Ya pasaron más de dos meses desde el inicio del proceso revolucionario en Belarús. En este período vimos manifestaciones de decenas de miles, huelgas, asambleas obreras, trabajo a reglamento, nuevos comités de huelgas, marchas de mujeres, marchas de jubilados, movimiento estudiantil piquetes en los barrios… Pero vimos también la respuesta de la dictadura de Lukashenko y de la KGB: represión, prisiones, torturas, golpizas, incluso contra jubilados… la Revolución Bielorrusa se tornó, al lado de la situación en los EEUU, el principal tema político en el mundo. Pero, a pesar de eso, Lukashenko sigue en el poder.

Por: POI – Rusia

Desde el inicio estaba claro que una victoria en Belarús sería una tarea difícil. Hay en el país una férrea dictadura de Lukashenko y de la KGB, y todos los opositores están o presos o huyeron del país. Las elecciones allá no son elecciones sino un teatro de Lukashenko. El gobierno tiene total control sobre los medios de comunicación. Las tropas de choque de la OMON, la KGB, los militares, están en el centro mismo del régimen, es su gobierno, es su régimen. Para ellos, es también el país “suyo”. O sea, frente a los bielorrusos no está solo la tarea de derribar al presidente de turno sino de destruir todo el régimen, con todas sus instituciones, en primer lugar la KGB y la OMON. Y todo eso sin experiencia y sin organizaciones propias, ya que los sindicatos son casi todos oficiales y defienden el régimen. Y los sindicatos independientes están prohibidos. Todo eso, obviamente, dificulta la tarea planteada ante el pueblo bielorruso… Pero también aumenta el significado de su posible victoria.

En Belarús los ritmos se aceleran. El régimen dictatorial de Lukashenko/KGB/OMON y las masivas manifestaciones callejeras no pueden coexistir por mucho tiempo. Son incompatibles entre sí. El régimen en Belarús no es del tipo europeo occidental o latinoamericano, dichos “democráticos”, con sindicatos fuertes, partidos de oposición, libertad de prensa, etc. En Belarús tarde o temprano todo tendrá que resolverse, o el régimen de Lukashenko sobrevivirá, o la revolución… Y el régimen comprende eso muy bien, y se prepara para eso.

En Belarús se agotó el plazo del así llamado “Ultimato Popular”, llamado por la opositora Svetlana Tikhanovskaya. El gobierno utilizó todas sus armas, represión, prisiones, despidos de activistas de fábricas, agentes de la represión enmascarados en las calles, vehículos militares en las calles, amenaza de utilización de munición letal contra los manifestantes, utilización de los medios de comunicación (con la ayuda de “especialistas” enviados por Putin) para llevar adelante una enorme campaña de calumnias, acusando a los manifestantes de estar drogados y de ser agentes pagos por los Estados Unidos y otros países occidentales. Lukashenko esperaba por un debilitamiento del movimiento, pero fue todo lo contrario.

El domingo 25 de octubre fue un fuerte día de luchas, hubo más de 100.000 personas en las calles y mucha disposición de lucha entre las personas. La Revolución Bielorrusa mostró poseer mucho más reservas que las que creían las fuerzas de la reacción o ciertos “analistas” de Rusia, que se apuraron en querer sepultar la lucha del pueblo bielorruso.

El día 26 fue el primer día de huelgas. Caso se analice formalmente, no hubo paralización total de los procesos productivos por todo el país. Muchos se apuraron a decir que “la huelga fracasó”. Quien dijo eso nunca participó de una huelga real, aún más bajo una dictadura.

El día 26 fue un fuerte día de lucha, con protestas en prácticamente todas las grandes fábricas del país. Veamos en detalle:

La vanguardia fue la gran fábrica de fertilizantes GrodnoAzot. Los obreros del nuevo turno se negaron a sustituir al turno anterior. Llegaron micros con tropas de la OMON para obligarlos a entrar a trabajar. Fueron presos más de 30 obreros. Incluso así en por lo menos tres plantas, los obreros no entraron a trabajar, la dirección de las fábricas obligó a los que estaban adentro a seguir trabajando, para no interrumpir el proceso productivo (hubo obreros obligados a trabajar 19 horas sin parar), así como ingenieros y personal administrativo. Los obreros se mantuvieron del lado de afuera, con mucha solidaridad de la población (una pizzería local envió pizzas gratis a los huelguistas). Pero si lo consideramos desde el punto de vista de la producción, no hubo una “huelga total”, la dirección de la fábrica dice que “el proceso productivo no fue afectado”. Hay expectativa para los próximos días, pues todos los periodistas de la prensa burguesa que estuvieron allá dicen que aumentó mucho la indignación entre los obreros.

En la fábrica METZ también había tropas de choque. Los obreros se reunieron y nuevamente presentaron sus reivindicaciones a la dirección de la empresa, o sea, la salida de Lukashenko, la liberación de todos los activistas presos, y el fin de la represión. Debido a la represión, los obreros tuvieron que retornar al trabajo, pero prácticamente no trabajaron dentro de la fábrica, interrumpiendo el proceso productivo, solo “haciendo de cuenta” que trabajaban.

En la MMZ los obreros se reunieron al inicio del día del lado de afuera de la fábrica. El sindicato propuso que trabajasen y que al final del día presentasen sus reivindicaciones a la dirección de la fábrica. Pero, al final del día la dirección no compareció, traicionado el acuerdo.

En la MTZ hubo una marcha de obreros dentro del territorio de la fábrica, pasando por cada planta para informar a sus colegas sobre el movimiento. Una de las plantas (fundición) interrumpió los trabajos. La dirección de la fábrica cerró el acceso a las demás plantas. Según una entrevista de un medio próximo a Putin, los obreros hablaban de intensificar las acciones para el día siguiente.

En la MZKT también había tropas de choque de la OMON desde la mañana temprano, dentro de la fábrica, para intimar a los obreros. Pero incluso así, una columna de obreros hizo una marcha por el territorio de la fábrica para movilizar a sus colegas de cada una de las plantas.

En la MEZ, el sector de estampado no trabajó. Los obreros entraron en la fábrica, pero se quedaron conversando entre sí, sin trabajar.

En la Atlant tampoco hubo mucha represión. Los obreros gritaron consignas contra las fuerzas de la OMON. En todas esas fábricas, las manifestaciones y marchas no fueron muy grandes, en general algunas decenas de obreros, llegando a un máximo de 150 obreros. Pero eso, con tropas dentro de las fábricas y con la dirección amenazando despedir a todos los que formasen parte del movimiento. Hay mucha indignación entre los obreros. Trabajos a reglamento y operaciones padrón por todos lados. En otras fábricas, como Integrale, Shtadler, Minsk, Belkommunmash, Constructora 4, Belarusneft, Belaruskalya hubo manifestaciones menores, con 20 o 30 obreros. En todas ellas había micro-ómnibus de la policía. En otras, como BMZ, BELAZ, Fábrica de Vidrios de Grodno, no hubo actos, sino trabajo a reglamento. Hubo pesquisas de opinión en estas fábricas, que mostraron que 90% de los obreros están de acuerdo con las exigencias del ultimato. En todas ellas fue anunciado por la patronal que las licencias no remuneradas estaban prohibidas para esta semana, y que quien se ausentase del trabajo sería sumariamente despedido. En total, en este primer día, más de 100 obreros fueron presos y muchos, también despedidos.

La represión con tropas de rostros cubiertos por máscaras negras estaba dirigida a las fábricas. En toda fábrica grande o mediana había ómnibus con tropas de choque.

Si no hubo una huelga total, que haya paralizado totalmente la producción en todo el país, hubo sí una resistencia generalizada de parte de los obreros, por todos lados, de acuerdo con las posibilidades concretas en cada caso. Los obreros no son suicidas, y eso es bueno, porque la lucha es larga y hay que preservar a los activistas en cada fábrica.

Además del movimiento obrero, los pequeños y medianos negocios cerraron parcialmente el día 26, como cafés, restaurantes, peluquerías, etc. No tenemos el porcentaje cierto de ese proceso, pero muestra que la protesta no se limita a la clase obrera. Lo mismo pasó con los servicios online, muchos sitios de ventas por internet dejaron de funcionar este día en señal de protesta.

Mientras escribíamos estas líneas, se percibía una fuerte participación de los estudiantes de las universidades e institutos de educación superior en el proceso, lo que incorpora un elemento nuevo más al levante popular. Eso puede cumplir un papel muy importante, en especial en caso de que los estudiantes consigan unir sus esfuerzos con los obreros. La acción de los estudiantes impresionó al país y al gobierno. Es un fenómeno peligroso para el gobierno, demuestra cómo el proceso revolucionario se amplía. Hubo apoyo activo de profesores y médicos a sus estudiantes. ¡La juventud odia al régimen, y se sublevó!

O sea, hubo un levante por todo el país, en cada fábrica, universidad, barrio. Cada fábrica del país es hoy una barricada, donde se da una lucha inflexible. En algunos lugares hubo marchas dentro del territorio de la fábrica; en otros, pararon plantas; en otros, operaciones a reglamento, en otros, juntaron firmas por el ultimato; en otro, “sentadas” de estudiantes bloqueando las universidades, o médicos distribuyendo certificados para que los obreros pudiesen faltar al trabajo sin ser blanco de represión; en otros, los obreros tomaban franco no remunerado, o ponían banderas blanco-rojo-blanco, símbolo de la revolución, en los lugares más accesibles e inesperados. Obreros, estudiantes y dueñas de casa luchan como pueden. El país no funciona, se debate alrededor de un único tema: luchar de la manera que sea posible contra la dictadura.

Es un error, frente a tal régimen y tanta represión, dirigida en primer lugar contra la clase obrera, exigir que todo siga el esquema: “si no para toda la producción, entonces no es huelga”. Es un abordaje formal, que no toma en cuenta toda la situación concreta. Los obreros, de forma valiente y decidida luchan, como los estudiantes y el pueblo trabajador, de acuerdo con sus posibilidades. Obviamente, el nivel de autoorganización aún no es el necesario, el nivel de conciencia aún no se corresponde con la situación, la experiencia aún es poca, muchos temen la represión y los despidos y se comportan aún de manera silenciosa, a pesar de su simpatía por la revolución. Los bielorrusos recién despertaron a la vida política. Pero, al final, ¿cuándo en la historia una revolución siguió algún plan??? ¿Por casualidad, en nuestra primera revolución en 1905 no fue necesario que el proceso se desarrollase desde el Domingo Sangriento en enero hasta el mes de octubre para que se iniciase una huelga general de hecho y fuese constituido el Soviet de Diputados Obreros de Petrogrado? Es muy importante hoy que cada activista comprenda que el pueblo lucha con todas sus fuerzas, y que es necesario ayudarlo a aumentar el nivel de autoorganización, en las fábricas, universidades, oficinas, barrios y escuelas. Crear comités de defensa de la revolución, comités de huelga, consejos de vecinos, grupos de iniciativa de estudiantes, etc. Y lo más importante, ¡comprender que el país se sublevó! Y que todos den su contribución al proceso revolucionario, organizando a sus colegas de trabajo, de estudio, amigos, vecinos, para actuar, de acuerdo con las posibilidades, sin caer en provocaciones, como verdaderos partisanos del siglo XXI.

O sea, el ultimato popular se inició como una formidable demostración de fuerza de las masas contra la dictadura, que, a pesar de su aislamiento, aplica medidas represivas muy duras, con métodos de persecución selectiva contra los activistas, en especial en las fábricas.

La clase obrera, así como otros segmentos de la sociedad, lucha heroicamente pero sin dirección, sin organización, sin experiencia. Contra un enemigo centralizado, con un aparato represivo y policial centralizado, actuando en las fábricas y universidades.

El ultimato popular y el proceso de huelgas elevaron la lucha a un nuevo nivel. El movimiento pasó de las manifestaciones “pacíficas” de los domingos, con la esperanza en un “diálogo” y una “transición pacífica del poder”, para una verdadera lucha nacional por todo el país, en cada ciudad, cada fábrica, cada universidad, cada oficina, cada barrio. A pesar de eso, hay que comprender que dentro de las fábricas la dictadura es aún más dura que en los medios de clase media. Los comités de huelga recién comenzaron a organizarse. No es posible simplemente “declarar” una huelga general, esta debe ser construida, y para eso hay que organizar a los obreros. Tikhanovskaya no puede hacer eso. Eso solamente lo pueden hacer los propios obreros. Y en el propio transcurrir del proceso, lo están haciendo, heroicamente, pero no sin dificultades. Tikhanovskaya, como miembro de la clase media, desde el inicio del proceso vaciló en la lucha, llamando a todos a volver a sus casas, diciendo que la lucha ya estaba moralmente ganada.

Vaciló mucho tiempo hasta decidirse por llamar a las huelgas. Tikhanovskaya y todo el Consejo Coordinador de la oposición mostraron cómo no están a la altura de las necesidades actuales de la revolución bielorrusa. Ellos no pueden conducirla consecuentemente hasta la caída del régimen. Y con su servilismo a los burócratas de la Unión Europea y a las finanzas europeas por un lado, y sus reverencias a Putin por el otro, proponiendo que él tome parte en la solución del destino de Belarús, demuestran su total incapacidad de luchar por la independencia del país. Es necesaria otra dirección, obrera, enraizada en cada fábrica, mina, barrio obrero. Y capaz de conducir la lucha con la necesaria determinación hasta el final. Cosa que solo la clase obrera puede hacer.

Por eso, la tarea fundamental es organizar a las personas, como verdaderos partisanos del siglo XXI, contra el GOBIERNO DE OCUPACIÓN DE LUKASHENKO. Organizar por lugar de trabajo, fábrica, mina, universidades y escuelas, para que puedan golpear con más fuerza contra la dictadura, al mismo tiempo que defender también a los suyos, para que los luchadores no sean despedidos, o presos en vano por insuficiente organización de la lucha. No necesitamos mártires despedidos sino partisanos organizados en cada fábrica.

El régimen está asustado, y apela a la única cosa que le sobra, más represión, represión y represión. Lukashenko exige el despido de todos los obreros y profesores y la expulsión de los alumnos que participan de los actos de protesta, y comenzó a hablar de “amenaza terrorista”. Y el ministro de las FFAA de Putin acabó de declarar que “el Occidente quiere derribar el gobierno Lukashenko”. Ellos quieren más represión para poner fin al movimiento. Pero no será fácil para ellos. Lukashenko está condenado. La repulsión a los agentes represores, la escala de solidaridad entre obreros y estudiantes, manifestantes y moradores de los barrios, nos dan pleno derecho de afirmarlo. Pero hasta la caída del régimen hay un largo y difícil camino.

Vencer es perfectamente posible. Para tal, necesitamos:

  • Proteger las protestas pacíficas de las agresiones de la dictadura y sus agentes. No se trata de saltar sobre los OMONs en vano, no se puede caer en provocaciones de este tipo. Pero tenemos el pleno derecho y la obligación de defendernos y a nuestro derecho de expresión, de manifestación, de reunión, de organizar sindicatos y huelgas. Protesta pacífica no significa protesta indefensa.
  • Desarrollar la autoorganización del pueblo y unificar los esfuerzos. Formar comités de defensa de la revolución, comités de huelga, consejos de vecinos, grupos de iniciativa de estudiantes, redes de partisanos del siglo XXI. Y coordinarlos.
  • Mantener y ampliar la lucha hasta la victoria. Nuestra tarea no es un acuerdo con la dictadura, no es cambiar a quien la encabeza sino derrocar el régimen y castigar a todos los responsables por los crímenes cometidos contra el pueblo. Eso no será conquistado con maniobras sino solo con acciones. Unámonos todos al llamado del ultimato y continuemos la lucha hasta la caída del régimen Lukashenko y el castigo de los culpables.
  • ¡Abajo la represión! ¡Libertad a los presos políticos!
  • ¡Abajo la dictadura! ¡Tribunal para todos los responsables por el terror contra el pueblo! ¡Disolución de las tropas OMON, de la KGB y de todas las divisiones represivas! ¡No olvidaremos, no perdonaremos!
  • ¡Luchar hasta la caída de la dictadura!
  • ¡Viva Belarús!

Traducción: Natalia Estrada.