La pandemia de Covid-19 trajo un importante y ardua tarea para historiadores, estadistas, epidemiólogos y científicos sociales. Hay cada vez más fuertes indicios de un fenómenos denunciado desde el inicio de la pandemia: la subnotificación de casos y de óbitos por Covid. No se trata solo de un fenómeno brasileño y de los países más pobres. Se trata de un problema global de primera magnitud, sin embargo aún poco discutido por los medios e incluso en los foros más politizados.

Por: Dr. Ary Blinder, médico del SUS en San Pablo

Para los brasileños eso se hizo evidente desde los primeros meses de la epidemia, como consecuencia de la vergonzosa política del Ministerio de Salud, de bajo testeo, lo que disminuía el número de casos y el rastreo de las poblaciones más vulnerables al virus. Cuando las muertes comenzaron a acumularse, la falta de los referidos testes y el desconocimiento parcial de una enfermedad nueva por parte de los sistemas público y privado de salud dejaron pasar óbitos como casos a investigar. Muertes ocurridas en casa también eran poco investigadas. Los negacionistas propagaban a los cuatro vientos que había supernotificación de casos, pues serían pretendidamente mejor remunerados por el SUS, pero eso era solo una fake news criminal más para sumar a la larga ficha de crímenes del bolsonarismo.

Conforme fueron siendo publicados números más confiables y comparando con las estadísticas generales de óbitos de años anteriores al inicio de la pandemia, fue haciéndose evidente que había una subnotificación de óbitos por Covid en el Brasil de alrededor de 30%, o sea, por cada mil óbitos había 300 que no eran contabilizados como causados por el coronavirus. El porcentaje de subnotificación de personas infectadas era probablemente mucho mayor que ese 30%, debido al bajo porcentaje de población testeada y los muchos casos asintomáticos.

En agosto de 2020 los medios americanos notificaron, sin alarde exagerado, que en Rusia la subnotificación era gigantesca, en la franja de dos muertes no notificadas para cada óbito oficializado. Varios meses después comenzaron a surgir noticias de que lo mismo ocurrió en diversos países, comenzando por los Estados Unidos.

El IHME (Institute for Health Metrics and Evaluation) de Seattle publicó un relevamiento de su estimación de casos subnotificados por país. Para nuestra sorpresa, el país más rico del mundo tiene una estimativa de subnotificación peor que la brasileña. Los EEUU pueden haber dejado de notificar nada menos que 57,7% de las muertes por Covid (datos del 6 de mayo de 2021). Esta estimativa fue hecha a través del cálculo de cuántas muertes más ocurrieron en el país comparado con el mismo período antes de la pandemia. Evidentemente, pueden haber ocurrido más muertes por otras causas, pero la comparación es hecha con una serie histórica. Entonces, se puede decir que, incluso debido al distanciamiento social y el home office, hubo hasta una disminución de muertes por causas como accidentes automovilísticos y crímenes, lo que compensaría las muertes a más por causas no-Covid que no buscaron tratamiento por miedo a la pandemia.

La estimativa del IHME para la India es de omisión de 195% más de óbitos. Para México es de 183%, y para Rusia nada menos que la escandalosa cifra de 442%. En el caso brasileño, la omisión estimada de óbitos es de 45%, debajo de todos esos países, pero aún bien arriba del 30% anteriormente estimado. Pensando en términos globales, mientras el número oficial de muertos por Covid es de 3,47 millones, el IHME apuesta a 7,52 millones de muertes hasta ahora.

Siempre se dice que las personas entienden mejor y sienten más empatía cuando se habla de casos individuales que representen un determinado drama humano. No obstante, es fundamental discutir los números y las proyecciones, pues ellos tienen consecuencias concretas en la vida de las personas. Por ejemplo, hasta ahora se calculó que en 2020 hubo una caída de casi dos años en la expectativa de vida de los brasileños. Si las estimaciones del IHME fueren correctas, probablemente hubo una caída de casi tres años en la expectativa de vida en el Brasil, y en 2021 la caída será aún mayor. La política genocida del gobierno Bolsonaro está robando de cada brasileño, incluso de los bolsonaristas, varios años de vida.

La única forma de estancar este proceso es la combinación de vacunación en masa, profundización de las medidas de distanciamiento social y auxilio económico para que los trabajadores y pequeñas empresas puedan sobrevivir. El ejemplo de la India muestra que el lockdown solo no resuelve el problema (hubo poco auxilio de emergencia y en el inicio de la pandemia no había vacunas). Los Estados Unidos, después de pasar por la pesadilla trumpista, consiguieron vacunar a buena parte de la población y ya iniciaron un retroceso acelerado en las medidas de distanciamiento e incluso de protección individual, como el uso de máscaras. Pueden estar cantando victoria antes de tiempo, pues hay un problema clave no resuelto. La pandemia es mundial, la circulación de mercaderías y personas es global, y buena parte del mundo tiene índices de vacunación raquíticos.

El bajo nivel de vacunación en los países más pobres y en los intermedios crea un caldo de cultivo explosivo para el surgimiento de nuevas cepas del coronavirus, que pueden mostrarse más resistentes a las vacunas existentes. La India, al lado de América Latina, es el máximo ejemplo en este sentido. El caso indiano es extremadamente preocupante por tratarse de un país con una población gigantesca, de 1.400 millones de personas y con clara subnotificación de muertes y casos. Hay un gran tráfico de personas y mercaderías entre la India y Estados Unidos. Lo mismo ocurre entre América Latina y Estados Unidos. Eso explica el cambio de posición de Biden en lo que respecta a la suspensión provisoria de las patentes de las vacunas, pero la efectivización de esta política aún está extremadamente lenta.

Para complicar aún más el escenario, aún está en investigación la durabilidad de la inmunidad ofrecida por las diversas vacunas. China está hablando de una tercera dosis para las poblaciones más vulnerables, tal vez en un plazo de seis meses, e incluso las vacunas que incorporan tecnología más moderna pueden necesitar de esta tercera dosis, en un plazo de un año.

Por eso, es urgente la quiebra de patentes de todas esas vacunas, tanto para vacunar a miles de millones de personas sin distinción entre países ricos y pobres como para investigar la durabilidad de la inmunidad ofrecida por los diversos tipos de vacunas en poblaciones genéticamente diferentes, envolviendo a científicos de todo el mundo.

Mientras tanto, en el Brasil, la discusión continúa en el nivel más raso posible. El presidente insiste en patrocinar aglomeraciones e incentivar el no uso de máscaras, el ex ministro de Salud, Eduardo Pazzuello, dio un show patético de mentiras en la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de la pandemia, dejando avergonzado hasta al comando militar, por la desmoralización del papel de las Fuerzas Armadas en el actual gobierno. Bolsonaro sigue defendiendo la cloroquina, pero su nuevo ministro de Salud, en un pase de magia, retiró la recomendación de tratamiento precoz del site del Ministerio.

Del lado de la oposición, ningún gobernador tuvo el coraje político de bancar un verdadero lockdown y, lamentablemente, lo más probable es que enfrentemos una tercera ola de casos y muertes, que partirá de un nivel más alto que las olas anteriores. Hacemos esta afirmación basada en tres elementos. El primero es el aún bajo índice de vacunación, que avanza a ritmo mucho más lento que el necesario y posible. El segundo elemento es que el invierno naturalmente propicia que las personas estén en ambientes más cerrados y con baja circulación de aire, facilitando las enfermedades respiratorias transmisibles. Por fin, aunque estemos en la fase descendente de la segunda ola, la caída del número de casos y muertes está por debajo de lo esperado; entonces, la tercera ola puede partir de un nivel inicial mayor de casos.

Cabe a la clase trabajadora, a los movimientos sociales y a la juventud luchar por el programa político correcto para enfrentar el Covid. No es posible huir del programa de vacunación en masa, con la exigencia de la quiebra de patentes y el aumento de los tests de la población, combinado con lockdown riguroso y auxilio de emergencia de verdad para que los trabajadores y la población pobre puedan quedarse en casa, además de la ayuda efectiva para que las pequeñas empresas consigan sobrevivir. No es posible quedarse esperando la hipotética derrota electoral de Bolsonaro en 2022 (y la posesión de un nuevo gobierno en 2023). Es preciso sacar a Bolsonaro y Mourão ahora, so pena de tener que lamentar algunas centenas de millares de vidas más en los próximos meses.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.