El próximo domingo (21) se realizarán las elecciones presidenciales y parlamentarias. Estas elecciones se dan en un contexto distinto a las de 2017, que llevaron a Piñera al poder. Esto porque después del 18 de octubre de 2019 el país cambió completamente. Se profundizó la crisis del capitalismo neoliberal chileno y el pueblo dijo basta a tanta explotación, endeudamiento, abuso y opresión. El Chile de hoy no es el mismo de 2017.

Por MIT-Chile

Aunque el contexto de hoy es bastante distinto, nuevamente se produce un fenómeno similar a nivel electoral. Todos los candidatos, en particular los presidenciales, son personajes ya conocidos de la política chilena. Ningún candidato o candidata representa a las millones de personas que salieron a las calles desde el 2019. El fraude del ex candidato de la Lista del Pueblo, Diego Ancalao, y las dificultades que el sistema electoral impone para inscribir candidaturas independientes hizo que estas elecciones se parecieran a las anteriores, donde dominan los partidos y políticos tradicionales. Este hecho tiene una consecuencia. Entre la clase trabajadora, el pueblo pobre y la juventud que ha luchado, no hay gran simpatía por ninguno de los candidatos. Es posible que el número de votantes aumente en relación a elecciones anteriores, pero difícilmente veremos una elección con amplia participación popular. El abstencionismo nuevamente aparecerá con fuerza. Además de eso, muchos de los que irán a votar votarán por “el mal menor”, como en las elecciones anteriores.

Un país polarizado

No es posible entender las encuestas electorales si no entendemos que en los dos últimos años el país está más polarizado. Qué significa esto? Significa que hay polos opuestos que se están enfrentando cada vez con más fuerza para defender sus intereses. De un lado, vemos la gran burguesía chilena, las transnacionales y la clase media acomodada, que quieren defender a toda costa sus privilegios. Del otro lado, vemos el pueblo trabajador, la juventud popular y amplios sectores del pueblo mapuche, que ya no quieren tolerar la pobreza, la humillación y el endeudamiento.

Esa polarización se refleja en las elecciones, pero de forma distorsionada. El gran empresariado quiere hacernos creer que Boric y el Partido Comunista son casi una amenaza para el país, cuando la realidad es muy distinta. Boric salvó el cuello de Piñera cuando firmó el Acuerdo por la Paz y el Partido Comunista no ha dado ninguna muestra de querer romper la institucionalidad actual. La verdadera polarización es de las clases sociales en lucha.

Para que la clase trabajadora avance en conquistar derechos, los privilegiados tendrán que perder algo. Y ya vimos que no están dispuestos a hacerlo. Desde el inicio de la revolución, en 2019, la violencia ha sido la tónica de los poderosos para mantener sus privilegios. Aun así, fueron obligados a hacer concesiones democráticas y económicas, como la Constituyente, los retiros de las AFPs, etc.

La Convención Constitucional fue una conquista arrancada por el movimiento de masas. Sin embargo, los dueños del país y sus representantes políticos quieren transformarla en letra muerta. Permiten a los constituyentes que escriban una Nueva Constitución, pero no que toquen sus empresas y su propiedad privada.

Desde el MIT y con nuestra compañera constituyente María Rivera hemos planteado hace varios meses que la Constituyente debería haber asumido el poder de forma temporal para tomar las medidas que el pueblo exige mientras se escribe la Nueva Constitución. Sin embargo, eso no se dio, porque la actual Convención surge de un pacto entre casi todos los partidos del régimen para mantener los cambios dentro de lo permitido por los dueños del país.

Así, tendremos la contradictoria situación donde al mismo tiempo que se elabora la Ley más importante del país, se elegirá otro gobierno y otro Congreso, con los mismos criterios actuales y que pueden ir en sentido contrario de lo que se discute en la Convención Constitucional.

Kast: neoliberalismo, pero con más violencia

En las últimas semanas hubo un importante crecimiento del apoyo al candidato de extrema derecha José Antonio Kast en las encuestas. En primer lugar, debemos desconfiar de las empresas que hacen las encuestas. La encuestadora Cadem (que recibió millones del gobierno de Piñera en los últimos años) en las elecciones primarias daba como seguras las victorias de Lavín y Jadue. Ambos perdieron y con una importante diferencia. Aun así, no es posible negar el crecimiento de Kast en las intenciones de voto.

Hay varios elementos que explican ese crecimiento. En primer lugar, la propia polarización social del país. Un gran sector de la pequeña y la gran burguesía ha abandonado a Sichel y migrado hacia Kast, viendo en él un mejor defensor de sus privilegios. El programa de Kast defiende en primer lugar el interés de los dueños del país y las grandes transnacionales. Así, propone profundizar el modelo económico que existe hoy: la privatización de todos los derechos sociales y empresas públicas, la continuidad de las AFPs, las Isapres, la violencia contra el pueblo mapuche, la persecución a los activistas, la discriminación contra las mujeres y LGBTIs, etc.

En las últimas semanas Kast ha recibido donaciones de grandes burgueses nacionales, como los Vial y Said, entre otros. Ese río de dinero tiene como uno de sus destinos el financiamiento de publicidad, utilizando tácticas de difusión de noticias falsas (fake news), cuentas inexistentes (bots) y un largo etc., las mismas tácticas utilizadas por Trump en Estados Unidos o Bolsonaro en Brasil.

Por otro lado, Kast ha dirigido su campaña hacia los sectores más conservadores de la sociedad: religiosos que se oponen a los derechos de la población LGBTI y las mujeres, pequeños o grandes empresarios que defienden el rodeo y el maltrato animal, etc. Kast también apunta hacia la pequeña burguesía que ha sufrido con la falta de subsidios estatales y con daños provocados en los contextos de movilizaciones. Sus propuestas para este sector son una cortina de humo, ya que al defender el modelo económico actual, no tendrá ninguna política distinta hacia los pequeños comerciantes o agricultores. Otro sector importante de su base social son los funcionarios y familiares de Carabineros, PDI y Fuerzas Armadas. La falta de un programa de la “izquierda” en relación a la tropa deja el camino abierto para Kast.

El proyecto de Kast es profundizar el capitalismo salvaje chileno, manteniendo los privilegios de una ínfima minoría, apoyándose en la violencia y persecución contra los que luchan por sus derechos. Como buen discípulo de Pinochet, quiere acabar con la poca democracia que existe en el país y aplastar el movimiento social y la posibilidad de cambios.

Desde el MIT tenemos claro que la clase trabajadora, la juventud y la población LGBTI debemos enfrentarnos a esa candidatura. Ese enfrentamiento debe darse, en primer lugar, dialogando con los sectores populares que tienen alguna ilusión en Kast para que no voten por él. Debemos demostrar que esa es una candidatura al servicio de los ricos, no del pueblo trabajador. En segundo lugar, no podemos permitir provocaciones de ese sector. La clase trabajadora y la juventud deben preparar su autodefensa para repeler las agresiones de los seguidores de Kast, que quieren acabar con cualquier indicio de manifestación popular.

Boric y el intento de conciliar intereses opuestos

Al lado de Kast en las encuestas aparece Gabriel Boric como el candidato con más apoyo de la izquierda y muy probablemente el próximo presidente, ya que su programa propone realizar cambios al modelo económico chileno.

Boric recoge una serie de demandas populares en su programa: salud, educación y transporte públicos y gratuitos, condonación de las deudas del CAE, programas de construcción de viviendas, control del precio de medicamentos, reducción de la jornada laboral, fin a las AFPs, etc. Es difícil que algún trabajador esté en contra de esas medidas, ya que todas irían en beneficio de la clase trabajadora. El programa de Boric, sin embargo, es bastante limitado, ya que no toca las cuestiones de fondo del modelo económico chileno: el control de las transnacionales sobre la minería del cobre, el litio, la banca, etc. Boric quiere crear un Estado de Bienestar social en Chile sin cuestionar a fondo el modelo extractivista/primario exportador.

Aunque tenga buenas intenciones y algunas propuestas progresivas, Boric tiene una gran contradicción. El principal problema de la candidatura de Boric (Frente Amplio-Partido Comunista y otros) es que se proponen realizar esas reformas dialogando y negociando con el gran empresariado. Su postura es intentar conciliar los intereses del pueblo trabajador y los de los dueños del país, fórmula que ya fracasó en los últimos gobiernos de la ex Concertación.

Esa estrategia de negociación quedó evidente en la firma del Acuerdo por la Paz por Boric y el Frente Amplio (con la complicidad del PC). Boric fue uno de los responsables por salvar a Piñera y mantener la impunidad a los que declararon la guerra al pueblo. También será uno de los responsables si la Convención Constitucional fracasa en realizar cambios sociales debido a los límites impuestos por tal Acuerdo.

Así, un futuro gobierno de Boric-PC estará frente a un dilema: se someterá a los términos del empresariado o se apoyará en las movilizaciones sociales para conquistar profundos cambios sociales? En nuestra opinión, ya han demostrado que van por el primer camino. Si esto es así, no podrán realizar las reformas que proponen y su programa quedará en el papel.

Por todo eso, decimos que Boric tampoco es la alternativa que plantea una estrategia para recuperar lo que los ricos nos han saqueado y reconquistar los derechos sociales para las y los trabajadores y el pueblo.

Artés: chavismo a la chilena

El único candidato que aparece a la izquierda de Boric es Eduardo Artés, del PC(AP). Eduardo Artés tampoco es la expresión del enorme movimiento social que tomó las calles desde el 18 de octubre. No se trata de un dirigente social, ni de uno de los miles que hemos estado en las calles, en Plaza Dignidad o en los espacios territoriales. Artés no es reconocido por los luchadores y luchadoras como un representante de la causa popular, aunque muchos luchadores vayan a votar por él como un “mal menor”.

Artés plantea elementos importantes en su programa, como la renacionalización del cobre, la devolución de las tierras al pueblo mapuche, la crítica al Acuerdo por la Paz. Sin embargo, los referentes internacionales de Eduardo Artés deben prender una señal de alerta a cualquier activista. Artés y su partido han defendido abiertamente las dictaduras de Corea del Norte, Venezuela, China y Cuba. Hoy, todos esos países son capitalistas (Cuba y China iniciaron una transición al socialismo en el Siglo XX pero ya retrocedieron completamente al capitalismo). La diferencia con las economías liberales es que en esos países los Estados tienen más peso económico. Pero ese peso económico viene acompañado de violentas dictaduras, que no garantizan los más mínimos derechos democráticos a la clase trabajadora (derecho de organización sindical independiente, derecho al debido proceso, derecho a manifestación, etc.). Un ejemplo de eso es lo que ocurre hoy en Cuba, país donde la población se levantó el 11 de julio contra la pobreza y las medidas del gobierno “Comunista” y fue duramente reprimida. Hoy hay centenas de presos políticos en el país y el gobierno cubano prohibió nuevas manifestaciones populares, como la que ocurriría el 15 de noviembre. La mayoría de la izquierda latinoamericana abandonó al pueblo cubano y apoya solamente al gobierno del PC, como si ese gobierno fuera el mismo que hizo la revolución 50 años atrás.

Así, queremos dejar claro que no compartimos el mismo proyecto de Eduardo Artés. Tampoco Artés tiene alguna posibilidad de llegar a segunda vuelta o ganar las elecciones, debido a que no es reconocido por el pueblo que salió a las calles como su candidato. Por eso, no defendemos el voto a Eduardo Artés.

Votar nulo en primera vuelta

Los demás candidatos que se postulan a la presidencia ya los conocemos, son las viejas caras de siempre, aunque algunos intentan disfrazarse de independientes, como Sebastián Sichel. Franco Parisi, que cuenta con alguna simpatía por sus propuestas extravagantes, no es más que un charlatán, tan ordinario que ni siquiera puede entrar al país por estar demandado por no pago de pensiones de alimentos. En nuestra opinión, ninguno de los candidatos representa el espíritu de lucha y democracia que expresó el pueblo en las calles desde el 18 de octubre. Ninguno de los candidatos apunta un camino para liberar a Chile de las amarras del modelo económico capitalista neoliberal y construir una sociedad nueva, con democracia para la clase trabajadora y soberanía para los pueblos.

Es por eso que llamamos a la clase trabajadora y el pueblo a expresar su descontento votando nulo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Ese voto nulo no significa abstenerse de tomar posición. Debemos seguir organizándonos en las poblaciones, en los lugares de trabajo, liceos y universidades. Debemos mantener en pie las demandas del 18 de octubre y exigir del futuro Presidente, Congreso y Convención Constitucional que cumplan todas las demandas populares.

Para cumplir las demandas expresadas por la amplia mayoría de la población, creemos que un futuro gobierno debería tomar las siguientes medidas:

1 – Iniciar un proceso inmediato de juicio y castigo a Piñera y a los responsables por la represión al pueblo;

2 – Liberar a todos los presos políticos;

3 – Acabar con todas las limitaciones de la Convención Constitucional, revocando todos los puntos de la Ley 21.200 que atenten contra la soberanía de la Constituyente;

3 – Apoyarse en la Convención Constitucional para tomar medidas extraordinarias en beneficio del pueblo trabajador, como un aumento general de sueldos y pensiones, la reducción de la jornada laboral para garantizar pleno empleo, entre otras.

4 – Iniciar de inmediato una revisión de todos los Tratados de Libre Comercio firmados por Chile, en el sentido de suspender todos los que atentan contra la soberanía nacional; Iniciar un diálogo fraterno y solidario con los pueblos de los demás países para que sus gobiernos no puedan imponer bloqueos o condiciones comerciales injustas a Chile.

5 – Nacionalizar todas las empresas estratégicas del cobre, litio, forestales, puertos, AFPs y Bancos y ponerlas bajo control de la clase trabajadora y el pueblo; A partir de ello, elaborar un plan de inversiones en salud, educación y vivienda.

6 – Tomar medidas inmediatas para reducción del daño medioambiental causado por las grandes empresas mineras, agrícolas, etc. Invertir en nuevas tecnologías y frenar la producción en los casos donde estén en riesgo las poblaciones humanas o ecosistemas.

7 – Desmilitarizar el Wallmapu e iniciar un inmediato proceso de restitución de tierras al pueblo mapuche, con diálogo fraterno y honesto con los grupos que están en la recuperación territorial;

8 – Destituir a toda la oficialidad de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Iniciar un proceso de juicio y castigo a todos oficiales, suboficiales y tropa que estén involucrados en casos de violación de Derechos Humanos y de corrupción. Iniciar un proceso de democratización de las FFAA, permitiendo el derecho de organización de la tropa, la elección de la oficialidad, y el armamento y entrenamiento de sectores organizados de la clase trabajadora, para acabar con el monopolio de la fuerza por el Estado capitalista.

9 – Mantener la solidaridad incondicional a los pueblos de todo el mundo. Rechazar la represión de los gobiernos capitalistas contra sus pueblos, incluyendo a los gobiernos de Cuba, Nicaragua, China y Venezuela.

Esos puntos avanzan hacia la superación del modelo extractivista neoliberal chileno, a la superación del capitalismo y a la construcción de una sociedad socialista, donde la economía sea planificada y dirigida por la clase trabajadora y los pueblos organizados. La realización del socialismo no es posible en un solo país, pero Chile puede ser un ejemplo a los demás pueblos del mundo, como lo fue la Unión Soviética en su momento y Cuba a partir de 1959.

Desde el MIT y con nuestra compañera constituyente María Rivera creemos que la clase trabajadora que vive en Chile y en el Wallmapu debe empezar a dar los pasos para construir su propio partido, un partido revolucionario y que tenga como objetivo la superación del capitalismo. Invitamos a todos y a todas a organizarse con nosotros para construir ese partido, para que la clase trabajadora nunca más tenga que votar por el mal menor y pueda tomar su destino en sus propias manos.

En relación a las elecciones de Senador, Diputados y Cores, llamamos a votar a las candidaturas independientes y de luchadores. Por Fabiola Campillay víctima de la represión policial, a Senadora en la circunscripción 7° en la Región Metropolitana. En el distrito 8, llamamos a votar por Leandro Cortés (diputado), dirigente sindical, y por el compañero Denis Barría (diputado), en el distrito 7. Para CORE en Santiago III votamos por Patricia Lillo vocera de la Coordinadora No+AFP. En el resto de los distritos y circunscripciones llamamos a votar por los candidatos del Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora.