El gobierno Costa tuvo reprobado su Presupuesto de Estado, lo que probablemente tendrá como consecuencia la disolución del Parlamento y nuevas elecciones a inicios de 2022. La crisis política que se instaura plantea desafíos importantes para las organizaciones de la clase trabajadora, en el sentido de ubicar las principales disputas que están en causa en este momento y de conseguir dar un salto en la organización y en la lucha para reivindicar los derechos de que tanto precisamos.

Por: Em Luta, Portugal

Queremos, entonces, sistematizar aquí los principales elementos que vemos, para comprender la crisis política actual y las tareas que de ahí se desprenden.

La crisis política actual es fruto de la acción corrosiva de la crisis social acentuada por la pandemia y de las disputas parlamentarias

Como dijimos, nadie podía imaginar una caída del gobierno en Portugal este año. La falsa sensación de victoria de la política del gobierno para con la pandemia y el hecho de que la crisis no haya explotado como en 2008 llevaron a que se concluyese que todo seguiría normalmente. El resultado de las autárquicas, que debilita al gobierno con la derrota en Lisboa y enciende una señal de alerta en el BE y el PCP por la fuerte derrota electoral que tuvieron, fue una demostración del descontento y un síntoma de que, al final, la estabilidad política podría no ser ya tan estable.

Ocurre que la crisis política, lejos de ser explicada apenas por los movimientos parlamentarios, es expresión también del desgaste que paulatinamente se fue acumulando entre los trabajadores. En primer lugar, es preciso tener claro que la Geringonça no revirtió la austeridad y no permitió retomar el nivel de vida pre-troika. En los últimos años aumentó la precariedad, no se reconstruyó aquello que fue dilapidado en los servicios públicos (principalmente salud, pero también educación, apoyos sociales), y la vida se hizo más cara. La pandemia y la crisis económica encontraron un país más frágil y entregado al turismo. Frente a eso, Costa privilegió la ganancia de los ricos, y la clase trabajadora y las pequeñas empresas perdieron ingresos. El famoso éxito del gobierno PS en el combate a la pandemia dejó a la vista la falta de consideración/desinversión con que en los años anteriores trató al Sistema Nacional de Salud (SNS), por lo que millones de consultas y tratamientos quedaron por hacer, millares de utentes [usuarios – pacientes] fueron abandonados y millares de profesionales y enfermeros quedaron exhaustos y temerosos frente al futuro. Esta situación llevó a una crisis social y a la sobrecarga de la mayoría de los trabajadores. Por eso, aunque el gobierno cuente con relativa aprobación, hay un desgaste fruto de los años que gobernó, de la no reversión de los ataques del período de la Troika y de los efectos de la pandemia y de la crisis social.

Por otro lado, los ricos precisan de más garantías sobre sus ganancias, en una situación internacional aún inestable, que puede tener una crisis acentuada dependiendo de la evolución de la escasez de materias primas, de la inflación y de la situación en Estados Unidos y en China. Costa, que siempre gobernó para los ricos, tiene que mantener las cuentas “ajustadas” para garantizar que las grandes empresas estén seguras, lo que mantiene el grado de explotación implementado en Portugal en la última crisis.

Es este impasse –que contiene elementos de la vida de la población en Portugal, pero que también se expresa en los conflictos entre los partidos e instituciones que representan intereses de distintos sectores de la sociedad– lo que lleva a la crisis política que vemos hoy.

La desaprobación del presupuesto no es una ruptura con la política que llevó a la Geringonça

Seis años después, con siete presupuestos viabilizados por los aliados en la Geringonça, el acuerdo que unía a estos partidos cae y eso también es importante comprender.

En el debate en el Parlamento, António Costa afirmó que “allá afuera” nadie entendería el porqué de la desaprobación. Y es un hecho que el presupuesto presentado por Costa no contemplaba grandes cambios comparado con los otros presupuestos viabilizados por el BE y el PCP y contenía migajas (como el aumento del salario mínimo, aumentos de las pensiones hasta 1.097 euros, inicio de la gratuidad de las guarderías) que podrían ser anunciadas por el BE y el PCP como victorias, como hicieron en los presupuestos anteriores. Solo seis años después es que se plantea como condición para aprobar el presupuesto el quite de las medidas laborales de los tiempos de la troika, exactamente porque en este momento quieren justificar la no viabilización del Presupuesto, y no porque este no sirve a los trabajadores o porque quieran una “clarificación definitiva” con el PS sino porque precisan cambiar de táctica para intentar contener la sangría de sus votos.

Lo que unía al BE, el PCP y el PS en la Geringonça era un acuerdo político sobre la necesidad de mantener la estabilidad del régimen, después de un largo período de inestabilidad. Lejos de revertir la austeridad e impedir el crecimiento de la derecha, la Geringonça tuvo como consecuencia el fortalecimiento del PS y el debilitamiento del BE y del PCP. Estos acabaron por ver deshecho el perfil político del espacio que ocupaban como partidos de oposición, y por eso sufren derrotas electorales. Ahora precisan hacer un cálculo de cómo pierden más: si yendo a elecciones ahora o si continuando dos años más atados al PS, lo que puede llevarlos a derrotas electorales aún mayores. No es, por eso, una diferenciación política con el PS o una ruptura con la táctica que llevó a la Geringonça.

El PS, desde siempre estuvo comprometido con el proyecto que la burguesía europea tiene para el país, proveedor de mano de obra barata para las multinacionales y foco de turismo europeo, y jamás pondría en jaque su proyecto y a sus aliados estratégicos frente a un juego de escena del BE y el PCP. Para el PS vale más la estabilidad con Bruselas y con la concertación social. BE y PCP no dejan eso claro, pues significaría criticar los años en que estuvieron apoyando la Geringonça a cambio de migajas.

A ejemplo de la derrota de Passos Coelho, que por las movilizaciones y huelgas tuvo derrotada la disminución de la TSU [Tasa Social Única, medida de contribución a la Seguridad Social, ndt.], la única forma de imponer al PS y a la burguesía el quite de las leyes laborales de la Troika sería a través de la movilización de la clase trabajadora, y nunca por la vía parlamentaria. BE y PCP entregaron el poder de movilización de la clase trabajadora y sembraron la ilusión de que sería posible empujar el PS hacia la izquierda, cuando este es el principal agente político que trajo a Portugal hasta aquí.

PS y la derecha, dos caras de la misma política para el país

Con el rechazo del Presupuesto (OE – Orçamento do Estado] probablemente tendremos nuevas elecciones en enero o febrero. La decisión de nuevas elecciones cabrá a Marcelo Rebelo de Sousa. La clase trabajadora no debe temer la inestabilidad política. Nuevas elecciones cabrían solo para hacer un referendo al gobierno de Costa. Para los trabajadores, sus intereses solo podrán ser conquistados con la fuerza de la movilización, no en el Parlamento o en las elecciones.

Frente a estas elecciones, Costa puede obtener una victoria política si consigue arrojar para el BE y el PCP la responsabilidad de la crisis política y de la desaprobación de un presupuesto con “avances”. Claro, todo esto es una falacia; Costa ya está en campaña electoral desde antes de las autárquicas y no está implementando ya el aumento del salario mínimo para enero de 2022 porque no quiere, pues podría perfectamente hacerlo aun sin la aprobación del Presupuesto. De cualquier forma, los responsables por mezclarse con el balance de un gobierno de la burguesía son los propios BE y PCP. Si salen derrotados de estas elecciones es porque en 2015 optaron por salvar al PS de las sucesivas derrotas que venía teniendo.

Por otro lado, la derecha también puede fortalecerse, aunque sin una dirección y una alternativa claras. Rui Rio tuvo muchas dificultades para diferenciarse de Costa en los últimos seis años, pues de contenido los proyectos de país de los dos partidos son muy próximos, y ambos pretenden seguir con la implementación de las exigencias de la Unión Europea. El PSD se prepara para intentar volver al poder, pero aún debilitado, y por eso también tendrá que hacer alianzas para poder gobernar. Difícilmente las elecciones traerán una mayoría absoluta. Entonces, no habrá gobierno solo a partir del PS y/o el PSD. La fragmentación política, fruto de la desilusión creciente con el sistema, debilita el bipartidismo y permite fenómenos electorales distintos.

Este proceso, por lo que todo indica, podrá fortalecer al Chega, que tendrá una importante victoria electoral, aprovechando el desgaste del PS, y también del BE y el PCP por el apoyo al gobierno de Costa. Y es prácticamente impensable un gobierno de la derecha sin el sostén del Chega.

Cuando André Ventura afirma que si el BE y el PCP no ocupan las calles el Chega las ocupará, da una clara señal de que pretende ocupar el espacio antisistema que crece pegado a la explotación y la opresión. Pero Ventura pretende ocupar este espacio con un programa liberal xenófobo y racista que destruirá los derechos de la clase trabajadora y la dividirá aún más. El regreso de la derecha y el crecimiento de la extrema derecha ocurrirán, tarde o temprano, si la clase trabajadora continúa sin ver alternativas. Y la única forma de combatir a la derecha y la extrema derecha pasa necesariamente por mostrar alternativas nítidas al PSD y al PS, construyendo en las calles la movilización de la clase trabajadora.

La alternativa es organizar la resistencia y construir una salida revolucionaria opuesta al PS

Con la crisis política, parte de los sindicatos que habían convocado huelgas para el mes de noviembre ya plantean la hipótesis de levantarlas. Pero no es hora de retroceder, al contrario. Es preciso avanzar aún más en la organización de las luchas y la resistencia de la clase trabajadora, porque la fuerza de la clase trabajadora no está en el parlamento. Está en las calles.

Es necesario unificar las luchas de los empleados públicos, de los trabajadores de la salud, de la banca y de los transportes en una fuerte movilización nacional que exija aumento general de salarios, prohibición de los despidos y refuerzo del SNS. Es preciso combatir los trabajos precarios, combatiendo los falsos contratos temporarios, los falsos recibos verdes y la generalización del trabajo por turnos. Es necesario mostrar alternativas a los sectores que están destruidos por la pandemia y la crisis social. Es preciso dar un basta a las agresiones racistas y homofóbicas y exigir castigo para los crímenes de odio. Es impostergable exigir la disminución y reglamentación de los precios de los alquileres y de los combustibles, exigir una amplia red de transportes públicos y gratuitos. Es preciso acabar con el desvío de dinero público para garantía de los lucros de las grandes empresas y multinacionales.

La demostración de fuerza de la clase trabajadora es en las calles, con propuestas que respondan al conjunto de los explotados y oprimidos, con un proyecto totalmente opuesto al del PS, en oposición a la derecha y a la extrema derecha. Entonces, tenemos que luchar por nuestros derechos y exigir mejores condiciones de vida, pero también mostrar que la clase trabajadora es la alternativa política viable para un gobierno que vaya al encuentro de sus intereses. Un gobierno que no se someta a la camisa de fuerza de Bruselas, que implemente las verdaderas medidas necesarias al país. Es preciso apuntar la necesidad de un gobierno de los trabajadores, que no es la unidad de la izquierda que sirvió a los patrones sino sí un gobierno DE la clase trabajadora y PARA la clase trabajadora. Ese gobierno se construye, lado a lado, con la alternativa revolucionaria de la que tanto necesita el país.

Artículo publicado en el periódico Em Luta, 30/10/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.