Sáb Feb 24, 2024
24 febrero, 2024

Crisis bancaria: siguen los temblores

Esta última semana, tanto en EEUU como en Europa, se produjeron nuevos episodios de la crisis bancaria internacional iniciada hace casi dos meses con la quiebra del SVB (Silicon Valley Bank) y el Signature Bank, y la caída del Credit Swiss. ¿Por qué se produce esta crisis? ¿Cuál es su dinámica y cómo se relaciona con la dinámica general de la economía internacional?

Por Alejandro Iturbe

En EEUU, cayó un tercer banco “mediano” en menos de dos meses, el First Republic Bank, a pesar de un intento de rescate con un fondo de 30.000 millones de dólares, aportado por los grandes bancos inversores del país.

Recientemente, un comunicado de la FDIC (siglas en inglés de la Corporación Federal Aseguradora de Depósitos) anunció que cerraba el banco con sede en San Francisco y vendía sus operaciones al JP Morgan Chase, que pagó 10.600 millones de dólares por la operación. Según la FDIC, la quiebra del First Republicle implicará a las arcas del Estado un costo de ‘cerca de US$ 13.000 millones’” para garantizar los depósitos[1].

Fue un gran negocio para el gigante de inversiones ya que se quedó con los “activos de mejor calidad del banco quebrado” respaldados por una “serie de garantías ‘doradas’” mientras que los depósitos relacionados con activos de “baja calidad” son cubiertos por dinero aportado por la FDIC (es decir, por los contribuyentes)[2].

Un sistema bancario enfermo

El objetivo de la FDIC fue evidentemente evitar una corrida de pánico de los depositantes de otros bancos en problemas y un “efecto dominó” de nuevas quiebras, con un trasfondo de un sistema bancario sumamente deteriorado.

Un estudio de la Universidad de Stanford muestra que la situación de los bancos estadounidenses “puede ser aún peor de lo imaginado” y alertaba sobre “200 bancos en situación de vulnerabilidad”. Una nueva investigación del Instituto Hoover muestra que “2.315 instituciones financieras están asentadas en activos que valen menos que sus pasivos”. Una diferencia negativa que se estima en “dos billones de dólares”[3]. Esto es el resultado de la depreciación del “balance de los activos de largo plazo, como títulos hipotecarios y bonos de 10, 20 y 30 años” que se han visto perjudicados por la política de aumento de la tasa de interés impulsada por la Fed.

En ese total, se incluyen bancos de tamaños muy diferentes y muchas pequeñas instituciones locales. Pero también los bancos regionales “medianos” (aquellos que siguen a los gigantes en orden de importancia). Los tres más amenazados por “la aversión al riesgo” son el PacWest Bancorp, el Western Alliance Bank y el KeyCorp porque vienen con “pérdidas superiores a 50% desde que el SVB quebró en marzo”.

Hasta ahora, los grandes bancos de inversión y otros gigantes parecen a salvo de la onda expansiva de desconfianza en el sistema. La política adoptada por la FDIC en el caso First Republica Bank-JP Morgan Chase está destinadas a evitar ese “contagio”. Pero comienza la preocupación “con el impacto que esta adquisición traerá para la salud financiera del JPMorgan. Una visión que comienza a ganar peso en Wall Street y cuestiona la tesis de que hay bancos demasiado grandes para quebrar en EE.UU (“too big to fail”)[4]

¿Qué hacer?

En ese contexto, surgen críticas muy fuertes a la política que está aplicando la FDIC. Por ejemplo, Bill Ackman, fundador de Pershin Square, administradora de hedge funds (fondos de inversión “libres” y de alto riesgo) parte del diagnóstico que “el sistema bancario regional de EEUU está en riesgo”[5].

Él analiza que ya existe una profunda “crisis de confianza” en los depositantes e inversores que retiran sus depósitos ante cualquier alerta: ningún banco regional puede sobrevivir a las malas noticias o datos malos” que llevan a una “caída inevitable del precio de sus acciones”. Los depósitos son retirados en la “búsqueda de alternativas estratégicas” y que se ha iniciado un “efecto dominó” que tendrá “un gran costo sistémico y económico”.

Frente a esta dinámica, crítica la política de la FDIC de actuar “caso por caso” y, como en el caso del First Republic Bank, “demasiado tarde”. Su propuesta es que sea creado inmediatamente “un sistema de garantías de todo el sistema” [bancario] que evite las “crisis de confianza” y las corridas. Según él, “nos estamos quedando sin tiempo para corregir este problema. ¿Cuántas quiebras bancarias innecesarias tenemos que observar antes de que el FDIC y nuestro gobierno despierten?”.

Es evidente que, como gestor de hedge funds, Ackman es parte interesada porque se le reduce el campo de negocios y lo afecta la “crisis de confianza” en el sistema bancaria. Pero él plantea un problema concreto real: la política de la FDIC no ha parado la onda expansiva ni la dinámica de efecto dominó en el sector de bancos regionales medianos. Una dinámica que, como vimos, en perspectiva, también puede amenazar a los grandes bancos de inversiones y otros gigantes (el “costo sistémico”).

Frente a ello, su propuesta de crear “un sistema de garantías de todo el sistema” significa crear un “blindaje” para el sector de bancos regionales medianos que les cubra los agujeros creados por los malos negocios y apuestas especulativas que hicieron. Una cobertura que se haría con fondos provenientes del Tesoro de EEUU. En otras palabras, sería hecha con fondos provenientes de todos los contribuyentes del país (o de los compradores externos de bonos del Tesoro).

Es una política similar a la que aplicó Obama frente a la crisis bancaria del 2008, luego de la caída del Lehman Brothers. Solo que, en aquel momento, la Fed actuó directamente como “compañía de seguros” de los grandes bancos y, en este caso, comenzaría por la “parte media” del sistema bancario.

La deuda pública estadounidense

La economía estadounidense es deficitaria: es decir, consume más de lo que produce: La economía estadounidense de los últimos años se ha ido construyendo sobre los llamados «déficits gemelos» de la balanza de comercio exterior y del presupuesto estatal”. […]

“La suma de ambos déficit significaba que, en 2007, para funcionar normalmente y no comenzar a pararse, la economía estadounidense necesitaba que ingresaran desde el exterior un promedio de 3.000 millones de dólares diarios, a través de ingresos por la venta de bonos del tesoro, otros préstamos, inversiones directas, remesas de ganancias y royalties de filiales de empresas en el exterior, etc. A través de distintos mecanismos, la economía EE.UU. actúa como una ‘aspiradora’ de toda una parte de la plusvalía extraída en otras regiones del mundo”[6].

El déficit presupuestario significa que el Estado gasta más de lo que recibe de modo directo por impuestos. Para pagar sus cuentas (proveedores, beneficios del seguro social, salario de los trabajadores gubernamentales y de los militares, etc.) debe “pedir prestado” y acumular deuda pública. Esto se hace a través de emisión y venta de los bonos del Tesoro por los que paga una determinada tasa de interés fijada por la Fed. Un interés que, al mismo tiempo, aumenta las obligaciones de pago del Estado y, con ello, el propio déficit.

Lo cierto es que este déficit ha venido creciendo constantemente desde hace décadas. Hubo períodos de mayor aumento; por ejemplo, el impulsado por endeudamiento derivado de la política de Obama de “inyectar liquidez” para salvar al sistema bancario en bancarrota; o el financiamiento de los “paquetes de estímulo económico” votados por el gobierno de Joe Biden. El siguiente cuadro nos muestra su evolución desde su piso en la década de 1990 hasta llegar los 31,4 billones actuales.

El dilema de las tasas de interés

La tasa de interés que fija la Fed para los bonos del Tesoro actúa como “tasa base de referencia” de todo el sistema bancario estadounidense y, en los hechos, mundial. Cuando esta tasa es baja se dice que impulsa una “política de dinero barato”. Por el contrario, una tasa más alta conlleva una política de “encarecer el costo del dinero”. Lo cierto es que la Fed viene de un año de aumentos graduales de su tasa que llegó en este mes a 5,25% (la más alta en los últimos quince años).

Esta política de tasas altas por parte de la Fed tenía dos objetivos. El primero es asegurar una venta fluida de bonos del Tesoro para financiar los “paquetes de estímulo lanzados por el gobierno de Biden”. El segundo era utilizar la política de “encarecer el costo del dinero” para bajar la alta inflación que caracterizaba la débil recuperación económica post-pandemia[7]. Es decir, “secar los mercados” para disminuir la presión inflacionaria que representa el “exceso de dinero” generado por muchos años de sobre-emisión monetaria (desde 2008 para aquí).

La burguesía coexiste con la inflación y la utiliza como un arma contra los trabajadores, a través de erosión del valor real de los salarios (combinando esto con planes de ajuste en sectores como la salud y la educación públicas, o privatizaciones de servicios, como el transporte). Pero, al hacerlo, abre un flanco de la lucha de clases que se agudiza por la respuesta de los trabajadores y la juventud, como lo muestran las grandes luchas de los en Europa (en especial en Francia y Gran Bretaña). Existía una potencialidad similar en EEUU (ya hubo atisbos de ello en los últimos años).

Entonces, pasa a “combatir” la inflación con medidas monetaristas clásicas: subir las tasas de interés (encarecer el costo del dinero) para “secar” los mercados. Así logra algún éxito parcial (en EEUU, la inflación bajó de más del 8,5, en 2021, al 6 % estimado para este año[8]).

Sin embargo, al mismo tiempo, esta política de “secar los mercados”, por un lado, aumenta una tendencia recesiva ya existente de la economía en general y, por el otro, deja a las instituciones bancarias más comprometidas en situación muy difícil y varias comienzan a caerse (que es lo que estamos viendo ahora). Es decir, con la inflación, el capitalismo imperialista se enfrenta a una situación similar al “cuento de la cobija corta”.

Enfrentada a esta contradicción, la Fed da señales contradictorias. Al mismo tiempo que anunció su último aumento de su tasa de interés, dejó abierta, con un lenguaje, la posibilidad que podría comenzar a bajarla a partir de 2024. Si esto se concreta, se produciría lo que los economistas burgueses llaman “curva invertida de rendimiento”. Es decir, las tasas de interés para estos activos son mayores a corto plazo (a tres o a dos años) que a largo plazo (a 10 años)”[9].

Esta configuración es la que lleva a los expertos del Bank of America a pronosticar que esta crisis bancaria en EEUU derivará en una “recesión económica general” y que esa dinámica “podría producirse a lo largo del próximo trimestre”. Toma como antecedentes situaciones similares ocurridas en 1990, 2001 y 2008[10].

El dato que toman los expertos del Bank of America es extremadamente técnico e, incluso, no está clara, cuál será la tasa de interés que fijará la Fed a partir de 2024. Pero ese pronóstico pesimista expresa el temor de analistas y economistas burgueses de que la combinación de varios factores vaya configurando la “tormenta perfecta”.

El lío con el techo de la deuda

A todos los factores ya analizados, se suma un problema coyuntural pero muy agudo: el 1 de junio, EEUU habrá alcanzado la utilización del “techo de endeudamiento público” autorizado por el Congreso. El gobierno de Joe Biden necesita que el Congreso apruebe una nueva ampliación de ese “techo” para emitir y vender nuevos bonos del Tesoro y así cubrir sus necesidades. Caso contrario, entrará en default: cesación de pagos, tanto de sus gastos corrientes, como de los intereses a los tenedores a los poseedores a de bonos del Tesoro. Algo que tendría un impacto catastrófico no solo en EEUU sino en el conjunto de la economía capitalista mundial[11].

Las últimas elecciones de medio término (2019) determinaron un impasse parlamentario: los demócratas mantienen una escasísima mayoría del Senado mientras los republicanos son mayoría en la Cámara de Representantes (diputados) que, es la cámara donde se deben iniciar los proyectos. Es decir, el gobierno de Joe Biden no puede aprobar un aumento del techo de endeudamiento sin negociarlo con los diputados republicanos (o por los menos con un sector de ellos).

Las negociaciones ya se han iniciado de modo “fébril”, con “límite de vencimiento”. En medio de un año que está marcado por la campaña y las elecciones presidenciales de finales de año, Los republicanos buscan que Biden recorte gastos, incluso algunos de sus programas estrella”, como el sistema de salud pública Medicare, para erosionar las perspectivas de la reelección de Joe Biden. Por su parte, los demócratas se niegan a conceder esto recortes y “denuncian una ‘extorsión irresponsable de los republicanos’ que afectará a los estadounidenses”[12].

Lo más probable es que los demócratas acaben aceptando algunos recortes menores y, finalmente, el aumento del techo del endeudamiento sea aumentado. Es decir que no se llegue a la situación de default. Lo que queremos señalar es que esta situación política se da en medio de una situación precaria del sistema bancario estadounidense y de una posible dinámica recesiva de su economía, y contribuye a agravar ambos problemas.

La crisis se expande a Europa

El “efecto dominó” se produce no solo en EEUU sino que comienza a expandirse a Europa, a través de los vasos comunicantes e inversiones cruzadas entre instituciones financieras.

Un ejemplo es la situación de Alecta, el mayor fondo de pensiones de Suecia, que gestiona activos por 100.000 millones de dólares para 2.600.000 clientes[13].

En los últimos meses, Alecta, había vendido su participación mayoritaria en bancos suecos (como el Handelsbanken) para invertir en las entidades estadounidenses que ya presentaban problemas y caída de la cotización de sus acciones.

De esta forma, Alecta se había transformado en el cuarto mayor accionista del Silicon Valey Bank, el quinto del First Republic Bank y el sexto del Signature Bank. Es un tipo de operación financiera de riesgo conocida “comprar en corto”. La expectativa era que la FDIC rescatase esos bancos, lo que subiría el precio de sus acciones y le permitiría a Alecta obtener una importante y rápida ganancia. Pero la apuesta salió mal y esos bancos acabaron quebrando.

De modo directo, Alecta perdió 2.000 millones de dólares en esa operación y Magnus Billing, el director ejecutivo que la había decidido fue obligado a renunciar. Otra consecuencia ha sido una “fuga de clientes”: en estos meses, el fondo sueco registró 7.000 solicitudes de salida.

El deterioro del patrimonio de Alecta, por ahora, es pequeño comparado con el que sufrieron los bancos estadounidenses. También es bastante menor la “pérdida de confianza” de sus clientes. Pero es una muestra de cómo el efecto contagio cruza fronteras y cómo también en Europa una parte del respaldo patrimonial de las instituciones financieras está basado en “apuestas”.

Un factor al que no nos hemos referido en este artículo es el de la lucha de clases: es decir la respuesta de los trabajadores y las masas a los ataques de las burguesías y los gobiernos, como nos muestra la realidad europea con epicentro en Francia. Esta crisis bancaria en curso y la dinámica recesiva de la economía mundial que se anticipa harán que burguesías y gobiernos aumenten estos ataques. Con ello, atizarán las condiciones objetivos que impulsan esta respuesta. Si, como vemos en Francia, la lucha de clases se endurece, será otro factor central para configurar una “tormenta perfecta” para el capitalismo imperialista.


[1] Quebró el First Republic y será rescatado por el JP Morgan (diariopopular.com.ar)

[2] Não acaba no First Republic: mais de 2 mil bancos dos EUA estão com problemas de solvência (um deles tem mais de US$ 1 tri em ativos) – Money Times

[3] Ídem

[4] Ídem

[5] ‘Quantos bancos precisam quebrar antes do governo americano acordar?’, questiona investidor bilionário | Finanças | Valor Econômico (globo.com)

[6] Sobre este tema, recomendamos leer el “Capítulo 8: EEUU, epicentro de la crisis actual” del libro de Alejandro Iturbe O sistema financeiro e crise da economía mundial, Editora Sundermann, Brasil, 2009.

[7] Economía mundial: recuperación anémica y con muchos problemas – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[8] EEUU: la inflación bajó por octavo mes seguido y se ubicó en el 6% anual, en línea con lo esperado (ambito.com)

[9] La crisis económica podría ser inminente, alertan desde Bank of America (eleconomista.es)

[10] Ídem

[11] Estados Unidos podría caer en default el 1 de junio: ¿Cómo avanzan las negociaciones en el Congreso para evitar una crisis financiera global? (clarin.com)

[12] Ídem

[13] El fondo de pensiones de Suecia, la mayor víctima de la crisis bancaria desatada por la quiebra de SVB (eleconomista.es)

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