren y sus seguidores, que están proponiendo una solución fácil: ¿cómo ellos proponen expropiar una riqueza significativa del 1% más rico para redistribuir entre los más pobres sin una lucha de clases abierta? Y, además, preguntamos: aun cuando consigan crear una red de previsión social viable para el 99% (y protejan el medio ambiente de la ruina), ¿cómo administrarán las inevitables y periódicas crisis del capitalismo, para no hablar de refrenar la atrocidad moral que es la explotación y opresión del hemisferio Sur?[9]

Las necesidades de los trabajadores van más allá de los problemas de sustento

Los problemas generales de la estrategia del PD para reconquistar el Congreso son que las reformas propuestas no atienden las crecientes demandas de la clase trabajadora. Veamos su paquete económico, pues ellos están decidiendo concentrarse en eso a costa de otras necesidades vitales de la clase: mientras apoyan un proyecto de ley para reducir el precio de los remedios, no están unidos alrededor de una campaña para el Medicare For All [sistema de salud gratuito para todos], aun cuando la mayoría de los americanos y 74% de los demócratas apoyen un plan nacional de salud. En California, donde hay una fuerte campaña del sindicato de los enfermeros (CNA) y otros grupos sindicales y comunitarios para apoyar el proyecto de ley estadual SB562, que instituye un sistema de salud gratuito en el Estado, un diputado demócrata, Anthony Rendon, mató el proyecto en una comisión en 2017, impidiendo que fuese votado en 2018.

Es verdad que el PD está dando un apoyo tímido a la Propuesta 10, en California, un proyecto de ley que revocaría la Ley Habitacional de 1995 de Costa-Hawkins, que impone límites a la legislación municipal de control de alquileres y, en este momento, tiene apoyo bipartidario. El PD, que simplemente podría haber promulgado la revocación de la legislación de Costa-Hawkins, pues controla la Asamblea Legislativa, solo comenzó a expresar ese apoyo después de una campaña masiva de organizaciones comunitarias que reunieron las firmas necesarias para llevarlo a referendo popular en 2018. Además de eso, no hay señal de interés de los dirigentes del PD en los niveles estadual y nacional para aprobar un plan real de vivienda pública y accesible y acabar o por lo menos reducir la falta de vivienda. Aún más sorprendente es que el DNC (Comité Nacional Demócrata) desistió de apoyar la aplicación de un salario mínimo vital en nivel federal y quebró su promesa a los sindicatos de promulgar una legislación laboral que proteja el derecho de ingresar o formar un sindicato sin miedo de represalia. Las dos últimas pequeñas reformas mejorarían drásticamente las condiciones de vida y de trabajo de nuestra clase.

Otro gran problema es el abordaje de los demócratas liberales a la cuestión racial y de derechos de las mujeres. La lección sacada por el DNC en 2016 es que ellos perdieron la elección porque estaban “muy enfocados” en cuestiones de “política de identidad”. Este es un error muy peligroso. Es una capitulación a la ofensiva racista y machista del Partido Republicano y de Trump, y a la idea reaccionaria de que los llamados problemas de identidad no son “cuestiones de la clase trabajadora”. Así, en relación con la inmigración, los candidatos en esta elección intermedia del PD (incluso aquellos como Ocasio-Cortez que apoyan la “abolición del ICE”) no piden el fin inmediato de los centros de deportación y detención y un verdadero camino para la ciudadanía para todos los inmigrantes que viven, trabajan y pagan impuestos en este país, para no hablar del único objetivo digno de socialistas: la abolición de todas las fronteras nacionales.

Tampoco hay cualquier propuesta de los probables candidatos en relación con la ahora bien conocida cuestión de la brutalidad policial contra las comunidades negras y, más en general, en cuanto al encarcelamiento en masa. Eso sin mencionar el hecho de que, desde Obama, el PD adoptó la agenda pro-Carta y pro-Voucher [esto es, financiamiento público de escuelas particulares, ndt] para lidiar con la creciente falta de dinero público para la educación infantil, mientras adopta testes padronizados y la lógica neoliberal para evaluar y administrar instituciones públicas de enseñanza. Los principales candidatos demócratas –liberales o no– son silenciosos o, en la mejor de las hipótesis, tímidos, en todas estas cuestiones.

Precisamos más que de una “resistencia”, precisamos de una alternativa real

Al mismo tiempo que los liberales y el PD hablan del lanzamiento de una “Resistencia” luego de la histórica Marcha de las Mujeres de 2017, ellos apretaron el freno de mano enseguida después, y se negaron a continuar las movilizaciones en las calles. Después de incentivar la acción en las calles, las organizaciones dirigidas por el PD están proponiendo sustituir la acción de masa por la votación en noviembre. Eso quedó muy claro en la Marcha de las Mujeres de este año, cuando los organizadores liberales intentaron imponer su eslogan “hoy marchamos, mañana votamos” de arriba para abajo.

El Partido Demócrata siempre tuvo una relación oportunista con las luchas de los trabajadores: solo los apoyó y movilizó para controlar su política y dirigentes, y canalizarlos para el proceso electoral. Esta propuesta vacía de “Resistencia” no parará o revertirá las atrocidades de Trump.

La deportación de musulmanes fue temporariamente revertida y la política de separaciones familiares fue revocada solo porque millares de personas tomaron las calles en una acción unida, masiva e independiente para oponerse a las órdenes ejecutivas de Trump. Lo mismo vale para las impresionantes huelgas de los profesores en Virginia Occidental, Arizona, Oklahoma y Kentucky, acciones que conquistaron importantes aumentos salariales y de partidas presupuestarias de los gobernadores republicanos. Ese es el tipo de resistencia que precisamos, una resistencia popular que mantiene la mira en los objetivos, en atender las necesidades de la clase trabajadora, y en continuar y aumentar nuestra movilización hasta que conquistemos nuestras demandas, uniendo nuestras luchas para construir una fuerza de poder para el cambio. Allí, en las luchas cotidianas y en la organización de nuestra clase, es donde usted va a encontrarnos y a muchos otros socialistas, que traemos esperanza real y cambio para ese 99% de trabajadores del país.

Notas:

[1] https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jun/25/civil-war-raging-inside-democratic-party

[2] https://www.wsj.com/articles/companies-shouldnt-ser-countable-only-to-shareholders-1534287687

[3] https://www.epi.org/publication/ceo-compensation-surged-in-2017/

[4] https://www.wsj.com/articles/companies-shouldnt-ser-countable-only-to-shareholders-1534287687

[5] https://www.theatlantic.com/politics/archive/2018/05/who-does-the-democratic-party-stand-for/560417/

[6] https://thenextrecession.wordpress.com/2018/08/21/accountable-inclusive-or-responsible-capitalism/

[7] https://thenextrecession.wordpress.com/2014/03/11/is-inequality-the-cause-of-capitalist-crises/

[8] https://thenextrecession.wordpress.com/2018/08/21/accountable-inclusive-or-responsible-capitalism/

[9] https://thenextrecession.wordpress.com/2014/03/11/is-inequality-the-cause-of-capitalist-crises/

Traducción: Natalia Estrada.