Cuba: ¿por qué apoyamos el llamado a movilizarse el 15 de noviembre?

Pasados tres meses de las manifestaciones del 11J, aún continúan detenidos por el régimen cubano 505 manifestantes. Algunos cumplen prisión domiciliaria y varios menores continúan presos, algunos condenados a años de prisión por la osadía de luchar por su futuro.

Declaración del Secretariado Internacional de la LIT

Pero, la situación en Cuba no está solamente cruzada por condenas y expulsiones arbitrarias. La represión del 11J tuvo como base “jurídica” la falta de “autorización” del régimen; ahora, invocando la constitución, que prevé la realización de manifestaciones pacíficas, la red de activistas Archipiélago presentó una notificación en el sentido de realizar una manifestación “autorizada” el 20 de noviembre (20N), cuya demanda central es la libertad de los presos.

La primera respuesta del régimen no tardó: el gobierno marcó para el mismo 20N un desfile militar del día de la “Seguridad Nacional”. En otras palabras, ¡pone al ejército en la calle! Acto seguido, los activistas alrededor de Archipiélago transfieren la marcha para el 15 de noviembre (15N).

El 15N no deja de ser la continuidad de la nueva situación política abierta en Cuba después del 11J. Los que estuvimos en la línea de frente de las legítimas demandas del 11J y seguimos en la lucha por la libertad de los presos políticos, consideramos el llamado no solo legítimo sino necesario.

A esta polarización se agrega otro hecho: la aparición del Consejo para una Transición Democrática en Cuba (CTDC), vinculado al imperialismo gringo y la burguesía cubano-americana. El citado organismo exige “un plan de choque” a una “economía de mercado”. Para que no haya dudas sobre sus vínculos, su programa no podía ser otro que: … un marco jurídico estable para el ejercicio libre y el respeto de los derechos de propiedad privada de todos los cubanos. Plan especial a la compensación por las expropiaciones del período revolucionario bajo asistencia y colaboración internacional (destacado nuestro).

La polarización política no se resume a la escalada represiva del régimen y la creación del CTDC. El autodenominado “Consejo” se agrega a la convocatoria del 15N. El régimen deberá contestar al pedido de Archipiélago, pero a esta altura, tanto por la intensidad de la represión como por una posible negativa del régimen, está en cuestión tanto su realización como la cantidad de personas que acudirán. Independientemente de lo que ocurra el 15N, está abierta una importante discusión: ¿en qué medida la presencia del CTDC el 15N deslegitima esta manifestación?

Lea también | Cuba | Detenciones, juicios y destierros: la escalada represiva del régimen cubano después del 11J

Del 11J al 20N

El tema es tratado exhaustivamente en el sitio “Comunistas.org”[1] como un dilema; según nuestra interpretación, como un problema táctico. El citado artículo afirma que “La izquierda no oficial cubana debe apoyar el justo e inicial reclamo de Archipiélago, así como su derecho a manifestarse”. Además de eso, el texto reconoce que el grupo Archipiélago “aunque… no asume el programa económico del CTDC”, ir a la manifestación significaría marchar “con quienes pretenden desemplear y privatizar”, refiriéndose al programa de CTDC.

En la superficie, estaríamos frente a una discusión de naturaleza táctica, legítima y necesaria para definir la mejor forma de intervenir en la nueva realidad cubana. No obstante, el autor del texto dedica una parte importante a criticar el hecho de que la convocatoria “se limita a ir contra la violencia política [del régimen], demandando exclusivamente “libertad de expresión”.

Al justificar su crítica, el autor afirma que las necesidades urgentes de los trabajadores que se expresaron en la manifestación espontánea del 11J dejaba evidente que: “No pocas familias cubanas se ven en la disyuntiva de almorzar o cenar; muchas veces esta sola comida carece de carne y no por un vegetarianismo voluntario… Las masas que salieron a protestar el pasado 11 de julio fueron impulsadas básicamente por la grave carencia de los alimentos, los medicamentos y en contra de la desproporcionada cantidad de tiendas en moneda libremente convertible…”.

Coincidimos totalmente con la descripción que impulsó el 11J y su carácter espontáneo. Pero lo que no se puede entender son las razones que llevan al citado artículo a desconocer la reacción del régimen tras la movilización por las legítimas reivindicaciones “económicas”: ¡más de mil presos! Y exigir la libertad de todos nos parece una tarea impostergable, la cual en el texto no se menciona.

Aunque reconozca la legítima lucha contra la censura del grupo Archipiélago, el autor lo hace de manera formal y puramente obligatoria, casi como un ejercicio retórico, al desconocer que esta lucha es solamente una de las expresiones de la lucha por el derecho de manifestación y de libre organización de la clase trabajadora.

No se puede acabar con la disyuntiva entre “almorzar o cenar” sin el derecho elemental de luchar y organizarse. La censura que impide el derecho de expresión a los intelectuales y artistas es la misma que prohíbe y reprime el derecho de luchar de los trabajadores.

Por lo tanto, incluso haciendo un esfuerzo para abstraer que hubo el 11J, en ninguna hipótesis la libertad de los presos, la cual exige Archipiélago, representa una “reclamo abstracto” en el cual “tampoco las mayorías ven representadas sus necesidades inmediatas”. Más aún, incluso si no existiesen los presos, ningún trabajador cubano podría ser indiferente a la opresión de los otros estratos de la clase trabajadora, o no reconocerá su propia opresión.

El equívoco de levantar una “muralla china” entre la lucha por las libertades democráticas que involucran a todo el pueblo y las necesidades inmediatas de la clase trabajadora, se expresa también en la auto pregunta del texto citado: ¿Qué medidas debería llevar entonces la izquierda cubana no oficial, como parte y representante de la clase trabajadora, si decide también salir a manifestarse?

Antes de presentar las medidas, el texto constata la dura realidad de la clase trabajadora cubana, y afirma:

Los trabajadores del sector privado, específicamente de servicios, no gozan de ningún principio legal que les otorgue un salario mínimo. Y concluye: Disfruta así el burgués de trabajadores a los cuales puede explotar sin siquiera tener la obligación de retribuirles con un salario mínimo.

Las diez reivindicaciones presentadas son justas y correctas. Destacamos la número 9, por el Derecho a un salario mínimo a los trabajadores del sector privado. Se supone que esta reivindicación presupone el derecho de los trabajadores “del sector privado” a luchar por un salario mínimo. Pero, ¿cómo hacerlo si el régimen cubano niega el inalienable derecho de organización sindical y de lucha por los derechos básicos a estos trabajadores?[2]

Este debate nos remite a la experiencia reciente de los derechos elementales de 200 millones de campesinos chinos emigrados para trabajar en fábricas de los centros urbanos: hasta el año 2003 no les era permitido afiliarse a los sindicatos. Esta súper explotación de la clase obrera fue la responsable de las grandes ganancias de las empresas multinacionales y chinas.

Del 20N al 15N: restauración capitalista y libertades democráticas

Cuando iniciamos este texto, sospechamos que estábamos frente a una legítima opción táctica, en la medida en que los medios disponibles del CTDC podrían eclipsar la lucha por la libertad de los presos, en pro de su programa; una preocupación correcta. Pero nos llama la atención la conclusión perentoria del texto:

La izquierda cubana no oficial no debe participar de la manifestación del 20 de noviembre, marchando con quienes pretenden implantar en Cuba un capitalismo neoliberal (destacado nuestro).

La duda que nos queda sobre la afirmación arriba es, ¿podemos marchar con quien quiere implantar en Cuba un capitalismo antineoliberal? Tal vez el sentido de la palabra “capitalismo neoliberal” a la cubana tenga un sentido más específico y que polariza toda la escena política: ¿quién debe conducir la restauración? Hoy, ¿la cúpula del ejército –la cual controla el grupo empresarial Gaesa[3]– preservando la propiedad para los jerarcas del régimen, al mismo tiempo que empresas españolas, canadienses y francesas, monopolizan distintas ramas de la economía, entre ellas la producción de los famosos cigarros Habanos? En el otro extremo, el programa presentado por el CTDC, más próximo a la “terapia de choque” de Yeltsin en 1992, llevada a cabo por el primer ministro Gaidar, que en dos años entregó 70% de las estatales, incluyendo las “joyas de la corona”, el sector de gas y de petróleo.

En la medida en que este sea el verdadero dilema cubano, cabe recordar que la dicha opción por la “vía china” solamente fue posible después de la “masacre de Tiananmen”. Para la brutal represión contra el levantamiento de masas que se rebelaba contra las consecuencias de la restauración y por más libertades democráticas, cuya vanguardia fue la juventud, la dictadura fue entonces indispensable para mantener a la clase obrera y a los millones de inmigrantes bajo control, así como a las distintas fracciones de la burocracia, al mismo tiempo que el control y la súper explotación de la clase obrera mantenía las inversiones imperialistas.

Pero independientemente de las hipótesis, que dependen del desarrollo de la lucha de clases, lo que existe hoy es el control de la cúpula del ejército sobre la restauración capitalista. Es esta dictadura la que obliga al proletariado a vender su fuerza de trabajo en los hoteles de la multinacional española Meliá, sin derecho a un salario mínimo. Eso es un hecho.

Por fin, pero no menos importante, una lista de diez puntos de demandas urgentes y necesarias para garantizar las condiciones de existencia del proletariado cubano puede formar parte de un programa, pero en sí mismas tales demandas no son el programa.

Todo proletario sabe muy bien las condiciones en que trabaja, se alimenta y vive, para eso no precisa del marxismo. Un programa debe explicar y revelar a los enemigos que el proletariado enfrentará, para que este pueda cambiar su vida. Sin eso, luchará desorientado y caerá en las garras de la burguesía cubano-americana al negar su realidad presente y no ofrecerle ninguna alternativa. Por eso, apoyamos y alentamos la participación en el 15N. Si el régimen prohíbe la manifestación, como es de esperarse de una dictadura, mantenerla o no es un problema de correlación de fuerzas.

[1] Frank García Hernández. La izquierda no oficial cubana ante el 20 de noviembre: opciones y dilemas. Disponible en: https://www.comunistascuba.org/2021/10/

[2] Y si no bastase: … en el sector privado el empleador y los trabajadores por él contratados se integran en igualdad de condiciones como miembros de un mismo sindicato. Fernando Luis Rojas López. “Ruta crítica del sindicalismo cubano actual: hacia una nueva CTC. In: Cuba: el legado revolucionario y los dilemas de la izquierda y las fuerzas progresistas en América Latina. CLACSO, 2018.

[3] Grupo de Administración Empresarial S. A. (GAESA). Desde que Raúl asumió el poder, GAESA absorbió casi la totalidad de las empresas y gestiones financieras y se convirtió en el más grande oligopolio de negocios en la isla: solamente CIMEX comprende 73 empresas subsidiarias y 21 empresas asociadas; de estas, 61 están radicadas fuera de la isla, la mayoría en actividades de importación/exportación, turísticas e inmobiliarias.

Traducción: Natalia Estrada.