Nuevamente, el país vive manifestaciones contra el racismo y la violencia policial hacia la población negra. Esta vez, el epicentro es la ciudad de Kenosha (en el Estado de Wisconsin y cercana a la capital Milwaukee, y a Chicago). El detonante ha sido que un policía blanco disparó siete tiros por la espalda al joven negro Jacob Blake, de 29 años, en presencia de sus tres hijos. Jacob salvó milagrosamente la vida pero ha quedado paralizado de la cintura para abajo.

Por: Alejandro Iturbe

Las protestas de Kenosha ya llevan varios días, con enfrentamientos entre los manifestantes y la dura represión policial y de la Guardia Nacional. También han comenzado a extenderse y ha habido manifestaciones en Nueva York, Washington DC y Minneapolis (ciudad donde había sido asesinado George Floyd, en mayo pasado)[1].

Precisamente, estas nuevas protestas se producen cuando aún no se había apagado la onda generada por el asesinato de Floyd, que recorrieron todo Estados Unidos y pusieron al gobierno de Donald Trump y a varios gobernadores en una profunda crisis[2]. Por ejemplo, continuaban en Chicago y en Portland frente a la presencia permanente de tropas de la Guardia Nacional.

El impacto de este proceso había sido tan grande que los jugadores de la mundialmente popularísima NBA (National Basketball Association), mayoritariamente negros, solo aceptaron reanudar el campeonato con la condición de llevar en sus casacas lemas alusivos en protesta y obligaron a la dirección de la Asociación a tener que adoptar el lema Black Lives Matter (“Vidas Negras Importan”) y a exhibirlo en los estadios en que se juegan los partidos.

Ahora, frente a este nuevo hecho de represión racista, los jugadores realizaron un boicot-huelga de varios días que paralizó la fase final del campeonato. Fueron encabezados por los jugadores de Milwaukee Bucks. Uno de ellos, George Hill, declaró: «Estamos cansados de los asesinatos y la injusticia»[3]. La situación se ha extendido a otros deportes profesionales que no tienen mayoría negra entre sus jugadores, como el soccer (fútbol), el béisbol y el tenis, en una situación nunca vista en el país. Las paros fueron desiguales y al no extenderse la mayoría de los jugadores ya regresaron al trabajo, dejando, eso sí, una gran crisis abierta en el mundo del deporte.

Otra expresión de la situación fueron las marchas y actos en Washington DC y otras ciudades, el 28 de agosto, en el 57 aniversario del famoso discurso “Tengo un sueño” del líder negro Martin Luther King.

El marco de fondo

Este proceso se origina en el hartazgo de la población negra frente a la larga historia de racismo, discriminación y violencia policial que sufren cotidianamente. La encabeza la juventud negra pero junto con ellos participan otras minorías oprimidas, como los latinos y población blanca. Expresa también el hartazgo y la bronca de amplias franjas de la clase trabajadora y de sectores populares frente a una situación social y condiciones de vida que se deterioran cada vez más. Cabe también señalar que muchos sectores sindicales simpatizan de esta lucha, en particular los maestros y otros trabajadores públicos y los trabajadores de la salud y los servicios.

La economía de Estados Unidos está pasando por uno de los peores años de su historia (si no el peor): entre marzo y julio pasado se registró una caída del PIB de 9,5% con respecto al año anterior. Si esa situación se mantiene, la proyección anual daría un retroceso de 32,9%. Los datos estadísticos muestran una profunda caída simultánea del consumo y de la inversión.
Pero la vida no es igual para todos. A finales de julio, 32 millones de personas que habían perdido sus trabajos apenas sobrevivían con los subsidios por desempleo.

Otras seis millones no lo habían conseguido o su trámite no estaba finalizado. Aunque las cifras oficiales refieren 10,4% de desempleados, según el economista de izquierda Jack Rasmus, si se consideran todos aquellos en condiciones de trabajar, la cifra se eleva a 25% de la PEA (Población Económicamente Activa).
Como reflejo de esta realidad, si no se extiende la vigencia de la ley que congeló los desalojos, 40.000.000 de personas corren el riesgo de ser desalojadas de sus viviendas porque no están en condiciones de pagar el alquiler. Esto en medio de una pandemia que no cede en el país.

Mientras tanto, las Big Four (“cuatro grandes”) empresas de tecnología (Amazon, Apple, Alphabet/Google y Facebook) acumulan ganancias trimestrales de casi 40.000 millones de dólares y el propietario-CEO de Amazon ve crecer diariamente su fortuna de modo obsceno.

Junto con esto, según la revista británica The Economist, en el segundo trimestre de 2020 “los ingresos del Citibank, Goldman Sachs y JP Morgan fueron mayores que en cualquier otro momento desde la crisis financiera global, casi duplicando las del mismo período de 2019. Goldman Sachs, uno de los dos grandes bancos de inversiones que quedan, aumentó sus ingresos en 41%.”

El conjunto de las empresas se ha visto beneficiado por la ley Retention Tax Credit (exención de impuestos) votada en el Congreso tanto por los republicanos como por los demócratas. Esta ley les permitió un ahorro (o ganancia adicional) de 55.000 millones de dólares desde marzo, con la vaga promesa de que “no habrá despidos” (sic). Los grandes perjudicados por esta reducción de ingresos al Estado son el presupuesto de Seguridad Social y el sistema de cobertura de salud pública Medicaid.

Como si esto fuera poco, el gobierno de Trump y el Congreso están discutiendo un plan de “ayuda” a las empresas cercano al billón de dólares. Como ocurrió con las “ayudas” de la crisis anterior, esta gigantesca suma será utilizada por estas para capitalizarse y especular, y solo una muy pequeña parte irá hacia inversiones reales.

Todo esto explica que, más allá de sus altibajos, las cotizaciones de la Bolsa de Valores vienen con una tendencia en alza desde noviembre pasado, a pesar de una crisis económico-social muy profunda y de una caída del consumo y de la inversión. Esta contradicción demuestra el carácter cada vez más especulativo y parasitario del capitalismo imperialista.

El impacto de la pandemia

Estados Unidos encabeza el triste ranking mundial de las cifras de la pandemia del Covid-19. Al 27 de agosto, registraba 5.852.480 casos (con una crecimiento diario de más de 40.000) y casi 180.000 muertos (acumulando 1.260 el último día). El país tiene poco más de 4% de la población mundial pero supera 24% de los contagios registrados y 22% de las víctimas fatales.
Hablamos del país más rico del mundo, aquel que se podría suponer tendría mejores condiciones de enfrentar la pandemia. Sin embargo, Trump encabezó la lista de los gobiernos “negacionistas” de la gravedad de la situación y de la dinámica que conllevaba. Dijo que pasaría rápidamente, recomendaba no usar mascarilla, y propuso combatir el virus con “inyecciones de desinfectante”[4]. Tanta irresponsabilidad tiene su costo en las cifras que hemos mencionado.

El impacto de la pandemia tiene un claro perfil de clase y golpea muy duramente a la población negra. Por ejemplo, en Chicago, la mitad de los contagiados y 72% de los fallecidos son negros, aunque estos representan 30% de la población[5].

Después, Trump cambió su discurso frente a este golpe de la realidad. Al mismo tiempo, su gobierno y la burguesía estadounidense de conjunto presionan ferozmente para “normalizar” las actividades económicas. Por eso, su gobierno está invirtiendo 6.000 millones de dólares en acuerdos con distintos laboratorios privados de Estados Unidos y del mundo para que produzcan una vacuna “cuanto antes”, y asegurarse trescientos millones de dosis para su país.
A pesar de su apuro, sigue siendo una inversión mezquina: menos de la cuarta parte de lo que se requeriría para un proceso serio de desarrollo de una vacuna; menos de 11% de lo que representan las exenciones impositivas a las empresas; y una infinitésima parte del megapaquete que se dará a las empresas. Por eso, apuesta a vacunas que no tendrán ninguna garantía de efectividad ni serán probadas en sus efectos colaterales[6].

La hipocresía de los demócratas

Todo este contexto se expresa en el proceso que se abrió con el asesinato de George Floyd y que ahora puede reencenderse con el ataque a Jacob Blake.
Frente a esta realidad, el otro partido de la burguesía imperialista (los demócratas) realiza un juego profundamente hipócrita. Su candidato presidencial Joe Biden hizo declaraciones contra el “racismo sistémico”, exigió una “una investigación inmediata, completa y transparente. Los agentes deben rendir cuentas porque estos disparos perforan el alma de nuestra nación”[7].

Al mismo tiempo, es la alcaldesa demócrata negra de Chicago, Lori Lighfoot, quien colabora activamente con las fuerzas federales de represión y continúa una brutal campaña de contrainsurgencia contra los activistas. Mientras que en Wisconsin fue el gobernador demócrata Tony Evers el que llamó a la Guardia Nacional para reprimir las protestas por los hechos de Kenosha.

Esta hipocresía se expresa también en otros temas centrales. Por ejemplo, este partido aparece como defensor e impulsor de la Seguridad Social y del sistema de salud pública Medicaid. Pero sus congresistas votaron con los republicanos la ley de exención impositiva que les reduce la financiación y, como lo han hecho en el pasado, van a aprobar el megapaquete de Trump de “ayuda” a las empresas.

Y su trampa electoral

Junto con esta hipocresía, el partido demócrata está concentrado en desviar estos procesos de lucha y la situación en su conjunto hacia el camino muerto de las elecciones burguesas. Su discurso es que con el triunfo de Joe Biden se acabará la violencia racista y se volverá a los “viejos años de bienestar”.

El sistema político estadounidense está basado en la alternancia en el poder de los dos partidos burgueses imperialistas, que se apoyan en franjas sociales y políticas diferentes del electorado, con un sector intermedio que oscila entre ambas. Como consecuencia de la profunda crisis luego del fracaso del proyecto de George W. Bush, los republicanos debieron aceptar el predominio de Donald Trump (un outsider con equipo propio) y, con él, su estilo y su forma de hacer política. Su gobierno está debilitado y es muy posible que no consiga la reelección en noviembre próximo.

Los demócratas también expresan una coalición que, bajo la dirección de un sector de la burguesía imperialista, incluye a sectores sindicales, movimientos sociales y minorías. Vivieron un “momento de gloria” con la elección de Obama. Pero el fracaso de sus gobiernos en resolver los problemas reales de los trabajadores y las masas, le produjeron un fuerte desgaste que se expresó en la derrota electoral de 2016, así como en incipientes rupturas electorales por izquierda y el surgimiento de procesos de lucha por fuera de su control. Pero el rotundo fracaso del gobierno Trump ya les abrió espacio para la recuperación electoral legislativa en 2018 y ahora puede llevarlos de nuevo a la presidencia e, incluso, a tener mayoría parlamentaria en ambas cámaras del Congreso.

Desde hace algunos años, veníamos hablando de una lenta crisis del régimen político estadounidense, como reflejo del fin del “sueño americano”: la idea de que, cualquiera fuera su origen social, “con trabajo duro y honesto” era posible ir mejorando cada vez más las condiciones económicas. Este sueño comenzó a agonizar desde los inicios de los años 1980 y ahora ya ha muerto de modo definitivo[8].

Ahora, como resultado de la lucha del movimiento de masas, en un marco de profunda crisis económica y del duro impacto de la pandemia, esa crisis ha dejado de ser lenta para tornarse aguda. Los demócratas, tal como lo hicieron varias veces en el pasado, vienen para frenar el proceso, desviarlo hacia las elecciones, y cooptar a sus dirigentes y activistas, tal como sucedió con algunas de las primeras direcciones del movimiento Black Lives Matter.

La respuesta de Trump y los republicanos

Pero la trampa electoral demócrata no es la única respuesta que propone la burguesía estadounidense a esta situación. La convención republicana, por un lado reafirmó sus posiciones ultrarreaccionarias sobre el aborto y la inmigración. Por el otro, se presentó como el defensor de “la ley y el orden”: dedicó su tercer día a la “celebración de los héroes”; es decir, a los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad. Frente a los reclamos de reformar las fuerzas policiales, los seguidores de Trump respondieron con la consigna Defend the police (“defender a la policía”)[9].

Como parte de esta política, Trump intenta avanzar en una restricción mayor del voto popular. El sistema electoral estadounidense ya deja afuera más de 40.000.000 de inmigrantes sin ciudadanía. A ellos, debemos sumar que el voto no es obligatorio, se realiza un día de semana y hay que inscribirse previamente, sin que la legislación garantice el pago del salario por el tiempo que le requiere a los trabajadores ambos pasos [la inscripción y la votación en sí misma]. Es decir, se desalienta la participación de todo un sector de la clase obrera.

Ahora Trump está atacando el sistema de “voto postal” autorizado en el país, que puede ser clave en este período de pandemia. Ante el seguro aumento de la cantidad de votantes que optarían por este sistema, el USPS (Servicio Postal) ha advertido que no podrá garantizar que todos los votos lleguen a tiempo para ser contados.

El gobierno de Trump se ha negado a proveer al USPS los fondos necesarios para garantizar su función electoral. Al mismo tiempo, ha dicho que este aumento del voto postal haría que las elecciones no sean “justas” y que, si todo el mundo votase por correo, sería “el mayor golpe [de Estado] de todos los tiempos”[10].
Está planteada una batalla en defensa del derecho al voto popular. En primer lugar, contra los ataques que realiza Trump. Pero también contra las restricciones al voto de los trabajadores y la exclusión de los inmigrantes que no tienen ciudadanía.

Sostenemos que no será a través de las elecciones burguesas que los trabajadores y las masas resolverán sus graves problemas. Pero en tanto este sistema esté vigente, lucharemos por defender el derecho al voto popular y la expansión de su alcance. En este sentido, llamamos a la más amplia unidad de acción por esta defensa. De modo inmediato, contra la intención de Trump de eliminar o invalidar el voto por correo.

La necesidad de la autodefensa

Además de la represión policial y de la Guardia Nacional, en Kenosha los manifestantes grabaron videos con sus celulares donde se ve a un joven blanco que carga un rifle automático de estilo militar y que dispara contra los manifestantes, matando a dos de ellos.

El joven fue identificado como Kyle Rittenhouse, de 17 años, residente en la ciudad de Antioquia, Illinois, a 30 minutos de Kenosha. Luego se conocieron entrevistas previas en las que él, junto a otros hombres blancos armados, decían estar allí para “proteger los negocios y las propiedades”. Otros videos muestran a policías que pasaban por ese lugar y conversaban amablemente con ellos. La legislación de EEUU permite la portación de armas pero solo a partir de los 18 años.

Los agentes no realizaron ninguna acción contra Kyle después de que este disparara, y se limitaron a ir al lugar donde estaban las víctimas[11]. Luego de su identificación y de la difusión de los videos, el joven fue detenido –al día siguiente– en su ciudad natal y enfrenta la acusación de homicidio intencional. Pero las masas no pueden tener ninguna confianza en que sea este sistema judicial y esta policía, que reprimen y persiguen a los negros y los latinos, los que garanticen justicia o defiendan sus vidas.

Por el contrario, tanto este hecho de Kenosha como la permanente violencia policial plantean la necesidad de organizar la autodefensa de las manifestaciones y de la vida de la población negra, latina, y del conjunto de los trabajadores. Una necesidad que ya ha empezado a manifestarse de modo incipiente en varios ejemplos.
Uno de ellos fue el surgimiento en Seattle de “zonas autónomas” (como la de Capitol Hill), en la que sus habitantes se organizaron para garantizar la seguridad de la región, sin presencia policial[12]. Pero tenían el déficit de no tener mecanismos de autodefensa y ya han sido disueltas. Otro es la aparición de milicias negras armadas y uniformadas en varias ciudades del Sur del país[13]. Más allá de la valoración específica de estos ejemplos, frente a la violencia policial y los ataques de racistas bancos la autodefensa es un derecho de las masas y en especial de la población negra.

Aprender de la experiencia

Es necesario que los trabajadores y las masas extraigan las lecciones de las experiencias del pasado y no caigan en estas nuevas trampas. Ni la de la “ley y el orden” de Trump y los republicanos ni en la del “paraíso” prometido por los Joe Biden y los demócratas.
Estos últimos intentan basarse en el pestigio de los gobiernos de Barack Obama (2009-2016) en contraste con la realidad que viven bajo Trump. Sin embargo, aquellos gobiernos no resolvieron ninguno de los problemas que los afectan, incluido el del racismo. Recordemos, además, que el gobierno Obama tuvo políticas muy duras de persecución contra los inmigrantes y, frente a la crisis de 2008, salvó a los bancos y las grandes empresas, en detrimento de las necesidades de las masas[14].

Recordemos también que la llamada “ley de los tres delitos” fue votada en 1994, durante la presidencia del demócrata Bill Clinton. Esta ley y el conjunto del sistema policial-judicial estadounidense han hecho que el país tenga la población carcelaria más grande del mundo (23% de los presos del mundo). Dentro de ella, la proporción de negros y latinos es muy superior a la que tiene en la población en general, como una forma indirecta de represión.

No será con los demócratas que se acabará el racismo y la violencia policial ni con ellos que serán resueltos los gravísimos problemas que afectan a los trabajadores y las masas. Quienes se reivindican socialistas revolucionarios no pueden ceder a la presión de llamar a votar el “mal menor” que representaría el burgués imperialista “democrático” Joe Biden para derrotar al “fascista Trump”.

Tal como expresó la declaración de la LIT-CI ante la onda de rebelión posterior al asesinato de George Floyd: “Es necesario un programa de emergencia que parta de las luchas contra el racismo y la represión, para avanzar en una respuesta revolucionaria a la pandemia y a la crisis económica. ¡Es necesario luchar duramente para derrotar el gobierno Trump en las luchas directas de las masas, sin esperar el proceso electoral, sin confiar en los demócratas! ¡Es preciso luchar por un gobierno de los trabajadores en Estados Unidos! ¡Es necesario construir una nueva dirección revolucionaria en el curso de las luchas, en Estados Unidos y en el mundo!”[15].

Un programa que ha sido esbozado por la Voz de los Trabajadores (organización simpatizante de la LIT en EEUU) en diversos artículos ya publicados en esta página[16].

Los esfuerzos militantes de los socialistas revolucionarios en los próximos meses no pueden estar concentrados en la trampa electoral (aunque fijen posición sobre las elecciones y la difundan entre las masas). Sus esfuerzos deben estar dirigidos a impulsar las luchas y organizar las comunidades y los lugares de trabajo para derrotar a Trump en las calles. En ese camino, se podrá avanzar tanto en la construcción de organismos de lucha como en la de la organización revolucionaria que los trabajadores y las masas estadounidenses necesitan. Para avanzar en esta tarea, Voz de los Trabajadores impulsa y participa de la Red Socialista Revolucionaria (RSN por sus siglas en inglés) junto con otras organizaciones de diversas partes del país.

Notas:

[1] Ver: https://www.nytimes.com/2020/08/26/us/kenosha-shooting-protests-jacob-blake.html?action=click&module=Top%20Stories&pgtype=Homepage y https://www.ambito.com/mundo/policia/eeuu-noche-furia-winsconsin-un-brutal-tiroteo-contra-un-negro-desarmado-n5127541
[2] Ver: https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/un-proceso-revolucionario-sacude-estados-unidos/
[3] https://superdeportivo.elonce.com/notas/los-deportes-de-estados-unidos-en-huelga-la-nba-la-mls-el-bnisbol-y-el-tenis-contra-el-racismo.htm
[4] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53499957
[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52219474
[6] Sobre el tema de la vacuna, ver: https://litci.org/es/menu/debates/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19/ y https://litci.org/es/menu/especial/coronavirus/la-carrera-por-la-vacuna-contra-el-covid-19-ii/
[7] https://us.as.com/us/2020/08/25/actualidad/1598368671_443653.html
[8] Sobre este tema, ver; https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/sueno-americano-ha-muerto/
[9] https://www.pagina12.com.ar/288130-convencion-republicana-donald-trump-exhibe-su-agenda-conserv
[10] https://noticias.uol.com.br/internacional/ultimas-noticias/2020/08/17/trump-eleicoes-correios.htm
[11] Información extraída del artículo “Rastreando o suspeito no tiroteio fatal em Kenosha” de la edición en portugués del New York Times (27/8/2020).
[12] Datos extraídos de la página washingtonexaminer.com
[13] https://g1.globo.com/mundo/noticia/2020/07/26/manifestantes-negros-armados-protestam-nos-eua-contra-morte-de-breonna-taylor-e-racismo.ghtml
[14] https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/el-balance-de-los-gobiernos-obama/
[15] Ver nota [2].
[16] Ver, entre otros artículos https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/eeuu-una-perspectiva-socialista-sobre-el-plan-de-estimulo-por-el-coronavirus/
[17] Sobre la RSN ver declaración conjunto en: https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/george-floyd-fue-la-gota-de-agua/