Todo activista de izquierda ya se debe haber deparado con la polémica entre Stalin y Trotsky. Pero se viene popularizando una visión equivocada sobre eso. Hay una relativización de lo que es el estalinismo, con caricaturas del trotskismo e intentando igualar ambos. El principal divulgador de eso hoy en el Brasil es Jones Manoel del PCB [1], que dice que “no hay nada más parecido que un estalinista y un trotskista”, o llama a ambas corrientes “panelinhas” [camarillas], comparándolas con la iglesia y la religión.

Por: Júlio Anselmo

Vamos a debatirlo, pues, lejos de ser una cuestión de mera curiosidad histórica, se trata, en verdad, de tener claridad sobre los caminos de la revolución socialista.

Socialismo en un solo país o Internacionalismo Revolucionario

El fundamento de la argumentación de Jones es que Stalin no era la contrarrevolución mundial, o sea, en el fondo sería internacionalista. Y ni Trotsky estaría en contra de desarrollar el socialismo en la Unión Soviética. Entonces, todo no pasaría de una “diferencia de énfasis”. Eso no es verdad. Pero, para comenzar, ¿qué significa internacionalismo?

Durante toda su vida, Lenin defendió el internacionalismo proletario. Este se expresó tanto en la lucha contra los reformistas que defendieron a sus países en la Primera Guerra Mundial, capitulando a sus burguesía nacional, como también en la construcción de la III Internacional, luego de la Revolución Rusa, construyendo un partido mundial para organizar a los revolucionarios. La concepción de Lenin queda aún más clara cuando vemos su comprensión sobre cómo se desarrolla la revolución:

“(…) la tarea de un representante del proletariado revolucionario, es preparar la revolución proletaria mundial como única salvación de los horrores de la matanza mundial. No es del punto de vista de «mi» país que debo razonar (porque ese es el razonamiento de un estúpido miserable, de un filisteo nacionalista, que no comprende que es un juguete en las manos de la burguesía imperialista), sino del punto de vista de mi participación en la preparación, en la propaganda, en la aproximación de la revolución proletaria mundial. He aquí el internacionalismo, he aquí cuál es la tarea del internacionalista, del obrero revolucionario, del verdadero socialista” (Lenin).

El antiinternacionalismo de Stalin, su concepción nacionalista, ya se había expresado antes de estar en el poder, por ejemplo, en el problema de las nacionalidades en la cuestión georgiana. En esta época, Lenin polemizó y criticó a Stalin por no garantizar de hecho el derecho a la autodeterminación de los georgianos para organizar el socialismo en su país. Como podemos ver, antes de Trotsky, el primero en criticar duramente eso fue Lenin: “La responsabilidad política de toda esta campaña de verdadero nacionalismo gran ruso debe hacerse recaer, naturalmente, sobre Stalin y Dzerjinski” (Lenin).

El supuesto internacionalismo del estalinismo

Jones Manoel se equivoca también al poner un signo igual entre el internacionalismo proletario y una diplomacia internacional de la URSS o de Cuba. Ayudas internacionales de acuerdo con sus intereses económicos y geopolíticos nacionales no tienen nada que ver con internacionalismo proletario y revolucionario. Incluso, Cuba y la URSS, cuando intervinieron en procesos revolucionarios en el mundo, no fue en el sentido de desarrollar las revoluciones sino sí de abortarlas.

Entonces, argumentos que ponen las políticas de Stalin en los marcos de una supuesta correlación de fuerzas que impedía el desarrollo de la revolución en otros países es falso. Haya vista de que varias revoluciones ocurrieron y la política de Stalin no fue internacionalista en el sentido planteado por Lenin, de razonar no desde el punto de vista de los intereses de la Rusia soviética sino sí del desarrollo de la revolución mundial. Entonces, enviar remedios, armas y dinero, o apoyar a sectores políticos en algunos países no basta. Para ser internacionalistas, hay que preguntarse al servicio de qué se hace eso.

¿Qué significa defender la revolución mundial?

La argumentación de Jones Manoel tiene un blanco: la teoría de la revolución permanente hecha por Trotsky. Por eso, hace una caricatura grosera.

Revolución permanente no tiene nada que ver con “salir invadiendo un montón de países con el ejército revolucionario del país donde ya se tomó el poder”. En realidad, quien hizo eso burocráticamente en algunos lugares, atendiendo a su interés, fue el propio Stalin. Ni tiene nada que ver con creer que es lo mismo mantener el poder obrero en Rusia o no. Nada que ver con eso.

En realidad, tiene que ver con apoyar la revolución mundial, como planteó Lenin, pues el socialismo solo puede ser mundial debido a las exigencias de una realidad donde el capitalismo y las fuerzas productivas ya son todas mundiales. Significa entender que la revolución nacional está al servicio de la revolución internacional. Que los trabajadores tomen el poder en un país no es un fin en sí mismo, sino sirve en la medida en que es un punto de apoyo para destruir el capitalismo en todo el mundo. En ese sentido, la revolución es permanente, como un camino, hasta alcanzar el socialismo mundial. Otra cosa es que eso no quiere decir que sea inmediatamente.

Revolución permanente contra las teorías estalinistas

La revolución permanente fue formulada por primera vez por Marx. Con Trotsky, esta dio un salto al ser actualizada y profundizada en sus más diversos aspectos, al punto de tornarse una teoría de la revolución mundial en la época imperialista.

Otro aspecto fundamental de la Revolución Permanente, además del internacionalismo, es el que respecta a la concepción, carácter y dinámica de clase de las revoluciones. Donde, al entender la dinámica histórica contradictoria, desigual y combinada del dominio capitalista mundial, encadena de manera dialéctica las tareas y el carácter de la revolución con los sujetos sociales y políticos.

Primero, respecto de la necesidad de transformación de la revolución democrático burguesa en revolución socialista. Pero, después, se extiende hacia la comprensión de que sería el proletariado el sujeto social que encabece y haga revoluciones democrático burguesas y las transforme, al mismo tiempo, en socialista.

Por ejemplo, en la Rusia dominada por el zarismo, y aún con relaciones feudales en el campo, cupo a la clase trabajadora dirigida por un partido comunista realizar las tareas que originalmente en la historia eran atribuidas a las revoluciones burguesas.

O sea, acabó aquella vieja visión entre los países maduros e inmaduros para el socialismo. Como el mundo ya es dominado por el imperialismo, incluso en países con el capitalismo no plenamente desarrollado la tarea planteada es la revolución socialista encabezada por la clase obrera y no por la burguesía, que se había transformado enteramente contrarrevolucionaria.

Las Tesis de Abril de Lenin es, tal vez, el programa político que mejor sintetizó eso. En resumen, decía para no capitular o parar en la primera revolución de febrero que derrocó al zar y dio el poder a la burguesía “liberal”. Plantea la necesidad de no depositar ninguna confianza en el gobierno provisorio ni en la burguesía, nada de confiar en una supuesta etapa burguesa de desarrollo con la burguesía a la cabeza. Y lanza la tarea de que los trabajadores tomen el poder en sus manos para garantizar, de una vez por todas, las tareas y reivindicaciones democráticas y económicas que la burguesía era incapaz de garantizar.

En aquella época, los mencheviques, los reformistas de Rusia, capitularon a la burguesía por creer en la revolución por etapas. Por entender que como en Rusia aún tenía que desarrollarse el capitalismo, tenía tareas democráticas que cumplir, cabría a los trabajadores apoyar a la burguesía en la caída del zar. He aquí la teoría que el estalinismo retoma a partir principalmente de la revolución china de 1927, donde obligó al Partido Comunista recién creado a entrar en un partido-ejército burgués, a capitular al gobierno burgués del Kuomintang, lo que terminó en un baño de sangre de la burguesía contra los comunistas.

Otro ejemplo de los crímenes del estalinismo al no entender la dinámica entre las reivindicaciones democráticas y las socialistas. Podríamos citar, también, toda la incapacidad de combinar la lucha contra todas las formas de opresión.

Lenin, Trotsky, Kamenev.

La revolución es sofocada por la burocracia

Más allá del internacionalismo y de la dinámica de clase, otro aspecto importante de la revolución permanente es sobre la propia dinámica interna de la revolución después de la toma del poder. O sea, que los trabajadores tomen el poder no es un fin en sí mismo, no significa ya la victoria total, sino que plantea un nuevo comienzo en el que estaría planteado avanzar y profundizar las transformaciones sociales, económicas, culturales en todos los terrenos de la vida. O sea, hay tres niveles de profundización y permanencia de la revolución y ellos se complementan. En este aspecto, hay un problema caro a los estalinistas, que es la burocratización y degeneración de la Unión Soviética lo que impidió ese desarrollo.

En verdad, el socialismo en un solo país se combina con el etapismo y son la expresión teórica de un sector social específico. Fueron usadas por Stalin como justificativa para atender los intereses de la burocracia soviética. Estamos hablando de millares de dirigentes, funcionarios y personas que, por su ubicación en el partido, en el soviet o en el Estado, gozaban de privilegios y bondades. Para defender sus intereses de casta social desataron un verdadera contrarrevolución.

Socialismo en un solo país al servicio de la burocracia y de la burguesía

La teoría del “socialismo en un solo país” también significa una relación de la propia burocracia son sectores de la burguesía. Son, incluso, expresión de una teoría que ve la sociedad dividida no en clases sociales sino en campos políticos de acuerdos con los intereses de la propia burocracia.

En nivel nacional, en Rusia expresaba los anhelos y los intereses de los campesinos ricos, hombres de la NEP [Nueva Política Económica], y todos los sectores pequeñoburgueses y burgueses que aún restaban o se desarrollaban en aquel país. Aquí también vemos la capitulación al “campo dicho progresivo”, pero que son expresión de otra clase social y no de los trabajadores.

Así, en nivel internacional, el “socialismo en un solo país” era la teoría que justificaba la capitulación al imperialismo del campo burgués tenido como “progresivo” o “democrático”. Una cosa era el acuerdo en la lucha militar para derrotar a Hitler y el fascismo. Otra, completamente diferente, era poner a los Partidos Comunistas bajo el ala de sus burguesías nacionales.
En España traicionaron la revolución española. Hicieron que los trabajadores, que ya controlaban fábricas y tierras, las entregaran de vuelta a la burguesía, destruyendo la resistencia obrera y popular al fascismo. Luego, en la Segunda Guerra, Stalin llegó al absurdo de firmar los acuerdos de Yalta y Potsdam, participando de la división del mundo en zonas de influencia, sepultando a la III Internacional de Lenin y aplicando la estrategia que después se llamaría “coexistencia pacífica con el imperialismo”.

¿Quién está en lo correcto? ¿Lenin o Jones Manoel?

La tesis de Jones Manoel es frágil. La verdad, no solo había polémicas importantes entre Stalin y Trotsky, como el primero en alertar sobre la gravedad de la lucha entre ambos fue Lenin. Incluso, fue él quien abrió la batalla contra “el marasmo burocrático en el cual está atada la revolución”, proponiendo que Trotsky se juntase a esa lucha, en el XII Congreso del PCUS.

El problema de la burocracia era fruto tanto del atraso ruso heredado de zarismo, como también se agravó con la guerra, el aislamiento de la revolución y la pobreza del país. Vemos a Lenin, nuevamente:

“Los burócratas zaristas comenzaron a entrar en las oficinas de los órganos soviéticos, en los cuales introducen sus hábitos burocráticos, se cubren con el disfraz de comunistas y, para asegurar un mayor éxito en su carrera, procuran los registros de militantes del PC de Rusia. ¡De modo que, después de ser lanzados por la puerta, se meten por la ventana!”.

Lenin también rompió y denunció a Stalin tanto en relación con sus trabajos en el Comisariado del Pueblo para la Inspección como también sobre la concentración excesiva de poder en sus manos, pidiendo su dimisión del cargo de Secretario General por falta de tolerancia, lealtad y cortesía.

No tenemos derecho a repetir los errores del pasado

Después de todo lo expuesto, podríamos aún preguntarnos: si no había polémica entre Stalin y Trotsky, ¿por qué Stalin persiguió a la oposición de izquierda dentro de la Unión Soviética? ¿Por qué ocurrieron los procesos de Moscú, cuando fueron asesinados todos los dirigentes soviéticos de la histórica dirección bolchevique, todos los que podían contestar a Stalin y la burocratización? O, ¿por qué los trotskistas fueron perseguidos y asesinados por los estalinistas en todo el mundo, culminando con el asesinato de Trotsky en México, en 1940?

A raíz de eso, trotskismo tampoco tiene nada que ver con estalinismo. Una fue una corriente obrera y revolucionaria perseguida y eliminada físicamente por todos los enemigos de los trabajadores. La otra fue uno de los principales agentes contrarrevolucionarios opresivos de esa persecución. Según los archivos oficiales soviéticos, fueron fusilados por los menos 800.000 militantes obreros comunistas opositores al estalinismo.

La búsqueda de la verdad y por la memoria es fundamental. Cuando alguien que se dice comunista ironiza esta historia o llama a la lucha por la memoria de los revolucionarios asesinados de “mimimí”, es una demostración de que el estalinismo, aunque se haya debilitado mucho, dejó una pesada y triste herencia.

Lejos de estar discutiendo apenas el pasado, en realidad se trata de la necesidad de que los marxistas de hoy aprendan con los errores del pasado. La lucha contra la burocratización debe ser parte integrante y fundamental del programa revolucionario y socialista actual. Eso significa luchar contra la burocratización de los partidos, en los sindicatos y en todos los aspectos de las organizaciones. Es preciso tener métodos y acciones que eviten y minimicen estos peligros de desvíos.

Cualquiera que no entienda eso, lamentablemente, no está a la altura de las tareas planteadas por la revolución socialista y terminará inevitablemente repitiendo la degeneración burocrática de tipo estalinista que tantas veces se repitió en la historia.

Por eso es tan absurdo ver a Jones Manoel afirmar que no es estalinista ni trotskista. Pues mientras suaviza al estalinismo, intenta ridiculizar al trotskismo. Se considera “marxista-leninista” con un criterio de considerar marxistas-leninistas a todos los que se llamen así, juzgando las cosas por lo que piensan de sí y no por los que son de hecho. Al fin de cuentas, defiende todas las organizaciones y a dirigentes estalinistas del siglo pasado.

Ser marxista y leninista, después de más de 80 años de traiciones del estalinismo, significa incorporar las contribuciones de aquellos que cayeron contra la degeneración burocrática, luchando por defender la mayor conquista de los trabajadores en la historia: la Revolución Rusa. Entre las varias organizaciones de oposición de izquierda a la burocracia y a los estalinistas, sin duda la mayor y más importante fueron los trotskistas, que llegaron a tener 15.000 miembros en su organización en la Oposición de Izquierda a Stalin.

Estos formularon un programa donde planteaban la necesidad de caída de la burocracia, defendiendo una revolución política para instituir una verdadera democracia obrera, con el poder volviendo a manos de los trabajadores. Trotsky alertó que en caso de que eso no ocurriese, estaba planteada la posibilidad de que los burócratas se tornasen burgueses y restaurasen el capitalismo.

El estalinismo y la burocracia soviética fueron la negación del marxismo y el leninismo. Fue la corriente política que, al final de cuentas, destruyó la revolución y restauró el capitalismo en la URSS. Y aquí no se trata de una opinión, sino de la constatación de hechos. Después de décadas de persecuciones, mentiras, calumnias y falsificaciones, tenemos ya el “veredicto de la historia”.

Tal vez Jones Manoel sea solo la expresión del momento histórico que atraviesa el propio PCB. Al final, se encuentran entre una autocrítica en relación con su pasado estalinista, pero también sostienen un revisionismo del propio estalinismo, en el sentido de intentar suavizarlo, amansarlo. Medio que liberando y construyendo un cierto eclecticismo teórico y programático que, al no llamar a las cosas por su nombre, en la práctica alimenta una rehabilitación del estalinismo aunque recauchutado y con ropa nueva. Esta operación no es nueva ni es brasileña, pero es preciso que sea contrapuesta, pues no se trata simplemente de un debate sobre el pasado sino, principalmente, sobre el futuro del comunismo.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 2/7/2021.-

Nota:

[1] Jones Manoel es un joven historiador y militante del PCB, conocido por su canal en Youtube.

Traducción: Natalia Estrada.