Dom Dic 04, 2022
4 diciembre, 2022

La LIT-CI y la lucha contra las opresiones

El capitalismo, sistema decadente y destructivo, arroja todas sus crisis y horrores sobre los trabajadores y la mayoría de la población del planeta. Desempleo, hambre, violencia, guerras, encarcelamiento en masa y genocidio de la juventud negra y pobre de la periferia, feminicidios y crímenes LGTBIfóbicos, persecución de inmigrantes, expropiación de los pueblos originarios… Esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer al conjunto de los explotados y oprimidos, mientras que un puñado de súper ricos acumula aún más capital y desfila en las listas de multimillonarios de la revista Forbes.

Por: Érika Andreassy

La desigualdad y las consecuencias de la crisis económica, social, sanitaria y ambiental recaen con mayor peso sobre los sectores más explotados y oprimidos de la clase trabajadora. El aumento de la explotación y de la opresión, a su vez, hace crecer, también, la conciencia y las luchas contra ellas. La clase trabajadora hace mucho resiste, protagonizando huelgas, revueltas y revoluciones, derrocando gobiernos, mostrando que no está dispuesta a pagar el precio de la crisis capitalista. Los oprimidos: jóvenes, inmigrantes, mujeres, negros, LGBTI, indígenas y otros han sido parte de la vanguardia de estos procesos y, en muchos casos, la resistencia y el odio a las opresiones son el propio detonante de luchas y rebeliones.

El levantamiento contra el racismo en Estados Unidos en el contexto del asesinato de George Floyd, la resistencia del pueblo ucraniano contra la guerra de Putin, la revuelta de las mujeres iraníes por libertad, la lucha por el aborto y el ascenso indígena en América Latina, son solo algunos ejemplos de estas luchas masivas y generalizadas contra las opresiones que son fomentadas y reproducidas por el sistema capitalista-imperialista mundial en crisis y decadencia, el cual necesita cada vez más de las opresiones para sobreexplotar, saquear y dividir al proletariado y dominarlo. También muestran la enorme importancia de este tema para la clase trabajadora y para los revolucionarios.

Capitalismo: un sistema de explotación y opresión

En el capitalismo, la opresión desempeña varios papeles: permite ampliar las ganancias de los capitalistas con la superexplotación de sectores de la clase; mantener un ejército de reserva permanente que ejerce presión sobre los salarios, presionando y rebajando el nivel de vida de toda la clase; garantizar la reproducción del trabajo asalariado con el trabajo no pago realizado por las mujeres en el ámbito familiar; y garantizar la dominación burguesa, incentivando ideologías reaccionarias y comportamientos que degradan, subordinan y mantienen a parte de la clase en una situación de inferioridad y desventaja, brindando así un amparo para este sistema jerárquico e intrínsecamente opresivo.

El capitalismo es incapaz de solucionar definitivamente los problemas de opresión, ya que son parte de su propia naturaleza. Es cierto que puede conceder derechos a los oprimidos aquí para luego retirarlos allá, pero no puede garantizar la plena igualdad, ya que ninguno de estos derechos, una vez ganados, está asegurado irrevocablemente. Basta ver el retroceso en la legislación sobre el aborto en Estados Unidos, 50 años después de su conquista por el ascenso de las luchas feministas en la década de 1970.

Luchar contra la explotación y la opresión, una tarea central del partido revolucionario

El capitalismo solo puede resolver estas cuestiones de manera excepcional, provisoria, parcial e incompleta. Jamás de forma generalizada, es decir, en todas partes del planeta y en su esencia colectiva, es decir, para todos los oprimidos del mundo, ni en su dimensión económico-social, y ni siquiera en su dimensión política (jurídica, ante la ley). Por eso, solo con la derrota del capitalismo y el fin de la sociedad de clases que las alimenta y mantiene podremos acabar definitivamente con las opresiones.

La importancia de las conquistas democráticos

Eso no significa que los logros políticos y los avances y/o retrocesos en los derechos democráticos de los oprimidos sean indiferentes para la clase trabajadora, como por ejemplo, una legislación que garantice igualdad de oportunidades y derechos, que combata la discriminación y la violencia, que legalice el aborto, el matrimonio homosexual, que criminalice la LGBTfobia, que castigue el racismo, que permita una mayor representatividad en los espacios de poder, etc. Tampoco podemos descuidar la importancia del combate a las opresiones y las ideologías que las sostienen, denunciando los abusos, los asedios, la violencia doméstica, el genocidio negro e indígena, los crímenes contra las personas LGBTI y los feminicidios, exigiendo del Estado, en todo momento, medidas que puedan poner fin a las opresiones.

Por el contrario, no solo es esencial sino necesario luchar por cada conquista que se pueda arrebatar de este sistema y exigir de las organizaciones de clase, los sindicatos y los movimientos sociales que asuman estas banderas como parte de su programa y de sus luchas, porque, en la medida en que este sistema hace de los oprimidos de la clase obrera sus principales víctimas, es evidente también que este sector es el que más siente la falta de esos derechos.

La posesión de los derechos democráticos no pone fin a la cuestión para el conjunto de problemas de la clase, pero su conquista ayuda a desvelar la verdadera causa de los males que vivimos dentro del sistema capitalista: la división de la sociedad en clases, que permite que una ínfima porción de la sociedad, la burguesía, se apropie de la inmensa riqueza que produce la mayoría, los trabajadores. Esta condición social, que permite la explotación de una clase por la otra, se apoya especialmente en las ideologías reaccionarias (machismo, racismo, xenofobia, LGBTfobia, etc.), que enfrentan a los trabajadores entre sí y encubren el rígido mecanismo de funcionamiento de la sociedad capitalista.

Luchar contra las opresiones para unir a la clase

Defendemos una sociedad diferente, una sociedad socialista, que permita el desarrollo de todas las potencialidades humanas. Entendemos que la lucha por la revolución y por el socialismo es una lucha de toda la clase trabajadora para acabar con la explotación y la opresión capitalista, pero la clase también (y en algunos casos incluso mayoritariamente) está formada por negros, mujeres, inmigrantes, LGBTI. Rechazamos cualquier lucha por el socialismo que, en nombre de una supuesta totalidad de la clase, niegue las especificidades de los sectores que la componen. No creemos que se pueda construir el socialismo y seguir reproduciendo las opresiones. De la misma manera, no se puede prescindir de los sectores oprimidos de la clase para llevar a cabo la revolución socialista.

Si el ejemplo de la Revolución Rusa mostró, por un lado, el potencial del socialismo para la liberación de los oprimidos, la contrarrevolución estalinista, por otro lado, mostró que el camino hacia la restauración capitalista pasaba antes y también por la supresión de las conquistas de las mujeres, por la criminalización de las LGBTI, por la opresión nacional, entre otros. El supuesto “socialismo” con machismo, con LGBTIfobia, con racismo, como se practicó en la URSS en la período estalinista y en los demás Estados obreros burocratizados, como Cuba y China, no es socialismo, es estalinismo.

Las opresiones en el interior de la clase dividen y debilitan la lucha contra el capitalismo. La lucha contra las opresiones es necesaria para unir a la clase y parte esencial de nuestro programa marxista revolucionario antes, durante y después de la toma del poder por los trabajadores. Defendemos que las banderas de los oprimidos por igualdad, contra la violencia y por derechos deben ser parte del programa general de la clase, no solo porque la conquista de derechos democráticos permite a los oprimidos de nuestra clase ser parte activa de la lucha por revolución socialista, sino también porque esta lucha común fortalece los lazos de solidaridad entre los explotados y oprimidos y permite la unidad de clase necesaria para levantarnos como clase contra la sumisión que nos impone el capitalismo.

Como marxistas, sostenemos que la lucha de clases es la fuerza motriz de la historia. Pero no negamos que, en el marco de las relaciones sociales existentes, un sector de nuestra clase “se beneficia” de la opresión, incluso en términos materiales. Sin embargo, los beneficios que estos sectores obtienen con la desigualdad, ya sea de las mujeres, de los negros, de las LGBTI, de los inmigrantes, etc., son pequeños, vacíos y transitorios frente a los cuantiosos costos que los acompañan. Cuando los hombres trabajadores oprimen a las mujeres o cuando los trabajadores blancos oprimen a los negros, no solo están reproduciendo ideologías burguesas, sino que actúan a favor de mantener el sistema de explotación capitalista, haciendo el juego de la burguesía en todos los sentidos y actuando contra sus propios intereses de clase.

Una perspectiva socialista y revolucionaria para la lucha contra las opresiones

Es un hecho que la opresión afecta a individuos de todas las clases y no solo a los pobres o trabajadores, pero el nivel de opresión y sus consecuencias son cualitativamente diferentes para miembros de clases sociales distintas. Ninguna de las opresiones afecta por igual a explotados y explotadores, e incluso al proletariado y la pequeña burguesía. Los privilegios y beneficios materiales de que disfrutan, por ejemplo, las mujeres de la clase dominante hacen que estas tengan un fuerte interés en preservar el orden social vigente. Su existencia privilegiada se paga con la superexplotación de sus “hermanas” trabajadoras, especialmente de países coloniales y semicoloniales. La única forma en que se puede construir la unidad de las mujeres cruzando las líneas de clase es subordinando los intereses de las mujeres pobres, negras y de clase trabajadora a los de las mujeres burguesas.

Pero, por tratarse de algo que permea a todos los sectores sociales, la lucha contra las opresiones puede ser  –y casi siempre es–utilizada por la burguesía para desviar el foco de la lucha de clase y mantener divididos a los trabajadores, bajo el discurso, reproducido exhaustivamente por sus amigos reformistas, de que la principal contradicción de la sociedad es la división de género, de raza, de orientación sexual y que, por lo tanto, la batalla central de los oprimidos debe ser contra el patriarcado, los privilegios de los blancos, la heteronormatividad. Unidos en movimientos sin distinción de clase.

Ya hemos hablado de la necesidad de superar el capitalismo y construir el socialismo para acabar definitivamente con las opresiones, de la importancia de que la clase de conjunto y sus organizaciones tomen las banderas de los oprimidos como parte de su programa y de sus luchas para unir la clase y fortalecer la lucha común contra el sistema, que, como parte de esto, los sectores opresores de la clase deben romper con sus propias actitudes opresoras y colocarse como aliados en la lucha contra la opresión. La pregunta es qué tipo de alianza necesitan los sectores oprimidos de la clase trabajadora en la lucha por su liberación.

El hecho de que el proletariado esté enfrentado estratégicamente con la burguesía significa que también en las luchas democráticas los intereses que separan a los explotados y los explotadores tengan impactos diferentes para los oprimidos de clases sociales diferentes. En la lucha contra las opresiones, el proletariado puede (y muchas veces incluso necesita) hacer unidad de acción episódica y puntual con sectores oprimidos de la burguesía en torno a ciertas demandas, pero aun cuando esto ocurra, debe siempre mantener la independencia de clase. Porque solo tomadas desde una perspectiva revolucionaria y socialista y articuladas con la lucha por el poder del proletariado y el socialismo, es decir, combinadas y articuladas en un programa de transición que señale el camino a la revolución socialista nacional e internacional, estas luchas pueden llevar a la emancipación total del proletariado y sus sectores oprimidos.

Toda salida burguesa, reformista o posmoderna que sugiera que es posible acabar con las opresiones en el marco del sistema capitalista y/o de manera individual no es más que una utopía reaccionaria. Ideologías como el empoderamiento, el emprendedorismo, la representatividad, a pesar de parecer muy atractivas, sirven para desviar la lucha de los oprimidos y canalizarlas hacia estrategias meramente electorales y por dentro del régimen burgués capitalista.

También es errónea la visión de ciertos sectores que, aun poniéndose de palabra en el campo de la revolución socialista, afirman que el proletariado dejó de ser el sujeto social de la revolución, siendo reemplazado por nuevos sujetos. Esta es una de las controversias más importantes en los movimientos de lucha contra las opresiones: sobre quién es el sujeto social de la emancipación de los oprimidos. Mujeres, LGBTI, negros en su conjunto forman un grupo policlasista. La clase trabajadora, a su vez, está compuesta por hombres, mujeres, negros, no negros, LGBTI. La liberación completa de los oprimidos no puede darse sin la revolución socialista, y el sujeto social de la revolución es el proletariado, con todos los sectores que lo componen.

Una trayectoria de lucha y de actuación principista en el combate a las opresiones

Desde su fundación, la LIT siempre ha tenido una actuación principista en la lucha contra las opresiones. En otras palabras, para nosotros, la lucha contra todas las formas de opresión: machismo, racismo, LGTBIfobia, xenofobia, etc. – es más que una política o un punto programático: es un principio.

Como revolucionarios, actuamos para derrumbar este sistema asentado en la explotación y acabar con todos sus males y toda opresión. Sin embargo, estamos insertos en esta sociedad, cuyas ideologías de opresión están tan arraigadas, impregnadas de tal manera, que la opresión se ejerce, se vive y se percibe como si fuese natural. En realidad, esta es construida históricamente.

Las organizaciones revolucionarias reflejan la sociedad en la que viven, pero el marxismo tiene un programa revolucionario para cambiar esa sociedad, para luchar contra ella. Cuando los individuos ingresan a una organización revolucionaria, no se transforman automáticamente en no opresores simplemente por unirse a esa organización. En contradicción con el programa revolucionario, a menudo reproducen la opresión. Parte de esto tiene que ver con que estas ideologías están tan profundamente arraigadas dentro de cada uno que las ven como naturales, y no culturales y adquiridas, como realmente es.

Pero esta contradicción necesita ser resuelta a favor de nuestro programa, a partir de una lucha interna y de medidas que hagan que los socialistas verdaderamente revolucionarios sean diferentes de las personas comunes y de la sociedad machista, racista, xenófoba, etc. y sean defensores y aliados de todos los oprimidos en la lucha contra la opresión.

Encuentro del MML, Brasil, 2013.

Apoyada en la tradición marxista revolucionaria, nuestra corriente ha construido un relevante arsenal teórico sobre la cuestión de las opresiones, que demuestra que la lucha por la liberación de los oprimidos está ligada a la lucha contra el capitalismo porque, en último análisis, las opresiones sirven a los intereses materiales de la clase dominante. Tenemos orgullo de nuestra historia y de nuestra trayectoria de combate contra las opresiones en el interior de la clase y del partido. Evidentemente, esta trayectoria ha tenido sus altibajos, hubo momentos en que bajamos la guardia y las ideologías de opresiones penetraron en nuestro interior, otros en que descuidamos la organización de los oprimidos de la clase como exige el programa revolucionario. Pero esto no disminuye en nada nuestros méritos. No fue negando la existencia de las opresiones o tirando los problemas internos bajo la alfombra que logramos llegar hasta aquí, sino justamente lo contrario, fue por nuestra capacidad, incluso en esos momentos, de darnos cuenta de nuestras debilidades y actuar para buscar superarlas, apoyándonos en la teoría marxista y en la tradición revolucionaria.

Traducción: Natalia Estrada.

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