Hacia finales de febrero, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, finalmente reconoció la muerte de ciudadanos rusos ocurrida en Siria el 7 de febrero, como resultado del ataque americano.

Por: POI – Rusia

Las informaciones llegaron casi inmediatamente luego del ataque, a través de conocidos de los mercenarios rusos muertos y a través de organizaciones que investigan el tema (Conflict Intelligence Team). Pero el gobierno ruso, como siempre, inicialmente intentó evitar la cuestión.

Así, el portavoz de Putin, Peskov, comunicó que el Kremlin “no posee datos sobre rusos que puedan encontrarse en Siria y que no sean miembros de las Fuerzas Armadas de Rusia”, y repelió directamente las informaciones sobre la muerte de mercenarios, diciendo que eran falsas. Después, él comenzó a reconocer que “no se puede descartar que en el territorio de Siria puedan encontrarse ciudadanos rusos”. Ya el 15 de febrero, el Kremlin anunció que, como resultado del ataque americano, pueden haber habido víctimas rusas.

La representante del Ministerio de Relaciones Exteriores negó las informaciones sobre víctimas rusas, calificándolas de “desinformación clásica”, para luego enseguida comenzar a reconocer que “como resultado de los conflictos armados ocurridos, cuyas causas están siendo investigadas, puede haber ocurrido la muerte de cinco personas, supuestamente ciudadanos de Rusia”.

Y al final, dos semanas después, cuando ya las informaciones corrían por todos lados, el gobierno Putin comunicó que sí, que “en Siria perdieron la vida decenas de ciudadanos rusos y de países de la CEI, que no eran miembros de las FFAA de estos países”.

Pero, ¿quiénes son entonces estos misteriosos “ciudadanos o pertenecientes a las FFAA”, sobre los cuales el Kremlin “no posee datos”? Intentando responder a esta cuestión, el gobierno Putin de nuevo pretende hacer pasar a los rusos por idiotas.

Como escribe el sitio Gazeta.ru, “La representante del Ministerio de Relaciones Exteriores reforzó que en la zona de conflicto hay muchos civiles, entre los cuales puede haber rusos. Afirma todavía que en Siria hay rusos, que están allá “por su propia voluntad y con diferentes objetivos”.”

Ups, ¿y por qué no? ¿Por qué no pasear por los desiertos de Siria, así como en la región del Donbass ucraniano? Pueden ser turistas de vacaciones, visitando exposiciones, probando la culinaria local…

El Ministerio de Relaciones Exteriores declaró además: “no es asunto del Ministerio de Relaciones Exteriores evaluar la motivación o legalidad de la decisión de estos ciudadanos que se encuentran allá”. El Ministerio de Relaciones Exteriores hace bien en no evaluar… pues no son investigadores como los simples periodistas y analistas militares que, incluyendo a los que apoyan la intervención de Putin, escriben abiertamente que mercenarios rusos combaten en Siria y que muchas veces incluso pasaron por entrenamiento en el Donbass. Hasta las marionetas de aquel teatro de muñecas llamado Duma de Estado, después de la muerte de los mercenarios, proponen formalizar el uso de empresas militares privadas. Ya no es posible esconder más. Pero el gobierno Putin continúa haciendo de cuenta que no tiene nada que ver con mercenarios en Siria ni con la guerra en Donbass… Es mejor, entonces, que el Ministerio de Relaciones Exteriores siga callado…

Elementos de crisis en la intervención rusa en Siria

Lo ocurrido en Siria con los mercenarios rusos es una noticia desagradable más para Putin, desde el “front sirio”. En primer lugar, porque trae de nuevo a escena el hecho conocido de que Putin usa en sus intervenciones a mercenarios, hombrecitos verdes, y otros tipos “respetables”.

El segundo lugar, junto a los cuerpos de mercenarios rusos, viene también el camino seguido por estos, pasando generalmente por el Donbass, lo que una vez más denuncia la mentira del gobierno sobre que Rusia no provocó la guerra en Ucrania y que no toma parte en ella.

Soldados rusos llevan el ataúd de un militar ruso muerto en Siria. Reuters.

En tercer lugar, puede comenzar a surgir la incómoda cuestión de dónde se metió nuestro “Presidente durón” ya que de aquel que se dice el presidente patriota, que enfrenta a los Estados Unidos, se podría esperar una explosión de indignación por la muerte de ciudadanos rusos por un ataque americano, tipo: “¿Cómo ustedes, americanos inmundos, tuvieron coraje de meter a nuestros jóvenes en Siria, que no están allá, pero que en realidad están?” Nada de eso. La “patria” manifiesta en el gobierno Putin una vez más da la espalda a sus mercenarios, como en el caso de sus colegas capturados en el Donbass. Putin prefirió tragarse el sapo. Y podemos entenderlo: él tiene acuerdos bien determinados con los Estados Unidos para la “estabilización” de Siria, y no pretende dejar de agradar a Trump, con la esperanza de la cancelación de las sanciones… Entonces, ¿cuál sería para él el sentido de destruir las relaciones con el imperialismo americano debido a la muerte de una decenas de personas, que fueron contratadas como mercenarios exactamente para que su muerte pudiese ocurrir sin llamar la atención?

En cuarto lugar, sumado a los recientes ataques a la base rusa en Siria, al derrumbe de los aviones Sukhoi rusos, a la falta de resultados en las negociaciones, a la declaración oficial de retiro de las tropas de Siria, y a la realidad toda contraria, la nueva muerte de mercenarios trae dudas sobre el discurso de victoria del gobierno y testimonia las reales dificultades de Putin para la estabilización del régimen de Assad, que es odiado por el pueblo y puede mantenerse solamente gracias al apoyo ruso e iraní. Y eso plantea la cuestión del posible empantanamiento de la intervención rusa en Siria. Porque salir de allá sin alcanzar el objetivo declarado de estabilizar la dictadura de Assad significaría para Putin una gigantesca y vergonzosa derrota, posiblemente fatal para él y su régimen. Pero también la transformación de “una pequeña guerra victoriosa” en una guerra sin fin y sin resultados, que permanentemente chupa recursos, en el marco de una situación económica que en Rusia solo viene empeorando, arriesga no ser comprendida ni aceptada por la población. Porque incluso aquellos que no perciben el carácter criminal de esta guerra de Putin, comenzarán a levantar la cuestión: “¿Y por qué diablos fuimos a meternos allá?” Todo eso diseña para Putin una situación sin salida, donde retirarse de Siria no le es posible, y continuar la guerra, sin alcanzar los objetivos, solamente retrasa la derrota, al mismo tiempo que aumenta su costo.

En quinto lugar, el imperialismo, que posee con Putin contradicciones en relación con el método de destruir la revolución siria (así como en el caso de Ucrania), utilizará el pozo sin salida donde se encuentra Putin para presionar a su régimen, fortaleciendo las tendencias a la crisis dentro del mismo. Si para su intervención en Siria, Putin utilizó las contradicciones dentro del imperialismo, afirmando su salida militar para derrotar la revolución siria, entonces ahora el imperialismo puede usar los problemas de Putin y su régimen como elementos de crisis en la intervención rusa.

Todavía es temprano para sacar conclusiones. Pero por lo que todo indica, se puede afirmar que en Siria se dan determinados elementos de crisis de la intervención rusa, que se expresan en los últimos tiempos en una serie de incidentes desagradables para Putin y su régimen. El desarrollo de estos elementos trae consigo el potencial peligro para provocar una crisis en el propio régimen. Puede ser que los bárbaros ataques a Guta Oriental, en la periferia de Damasco, realizados por la alianza Assad-Putin, sean una tentativa de alcanzar algún resultado rápido.

En esta situación, con síntomas de crisis en la intervención rusa en Siria, la lucha contra esta intervención puede tornarse un factor de cambios políticos, y por eso tiene enorme importancia.

Traducción: Natalia Estrada.