Mié Nov 30, 2022
30 noviembre, 2022

El estalinismo, la crisis del orden mundial y la invasión rusa

Existe un gran debate entre los activistas de todo el mundo sobre qué posición tomar en la guerra contra Ucrania. En este debate tiene un peso importante la campaña llevada a cabo por los partidos comunistas, la mayoría de ellos apoyando la invasión rusa. Además de estos partidos, hay una serie de organizaciones no estalinistas que reproducen los mismos argumentos. Nos parece que esta es una discusión de enorme importancia hoy, que involucra muchos y complejos elementos. Por lo tanto, nos parece necesario centrar la discusión en sus aspectos centrales.

Por: Eduardo Almeida

El aparato estalinista internacional y el castro-chavismo siguen siendo fuertes

El aparato mundial estalinista salió en crisis y debilitado tras la restauración del capitalismo en los antiguos Estados obreros. Pero los PCs siguen teniendo una fuerza importante, incluso peso de masas en muchos países del mundo.

La importancia del aparato estalinista actual no se debe solo a la importancia de los PCs. Existe el castro-chavismo, que es un movimiento más amplio, que reúne a gobiernos, partidos y movimientos vinculados al estalinismo, como el gobierno venezolano, el nicaragüense, y otros. Además, está el peso de la ideología de conciliación de clases, que también es ampliamente defendida por los demás partidos reformistas, con los que se unen los PCs. Las ideologías difundidas por los PCs tienen repercusiones en muchas organizaciones reformistas y centristas en el mundo.

El otro factor tiene que ver con el cambio en el orden imperialista. El aparato estalinista mundial defiende la alianza China-Rusia como “progresiva”. Como veremos, siguen siendo aliados, ya no de dictaduras estalinistas de los Estados obreros sino de dictaduras burguesas.

Algunos PCs siguen diciendo que China es “socialista”, otros reconocen que ya es capitalista, pero [dicen] que es progresista frente al imperialismo norteamericano. Muchos de los PCs reconocen a Rusia como capitalista, pero también dicen que Putin es progresivo frente al imperialismo.

Con la teoría estalinista de los “campos progresistas”, los estalinistas ignoran las clases sociales, para justificar la represión de las dictaduras burguesas –como la siria, la venezolana, la nicaragüense– como “progresistas”. Y siguen diciendo que Cuba es un país socialista, defendiendo la represión frente a la movilización popular del 11J.

El eje en formación entre China-Rusia y la crisis del orden imperialista mundial

La guerra en Ucrania es una expresión de la crisis en el orden imperialista mundial y, a su vez, profundiza mucho esa crisis.

La valoración de esta crisis del orden mundial excede el alcance de este artículo. Centrémonos en uno de sus elementos centrales, que es la alianza Rusia-China en ciernes.

Tanto China como la Rusia de hoy tienen sus orígenes en Estados obreros burocráticos, en los que la propia burocracia gobernante dirigió la restauración del capitalismo. Sin embargo, estos Estados tuvieron caminos diferentes en su ubicación en la división mundial del trabajo capitalista.

China se ha incorporado a la economía mundial como una especie de “fábrica del mundo”, con grandes inversiones imperialistas. Las multinacionales se aprovecharon de la dictadura del PC para imponer salarios de miseria a los obreros chinos y producir a precios bajos. Esa era la tónica de los años 1980 y 1990. Sin embargo, el crecimiento de la nueva burguesía china llevó a comenzar a disputarle al imperialismo norteamericano la hegemonía en el mercado internacional, en una reubicación de su papel en la división mundial del trabajo.

Independientemente del debate sobre si China es o no imperialista, esta es hoy la segunda economía más grande del mundo. Esta es la realidad actual, que se expresa en la “guerra comercial entre Estados Unidos y China”, que era impensable en los últimos años 1980 y en la década de 1990.

Rusia, tras la restauración, siguió un camino opuesto, de enorme destrucción de las fuerzas productivas, perdiendo gran parte de su parque industrial. Se ubicó en una posición subordinada en la economía mundial, esencialmente como productora de gas y petróleo. Es una economía en decadencia, dependiente del capital financiero imperialista y de las exportaciones de petróleo y gas a Europa.

Sin embargo, Rusia heredó del antiguo Estado obrero su poder nuclear, lo mantuvo y lo actualizó. Sigue siendo la segunda potencia nuclear del planeta.

Se está gestando una alianza entre China y Rusia, que incluye la segunda economía mundial y la decadente economía rusa, pero que posee el segundo arsenal nuclear más grande del mundo. Esto tiende a tener una importancia muy grande en la crisis del orden imperialista mundial.

Un mes antes de la invasión de Ucrania, Putin visitó China en la inauguración de los Juegos de Invierno, y firmó una declaración conjunta con Xi Jinping, definiendo un “acuerdo ilimitado” de cooperación económica, política y militar, en el que también se cuestiona a la OTAN. China es ya el principal socio comercial de Rusia. Putin esperó el final de los Juegos de Invierno, a pedido de China, y dos días después invadió Ucrania.

China cuida las apariencias, no aparece defendiendo explícitamente a Rusia, porque necesita mantener sus negocios en todo el mundo, y “apoya la paz”. Pero no condena la invasión y, en esencia, hasta ahora aparentemente respalda la acción de Putin.

Sin duda, el imperialismo norteamericano mantiene su hegemonía económica y militar. Pero viene mostrando una decadencia económica, y presenta cada vez más dificultades para cumplir el rol de policía del mundo. Sigue siendo hegemónico, pero con crecientes dificultades para mantener su control del mundo, como lo demostró recientemente en la derrota y retirada de Afganistán.

El orden imperialista ya estaba siendo cuestionado por la ola económica descendente que comenzó con las recesiones de 2007-2009 y de 2020. Esto condujo a crisis interburguesas e interimperialistas, y proporcionó una base material para los levantamientos de masas que tuvieron lugar.

Pero es innegable que una disputa entre dos polos –USA x China-Rusia– sería un fuerte elemento de desequilibrio y crisis en el orden mundial.

Y esto requiere caracterizar el significado de estos dos polos. El polo contrarrevolucionario imperialista hegemónico no necesita presentación. Se trata del imperialismo dominante, el mayor enemigo de los trabajadores en todo el mundo.

No obstante, el otro polo, encabezado por China y Rusia, también tiene un contenido categóricamente contrarrevolucionario.

Antes, cuando aún eran Estados obreros burocratizados, ya eran polos contrarrevolucionarios, responsables por innumerables derrotas revolucionarias y por la “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Pero hoy se trata de un papel cualitativamente más contrarrevolucionario. Son Estados burgueses, donde imperan dictaduras.

No existe ningún tipo de apoyo de estas dictaduras burguesas a los procesos revolucionarios que existen en el mundo. Por el contrario, apoyan otras dictaduras burguesas contrarrevolucionarias en el mundo, como las de Myanmar, Sudán, Siria, Venezuela, Nicaragua, y otras. Defendieron la represión violenta de estas dictaduras contra sus propios pueblos.

China y Rusia, como Estados burgueses, defienden los intereses económicos de sus burguesías dirigentes. No tiene ningún papel progresivo y, menos aún, antiimperialista.

Los conflictos entre los dos polos contrarrevolucionarios (EE.UU. x China-Rusia) tienen y tendrán diferentes expresiones, tales como disputas económicas como la “guerra comercial EE.UU.-China”, guerras regionales como la invasión rusa a Ucrania, y otras, de calidades y dimensiones diferentes.

Cada uno de estos conflictos requerirá un análisis concreto de la realidad concreta para definir la exacta posición de los socialistas revolucionarios. Pero este análisis concreto debe partir de esta evaluación general marxista de dos polos contrarrevolucionarios y sus consecuencias en la crisis del orden imperialista mundial.

La presión del imperialismo sobre Ucrania

Existen en el conflicto ucraniano las acciones de estos dos polos contrarrevolucionarios.

El imperialismo actúa directamente en la región. En primer lugar, por el sometimiento del gobierno de Kiev a la Unión Europea, en un proceso de recolonización del país.

La OTAN, la alianza militar imperialista, avanzó hacia los países del Este europeo tras la restauración del capitalismo en la región, integrando a la República Checa, Eslovaquia, Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Estonia, Lituania, Letonia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Albania.

Putin afirma que el conflicto actual se basa en la posibilidad de que Ucrania se integre a la OTAN.

La opresión rusa sobre Ucrania

Por otro lado, está el polo contrarrevolucionario ruso. Existe una opresión secular de Rusia sobre Ucrania desde los tiempos del zarismo.

La única vez que esto se rompió fue con la revolución rusa y la formación de la URSS, a la que Ucrania adhirió por voluntad propia. Esta fue una demostración de que solo la revolución socialista puede resolver verdaderamente los problemas de la opresión nacional. A todas las nacionalidades oprimidas por la Rusia zarista se les aseguró la posibilidad de una unión libre, lo que haría posible unir las fuerzas productivas más ampliamente que en un país pequeño. Pero con todos los derechos nacionales garantizados, incluido el derecho de separarse de la URSS cuando quisieran. Este ejemplo histórico es de enorme importancia. Solo ganando la conciencia del pueblo ucraniano, como lo hicieron los bolcheviques, se puede comenzar a superar la opresión nacional.

La contrarrevolución estalinista puso fin a este proceso, aplastó nuevamente a todas las nacionalidades y generó un enorme repudio en la conciencia del pueblo ucraniano frente a la opresión rusa.

Esto convirtió a la URSS en una brutal prisión de los pueblos. Cuando se produjeron las revoluciones que derrocaron a las dictaduras estalinistas, acabó también la URSS, lo que fue extremadamente progresivo.

Sin embargo, debido a la crisis de dirección revolucionaria, fueron sectores de la propia burocracia los que encabezaron estas revoluciones. Estas direcciones avanzaron el proceso de restauración capitalista que ya había comenzado.

En Rusia, este proceso llevó al poder a Yeltsin y luego a Putin, exjefe de la KGB, expresión de la nueva burguesía rusa que se apoderó de las grandes empresas antes estatales.

En Ucrania, la caída de la dictadura estalinista también fue capitalizada por un sector de la burocracia, con Leonid Kravchuk a la cabeza, comandante de la restauración capitalista.

Tras una serie de gobiernos y grandes crisis políticas, en 2014 una revolución democrática derrocó el gobierno de Victor Yanukovich.

Este gobierno era un agente de la recolonización europea, pero vinculado directamente a Putin. Las masas, brutalmente atacadas por los planes económicos del gobierno, derrocaron a Yanukovich.

Este episodio pasó a la historia como Maidán, en referencia a la plaza principal de Kiev, la capital ucraniana, donde se concentraron las movilizaciones.

Esta revolución democrática derrocó el gobierno de Yanukovich, títere de Moscú. La ausencia de dirección revolucionaria, sin embargo, hizo posible que la dirección de este proceso ultraprogresivo fuese asumida por direcciones burguesas, que sustituyeron la dependencia de Moscú por la sumisión a la Unión Europea.

Ahora Putin quiere, con la invasión, recuperar el control de Ucrania, perdido con la revolución de 2014.

La realidad concreta de la invasión rusa

Entonces, existen en acción los dos polos contrarrevolucionarios en la guerra de Ucrania. Pero, ¿cuál es la realidad concreta y cómo operan estos polos?

Esta no es una invasión militar de la OTAN contra el territorio ruso. En ese caso, sin duda nos posicionaríamos en defensa de Rusia, tanto porque es una economía dependiente del imperialismo como por haber sido invadida.

Lo que realmente existe es una invasión militar rusa a Ucrania, para recomponer su opresión directa. Esta es la realidad concreta hoy. Una brutal invasión de la segunda potencia militar del mundo contra un país que no tiene condiciones militares para enfrentarse a Rusia, y que se apoya en el heroísmo de su pueblo.

Putin, en un discurso televisado en vísperas de la invasión, dijo:

“La Ucrania moderna fue creada enteramente por Rusia, más precisamente por los bolcheviques, la Rusia comunista”. “Este proceso comenzó inmediatamente después de la revolución de 1917, y, además, Lenin y sus socios lo hicieron de la manera más desordenada en relación con Rusia: dividiendo, arrancando de Rusia pedazos de su propio territorio histórico”.

Es decir, Putin realiza la invasión atacando directamente el legado bolchevique que históricamente generó la URSS. No es casualidad que cuestione directamente a Lenin. Putin cuestiona directamente el derecho de Ucrania a existir como nación, diciendo que el país pertenece a Rusia.

Esto es de enorme importancia. El aparato estalinista siempre buscó camuflar sus posiciones con citas distorsionadas de Lenin. Ahora tiene que defender esta acción de Putin, que fue hecha explícitamente para romper con el legado de Lenin.

La metodología estalinista en acción

Una parte del aparato estalinista mundial y del castro-chavismo apoya directamente la invasión rusa. Otra parte evita chocarse por el repudio de las masas a la invasión, diciendo que está contra la guerra pero “es culpa de la OTAN”, y se niega a apoyar la lucha ucraniana.

También hay crisis. Los PCs griego y turco, por ejemplo, estaban en contra de la invasión.

Pero la mayoría de los PCs en el mundo justifican y apoyan a Putin o lo disculpan de alguna manera. El PC ruso (que tiene representación en el parlamento), el PC chino, el PC cubano, así como el PCdoB y el PC en el Brasil y muchos otros tienen esta posición.

Para eso, estos partidos ignoran la realidad concreta, justificando la invasión por la “amenaza de la OTAN”, para “defender a la Rusia progresista contra el imperialismo”.

Para justificar esta ideología, el aparato estalinista repite la metodología de siempre, con el tradicional determinismo mecánico aliado a simples falsificaciones.

El determinismo mecánico, muy típico de la ideología estalinista, se expresa en esta lógica formal: siempre debemos defender el polo “progresivo” contra el imperialismo, y por eso apoyamos a Rusia.

Así, se ignora la obligación del materialismo dialéctico de combinar la teoría con el estudio de la realidad concreta. Primero, se ignora la teoría marxista, reemplazando su base, que es la lucha de clases, por la de los “campos progresivos”. El aparato estalinista considera a Rusia como progresiva, dejando de lado el carácter de clase de la nueva burguesía rusa, y desconociendo que forma parte de un polo contrarrevolucionario mundial. E ignora la realidad concreta: la invasión rusa a Ucrania.

Además de esta metodología, el estalinismo también utiliza sus tradicionales falsificaciones. Las más obvias son las de encubrir la invasión militar de Rusia como una “acción antiimperialista”, y la del “combate contra el nazismo de Ucrania”. Veamos estas falsificaciones una por una.

¿Putin es antiimperialista?

El principal “argumento” del estalinismo y sus partidarios es que la acción de Putin sería una defensa contra el imperialismo. Entonces, sería una acción antiimperialista.

La primera contestación a esta ideología es el criterio de la verdad. Lo que existe en la realidad es la brutal invasión militar a Ucrania por parte de Rusia. Las ciudades sitiadas, destruidas, son las ucranianas; los civiles muertos son ucranianos.

La segunda refutación es el historial de Putin. Él, como continuación de Yeltsin, fue el agente de la penetración del imperialismo en Rusia, de la destrucción del parque industrial ruso, y de la recolonización del país por las empresas multinacionales. En otras palabras, siempre ha sido un aliado del imperialismo. Un aliado que tiene roces con el imperialismo, pero un aliado.

Además, en el ámbito internacional, ¿cuándo ha ayudado Putin a algún proceso revolucionario antiimperialista? Nunca.

Es, hasta ahora, uno de los puntales militares del genocidio contra el pueblo sirio perpetrado por Bashar al Assad.

Putin actúa para mantener la opresión sobre las ex repúblicas soviéticas de Belarus, apoyando la dictadura de Lukashenko, y ayudando con tropas a ahogar en sangre la rebelión en Kazajistán.

En tercer lugar, es necesario responder a la pregunta. ¿No es la invasión de Ucrania una maniobra militar defensiva para evitar la penetración de la OTAN en ese país? No, no es así.

Como todos saben, la lucha militar es una extensión de la lucha política. La primera forma de luchar contra la OTAN en Ucrania es ganar al pueblo ucraniano contra la OTAN. Y eso exige una política de respeto a la nacionalidad ucraniana y una política antiimperialista. Putin no tiene ninguna de las dos. Ni se gana la confianza de los ucranianos de que los respetará ni busca dirigirlos contra el imperialismo europeo. Y ahora, con la invasión, se ganó definitivamente el odio de los ucranianos, abriendo un campo político para la OTAN. Puede ganar la batalla militar, pero pierde la batalla política por la conciencia de los ucranianos.

Putin, no por casualidad, anunció la invasión cuestionando abiertamente a Lenin y la política de los bolcheviques, de ganar la conciencia de los ucranianos para superar la opresión nacional. ¿Quién gana políticamente? La OTAN, que permanecerá en la conciencia del pueblo ucraniano como una alternativa a la opresión rusa.

En cuarto lugar, ya ahora es posible medir el resultado político internacional de la invasión a Ucrania. Independientemente del resultado concreto de la invasión, los gobiernos imperialistas en el mundo se fortalecieron políticamente junto a las masas, apareciendo como “defensores de la paz”. Biden, que venía siendo cada vez más cuestionado en EE. UU., ha vuelto a fortalecerse. Los gobiernos imperialistas europeos también ganaron apoyo entre las masas. Alemania, que desde la Segunda Guerra Mundial tenía estrictas limitaciones para su rearme, decidió triplicar su presupuesto militar contando con apoyo de masas.

En términos económicos, Rusia está sufriendo sanciones comerciales, financieras y diplomáticas que la debilitan mucho en términos internacionales.

La verdad, que los estalinistas quieren ocultar, es que Putin no invadió Ucrania para defenderse de la OTAN. Invadió para reanudar la opresión rusa sobre ese país, perdida con la revolución de Maidán. Y el resultado político de esta acción de Putin es el fortalecimiento político del imperialismo y de la OTAN.

Si Rusia gana la guerra en Ucrania, no será una victoria de la revolución. No se fortalecerá el movimiento de masas, sino uno de los polos de la contrarrevolución en el mundo.

Pero incluso si tiene una victoria militar, Putin se está debilitando políticamente. Le dio armas al imperialismo para debilitar política y militarmente a Rusia. Tendrá que bancar una ocupación militar, con enormes costos económicos, políticos y militares. Todo esto era previsible y desmiente categóricamente la farsa del estalinismo, de una acción “antiimperialista”.

¿Putin es un demócrata contra el fascismo?

La otra gran farsa de Putin y del aparato estalinista es que esta sería una guerra “contra el fascismo”. Ucrania tendría un gobierno fascista y sería necesario derrotarlo. Así, Putin sería el agente de una lucha democrática contra el fascismo.

Es verdad que hay grupos fascistas en Ucrania. El batallón Azov, por ejemplo, es una organización claramente fascista. Asimismo, hay grupos fascistas en Rusia que apoyan a Putin. En la región del Donetsk y Lugansk, grupos paramilitares fascistas apoyan la invasión rusa. Hay grupos fascistas en ambos lados.

Putin contó con el apoyo de una buena parte de la extrema derecha mundial al comienzo de la invasión. Trump y su estratega Steve Bannon, Orban en Hungría, Le Pen en Francia, y Bolsonaro en el Brasil apoyaron a Putin, hasta que la abrumadora ola de apoyo a Ucrania los obligó a cambiar de posición.

La victoria de la revolución de Maidán conquistó más libertades democráticas en ese país que las que existían en la Rusia de Putin. No tenemos ningún acuerdo con el gobierno de Zelensky, ni con el Estado ucraniano. Se trata de un Estado burgués y una democracia con muchos elementos autoritarios. Pero, es un hecho innegable que hay elecciones regulares en Ucrania, lo que no es el caso en Rusia.

Putin ha gobernado Rusia de manera dictatorial durante 23 años y ha cambiado la constitución para poder permanecer en el gobierno hasta 2036. No permite que exista ninguna oposición. Un líder de la oposición, Alexei Navalny, fue envenenado, logró salvarse, pero ahora está en prisión. Más de 7.000 personas han sido arrestadas por protestar contra la guerra. Putin ayuda a sostener la represión violenta de las dictaduras de Belarus y Kazajistán.

Solo la farsa estalinista puede sostener la fábula de Putin como un defensor de la democracia.

¿De qué lado estar en la guerra?

Ya hemos visto dónde están los dos polos contrarrevolucionarios. Entonces, ¿cómo, ubicarse en la guerra a Ucrania? En las trincheras del pueblo ucraniano, en la lucha contra la invasión rusa.

Defendiendo todo apoyo en armas y alimentos para la resistencia ucraniana. Sin ninguna confianza en el gobierno de Zelensky, un gobierno burgués proimperialista. Sin aceptar ninguna acción de la OTAN en la guerra. No queremos cambiar la opresión rusa por otra opresión, de la UE y de la OTAN.

Una victoria de la resistencia ucraniana debilitaría uno de los polos de la contrarrevolución mundial, en este caso, los invasores.

Más que eso, sería una victoria de un pueblo que tomó las armas. Este ejemplo tendría un profundo significado para la conciencia de las masas en todo el mundo, de que es posible con la lucha armada de un pueblo derrotar a un ejército poderoso.

Para nosotros, Ucrania no tendrá futuro sin una revolución socialista. Además, será necesario extender la revolución socialista a otros países, para poder avanzar hacia una nueva federación libre socialista de los países europeos, alternativa a la Unión Europea imperialista. La victoria de un pueblo con armas en la mano sería un buen comienzo.

Traducción: Natalia Estrada.

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